30 dic. 2011

Sinopsis de Lover Reborn


Gracias a Ale os traigo una sinopsis de Lover Reborn. Hay algunos detallitos que hasta ahora no se habían dicho.

En los rincones de la noche en Caldwell, Nueva York, ruge un conflicto como ningún otro. La ciudad es el hogar de un grupo de Hermanos nacidos para defender su raza: los guerreros vampiros de La Hermandad de la Daga Negra.

Ahora, de vuelta en la Hermandad e irreconocible como el lider de los vampiros que una vez fue, Tohrment está físicamente consumido y destrozado más allá de la desesperación. Cuando empieza a ver a su amada en sueños, atrapada en un frío y aislado mundo de tinieblas, Tohr se convierte en un esperanzado ángel caído interesado en salvar lo que ha perdido.

Cuando le dicen que debe aprender a amar a otra para liberar a su ex compañera, Tohr sabe que todos ellos están condenados... hasta que una mujer con una historia de sombras comienza a hacerlo entender.

Con la guerra contra los lessers de fondo y el nuevo clan de vampiros que compite por el trono del Rey Ciego, Tohr lucha entre el pasado enterrado y un ardiente futuro lleno de pasión... pero ¿puede su corazón dejarse llevar y liberarlos a todos ellos?

27 dic. 2011

Lover Unleashed en español para Marzo


Marzo de 2012 será un mes fantástico para los seguidores de la Hermandad: tendremos la publicación de Lover Reborn, la esperada historia de Tohr, y la publicación en español de Lover Unleashed, la historia de Payne y Manny.

Manderley tiene previsto sacar en marzo el noveno libro de la serie de La Hermandad de la Daga Negra, que llevará por título Amante Liberada.

20 dic. 2011

Premios Bloggeros Literarios



Los blogs Shadowy Kisses y El final de la historia han organizado los Premios Bloggeros Literarios para reconocer el trabajo de los mejores blogs de la blogosfera.

No sabéis lo feliz que me hace deciros que este blog está nominado en la modalidad de El mejor blog de seguimiento de saga. Mañana, día 20 de diciembre, empiezan las votaciones. Si queréis hacerme aún más feliz, y hacer de ésta una de mis mejores navidades, podéis entrar y votar por este blog.

Para votar pulsa AQUÍ.

19 dic. 2011

Cita nº5.



"—Phury. Phury me rescató. Así fue como perdió la pierna".

Zsadist a Mary en Padre Mío, capítulo 11
Dentro de la Guía Secreta de la Hermandad de la Daga Negra

17 dic. 2011

El espíritu navideño de Ward


Hoy, Ward ha estado horneando galletitas de Navidad con su madre. Dice que es una de sus tradiciones favoritas durante estas fechas.


¿Cuál es la vuestra?

12 dic. 2011

Amante Mío triunfa en los Premios Dama 2011


Amante Mío triunfa en la III Edición de los Premios Dama. Ward ha ganado tres premios de los cinco en los que estaba nominada. Queda claro que los lectores españoles valoran y estiman a esta fantástica autora.

MEJOR AUTORA INTERNACIONAL DEL AÑO
J.R. Ward por Amante Mío

MEJOR ESCENA SENSUAL DEL AÑO
Amante Mío de J.R Ward

MEJOR NOVELA ROMÁNTICA PARANORMAL
Amante Mío de J.R. Ward

Puedes ver los demás resultados aquí

Amante Renacido: capítulo 13 por Neï


¡HOLA DE NUEVO!

Bueno, estoy contenta, no tardé tanto es escribir este capi, ¿no? :D

Pues se viene movidito, hay noticias de Qhuinn tras el incidente con Layla así como, por fin, la resolución del conflicto Tohr-Layla-Qhuinn, al menos de manera superficial.

La segunda parte del capi, por así decirlo, es el primer paso a la derrota de los malosos ¡con cuya aparición abrirá el siguiente capítulo! Ya me dirán que les parece, yo misma creo que es una elección algo extraña, pero que va a encajar perfectamente en la trama del fic.

Como todas saben AMO a Lassiter, pero le he dado algo de caña en este capi. Muy probablemente una de las causas sea recordarle al mundo que el tipo es un ángel. Siempre lo pintan de tío cachondo o pesado, pero es poderoso, no es de este mundo y quería mostrar eso. Realmente hay poco más que decir en sobre este capítulo.

Como última cosita daros las gracias a tod@s por el apoyo que habéis mostrado ante mi nuevo proyecto con el incomparable Angelator Lass *beso*. El proyecto Heavenly Diamonds nació del deseo de escribir algo diferente, en compañía y de darles algo entre publicación y publicación de AR :D

Con eso me despido, ¡DISFRUTEN EL CAPI!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 13. Conflicto.

{No te pierdas a ti mismo en la furia, es como gasolina. Puedes usarla como combustible o para prender fuego a todo aquello que te importa y acabar sólo en un campo de batalla chamuscado}

{El dolor es vital para el nacimiento y la creación}



Hey, míralo por el lado bueno, ahora sabía exactamente cómo se sentía una hormiga los primeros segundos en que comenzabas a aplastarla con la suela de tu zapato. El conocimiento nos hace sabios, ¿no? Pues claramente, éste era un conocimiento con el que Qhuinn no quería tener nada que ver.

Sus párpados hicieron el amago de alzarse un milímetro… dolor. La luz no parecía estar por la labor de no freírle las córneas y de paso, o al menos así lo sentía él, el lóbulo frontal. De manera que sus persianas personales iban a quedarse bien cerraditas, sep.

—Apaga las luces, John, creo que le están haciendo daño.

Esa voz…. joder, la manera en que cada célula de su cuerpo respondía a ese tono y cadencia no le dejaba la más mínima duda de quién era el propietario. Blaylock… hizo un intento por despegar los labios y atraer su atención, pero le parecieron sellados con cemento y el poco aire que pasaba por su garganta quemaba como napalm.

Échale huevos, maricona —se dijo a sí mismo— Ya has estado en esta situación otras veces y sabes perfectamente que si no empiezas a moverte poco a poco te pasarás otras dos semanas… o lo que sea aquí tirado.

Con un esfuerzo que le pareció titánico reunió cada ápice de fuerza de voluntad que quedaba en su maltrecho cuerpo para obligarle a coger una graaaaan y deliciosa bocanada de aire. Que hizo que le pareciera como si le hubieran astillado el esternón y aún estuvieran recomponiéndosele. Su corazón bailó el cha-cha-cha en su caja torácica produciendo la adrenalina necesaria para mantenerlo consciente.

Algo metálico se estrelló contra el suelo y unos escasos segundos después una cálida y amplia palma se apoyaba en su pecho. El calor que la piel de Blay le transmitió fue como un bálsamo para su cuerpo herido.

—Shhhh, tómatelo con más calma, poco a poco.

Con susurros constantes fue guiándole por todo el proceso de desentumecimiento, ayudándole con masajes en los músculos que más se le resistían. Pero durante todo el tiempo mantuvo los ojos cerrados… sabía que ver a su amigo iba a dolerle tanto o más que por lo que acababa de pasar y estaba dilatando el momento.

—¿Qhuinn? Hemos apagado las luces, así que puedes abrir los ojos sin molestias —el pelirrojo se paró un momento, como si estuviera hablando con alguien—. Además, John dice que quiere cantarte las cuarenta por dejarte usar de… John, no pienso decirle eso —se escuchó un pie estampándose en el suelo y un suspiro—, por dejarte usar sorbete de vampiro.

En su mente, Qhuinn, podía ver con toda exactitud el giro de ojos épico que Blay tenía que estarse marcando ahora mismo dado el comentario. Involuntariamente, sus labios se estrecharon en una amplia sonrisa… que resultó que solo amplió su dolor.

Con un gruñido ronco aguantó mientras sentía como la piel reseca del labio inferior se le agrietaba y éste comenzaba a sangrar. Curioso que una mierda tan insignificante escociera tanto, coño.

Escuchó el jadeó de Blay y sus dos colegas se pusieron manos a la obra para socorrer a Mr. Nenaza-Qhuinn, Mariquita para los amigos, se mofó de sí mismo.

Al poco, un paño frío rozó sus labios hidratándolos… hasta que apretó demasiado en cierto punto. Tal y como estaba, Qhuinn hizo lo único que pudo para oponerse al daño, inspirar hondamente. El paño se retiró inmediatamente.

—Ok, Qhuinn, si no hablas ni abres los ojos no tengo la menos manera de saber si estoy haciendo las cosas bien, ¿vale? —se escuchó una palmada. Pausa—. Sí, ya le he dicho que hemos apagado las luces.

Mieeeeeeeerda, iba a tener que abrir los ojos. Iba a tener que echarle huevos y abrir los putos ojos. Iba a tener que pasar por el puto infierno y ver a Blay cuando abriera los ojos y cuando los abriera… seh, mejor dejaba de repetirse. Mentalmente, le dio al on y sus párpados se levantaron poco a poco. Yeah, la oscuridad estaba muuucho mejor, era buena, bonita y no quería destruirle el cerebro… o lo poco que le quedaba de él.

—Mucho mejor.

Va, había abierto los ojos, pero eso no significaba que tuviera que mirar a su amigo, ¿no? En vez de eso fijó sus globitos dispares en su colega John que le miraba con su típica mezcla de mala leche y preocupación desde que toda la mierda del círculo vicioso Blay-Layla-Autodestrucción había comenzado. No sin esfuerzo le hizo un leve gesto con la cabeza, una especie de “Eh colega, no la he palmado, ¿ves? No des por culo”.

John le captó a la primera y sus manos se alzaron describiendo los signos con lentitud suficiente para un niño de cinco años.

Eres gilipollas ¿Cómo estás? Ésta es la tercera vez que despiertas, pero nunca, recuerdas nada. Te trasladamos a tu habitación ayer… —pareció pararse a pensar y añadió—. Gilipollas.

John se acercó a la cama y se quedó allí parado, al lado de una figura que Qhuinn se negaba a enfocar, y le miró con sus profundos ojos azules transmitiéndole un mundo de palabras que sus manos no habían formado.

Intentó aclararse la garganta para hablar porque en su estado no iba a conseguir mantener las manos en alto lo suficiente como para hacer señas. Un vaso de agua descendió desde los cielos en su ayuda… Nah, esa persona a la que no quería mirar, acudió en su ayuda… otra vez.

En el momento en que tuvo que incorporarse y alzar la barbilla para beber el agua, su mirada se encontró con la de Blay. La preocupación y el dolor que vio reflejado en ella le convirtieron el estómago en un montón de hierro candente. Por otro lado, más allá de cuáles fueran sus sentimientos por su colega, tener a su lado a dos machos como aquellos, preocupándose por su culo, lo hacía sentirse de los seres más afortunados sobre la faz de la Tierra.

Y una mierda si alguien como él se merecía algo así.

No podía ser… no, oh no… ése picor en los ojos… ni de coña. Voilá, la sensación del líquido caliente bajándole por la mejilla. Se terminó el agua tan rápido que casi se ahogó y milagrosamente sacó fuerzas de algún sitio recóndito para limpiarse aquella aberración acuosa que le caía por la cara. Una vez eliminada la evidencia miró a los dos machos que no parecían seguros de si reírse, pegarle… o llorar también.

Se aclaró la garganta y en una voz tan rasposa que apenas era comprensible dijo:

—Las experiencias cercanas a la muerte le hacen esto hasta al mejor de los machos, ni una palabra, bastardos.

El esfuerzo lo dejó exhausto y volvió a dejarse caer sobre la cama, luchando por controlar las nauseas, se agarró el estómago con ambas manos, doblándose sobre sí mismo ahora que los dolores musculares iban pasando.

La mano de Blay se apoyó sobre su hombro y se retiró rápidamente, el macho tosió.

—Tienes hambre, has pasado casi tres días sin comer nada sólido, pero es que nunca estabas consciente el tiempo suficiente como para ello.

Por dejarte usar de sorbete de vampiro —apostilló John.

—Sí, gracias amigo, ya capté el mensaje. Pero ya sabes, ¿todo ese cuento del buen samaritano? Es mi mierda.

Ahora tanto Blay como John rodaron los ojos

Si ya ha empezado con sus comentarios de listillo petardo, no puede ser tan malo.

—No sé qué me preocupa más —bromeó Blay—, el hecho de que casi se lo cargaran o que ya esté volviendo a las andadas.

—Cómo siento el amor aquí, colegas —le dedicó su mejor sonrisa de capullo, pero labio volvió a partírsele—. Oh, tíiiio.

Al final todos acabaron riéndose y el pelirrojo le pasó el paño mojado para que arreglara el desastre que había hecho.

Voy a traerte algo de papeo.

—Ya iba a ir yo… —comenzó Blay.

—Eeeeeeeh —los paró a ambos Qhuinn—, como comprenderéis no será de mi gusto ver vuestros vampíricos culos enfundados en los típicos delantales bordados que usan las criadas, puedo apañármelas solo.

La mirada de tú-eres-gilipollas simultánea de sus colegas fue casi como una patada física en la trasera. Luego, Qhuinn frunció el ceño y volvió a desviar su mirada de la de Blay.

—No recuerdo haberme despertado nunca, ¿de qué estáis hablando?

La Doc Jane dijo que la pérdida de sangre masiva que habías sufrido había comprometido tus funciones cerebrales brevemente y que, como consecuencia, la amnesia a corto plazo podía presentarse como síntoma —señaló John.

Qhuinn asintió mientras repasaba en su cabeza sus últimos recuerdos: el rostro de Layla pálido y demacrado se materializó en su mente. Podía ver sus colmillos sobresaliendo cruelmente de sus encías una clara prueba de lo hambrienta que estaba. Su pelo rubio caía a su alrededor en ondas salvajes como la melena de un león dándole un aspecto terroríficamente fiero. Pero lo peor eran sus ojos. En ellos podías ver su lucha interior, el combate entre el raciocinio y el instinto. Reflejaban claramente el sufrimiento físico y mental al que estaba sometida. Él se había acercado a ella, había cerrado los ojos y un dolor atroz, como si lo succionara de dentro afuera lo había sumido en total oscuridad.

—¿Te encuentras mejor? —insistió Blay—. Las otras veces llegaste incluso a caminar, pero Jane cree que estabas en estado de shock porque no hablabas ni decías nada, sólo mirabas al vacío… o la llamabas.

—¿A Layla? —preguntó confundido. Blay asintió—. Supongo que tendré que hablar con ella y ofrecerle una disculpa.

—¿Una disculpa? ¡Casi te mata, Qhuinn! —medio chilló si amigo

Se dignó a levantar la mirada hasta el pelirrojo con mucha seriedad.

—Sigo aquí, ¿no? Imagina cómo debe sentirse ella, Blay, una Elegida metida en este embrollo porque fui demasiado cabezón como para dar un paso al costado cuando vi que la situación estaba descontrolándose —movió la cabeza en un gesto negativo—. Ambos nos descontrolamos, sí, pero ella tiene una excusa y yo fui quien “apretó el gatillo”, por así decirlo.

A ver si al final “la pérdida masiva de sangre” le ha arreglado el cerebro, dejó caer John para romper el hielo. Los tres volvieron a reír y Qhuinn se incorporó con mucho cuidado, sentándose y luego bajando los pies al suelo sin dejar de sostenerse el pecho con ambos brazos como si fuera a partírsele en dos.

—Dejaos de royos los dos y acompañadme al Comedor, me muero de hambre.

Blay se agachó en seguida y se pasó su brazo derecho por debajo de los hombros, Qhuinn siseó.

—Es como si me hubieran aparcado un camión encima.

—Bueno —explicó el pelirrojo—, Vishous tuvo que usar medidas algo… drásticas para traerte de vuelta.

Miró al macho con cara de “vas a tener que explicarme eso en mayor profundidad” y luego se volvió hacia John, que se había puesto a gesticular.

Le he dicho a Xhex que le avisaría en cuanto despertaras, id yendo vosotros os alcanzaremos en unos minutos.

—Claro, ahora le llaman “unos minutos”—bromeó Qhuinn intentando retener a su colega para que no le dejara a solas con Blay—. Si te vas no volverás hasta dentro de unas horas —enarcó una ceja como si estuviera despreocupado. Pero John se limitó a darse le vuelta y enseñarle el dedo corazón.

El silencio se impuso en la habitación en cuanto el tercero en discordia salió por la puerta. Blay fue el primero en romperlo, aclarándose la garganta incómodamente dijo sin mirarle:

—Bueno, los primeros pasos no van a ser agradables así que prepárate. Uno… dos y… tres.

A través del dolor que le produjo volver a encontrarse en posición vertical (gracias, gravedad), él era totalmente consciente de cada centímetro del cuerpo de su amigo en contacto con el suyo. Era consciente de la fuerza con que lo sostenía y de que nunca lo dejaría caer. Por unos instantes, se quedaron así sin más, los dos quietos y agarrados el uno el otro.

Qhuinn no pudo evitar recordar una época en la que una situación así no los habría hecho sentirse incómodos o demasiado conscientes de sí mismos. Más bien hubieran estado echándose pullas y Blay le estaría amenazando con cargárselo él mismo si alguna vez se le ocurría volver a darle un susto semejante, él soltaría una de sus gilipolleces y todo quedaría en el pasado.

Pero ya no eran pre-trans sin obligaciones, preocupaciones ni responsabilidades. Eran machos adultos metidos de lleno en una guerra.

Y claro, estaba el hecho de que había jodido, literalmente, lo que había entre ellos más veces de las que podía recordar. Sintió que el dolor de su pecho se intensificaba, haciéndose casi agónico y estuvo seguro de que no tenía nada que ver con huesos rotos.

En lo más profundo de su ser no estaba solamente triste, sino avergonzado de sus acciones y, sobre todo, arrepentido. Con un nudo en la garganta y las emociones desbordándole la voz, las palabras salieron de su boca casi involuntariamente.

—Lo siento.

Por la manera la rigidez que adoptó el cuerpo a su lado, estuvo seguro de que eso era lo último que Blay esperaba oír. Tras un rato tan largo que creyó que no le contestaría, el pelirrojo susurró a su vez:

—¿Por qué?

—Por todo —respondió Qhuinn sin vacilar—. No querrás que me ponga a enumerar, ¿no? En ese caso nos pasaríamos aquí el resto de nuestras vidas.

Ambos giraron la cabeza y sus miradas de encontraron de lleno. Contuvieron la respiración. Por un momento, a Qhuinn le pareció ver en los ojos de su amigo la expresión que tenían antaño, aquella que sugería que, si por él fuera, estaría dispuesto a pasar toda la eternidad a su lado.

Pero duró poco. En seguida, sus iris se volvieron de acero y los dirigió a hacia la puerta abierta.

—Eso no cambia nada —Blay se sacudió ligeramente y se recompuso—. Y ahora venga, ¿no tenías hambre?

Hambre de ti.

Ese fue el último pensamiento que Qhuinn dedicó a su “amigo”.

****


Felicidad.

Tohr apenas podía recordar la última vez en que se había sentido total y absolutamente feliz… o dicho de otra manera, como se sentía ahora. Rodeado de sus hermanos todos bajo un mismo techo como una familia, viendo la alegría en sus rostros. Y con alguien que le provocaba algo que había llegado a creer que jamás volvería a aflorar en su corazón. Podría decirse que el único manchón en el por otro lado blanco lienzo era el capullo de Lassiter, pero tenía que admitir que hasta el angelucho aportaba su “luz” al asunto. Se sonrió.

Anduvo hasta donde las shellans seguían teniendo secuestrada a su hembra y les hizo una graciosa reverencia.

—Damas, ¿me permitirían hablar con Layla unos segundos?

Pasó sus ojos por las vampiras, que lo miraban con obvia comprensión reflejada en sus miradas y por un momento estuvo a punto de ruborizarse.

La Elegida estaba sentada cómodamente en su sillón con Nalla dormida plácidamente en sus brazos, acunándola como si hubiera estado haciéndolo toda la vida. Se negó a dejar que su memoria empañara el momento y le echó candados al recuerdo.

Bella se levantó y tomó a la bebé con suavidad.

—Aún no me puedo creer que hayas conseguido hacer que se quedara dormida con todo este ruido —comentó la mahmen sorprendida.

—Sí —añadió Mary—, y la nana que le cantaste era bellísima. Era la Antigua Lengua ¿no? Me gustaría que me la enseñaras.

Layla acarició tiernamente la cabeza de Nalla una última vez y fue a colocarse cerca de Tohr. Aunque, todo sea dicho, no todo lo cerca que a él le hubiera gustado.

—Me la cantaban cuando era niña en el Otro Lado. Cuando llegué tenía… problemas para adaptarme, por así decirlo. Y es melodía me sirvió bastante.

—Por favor, prométeme que te pasaras algún día a la hora de la siesta —suplicó Bella riendo.

Todas las demás asintieron y corearon la petición.

—En general es un sol, pero la hora de la siesta… —comenzó Jane.

—Puedes escuchar sus gritos desde la Guarida —acabó Marissa.

—Entonces debe tener los pulmones de un Guerrero, como su padre —sentenció Cormia.

Por unos momentos, le pareció ver a Layla conmovida por la petición de las shellans. Incluso, por el rabillo del ojo, creyó notar que sus ojos se volvían más brillantes. En todo caso, su hembra inclinó ligeramente la cabeza y les dedicó a todas una sonrisa radiante.

—Estaré encantada. Y ahora, ¿había algo que querías hablar conmigo? —dirigió su deslumbrante sonrisa hacia él.

Tohr la llevó a un extremo del Salón algo apartado, donde las luces del techo no estaban encendidas y mirándola muy intensamente le apartó unos mechones sueltos del rostro.

—¿Estás bien? Sé que no estás acostumbrada a estar rodeada de tanta gente y…

Ella apoyó un dedo sobre sus labios y asintió lentamente.

—No tienes por qué preocuparte por eso, hacía tiempo que no me sentía tan bien.

Curioso, pensó él.

—Lo mismo me pasa a mí —alzó las cejas.

Estaba inclinándose para besarla cuando sintió como se ponía tensa. Confundido, abrió los ojos y soltó sus hombros. La hembra se dio la vuelta y su mirada se clavó en las escaleras.

—¿Qué…? —comenzó Tohr.

—Qhuinn —fue todo lo que Layla dijo.

Como a cámara lenta, Tohr vio al crío aparecer por las escaleras apoyándose pesadamente en Blaylock y por el careto que traía él tampoco había tenido ni puta idea la fiesta. Bueno, para ser sincero, también traía cara de haberse dado un paseíto por el Fade y haber vuelto. Colega, había visto yogures con más color que el chico. Y estaba el hecho de que no dejaba de agarrarse el pecho como si se le fuera a partir por la mitad…

Más rápido de lo que pudo reaccionar, Layla salió disparada hacia las escaleras en busca del tipo. No sólo no se lo esperaba sino que aún seguía asimilando el estado en que ella sola había dejado a un vampiro macho. Con retraso, se lanzó tras ella y consiguió interceptarla unos metros antes del pie de las escaleras. Cogiéndola por el brazo, aprovechó la inercia que llevaba para hacerla girar y atraerla hacia sí.

—¿Qué crees que estás haciendo? —gruñó en su oído.

Seh, probablemente estaba siendo un poco-mucho-demasiado paranoico-obsesivo-posesivo. Puede. Pero no le hacía la más mínima gracia ver a su hembra salir corriendo hacia los brazos de otro macho de esa manera, tuviera el motivo que tuviera. Y sí, tenía algo personal contra ese macho en concreto. Personal, como en “no pienso dejar que la añadas a tu lista de polvos sin sentido”.

Ella simplemente se dio la vuelta unos centímetros y le fulminó con una mirada que jamás le había visto.

—Ya hemos hablado de esto —fue todo lo que salió de sus labios.

Mientras tanto Qhuinn prácticamente se había desembarazado de su colega y también se apresuraba escaleras abajo, con Blay siguiéndole en un vano intento porque no se rompiera la crisma. Cuando llegó al final se paró allí y contempló a Tohr y Layla juntos, no le pasó desapercibido cómo los ojos dispares del chico volaban hacia la mano con que cogía con fuerza el brazo de la hembra. Avergonzado de que un crío estuviera silenciosamente recordándole cómo debía tratar a una dama, le hizo soltarle el brazo y pasar el suyo por la cintura femenina. En cuanto lo hizo, sintió como el cuerpo de la Elegida temblaba contra él.

—Lo siento —dijo ella con la voz partida.

El muchacho dio unos pasos su mirada se suavizó cuando la posó sobre ella. Abriendo los brazos le dedico una sonrisa de mierda que no consiguió disimular lo que le estaba doliendo el gesto.

—¿Por qué? Sigo aquí y de una pieza ¿no?

Tohr lo miró con la advertencia en los ojos mientras seguía avanzando. Medio-convaleciente o no, no lo quería cerca.

—No quería hacerte daño, yo… —siguió ella, pero un sollozo cortó lo que estaba diciendo.

—Shhh, no hace falta que digas nada, Layla. Yo tengo la culpa, no debería haberme acercado viendo… la situación —negó con la cabeza—. Yo lo siento por hacer que te sientas mal tras algo que no pudiste evitar.

—Pero…

—Pero nada. Tema zanjado. Finito. Caput. Espero que podamos seguir siendo amigos.

Bien, según los parámetros de Tohr, la palabra “amigo” perdía todo su significado cuando era dicha por alguien como Qhuinn. Pero, por unos segundos, se planteó darle una oportunidad, se lo planteó por ella. Y entonces el muy gilipollas tuvo que alargar la mano. Tuvo que pretender tocarla.

Sintió su esencia de vinculación estallar en su piel mientras gruñía y la alejaba de su alcance. En menos de lo que le llevó parpadear, Phury y Rhage estaban cada uno a un lado suyo. P le apoyaba una mano en el hombro, mientras que Hollywood había rodeado su bíceps derecho con una de sus enormes manos. Sumándose a la fiesta estaba Vishous que, Tohr aún no podía creérselo, se había colocado protectoramente delante del chico.

—Lo siento mi hermano —dijo meneando la cabeza—, pero las he pasado canutas intentando mantener el culo del chaval en este Lado, no pienso dejar que te lo cargues… por un sinsentido —especificó.

Tohr se limitó a gruñirle a la perra traidora. Mientras tanto, Qhuinn salió tranquilamente de detrás del Hermano con las manos levantadas.

—Mira, Tohr…

—Tohrment, para ti —gruñó de vuelta.

—Tohrment —siguió el chico—, no sé qué es exactamente lo que tienes en mi contra, pero creo que tu visión de la relación que mantengo con Layla está totalmente distorsionada.

—No hay ninguna relación que mantener, muchacho. Al menos no del tipo de relaciones que mantienes.

—Ella es mi amiga.

—No me hagas reír —bufó.

—Soy su amiga —dijo Layla entre sus brazos—. Ya te lo he explicado: bien o mal Qhuinn ha estado ahí cuando le he necesitado.

—Y ella ha estado ahí cuando yo la he necesitado también. Supongo que este comentario sólo me ganará otro bufido, pero apruebo vuestra relación. Me parece correcta y por nada en el mundo se me ocurriría siquiera intentar meterme en medio. Pero no me alejes de ella por miedos infundados —se le notaba en la cara que hablar tanto estaba costándole un esfuerzo—. Sé que no he hecho nada para que confíes en mí y que mi reptación me precede, pero, tú mejor que nadie, debes saber que ella es especial.

Tohr repasó al joven vampiro con la mirada, meditó sus palabras y las comparó con la explicación que su hembra le había dado. Mierda, por mucho que le jodiera, ahí había algo, una conexión de algún tipo entre ambos. Pero el macho vinculado en él se oponía a aceptarlo.

¿Qué más tenía que hacer el chico? Se había enfrentado a él, se había disculpado, prácticamente le estaba suplicando y acababa de admitir que era una puta del tres al cuarto delante de toda la Hermandad.

Él era un Guerrero y como tal la confianza no era su fuerte. Pero en este caso tenía que admitir que estaba siendo irracional. Confiaba en ella, confiaba en lo que tenían, entre otras cosas, porque se conocía a sí mismo. No debería comportarse como lo estaba haciendo.

—Nunca vas a caerme bien —puso como condición, levantando un dedo.

—Si no puedo cambiarlo, aprenderé a vivir con ello —dijo Qhuinn bajando ligeramente la cabeza.

—Aún así voy a confiar en mi nalla y creeré lo que estás diciendo —el crío levantó la mirada y casi sonrió—. Pero… si alguna vez se te ocurre faltar a tu palabra, aún estaré a tiempo de clavarte una daga en algún siti o—dijo aligerando su tono para que sonara casi en broma.

El joven asintió, ladeó la cabeza y, con inseguridad, adelantó una mano algo temblorosa. Tohr se lo pensó un momento, tomó todo en cuenta y echó un último vistazo a Layla antes de alargar la suya propia y estrechar la de chaval.


Aullidos de júbilo estallaron entre la mayoría de los Hermanos, incluso sonó algún que otro aplauso y ambos recibieron palmaditas en la espalda.

—Así que ya es oficial, ¿eh? —gritó con sorna Butch.

—Enhorabuena —le sonrió Phury.

—Dale a la música, Hollywood, hay que celebrar —decretó Wrath que iba agarrado del hombro de Beth.

Al rato la canción Shake that ass for me comenzó a sonar el estéreo y Rhage se subió a una mesa moviendo el culo como una bailarina de striptease epiléptica.

—¡Venga, Tohr, queremos ver un beso! —chilló sin dejar de “bailar”.

—¡Eh, Emplumator! —gritó Vishous dirigiéndose a Lassiter—. ¿No vas a subirte a hacerle compañía al “dirty dancer”? —preguntó haciendo un gesto con la cabeza hacia la mesa.

—¿Y que luego tengas material para cascártela toda una semana pensando en este culito? —se dio la vuelta y se dio una palmada—. No lo creo, Perillita.

El resto de los presentes tenían la mirada clavada o en Rhage o en Tohr y Layla de manera expectante. De fondo se oían comentarios como:

—Es fabuloso que haya vuelto a encontrar…

—La vida sigue su curso, es verdad…

Y otros, err, diferentes:

—Por Dios, sólo le falta una barra americana y se lo monta ahí mismo.

—Bella, tápale los ojos a Nalla, eso podría no ser seguro para su bienestar psicológico.

—¡Mary, haz algo!

—¡Hellren, bájate de ahí!

—Primero quiero un beso —dijo haciendo un puchero como un niño pequeño—. Vamos, bastardos, todos queréis ver el final feliz.

Tohr se pasó la mano por el rostro y puso los ojos en blanco ante el numerito que estaba montando si hermano. Ahora todos esperaban que le concediera el capricho y acabara con su agonía. Con un suspiro resignado, volvió la mirada hacia Layla a la que se le caían las lágrimas de la risa.

Nalla¸ siento mucho el comportamiento de mi hermano, supongo que en cosa de otro siglo o cosa así madurará de una vez por todas.

Nallum, nunca lo había pasado tan bien como ahora mismo —aseguró—. Y ahora, démosle lo que quiere antes de que la Hermandad se quede con un miembro menos… O en su defecto, alguien de la Hermandad quede con un miembro menos.

Él rió y la tomó por la barbilla con una mano, la otra la enredó en su cintura, atrayéndola dulcemente hacia sí. Ladeando su rostro lentamente apoyó sus labios sobre los suyos con suavidad.

Y claro, los aullidos y aplausos volvieron a estallar. Acababa de separarse de ella cuando captó un olor ácido, punzante en el ambiente. Confuso, alzó el rostro hasta la fuente del desagradable aroma.

John estaba parado en la mitad de la escalera. Hubiera parecido una estatua de piedra si no hubiera sido por el violento temblor de su cuerpo. A su lado su compañera, Xhex, había pasado su brazo derecho por el pecho del joven macho como si estuviera reteniéndolo.

Tohr se encontró de lleno con los ojos de ambos. Los de ella estaban confusos y había un dolor como ajeno en ellos, como si lo que sentía fuera un eco… de su hellren. Porque los ojos de John estaban peligrosamente húmedos, pero eso no era lo peor. Lo que hizo que la sangre del macho corriera fría era el vacío que veía en los ojos del chico que era como un hijo para él. Un vacío que no le era desconocido ya que, en sus profundidades, ya se había perdido una vez el amor que se tenían.

Los segundos pasaron interminables, con tanta lentitud que parecía que fueran a durar para siempre. Cuando ya estaba a punto de abrir la boca para romper el silencio, las manos del muchacho se alzaron y gesticularon tres claras palabras:

La has traicionado.

El mundo parecía muerto a su alrededor, todos fríos y silenciosos. Y realmente, él se sentía sin vida por dentro, su corazón bombeaba por inercia no por voluntad. Las palabras de John lo transportaron al momento en el que supo que Wellsie había muerto. El dolor y la situación podrían no ser las mismas, pero la sensación de pérdida no cambiaba. Sentía que acababan de arrebatarle otro pedazo de él, porque podía ver en su rostro que jamás le perdonaría.

Pero no solo eso, su acusación hizo tambalearse lo que había construido con Layla en el último mes. El convencimiento de que tenía derecho a rehacer su vida, de que lo que ellos tenían estaba bien. Todo estuvo a punto de derrumbarse y el edificio de su amor volvió a quedar en un mero armazón de metal retorcido. Sus palabras fueron un golpe para la esencia del macho que creía, que quería, ser y anularon todo lo bueno en él. Lo sumieron en la culpa de nuevo.

Soltó a Layla como si el mero tacto le quemara... para darse cuenta de que una de sus manos seguía en su cintura. Sus dos amores batallaban entre ellos. Y él, el bando neutro, se llevaría lo peor, como ya había ocurrido tras la muerte de su shellan.

—John… —lo ronco de su propia voz, la tristeza que la constreñía, le sorprendió.

El muchacho simplemente negó con la cabeza. Y debería haberse ido en ese momento, debería haberse marchado sin más. Pero giró la cabeza lo suficiente para mirar a la Elegida y el odio que pareció llamear en sus iris azules durante una fracción de segundo fue todo lo que Tohr necesitó para hacer una elección.

Con un rugido de furia se colocó delante de su hembra, protegiéndola y desafió al otro macho con la mirada. Por un momento, se preguntó de dónde estaba saliendo toda aquella rabia ¿del hecho de que prácticamente estaba vinculado con Layla? ¿Del hecho de que ella era una simple hembra, de que no tenía la culpa de nada y de que no se merecía que la miraran de aquella manera? Sí, todo eso tenía que ver, pero la mayor parte de la ira estaba siendo alimentada por la injusticia.

Sí, era injusto que por segunda vez su hijo le diera la espalda ¿Qué mierda sabía el crío de la vida? ¿Quién cojones era para juzgarle? No sabía nada de este mundo y hacía juicios superficiales y subjetivos sin tener en cuenta a quién hacía daño. Esta vez no iba a tenerle paciencia hasta que se le pasara y se diera cuenta de que él tenía derecho a salir del pozo de miseria en el que la muerte de su shellan lo había hundido. Tal y como John no debería haber mirado a Layla de ésa manera, muy probablemente él no debería haber dicho las siguientes palabras.

—¿Quieres que guarde luto por ella de por vida? ¿Qué me consuma en mi pena? Porque no veo que , lo hagas, hijo —escupió a sabiendas de las implicaciones del apelativo.

Sabía, y sentía, las miradas de todos clavadas en él. Sinceramente, el numerito de Rhage no había sido nada comparado con el que estaban montando ahora. No era típico de él entrar en conflicto de esta manera, solía ser más el apaciguador. Pues bueno, el apaciguador se había hartado un poco de que le tocaran las pelotas y le vacilaran con la excusa de que era “pacífico”. Atrajo a su hembra más cerca.

—No otra vez, John —dijo refiriéndose a algo que los dos conocían bien.

¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Los demás acaban de enterarse ahora y ésta no es la manera en que me hubiera gustado que te enteraras.

Se quedaron mirándose fijamente durante un buen rato más, pero el temblor en el cuerpo del muchacho no mejoraba y Tohr no estaba dispuesto a ceder terreno. Fue entonces cuando Xhex tiró suavemente del brazo de su hellren y le susurró algo con rapidez, pero él ni se movió, sólo se inclinó más cerca de la barandilla como si fuera a saltar y lanzarse a por Tohr.

A su alrededor el resto de los Hermanos se preparaban para evitar el conflicto cuerpo a cuerpo en el caso de que las cosas llegaran a las manos, Phury se había retirado con las hembras y…

¡BIP BIP BIP! ¡BIP BIP BIP!

Una molesta alarma saltó desde el reloj de Vishous que puso una cara de qué-coño que le duró una milésima de segundo antes de desaparecer.

—Bien, señoritas, dejaos de rollos —fue diciendo mientras comenzaba a trotar hacia la Guarida—. ¡Tenemos un intruso en los terrenos de la Hermandad!

****


Mientras el sonido de las botas de sus Hermanos atronaba en los corredores por los que pasaban a todo correr, Tohr aún intentaba asimilar todo lo que había pasado en los últimos cinco minutos: había “hecho las paces” con Qhuinn, casi se lía a palos con John y ahora V les venía con que alguien se había colado en los alrededores de la mansión, la cual, hasta donde él tenía entendido, había sido cableada por el propio Guerrero y era jodidamente inexpugnable.

Cuando por fin llegaron a la Guarida, la Hermandad al completo estaba allí a excepción de Phury, a quien habían dejado a cargo de las hembras junto con Blaylock, John Y Xhex. Su Layla también se había quedado con ellos y ahora él sentía una urgencia de correr hasta donde estaba y protegerla de una amenaza desconocida que le costaba dejar de lado.

Sacudiendo la cabeza, dirigió la mirada hasta lo que podía definirse como “la base de operaciones” de Vishous. El tipo estaba sentado delante de sus cuatro juguetes dándole a las teclas a diestro y siniestro.

—Vamos, cabrón, ¿dónde estás? —murmuraba Butch a su lado, con la mirada fija en las imágenes de las varias cámaras que rodeaban el recinto.

—Algo va mal ahí fuera —gruñó Vishous—. Una de dos: o estamos siendo jodidamente invadidos por un escuadrón o sea lo que sea está jodiendo con mis cámaras y sensores.

Wrath se acercó y plantó una mano en el respaldo de la silla del Hermano.

—¿Y los infrarrojos?

—Nada, es como si estuviera en tres o cuatro lugares a la vez, mi Rey.

Todos los machos quedaron en silencio sepulcral hasta que el leve tintineo de una daga siendo sacada de su funda los sorprendió. Se giraron para ver a Z, cuyos ojos negros relampagueaban como el filo de su arma.

—Pues será que hay un montón de hijos de puta ahí fuera de los que tendremos que ocuparnos.

—No pueden ser más de uno —sentenció Butch mirando las pantallas—. Los movimientos son demasiado eclécticos, si fuera un grupo estarían desplazándose de manera más coordinada, estarían orquestando un ataque.

—Esa cosa de ahí fuera, parece confundida —acabó Vishous dándose la vuelta e ignorando los inservibles ordenadores.

—Pues enciende los focos y vayamos a por él —intervino Rhage

Wrath estampó un puño en la mesa y rugió:

—¡No! Si hacemos eso se asustará y quiero a ese mamón con vida para que me diga cómo cojones se ha colado en mi casa —ladeó la cabeza ligeramente hacía V, como hubiera hecho si hubiera sido capaz de mirarlo y el Hermano le siseó.

—Nunca antes había estado en una situación similar, eso —señaló hacia el montón de interferencia visible en las pantallas detrás de él—, no es detectable por nada tecnológico —se defendió.

—En ese caso —explicó el Soberano—, habrá que hacer las cosas como en los viejos tiempos. Butch, no es un lesser así que te quedas aquí con Zsadist y conmigo. Vishous, Rhage y Tohr, os toca cazar al bastardo. Cuando lo tengáis, traedlo directamente por el garaje, os estaremos esperando allí. Phury seguirá con las hembras. Vamos, vamos, vamos —les urgió.

—¿Cómo que me quedo aquí? —gruñó Z acercándosele peligrosamente.

—No me cuestiones, tengo una corazonada de mierda. De modo que si eso es lo que creo que es tú plantas el culo en esta casa hasta que esté bajo control y punto ¿aún estáis aquí? ¡Salid de mi vista! —bramó y luego se rió de la ironía de su orden.

****


Tres minutos después los tres salían de la mansión sigilosamente.

—Y recordar: tiene que estar vivo, así que nada de apuñalarlo, estrangularlo, acribillarlo o volarlo en pedazos, ¿estamos claros? — repetía Tohr

—Sí, Sherlock, ya sabemos cómo no matarlo —rodó los ojos V.

Se removió incómodo. No creía que Wrath hubiera tomado la mejor de las decisiones al elegir al Hermano para salir a buscar al intruso. El tipo estaba claramente cabreado por algo que debía considerar su culpa y esa rabia podía actuar en su contra. Suspiró, iba a tener que tenerle un ojo encima.

Cuando llegaron al borde del aparcamiento, donde la zona más “salvaje” del jardín comenzaba les hizo un gesto para que se abrieran en abanico, de manera que cubrieran más terreno. No pasó mucho tiempo hasta que vieron huellas y otras pruebas del intruso. Se agachó para comprobar las pisadas y frunció el ceño.

—O es una hembra muy menuda o un niño —susurró a sus Hermanos—, y está confundida y perdida. Antes de seguir hacia la derecha dio un montón de vueltas por aquí, las pisadas se superponen varias veces.

—Creo que está indecisa, más bien —intervino Rhage—, la mansión puede verse claramente desde aquí, pero no parece decidirse a acercarse más. Eso, o se ha arrepentido de venir aquí y ya no sabe cómo salir.

—Vosotros —escupió V—, estáis dando por supuesto que lo que sea que está rodando nuestro hogar es un vampiro —amartilló su Glock.

Un leve susurro de hojas secas les alertó de movimiento unos veinte metros por delante de ellos, al borde de una zona despejada de árboles. Los tres se miraron y asintieron, Tohr hizo la cuenta atrás… y al segundo siguiente se habían desmaterializado en el punto exacto del sonido. Encerrando a una muy asustada criatura entre sus enormes cuerpos. Los Guerreros sisearon al ver de qué se trataba, pero para el momento en que quisieron bloquear sus mentes era muy tarde.

El joven Symphath atacó con toda la fuerza de su desesperación y aprovechando que los había cogido desprevenidos. En cuanto los vampiros se llevaron las manos a las sienes, esquivó al más cercano e intentó salir corriendo. Tal vez fuera que el muchacho se concentró menos en él porque su aspecto era menos amenazador o porque ya tenía algo de experiencia en ataques telepáticos, pero Tohr fue capaz de sobreponerse lo suficiente al asalto como para interceptarlo antes de que consiguiera huir.

—Haz… que pare—gruñó Rhage que se retorcía en el suelo.

Con un esfuerzo supremo lo atrajo hacia sí y descargó la culata de su pistola sobre su cabeza. El ataque cesó inmediatamente. Los tres quedaron hechos una mierda en el suelo, jadeando y pestañeando como locos en un intento por mejorar el dolor de cabeza. Miró hacia el costado al guiñapo que era el Symphath inconsciente en el suelo.

—Es solo un adolescente, un crío, no debe tener más de quince o dieciséis años —murmuró.

—Pues quién lo diría —gruñó Rhage masajeándose las sienes.

Vishous fue el primero en ponerse en pie. Se sacudió la hojarasca de la ropa y, sin esfuerzo aparente, cargó con el chico.

—No sé qué creéis vosotros, pero no va a estar inconsciente de por vida, de manera, que sugiera que movamos el culo hasta la mansión y encontremos una manera segura de retenerlo antes de que despierte.

Tohr y Hollywood asintieron con y se pusieron en marcha tras V. Para cuando llegaron a la zona acordada con Wrath, el Rey, Z y Butch los esperaban armados hasta las cejas, claramente esperando una “presa” diferente.

—¿Qué coño? —fue todo lo que dijo Butch cuando le echó un vistazo al crío.

—¿Qué es, idiotas? —ladró Wrath exasperado.

—Un Symphath, mi Señor —explicó Tohr—, pero es solo un niño, de unos quince o dieciséis años, calculo. Ya lleva varios minutos inconsciente, pero como ha dicho Vishous es necesario que hagamos seguro estar a su alrededor. Allí fuera… bueno, estaba muerto de miedo y nos atacó con todo lo que tenía. No ha huido por los pelos.

—Comprendo. Bien, Z, mi corazonada de mierda era acertada, por lo tanto te quiero lo más lejos posible de eso. Ve a buscar a Phury y tráelo al garaje, tú te quedas con las hembras y con tu familia —dijo añadiendo esto último para apaciguar al Hermano.

Todos pasaron a la habitación y colocaron al chico sobre una mesa de hormigón acoplada a la pared de la estancia, Tohr lo ató con unas cadenas que encontraron por ahí.

—Tendréis que estar preparados para bloquearle en cuanto se despierte ¿Por qué mandarían a un niño a enfrentarse a Guerreros experimentados? No tiene sentido, deberían haber sabido que intentaría huir, que no sería capaz de llevar la misión a cabo.

—No intentes entrar en sus cabezas, mi Hermano, están enfermos —Rhage la apoyó la mano en el hombro.

La puerta lateral del garaje se abrió y Phury entró envuelto en una leve aura dorada y con una cara de mala leche poco común en él. Aún alcanzaron a oír retazos de una conversación obviamente unilateral:

—… intercambiar consejos para el cuidado del cabello.

—Joder, no —gruñó Vishous y rodó los ojos.

Lassiter salió de detrás del Hermano y les dedicó una sonrisita suficiente a todos, luego se apoyó en el coche más cercano.

—Un pajarito me dijo que la fiesta se había trasladado aquí, pero que no me habíais invitado —chasqueó la lengua tres veces—, chicos malos. Ahora, ¿qué tenéis ahí?

Vishous, más corto de paciencia que de costumbre, prácticamente se abalanzó sobre el ángel y le clavó un dedo en el pecho.

—Mira, gilipollas —dijo alzando la voz—, esto es serio ¿vale? Da igual que sea un crío, lo que tenemos ahí es un jodido symphath.

Lassiter palideció visiblemente, su piel dorada tornándose gris ante la explicación del vampiro y casi pareció que el chico hubiera oído el nombre de su raza, porque en el momento en que la palabra dejó los labios del Hermano, él se despertó con un grito y sus ojos carmesí se clavaron directamente en el ángel que, para asombro de todos, retrocedió un paso.

—No… —murmuró.


El symphath lanzó un grito, cerró los ojos y empezó a luchar contra las cadenas que lo sujetaban a la mesa. Definitivamente, oír chillar a un niño no era agradable, pero el grito de Lassiter les heló la sangre en las venas a todos. Fue como si tres voces diferentes salieran de su garganta, superponiéndose las unas a las otras escalofriantemente.

Las rodillas se le doblaron y cayó al suelo agarrándose la cabeza tan fuerte que parecía que fuera a arrancarse el pelo de raíz. El resplandor a su alrededor se intensificó hasta el punto de que les resultaba doloroso mirarlo, las bombillas explotaron, parecía estar atrayendo toda la luz hacia sí mismo. Tohr miraba a su alrededor desesperado como si una solución a la situación fuera a salir de la nada y entonces…

—¡Xhex! ¡PHURY VE A BUSCAR A XHEX! —bramó por encima del ruido creciente.

Ni él mismo, ni ninguno de los otros Hermanos estaba siendo víctima del ataque, parecía que el crío se hubiera concentrado exclusivamente en Lassiter, o que algo le empujara hacia él. Ante sus ojos el resplandor del ángel murió, como si su propio cuerpo se lo hubiera tragado. Se soltó la cabeza y dejó de gritar, aún arrodillado en el suelo alzó la mirada hacia el cielo. De sus ojos salían dos haces de luz potentes como linternas que se iban intensificando poco a poco, los bordes de su cuerpo comenzaron a vibrar, desdibujándose como si su forma material no fuera más que un holograma.

Tohr retrocedió hasta la pared más cercana cuando Lassiter comenzó al alzarse del suelo como si levitara y dos enormes apéndices luminosos que no podían ser otra cosa que alas se alzaron a sus lados, Cada vez le era más difícil distinguir el cuerpo del ángel entre la luz y la vibración que ahora sacudía sus propios huesos cuando Xhex entró en la habitación, acompañada de Phury y John.

Nadie tuvo que explicarle nada, se dirigió directamente al chico, lo tomó por la barbilla y clavó sus ojos, ahora rojos, en los de él. Al siguiente segundo el garaje quedó en penumbra y lo único que rompió el silencio fue el golpe sordo del cuerpo del ángel contra el suelo.

11 dic. 2011

Cita nº5.



"Pero lo único que se le ocurría era decirle «te echo de menos, te extraño tanto que siento dolor, pero no sé cómo llegar hasta ti aunque estás justo frente a mí». Así que mejor no decir nada".

Qhuinn en Amante Mío, capítulo 64, p. 582

7 dic. 2011

Lover Unleashed mejor novela romántica de 2011


Lover Unleashed ha sido elegida por los lectores como mejor novela romántica en los 2011 Goodreads Choice Awards. Ha ganado con diferencia y ha quedado en primer lugar con 5009 votos. Puedes ver los demás resultados aquí.

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