30 may. 2011

Detallito de Lover Reborn


Ya sabéis que Ward tiene un buen resfriado encima, pero hoy ha salido de la cama y ha escrito en su FB. Nos informa de que ha estado delineando el libro de Tohr y advierte que será desgarrador.

Finaliza diciendo que nos preparemos.

25 may. 2011

¡ENVY está terminado!


Así es, Ward lo ha dicho en su facebook. El libro de ENVY está totalmente terminado y editado. Ward lo mandó hace unos días para que empiece el trabajo de publicación.

¡Recordad que sale en septiembre!

22 may. 2011

Montaje de Zsadist


Ale me ha pasado este montaje de Zsadist realizado por Mágica. No le falta ningún detalle aunque, que yo recuerde, las bandas de esclavo son eso, simples bandas negras.

¡A disfrutarlo!

20 may. 2011

Los machos y sus shellans


LadySella, la super-rastreadora de vídeos, nos trae éste realizado por Calanthaa. La canción es muy, muy sexy y el montaje está muy currado.

¡Os dejo sofocándoos un rato!

18 may. 2011

La Hermandad


Hoy os traigo un vídeo buenísimo de la Hermandad. Lo ha encontrado Laura y me lo ha mandado al correo para compartirlo con todos vosotros.

¡No podéis perdéroslo!

Lover Reborn


Hoy Ward ha confirmado que el libro del hermano Tohr se llamará LOVER REBORN. Se espera para finales de marzo o principios de abril del año que viene.

¡Venga, que sólo tenemos que esperar hasta el 2012!

15 may. 2011

Amante Renacido: capítulo 2 por Neï


¡Hooooola a todas de nuevo! :D

Lo primero, antes de ponerme a largar y aburrirlas: ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODAS! Por sus comentarios, por haber siquiera leído el fic, por el apoyo, por los consejos y las críticas. No se hacen a la idea de lo que significan todas sus palabras para mí. ¡Intentaré seguir así y no defraudarlas!

Segundo: Como ya habréis leído el en blog de Daggher *besotes*, me he hecho una cuenta de Facebook exclusivamente para el fic: Neï HDN. El propósito es que allí trate sólo sobre el fic, podréis seguir no sólo los capítulos, sino también algunos adelantos y demás cositas que vaya colgando. No es cuestión de petarle el blog a Dagg con mis paranoias. Aún así, habrá cosas que sólo estarán en su blog, ¡así que no dejéis de pasaros!

Lo dicho, espero con ganas sus solicitudes de amistad jajaja, y muchos abrazos a todas las que ya me habéis agregado :D

Bien y ahora, *se frota las manos* a lo que os interesa de verdad. Este capítulo es especialmente emotivo, a mi parecer, hay un poco de todo:

*Una escena muy caliente entre Wrath y Beth. Ya sacarán sus conclusiones cuando la lean, no quiero anticipar nada.

*Layla tiene otra escena para ella, de manera que os vayáis introduciendo poco a poco en su psique.

*Otra sesión de palizas con Lassiter. El tipo tiene una curiosa, pero efectiva, manera de aplicar la psicología. Aún así, a Tohr parecen servirle, ¿no?

*Mi favorita: la conversación entre RIP y Tohr. Descubriréis que tienen algo en común.

Como notaréis, este capi es un poco más largo que el anterior, a petición popular, y porque decidí incluir esta última escena en la tienda de tatuajes :)

Para ir concluyendo, supongo que os estaréis preguntando: Neï, ¿dónde carajo están los malos-malosos-de-la-malvada-maldad-maligna? ¿Qué clase de historia es esta sin un súper villano? XD No desesperéis, el próximo capítulo (1 de Junio) despejará esas dudas.

Pero, me interesaría saber quién(es) creéis que va(n) a ser, ¡traed esas hipótesis!

Con esto os dejo, hermosas. Que disfrutéis la lectura.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 2. Las cosas cambian.

{Algunas acciones te cambian para mejor. Otras, para peor. Debes estar seguro de cuál de ellas es y aceptarlo ante de hacer algo.}
Karen Marie Moning, Shadowfever.

{¡Cuán poco sabemos sobre lo que somos! ¡Cuánto menos sobre lo que podríamos ser!}
Lord Byron.


—¡NO! De verdad no me digas que va a salir con eso a la calle —Beth miraba estupefacta el ridículo modelito de la mujer en la pantalla de la televisión.

A su lado Mary apenas era capaz de hablar por culpa de la risa, se esforzó por sacar a Beth de su error:

Va a salir a la calle con eso, pero lo que es peor ¡está en la tele con eso!

Ambas mujeres se habían apalancado en la enorme cama de matrimonio de la habitación de Mary y Rhage con un bol de palomitas entre ellas y estaban matando las horas viendo un maratón de un programa de moda que, hasta el momento, estaba dejándolas estupefactas.

—Definitivamente eso debería considerarse un atentado contra el buen gusto — Beth arrugó la nariz.

—Atentado contra la salud mental de quienes tengan que ver a una persona “vestida” de esa manera. De verdad Beth, ¿Qué hacemos viendo esto cuando hay están echando Godzilla en el otro canal?

—Querida amiga —le apoyó una mano en el hombro—, no me hagas empezar a hablar acerca de ti y tu fijación por los reptiles gigantes.

—Serás… —Mary abrió la boca exageradamente— ¡eso fue un golpe muuuuy bajo! —cogió el almohadón que tenía más cerca y comenzó a darle con él a Beth.

Rhage escogió ese mismo momento para entrar en la habitación y pillarlas in fraganti.

—Uuuuuh, pelea de almohadas de chicas, ¿me puedo unir? —dijo poniendo voz de falsete y haciendo aspavientos con las manos, lo cual teniendo en cuenta su tamaño quedaba totalmente ridículo.

Naturalmente todas las almohadas acabaron siendo lanzadas a su cabeza.

—¡Eh! Dos contra uno. Eso no es justo, ya nos sois mis amigas —luego miró a Mary de arriba abajo y le dedicó una sonrisa deslumbrante—. Bueno, sí puedes seguir siéndolo.

—Eres incorregible —rió Mary rodando los ojos.

—Sí, y me quieres por ello. Ahora portaos bien —se volvió hacia la puerta— ¡Layla, ya puedes venir!

Sin más que un leve rumor de pasos, la Elegida entró en la habitación y sonrío a ambas mujeres:

—Mi Reina, señora Mary.

Ambas corearon un saludo y Beth se levantó de un salto de la cama.

—Lo siento, Rhage, no sabía que estabais esperando a Layla.

—Se me olvidó decírtelo.—confesó culpablemente Mary— Si quieres luego vemos esa de Godzilla.

—Me da a mí que vas a estar ocupada,—rió Beth— pero si aún tienes tiempo nos vemos.

Salió a paso ligero de la habitación despidiéndose de todos y una vez en el pasillo se sorprendió a sí misma frotándose la barriga. Vaya, ¿Cuánto hacía que ella misma no se alimentaba? Al menos unas dos semanas…chequeó su reloj. Las 3:15, Wrath aún debía estar en la oficina haciendo algo de papeleo.

Se sonrió a sí misma. Iría a verlo, su hellren necesitaba tomarse un descanso de vez en cuando.

Pero primero iba a hacer una parada en su cuarto.

****


Sentado cómodamente detrás de su escritorio, acariciando las orejas de George con una mano, Wrath se froto los ojos, más por costumbre que otra cosa.

Llevaba un buen rato estampando sellos en todas las cartas que Beth había leído y le había dejado en el montón de sellado. Ya se había quemado tres veces con el lacre y estaba seguro de que se había cargado al menos una carta.

Miertástico. Tendría que esperar que su shellan viniera para ayudarle a arreglar todo el lío.

Desde que había perdido la visión por completo trabajaba día a día para ser cada vez lo más independiente posible. Y gracias a George lo era en gran parte, pero joder, aún había cosas que le costaba hacer solo.

Lo que lo ponía de un mal humor de cojones.

Wrath paró en seco sus cavilaciones sobre la gran mierda que era todo cuando su agudizado sentido del olfato capto el aire el deje a una esencia que conocía a la perfección. Se removió en su asiento, expectante. Sonó un golpe en la puerta y unos segundos después Beth entró, sacó a George al pasillo y luego cerró con pestillo tras de sí.

Para ese momento él ya llevaba un buen rato duro en sus pantalones.

—He pensado que podía venir a hacerte una visita.—pronunció ella despacio, arrastrando cada palabra como si fuera una caricia por su piel.

—No podría estar más de acuerdo leelan. ¿Por qué no te acercas aquí?—le instó él dando unas palmadas en su regazo.

No le hacía falta verla para saber perfectamente cómo estaba moviéndose, cuán hermosa estaba o exactamente qué necesitaba de él.

Ella rodeó el escritorio se acomodó en el regazo de Wrath teniendo cuidado de acomodar el contorno de su culo con su dura polla.

Wrath gruñó y se movió ligeramente bajo el peso de Beth, deslizó la nariz por el suave cuello de su shellan aspirando con avidez el aroma de su excitación.

Apoyó una mano en su rodilla, comenzando a subirla lentamente por su pierna, dejando que las yemas de sus dedos le transmitieran todo lo que sus ojos no eran capaces: la suave textura de su piel cremosa, el firme contorno de su muslo, la erótica calidez del interior de sus muslos.

—Joder, Beth.—masculló en su oído cuando sus dedos entraron en contacto directo con el sexo de ella, sin ninguna barrera de ropa interior para impedírselo. Había venido totalmente preparada para estar con él.

Atesoró el respingo que dio cuando su dedo índice encontró el camino entre sus sedosos pliegues hasta su clítoris.

—De camino aquí—jadeó ella—pensé que podía librarme de algunas prendas innecesarias así que decidí hacer una pequeña parada en nuestra habitación.

—Me encanta tu razonamiento, leelan. Pero dime, ¿has venido buscando algo en especial?—puntuó la última frase con una pequeña embestida de sus caderas, moviendo la longitud de su polla contra ella.

—Pues…—ella se reclinó contra él y tomó una de sus manos dirigiéndola a su pecho, lo cubrió comenzando a masajearlo en lentos movimientos circulares.

—Dímelo.—empezó un lento vaivén contra ella, empujando un poco y retirándose. Entre sus piernas su mano se había vuelto más audaz, abriéndola, tomando la humedad fruto de su deseo por él y usándola para prepararla para lo que estaba por venir.

Porque, Sagrada Virgen, iba a montarla hasta que les faltara el aliento.

Beth se giró hasta quedar sentada a horcajadas sobre él. Con una mano le quitó las gafas de sol mientras bajaba la otra hasta su bragueta, ahuecándolo en su mano. Su boca se cerró sobre el lóbulo de su oreja. Fue bajando por su cuello, raspando la piel con un colmillo, dejando sus nervios al desnudo.

— Ya casi han pasado dos semanas desde que bebí de tu vena por última vez.

Wrath ronroneó desde lo más profundo de su cuerpo y, agarrándola del culo con ambas manos, la pegó a él deslizando su dureza por su humedad en un lento y tortuoso ritmo. Inclinó la cabeza hacia atrás dándole más acceso a su cuello, mientras, le subía la falda del vestido para tener sus manos directamente en su piel.

—¿Tienes hambre de mí, leelan? ¿Necesitas algo de mí dentro de ti?

Beth no respondió, sólo onduló contra él, de modo que pudo sentir cada curva de su femenino cuerpo pegado a los duros planos del suyo. Wrath se reacomodó y posicionó dos dedos en la entrada de ella para luego introducirlos lo más lento y hondamente posible.

Beth se arqueó contra él, apoyando su peso hacia atrás sobre su mano, de manera que la propia gravedad se unía a la fuerza que él ejercía dentro de ella. Con un brusco movimiento, la cogió por el pelo, apartándola de su cuello para fundir sus labios con los suyos. Le mordió juguetonamente el labio inferior para luego repasar el contorno de su boca con la punta de la lengua. Ella gimoteó ante la lentitud de sus movimientos, moviendo las caderas contra su mano.

—Quiero oírtelo decir, Beth, ¿necesitas algo de mí dentro de ti? Dime qué necesitas.—deslizó sus dedos fuera de ella— Di—lo.

Beth hizo un ruidito de queja al notarse vacía y clavó su mirada rebelde en él. Agarrando los bordes de su camiseta se la sacó por la cabeza de un tirón y recorrió su cuerpo con una mirada hambrienta.

Wrath se deshizo igual de rápido del vestido que ella llevaba puesto… aparte de eso no había nada que quitarle. El cuerpo de Beth se amoldó al suyo una vez más y la sensación de sus pechos desnudos sobre sus pectorales, de sus pezones duros rozando su piel, le envió escalofríos por todo el cuerpo.

Los colmillos de ella volvieron a recorrer la piel de su cuello y la palma de su mano derecha se posó sobre su palpitante corazón.

—Necesito tu fuerza.—susurró ella en su oído.

—Nada me gusta más que sentir tus colmillos clavados profundamente en mí, pero ¿sólo necesitas eso?

Con deliberada lentitud ella abrió la bragueta de sus pantalones de cuero liberando su erección. La cabeza de ésta rozó la suave piel del vientre de Beth y Wrath no pudo evitar retorcerse de placer. Asiéndola con fuerza, los levantó a ambos de la silla, colocándola en el borde del escritorio. Bajándose los pantalones hasta las rodillas, se agarró a sí mismo y deslizó la punta de su polla por el sexo de su reina, impregnándose en su humedad, acariciándola donde más quería. Se estaba quemando por estar dentro de ella, pero no lo haría hasta que no se lo oyera decir.

Sintió como Beth echaba la cabeza hacia atrás, e imaginó su larga melena ondulada cayendo por su espalda y rozando el escritorio. Su polla dio un respingo.
Bajando la cabeza tomó uno de sus pezones entre sus labios, lamiendo en lentos círculos, dejando que la punta de un colmillo lo rozara de vez en cuando.

—Beth…—le gruñó, colocó la cabeza de su miembro en posición, moviéndose lo justo para crear una exasperante fricción entre ellos.

Ella clavo las uñas en sus pectorales y le gruñó de vuelta:

—¡Dámelo!

—Lo siento, leelan, tendrás que ser más específica.—se retiró más lejos.

—Wrath…—su tono estaba lleno de violencia y pasión contenida.

No le contestó, simplemente sonrió, se rasgó la lengua ligeramente con un colmillo y la besó con la boca abierta, dejando su sangre directamente en sus labios. Ella gimió, su ritmo cardíaco yéndose por la nubes, su sexo desbordado para él.
Y para su gran satisfacción, rompió el beso lo mínimo indispensable para decir:

—Dame tu polla.

—Así me gusta.—sin más preámbulos entró en ella con un duro y hondo empujón. Ambos tuvieron problemas para silenciar los gritos que quedaron atascados en sus gargantas.

Apoyando una mano en el centro de su pecho, la recostó sobre el escritorio, haciendo las cosas a un lado de un manotazo. Quería que su hembra tuviera espacio de sobra para revolverse de placer mientras la follaba.

No se molestó en seguir pareciendo un ser civilizado. Cuando estaba con Beth de esta manera se entregaba a sus instintos más animales, el macho vinculado en él borrando todo trazo de raciocinio.

Cogiéndola por las rodillas le separó las piernas más ampliamente y se las colocó sobre los hombros, duplicando la profundidad a la que entraba en ella. Sus dedos le aferraban con fuerza demoledora por los muslos mientras sus caderas se movían como propulsadas por los pistones de un Fórmula 1.

El escritorio de madera maciza se bamboleaba y deslizaba por el suelo de la oficina al son de sus poderosos embates y el cuerpo de su shellan vibraba de placer en estado puro debajo de él.

Inclinándose sobre ella le susurró:

—¿Sigues hambrienta?

Ella le observó con sus ojos franqueados por espesas pestañas oscuras y asintió. Aparentemente incapaz de articular palabra, sus ojos se dirigieron a su cuello y sus colmillos se alargaron completamente hablando por sí solos.

Tomándola por la nuca, pegó sus labios a su cuello.

—Tómame, leelan, chúpame, déjame seco.—obviamente no se refería solamente a su sangre.

Beth obedeció inmediatamente. Sus colmillos perforaron la piel y vena de Wrath en un chispazo de dolor erótico como el infierno. Las caderas del rey volvieron a dispararse en cuanto escuchó el primer gemido de placer de su hembra al probar el torrente vital de sus venas. Con un poderoso rugido, bombeó dentro de ella con todo lo que tenía, el orgasmo golpeándolos a ambos al mismo tiempo, haciendo sus cuerpos estremecerse en perfecta sintonía. Las olas reverberando por su miembro no se calmaron hasta varios minutos después, cuando sintió a Beth sellando las heridas de su cuello con la lengua.

Sin salir de ella la levantó a peso del escritorio. Con un fluido giro se sentó lo más en el centro de este posible, colocando a Beth encima de él de manera que quedara apoyada de rodillas en el mueble, dándole libertad para moverse.

Y ella la aprovechó…

Guiando los movimientos de su shellan la ayudó a cabalgarlo duro, sus respiraciones mezclándose en jadeos rotos mientras devoraban sus labios con avidez sin aminorar el ritmo. Perdido en sus instintos la aferró con ambas manos, prácticamente haciéndola volar sobre él, sintiendo las uñas de ella clavarse en sus hombros para conseguir mantenerse en el sitio.

Wrath sintió como la espiral de placer comenzaba a tomar forma dentro de él una vez más. Sentir el interior de Beth alrededor suyo, tan resbaladizo, tan apretado, ordeñándolo, era casi más de lo que podía tomar.

La esencia a especias oscuras estalló en la habitación junto con el ruido de un rugido en crescendo dentro de su pecho. Amaba marcarla, quería estar en cada poro de su piel, en cada hebra de su cabello, en cada centímetro de su cuerpo, sobre todo en su núcleo.

Deseaba su semilla llenándola, desbordándola al igual que su perfume de marcaje.

Pero también la quería a ella dentro de él. Dando rienda suelta al rugido de su pecho, expuso los colmillos y los hundió en el tierno punto entre el cuello y la clavícula de su hembra. Su espesa y rica sangre estalló como mil chispas de color en su lengua, enviando su cerebro a unas bonitas vacaciones en Isla Feliz.

Al igual que a su autocontrol.

Levantándose de un salto, los estampó a ambos contra la pared más cercana y siguió empujando salvajemente de pie en su interior, acompasando sus embestidas con los sedientos tragos de su vena. La espalda de ella rebotaba y se frotaba contra la pared, sus piernas aferradas a su cintura como barras de hierro.

—Wrath…—su nombre salió en un ronco y desesperado jadeo desde lo más hondo de su garganta.

Y fue la gota que colmó el vaso de su locura.

Sintió a Beth romperse en cientos de fragmentos a su alrededor, los músculos en su interior exprimiéndolo.

Su perfume de marcaje saturó el reducido espacio de la habitación hasta tal punto que estaba seguro que todos los habitantes de la mansión debían estar oliéndolo.
La fuerza del orgasmo le echó la cabeza hacia atrás e hizo que las rodillas le flaquearan de modo que ambos quedaron hechos un guiñapo en el suelo, su esencia derramándose tanto dentro como fuera de ella en densas y rítmicas pulsaciones.

Cuando hubo recuperado un poco la respiración bajo la cabeza para sellar las heridas del cuello de ella con gentileza, mientras sus manos acariciaban las suaves formas de su shellan y sus oídos registraban su elaborada respiración.

—¿Es—estás bien, leelan?—había sido realmente duro con ella.

—Ha sido magnifico.—ronroneó como respuesta.

Wrath rio profundamente y comenzó a besar con ternura las facciones de su amada.

—Me alegro de haber conseguido satisfacerte.

—Oh, créeme, haz hecho mucho más que eso.

Tras un rato de silencio en el que permanecieron abrazados el uno al otro, Wrath sintió que la pierna derecha empezaba a quedársele dormida, además la había dejado hecha un desastre. Ahora quería cuidar de ella, lavarla y alimentarla.

—Vamos, leelan, te llevaré a la ducha y luego te prepararé algo de comer.—captando el ligero aroma de la decepción de Beth y no pudo evitar sonreír.—Luego te daré más de lo que quieres.

Ella hizo un ruido apreciativo y ambos acabaron carcajeándose debido a lo evidente de la situación.

—Uhmm, un momento más, ¿por favor?

—Últimamente estas muy remolona.—por no mencionar que era la tercera visita de este tipo que ella le hacía en la semana, aunque esta hubiera sido especialmente remarcable.

—No sé…—el rostro de Beth estaba ligeramente rojo, su cuerpo totalmente caliente bajo el suyo, su polla volvió a la vida en cuanto sintió una nueva humedad formándose en entre sus cuerpos.—De un tiempo a esta parte me siento…caliente.—pareció decir a falta de una palabra mejor—No hago más que pensar en estar contigo,—no pareció notar que el cuerpo de Wrath se quedaba rígido—no hacerlo es casi doloroso, ¿Wrath? ¿Wrath, estás bien?

Sintió como todo el color se drenaba de su rostro y se retiró del interior de su shellan con rapidez, su miembro laxo entre sus piernas. Cogiéndola por las axilas la levantó del suelo y volvió a agacharse, tanteando el suelo en busca de su vestido.
La voz preocupada de Beth le llegaba distante.

—¿Wrath? ¿Quieres decirme qué coño está pasando?

Ella se sentía caliente, ardía en deseos de estar con él, casi le dolía.
Oh, no, Sagrada Virgen, que no fuera eso por favor.

—Tenemos que ir a ver a Doc Jane. AHORA.

****


Layla retiró la muñeca de su regazo y la cubrió con la manga de su túnica una vez el Hermano Rhage hubo acabado de cerrar las pequeñas heridas.

Sonrió radiantemente a Mary, sentada a su lado, y le dio un ligero apretón en la mano.

—Todo ha ido perfectamente, como siempre. Hoy ha tomado un poco más que de costumbre así que probablemente no me necesiten hasta dentro de unas tres semanas, ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarles?

Gracias Elegida.—Rhage le hizo una pequeña reverencia— Como siempre has cumplido tu cometido con la más absoluta perfección, honrándonos a mi shellan y a mí.

Layla brilló casi literalmente ante el alago de Rhage en la Antigua Lengua. Con una reverencia y una sonrisa a ambos, respondió:

Es mi placer, Guerrero, ser de ayuda. Mis más sincero agradecimientos por tus palabras.

Se dio la vuelta para marcharse, y ambos la acompañaron fuera de la habitación.
No habían dado más de tres pasos por el pasillo cuando se Layla casi atravesó por accidente la fantasmal forma de Jane que se precipitaba desde su habitación pasillo abajo.

Frunció el ceño al ver la preocupación marcada en las facciones de la, por lo general, estoica doctora.

—Jane, ¿Va algo mal?—preguntó Mary desde detrás de ella. Layla advirtió que los tres se habían quedado petrificados al ver a Jane en tal estado.

La médica se paró lo mínimo indispensable para pasarles un resumen de la situación.

—No tengo la menor idea. Wrath simplemente me llamó con urgencia a su cuarto. “Ven cagando leches”, fueron sus palabras textuales, y sonaba terriblemente angustiado.—se dio la vuelta y echó a correr mascullando lo que parecía ser “Que no le pase nada a Beth, por favor”.

Rhage y Mary la siguieron rápidamente y, sin saber por qué, Layla se encontró haciéndolo también. Preocupada por la reina a quien había visto esa misma medianoche perfectamente bien.

Para el momento en que llegaron al final del pasillo, el rey estaba paseándose fuera de la puerta de los aposentos reales como un león dentro de una jaula. Layla se rezagó un poco de los otros dos. Sabía que el rey nunca le haría daño, pero aún así era un macho que le inspiraba respeto y temor con todos esos enormes músculos y su severo gesto.

Observó como Mary apoyaba una pequeña mano en el hombro de Wrath con gentileza y Rhage se colocaba al otro lado de él.

—¿Está Beth bien?—le sorprendió la dulzura en la voz de la humana.

—Yo...eh…sí, no es nada grave. Tranquilos, no se ha hecho daño, ni nada por el estilo…yo. No puedo hablar ahora mismo.

Tras un rato de espera, la doctora Jane asomó la cabeza del cuarto y le hizo un gesto a Wrath Para que entrara. Aunque no se quedaron mucho rato dentro.

A los pocos minutos, el rey salió de la habitación como una tromba, con Jane pegada a sus talones, casi corriendo para conseguir mantenerse a su ritmo, gesticulando y hablando aunque Wrath parecía ignorarla.

—Lo siento, nunca he visto algo así. No puedo darte un diagnóstico cien por cien seguro, necesito que Havers la vea también ¡¿Wrath?!

Ambos desaparecieron en un suspiro y los tres se quedaron allí plantados. Layla comenzó a sentirse incómoda, ella no tenía nada que hacer allí. Miró a Mary para empezar a disculparse con la intención de marcharse.

La mujer tenía la palma de la mano sobre la boca y los ojos cerrados, parecía estar meditando qué hacer a continuación. A su lado, los labios de su hellren estaban apretados en una fina línea, todo su cuerpo exudando tensión.

—Yo—, comenzó Layla.

—Rhage, ¿Por qué no vas a ver si Jane necesita ayuda con Wrath? Lo último que necesitamos es que se ponga violento alrededor de ella y luego tengamos que lidiar con Vishous también.

Rhage asintió y tras darle un rápido beso, y dedicar una inclinación de cabeza a Layla, se marchó al trote.

—Layla, creo que Beth puede necesitar a alguien con quien hablar, ¿Quieres esperar un momento y le preguntaré si desea que le hagamos compañía?

Incapaz de hablar, ella tragó saliva y asintió con la cabeza. Observó a Mary tocar suavemente en la puerta, oyó el débil sí de la reina y luego la humana estaba asomando la cabeza dentro de la habitación.

—¿Beth? Layla y yo estábamos juntas después de la alimentación de Rhage y vimos a Jane salir corriendo hacia aquí. Ambas estamos preocupadas, ¿estaría bien si entráramos?

La reina debió haber hecho algún gesto, porque Mary simplemente se dio la vuelta y gesticuló a Layla para que pasara dentro junto con ella.

La cámara nupcial era enorme, aunque lo que ocupaba la mayor parte del espacio era una cama de proporciones titánicas. Allí estaba Beth, tapada con un albornoz, recostada entre las negras sábanas de satén que realzaban la palidez de su rostro. Layla no recordaba haber visto ese color en la tez de la reina esa noche.

Mary anduvo despacio hasta sentarse a un lado de Beth y le cogió la mano, haciendo gestos a Layla para que la imitara. La Elegida obedeció y tomó, al igual que la humana, una de las manos de la reina entre las suyas. La piel de la vampira estaba extremadamente caliente en contacto con la suya, lo que le hizo fruncir el ceño.

—Beth, ¿qué ha pasado? ¿Te has resfriado o algo?—preguntó Mary, sin duda alguna habiendo sentido la extraña temperatura de la piel de la reina.

—Ya se lo he dicho a todos: estoy perfectamente. Sí, sé que tengo la temperatura algo alta, pero no tengo fiebre, no me duele nada, he comido perfectamente. Por dios, ¡acabo de alimentarme de él!—pronuncio él con hastío, como si en estos momentos quisiera darle un par de golpes a su hellren. Con una bate de béisbol.

—Beth, estás ardiendo, literalmente.—apuntó Mary cuidadosamente.

—Jane dice que cree que es porque puedo estar cerca de mi primera necesidad.

Layla frunció el ceño. Pero, ¿Por qué todo este problema si ese era el asunto? Dio un apretoncito a la mano de Beth.

—Mi reina, eso es fabuloso ¡ahora podéis engendrar un heredero! Además teniendo un macho para que os sirva, no hay por qué preocuparse.—intento sonreírle de manera que se sintiera segura.

—Pues aparentemente, el rey no lo ve de la misma manera, Layla.—se lamentó Beth— Jane dice que no puede estar segura porque nunca ha visto a una hembra vampiro cerca o en su necesidad pero que esto parece ser exactamente como se describe el fenómeno. Opina que sería mejor que Havers me viera, para poder estar seguros y saber cuándo empezará.

—Beth, tienes que entender que Wrath esté preocupado.—le explicó Mary en tono conciliador—Recuerdas cómo fue con Bella, ¿no?

Layla miró de una a otra ¿el asunto de Bella? ¿Bella, hija de Rempoon, la shellan del Hermano Zsadist? No recordaba que nada malo le hubiera pasado a la hembra. Es más, estaba felizmente emparejada y con una preciosa hija, Nalla.

—Lo recuerdo perfectamente, Mary, pero él ni siquiera está dispuesto a hablar del tema ¡Dios, es tan cabezón cuando quiere!

Layla se sonrojó y bajó la cabeza al oír hablar del rey de la raza de esa manera. Aparentemente, Beth sintió su nerviosismo, ya que le devolvió el ligero apretón de mano.

—Vaya, Layla, siento haberte hecho sentir incómoda, pero ya sabes cómo son los machos de vez en cuando.

Layla le sonrió intentando transmitirle confianza, realmente ella no tenía ni idea de cómo eran los machos. Literalmente.

—Todos sabemos que las Elegidas sois mujeres de mucha sabiduría y valor para la raza.—Mary se dirigió a Layla—A lo mejor tienes algún consejo que pueda servirle a Beth.

—Bueno…—genial, éste era el momento para que la mente se le quedara en blanco—Yo…mi señora, no soy la hembra con más experiencia del mundo,—prueba inexperiencia ahí—pero creo que lo mejor que puedo deciros es que escuchéis vuestro corazón. Todos tenemos días en los que estamos insoportables por una cosa o por otra y el rey está preocupado por vos. Probablemente esté asustado y necesite que le aseguréis que nada malo va a pasar tras vuestra necesidad .Es una maravilla que sólo ocurre cada diez años y que da a una pareja la oportunidad de la absoluta comunión y la ocasión de crear el culmen de su amor: un hijo. Creo que si conseguís que el rey se dé cuenta de eso, será capaz de dejar sus temores a un lado y afrontar la posibilidad de tener un pequeño, aunque haya un ligero riesgo para vos.

Virgen Santa, ambas mujeres se le habían quedado mirando con los ojos abiertos como platos y sin decir palabra. Layla se revolvió ligeramente en su lugar en la cama y bajó la mirada a su regazo. Y por eso mismo no vio venir el abrazo de Beth. La reina le echó los brazos al cuello, apretándola contra sí, mientras susurraba en su oído:

—Gracias, lo haces sonar tan simple. No sé si servirá, pero gracias.

El placer es, mío, mi reina.—le dijo con sinceridad en la Antigua Lengua.—Ahora, creo que es momento de que me marche, pero os dejo en buena compañía.—sonrió a Mary.

—Desde luego.—Beth la dejó y cuando la miró a los ojos algo en la calidez de su mirada conmovió profundamente a Layla.—Espero verte pronto por aquí de nuevo.

—Oh, probablemente el sire Qhuinn me convoque pronto.—sintió sus mejillas sonrojarse nuevamente y rogó a la Virgen Escriba que el rubor no delatara sus pensamientos.

—Nos veremos entonces.—la despidió Beth, dirigiendo una rápida mirada de soslayo a Mary ante su reacción.

Se levantó y tras despedirse animadamente de ambas mujeres salió de la habitación. Estaba a punto de desmaterializarse cuando un mechón de pelo le cayó directamente en la cara. Con fastidio, se dio cuenta de que le faltaba una de sus horquillas de plata. Debía habérsela caído en la carrera tras la doctora Jane. Mascullando emprendió el camino de vuelta hasta la habitación del sire Rhage, con un poco que suerte quizás la encontraba por el camino.

Cuando estaba casi llegando le pareció ver algo que destellaba bajo la luz de las lámparas, apresurándose a ver si se trataba de lo que había perdido, ni siquiera se fijó en la figura que salía precipitadamente de una de las puertas hasta que sus cuerpos colisionaron directamente y unas fuertes, pero gentiles manos las asieron para que no diera con el culo en el suelo.

Sorprendida y algo molesta por la colisión alzó los ojos hacia el propietario de las manos que aún aferraban, estabilizándola.

Oh, Sagrada Virgen. Era esa mirada de colores desiguales…resignándose sintió la sangre acudir rauda a sus mejillas coloreándolas mientras un ligero calor se formaba entre sus piernas.
Ese era el efecto que el sire Qhuinn tenía en ella siempre, el verde y azul de sus ojos parecía poner a flor de piel cada nervio de su cuerpo.

—Layla, ¿Estás bien? Lo siento, debería haber visto por dónde andaba.

—Yo…eh, sí, estoy bien. Ya eres la segunda persona con la que me choco esta noche.—sonrió tímidamente.

Aunque su relación con Qhuinn era algo más íntima que con el resto de los Hermanos, no conseguía dejar de ponerse nerviosa cada vez que estaba a su alrededor. No es que nunca hubieran llegado a mayores, no. Él era un macho de valía y decía que no quería utilizarla de esa manera. La respetaba. Y ella estaba feliz con los excitantes momentos que le daba, eran suficiente.

Al menos casi siempre.

—¿De verdad estás bien?

—Todo va bien.—le sonrió con seguridad.—Estaba buscando una, eh, horquilla, sí, que se me había perdido, verás.—ya estaba tropezándose con las palabras de nuevo delante de él—Creía haberla visto ahí.—señaló—e iba a buscarla.

Era dolorosamente consciente de cada yema de sus dedos en sus brazos. En ese momento su cerebro repasaba todos y cada uno de los sitios de su anatomía donde esas manos habían estado.

Qhuinn bajó la cabeza y miró entre ellos, Layla lo imitó. Y allí estaba la dichosa horquilla. Por supuesto, ambos se agacharon a la vez para intentar cogerla, lo que resultó en un sonoro choque de cabezas más alguna que otra exclamación de dolor.

Finalmente Qhuinn cogió el accesorio y los puso a ambos de pie.

—Ya no sé cómo más disculparme.

—Oh, de verdad sire, no es nada.—bajó la mirada avergonzada

Él alargó una mano hacia su rostro y Layla se quedo petrificada. Con erótica suavidad, enganchó detrás de la oreja el dorado mechón que había vuelto a caer sobre su rostro. Su sonrisa transmitía toda la fuerza de su seducción cuando le dijo:

—Siento decirte que esto ya no va a ser de ayuda.—levanto la horquilla, ahora toda torcida—Creo que la pisé al salir de la habitación. Te conseguiré una nueva, si me lo permites, sino podría hacértela.

Layla sintió como los dedos de Qhuinn le levantaban con delicadeza la cabeza de manera que sus miradas entraran en contacto. A veces creía que el macho lo hacía a propósito, que sabía exactamente la clase de efecto incendiario que ese contacto visual tenía en ella. En estos momentos se revolvía ligeramente sobre sus pies, la humedad entre sus muslos habiéndose vuelto algo incómodo.

—¿Qué dices Elegida?

No recordaba que su rostro hubiera estado tan cerca del de ella hace unos segundos.

—Yo...

—Si quisieras podríamos—.

—¿Va todo bien?—interrumpió una voz más profunda.

****



Tohr frunció el ceño ante la escena desarrollándose en el pasillo: Layla, su espalda apoyada contra la pared estaba prácticamente acorralada por el musculoso cuerpo de Qhuinn.

Que entre esos dos había algo más que la simple alimentación era vox populi en la Mansión, pero, no estaba seguro por qué, no le gustaba la manera en que el chico parecía estar abrumando a la Elegida. Seguro, las mejillas de la hembra estaban, sonrojadas, su respiración escapaba en pequeños jadeos de sus labios entreabiertos y la esencia de su excitación era evidente, pero había algo en los ojos verde claro de Layla que no estaba bien.

Una sensación de agobio.

Tohr observó al muchacho hacerse a un lado de Layla y mantenerle la mirada, una sonrisa despreocupada se formó en sus labios.

—Eh, Tohr ¿Qué pasa?

Estudió la expresión del rostro de Qhuinn. Parecía sincera, como si realmente no se hubiera percatado de que algo iba mal. Realmente no le extrañaba. El chico era guay, un buen chaval. Pero centrado en sí mismo por naturaleza, excepto cuando trabajaba como ahstrux nohstrum de John. No parecía leer muy bien a los demás tampoco.

—Te veo otro día Layla.—sus ojos brillaban de manera que el verbo ver podría bien haber sido cambiado por follar y la oración aún habría sonado igual—'Ta otra, Tohr.

Layla le siguió con la mirada hasta que desapareció por la esquina del pasillo, entonces suspiró desde lo más profundo de su pecho. La observó unos segundos más antes de preguntar:

—¿Va todo bien, Layla?

—Todo el mundo me pregunta lo mismo.—se llevó la mano a la boca al darse cuenta de que había pensado en alto.

Con una reverencia, desapareció delante de sus narices. Tohr se percató de que aún tenía el ceño fruncido e intentó relajarlo. Le había dado la impresión de que en la frase de Layla había estado implícito un: pero a nadie le importa.

La marcha de la Elegida había sido precipitada, pero normalmente no se quedaba mucho tiempo a su alrededor, ni siquiera cuando se alimentaba de ella, y siempre parecía estar nerviosa. Suponía que era o por que la intimidaba de alguna manera, o porque le resultaba desagradable, en algún sentido, estar cerca de él. Pero lo de hoy había sido especialmente abrupto, por llamarlo de alguna manera.

Suspiró y se encogió de hombros. Realmente no había nada que pudiera hacer. Le había preguntado más de una vez si deseaba que él mandara a llamar a otra de sus hermanas en vez de a ella para que lo alimentara. Las dos veces que había hecho la pregunta Layla había quedado al borde del llanto, así que había desistido y se limitaba a que los suyo fuera una mera transacción de nutrientes.

Realmente lo lamentaba, la había oído hablando con alguna de las shellans una vez u otra y le había sorprendido gratamente comprobar que era una hembra de fuertes convicciones e ideas claras. Pero sobre todo, deseaba que los momentos que debía pasar con ella no fueran tan incómodos. La mitad de las veces no sabía cómo interpretar sus silencios, sus expresiones ni sus gestos. Y en lo tocante a las pocas frases que le dirigía eran las mínimas exigidas por la cortesía.

Con la hembra rondándole la cabeza bajó hasta el gimnasio donde le esperaba Lassiter.

Sus músculos se estremecieron ante la paliza que les esperaba. Desde aquella confrontación la semana pasada con el ángel, ambos habían estado acudiendo regularmente al gimnasio. Algunas veces luchaban un poco, pero la mayoría simplemente levantaban pesas en silencio. Pero bueno, el fuerte de su “relación” con el tipo no habían sido nunca las conversaciones reveladoras.

Aún así sentía una extraña sensación de calma cada vez que estaba a su alrededor ¿sería porque, según él, Wellsie lo había enviado?

La verdad es que no tenía la más puñetera idea, pero Lassiter le había abierto los ojos más veces de las que podía contar. Sabía que estaba en deuda con él. Pero es que a veces podía ser un hijo de puta integral.

En cuanto abrió las puertas del gimnasio lo supo: nada de pesas hoy. Por la cara de mala leche del tipo, supo que esta tarde iba a patearle el culo para desquitarse con lo que fuera que le había cabreado.

Resignado, soltó su bolsa de deporte en un rincón y se paró frente a Lassiter, que en ese momento terminaba de correr en la cinta.

—Sabes, en vez de correr en esa mierda, podías probar correr fuera de la mansión. Y en fuera me refiero a lejos, muy lejos de ella ¿Qué tal Canadá? Tío, eso sería todo un entrenamiento.

El ángel simplemente le mantuvo la mirada. No le contestó con alguna de sus frases de listillo. Nah, simplemente le miró y se bajó de la cinta.

Joder, fuera lo que fuera que le había pasado, tenía que ser malo. De verdad.

—Eh, macho…Lassiter, ¿estás bien colega?—le apoyó una mano en el hombro.

El tipo se dio la vuelta con brusquedad, desembarazándose de él.

—No, no estoy bien. Estoy harto de esta casa y de todos vosotros, ¿me escuchas? Estoy hasta los huevos.

—Pe—pero ¿qué..?

—Era el maratón, sabes. El único puto maratón de los “Vigilantes de la Playa” que echan en la Fox. En alta resolución, completamente remasterizado. Llevaba un jodido mes esperando para verlo, un jodido mes.—agitó una dedo delante de las narices de Tohr.—Y ahora va Rhage y decide ver con los dos trogloditas—éstos eran V y Butch—todas las jodidas pelis de “La Jungla de Cristal”, de un tirón ¡¡¡TODAS!!! ¡Joder, todos se han puesto de su parte y me han echado del jodido salón! Pero te digo algo, esto no va a quedar así. Vendetta.—masculló poniendo acento del padrino y achicando los ojos.

No. Me. Jodas.

Un momento estaba de pie y al siguiente prácticamente de rodillas, doblado por la mitad, partiéndose de risa mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas. Encima de él podía sentir los ojos del ángel taladrándole, pero no podía contenerse aunque sabía que las iba a pagarlas con él de lo lindo.

—Maldito hijoputa.—masculló Lassiter— Te vas a enterar.

—Pe—pero.—más risas—¡¿Por qué simplemente no te has ido a verlo a otra de las muchas teles de la Mansión?!—Virgen Santa, como no se tranquilizara le iba a explotar algo.

—¡Porque la del salón es la única con home cinema! Además John y Xhex están en la sala de cine, por lo que no me verás siquiera asomándome por allí. Ewwww.—arrugó la nariz.—Y Perillita no va a dejarme acercarme a su tele.

Tohr se apoyó con cuidado contra la cinta de correr a la vez que se sujetaba el costando e intentaba coger aire. Miró hacia arriba.

—Tiiiiiío, ¿Los putos “Vigilantes de la playa”?—volvió a empezar la rutina de risas de nuevo.

—Ríete mientras puedas, culo fláccido.—contraatacó.

Después de conseguir recuperarse del golpe que le resultó conocer aún más a fondo los gustos televisivos del tipo y de haber incrementado en un 80% su mala leche, Tohr se apresuró al tatami donde Lassiter ya lo esperaba.

—Espero que tengas una buena reserva de Reflex en tu botiquín, porque después de la sesión de hoy vas a necesitarla desesperadamente.—lo amenazó el ángel mientras les disparaba una sonrisa realmente sádica.

—Seh, lo que sea. Empie…

Nunca llegó a terminar la frase. El gancho de Lassiter lo cogió en plena mandíbula, girándole la cabeza hacia atrás en lo que él sintió como un ángulo de 90º. Sacudiendo la cabeza para despejársela y moviendo la boca un poco para estar seguro de que no tenía ningún hueso roto, se dispuso a contraatacar.

Fintando hacia la derecha, basculó su peso con rapidez de manera que con un simple cambio de pies, lanzó una patada lateral con la pierna que en ángel menos se esperaba.

Y el crujido de sus costillas fue como música celestial.

Huelga decir que la felicidad no duró mucho. El siguiente golpe de Lassiter se enganchó directamente bajo su esternón, quitándole todo el aire y haciendo que se levantara unos pocos centímetros del suelo. Aprovechando la posición más baja del ángel, Tohr los cogió por ambos lados de la cabeza y estampó su frente contra su nariz aprovechando la fuerza de su descenso.

Cuando el tipo se llevó la mano a la nariz instintivamente, decidió aprovechar para darle a su pecho una bonita visita de la suela de su bota. Lassiter paró en seco su pie a segundos antes del impacto y le sonrió de una manera que no le gustó nada.

Había sido una maniobra de distracción. Con la fuerza de sus más de dos metros y 120 kilos de peso, el tipo tiró del pie de Tohr hacia atrás mandándolo a pulir el tatami con el careto.

Segundos después estaba sobre su espalda, sus rodillas clavándose justo en el medio de su columna e impidiéndole respirar, comprimiéndole el diafragma.

¿Qué coño? Desde el momento en que habían comenzado sus sesiones de sparring habían acordado que no habría nada de lucha cuerpo a cuerpo hasta que él ganara algo más de peso y fuerza, de manera que pudiera ofrecer algo de resistencia en vez de servir de alfombra. Pero Lassiter parecía tener amnesia selectiva sobre el tema, o en su defecto le importaba una mierda.

Aparentemente le importaba una puta mierda.

Cuando Tohr comenzó a sentir pánico se dio cuenta de que el poco oxígeno que le quedara en los pulmones después del golpe contra el suelo se le estaba acabando. Y la presa que el ángel tenía en el no parecía aflojar. Con la cara pegada al tatami le era imposible hacer algún sonido para que lo soltara y por más que empujaba, sus brazos parecían incapaces de levantar su peso y el de Lassiter unidos.

Puntitos negros y blancos empezaron a nublar su vista cuando el aire se le acabó definitivamente, sintió la cabeza ligera y los miembros comenzaron a no responderle.

—¡Lucha, joder!—la voz sonaba muy distante—¡LUCHA!

La verdad, no se estaba del todo mal así. Sentía el cuerpo laxo y la mente sumida en una densa y agradable niebla, ¿para qué despertarse?

—¡VIVE!—cambió el grito.

Vivir… vivir. Sí, eso era por lo que luchaba cada día. Los rostros de los habitantes de la Mansión pasaron por su cabeza: sus Hermanos. Las shellans. John. Layla.

¿Layla?

No pensaría en eso ahora.

¿Por qué dejar de vivir ahora? Tenía que… LUCHAR POR VIVIR.

Con un esfuerzo titánico todo su cuerpo se contorsionó bajo el peso que le oprimía hasta que este desapareció. Literalmente mandó a Lassiter volando hasta el otro lado del tatami. Y luego el prácticamente voló hasta él. Con rabia, le machacó la cara con sus puños una y otra vez, hasta que brotó la sangre y dejó de defenderse.

Paró resollando y dejó caer los brazos a ambos lados. Por fin consiguió ver bien al tipo.

La sangre brotaba profusamente de la nariz de Lassiter, probablemente rota, así como de un feo corte en su labio inferior y de los lugares donde varios de sus piercings habían estado. Aparentemente le había arrancado las cosas de cuajo.

—Te he dicho… mil veces que… te quites esas mierdas… para pelear.—dijo mientras cogía aire.

—Oh, preocupado de mí, qué dulce.—escupió sangre.

Ante sus mismísimos ojos las heridas en el rostro del ángel se cerraron. La piel se unió sobre ellas en cuestión de segundos. Literalmente.

Sorprendido, se quedó mirando en las profundidades de sus ojos totalmente blancos, intentando averiguar algo en ellos.

—Macho, no sabía que te iba este rollo.—dijo Lassiter señalando sus caderas unidas, pues Tohr aún estaba sentado sobre él—Pero ya te puedes estar buscando a otro para el griego profundo.

Se apartó con rapidez de encima del tipo y se limpió la sangre de las manos en la camiseta. Tras un largo silencio, lo miró de reojo.

—Creí que habíamos acordado que nada de pelea cuerpo a cuerpo.

Lassiter sólo rodó los ojos.

—Colega, si tuviéramos que esperar hasta que decidieras que es momento de dar un paso hacia adelante, aún estaría sujetándote la cabeza sobre el lavabo mientras echas las comidas y viéndote matarte.

Tohr dejó caer la cabeza entre los brazos, avergonzado. Tenía razón, era un cobarde, nunca dispuesto a avanzar en la vida. Pero es que su experiencia era que la vida era una tipa despechada, que te la jugaba a la primera de cambio.

Primero los miembros de la Hermandad, luego Darius y la gota que colmó el vaso: Wellsie. Sin decir que había estado a punto de perder a John en más de una ocasión.

Que me aspen esa no era razón suficiente para tener miedo.

Reflexionó unos segundos. No. La razón real era que sabía que no sería capaz de soportar otra pérdida. Por eso intentaba avanzar lo más lentamente, deteniéndose al borde de cada nueva etapa el mayor tiempo posible. Hasta que Lassiter venía y le pateaba el culo haciéndole pasar a la siguiente.

Virgen, realmente debía estar siendo una carga para el tipo.

—No es como si tuviera nada mejor que hacer.

—¿Perdona?

—No es como si tuviera nada mejor que hacer, por eso no eres una carga.—se encogió de hombros—Además, volver a poner tu escuálido culo en forma se ha convertido en algo personal.—el humor brilló ligeramente en sus ojos.

—¿Me estabas leyendo el pensamiento?—Ugh, el único que conocía que podía hacer eso esa V.

—No. estabas gritando.—especificó el ángel— Un poco difícil no oírte aquí—, se dio unos golpecitos en la sien—cuando prácticamente estás gritando mentalmente.

De repente ambos se echaron a reír.

—Tío, menuda mierda.— Tohr le dio un puñetazo en el hombro—Eso significa que nunca podremos hacerte una inocentada sin que lo sepas de antemano.

—Nah, lo único que tendréis que hacer para que no me dé cuenta es no pensar en ello. Lo cual no os resultará muy difícil a ninguno de vosotros, cabezas huecas.

—¡Ouch!—se quejó Tohr por el afilado comentario.

—Anda, ¿Por qué no me acompañas a la ciudad?—se agachó y recogió un par de aros de oro del suelo—Supongo que tendré que buscarme a alguien que me agujeree estos de nuevo en su sitio.—levantó una mano cortando a Tohr que ya estaba empezando hablar—Y como me gustaría conservar los ojos en su sitio, ni siquiera voy a acercarme a pedirle a Vishous que me los haga.

—Tipo sabio—masculló Tohr entre risitas.

—Más de lo que te imaginas.

La frase de Lassiter quedó colgando misteriosamente en el aire.

****


—Colega, qué pasada.

Tohr se encomendaba a la Virgen Escriba mientras miraba la cara de Lassiter, que conducía el GTO morado de Rhage. En un principio el Hermano se había negado en redondo a dejarle el coche al ángel, pero había acabado accediendo cuando éste le había dicho que Tohr le haría de niñera.

Aunque realmente sería al revés.

Con renuencia le había pasado las llaves del bólido a Tohr con una única amenaza: “Si algo le pasa, pienso dejarte tan brillante como el Chico Bombilla mi hermano. Y eso implicará algo de contacto entre tu culo y una barra de neón”. Genial, otra amenaza más que tenía que ver con su culo. Iba a coger complejo.

Y ahora Lassiter circulaba a 90 km/h… por una vía urbana. Las señales de tráfico no parecían significar nada para él, pero lo más preocupante era que los semáforos tampoco.

—Oye, tío, está de puta madre que tú seas inmortal y tal, pero si este coche acaba hecho un amasijo de acero Rhage nunca podrá apalizarme, básicamente porque me habré convertido en brocheta de vampiro.

—Relaaaájate. Disfruta un poco del paisaje.

Miró el manchurrón que parecían las calles al desaparecer a toda velocidad por la ventilla.

Ok, hora de activar el modo terapéutico.

—Te das cuenta de que después de todas las molestias que te has tomado para mantenerme con vida, sería un desperdicio que me mataras en un accidente de tráfico.—dijo en el tono más conciliador que consiguió poner, teniendo en cuenta que tenía las pelotas de corbata.

—Eso sería como ironía cósmica ¿no?—el tipo dejó de mirar a la carretera y quedó con los ojos fijos en Tohr, una sonrisa desquiciada en el rostro.

—¡Mira para adelante, animal! Y no, eso sería una GRAN CAGADA.

—Soy un ángel, caído, para ser más específicos. ¡Oh, mira, ya hemos llegado!

El tipo derrapó en mitad de la carretera, parándose casi en seco y dejando el GTO en segunda fila. Tohr salió del coche escopeteado, cerrando de un portazo tras de sí.

—Gracias, Virgen Escriba.—elevó los ojos al cielo.

—¿Cómo dices?—le llegó la voz de Lassiter.

—Terminemos con esto de una vez. Y de vuelta, conduzco yo. Punto.

Las tienda de piercings y tatuajes era un local bastante bien iluminado, pero algunas de las imágenes de las paredes realmente le daban escalofríos. Y, un momento ¿realmente alguien podía hacerse un agujero ahí? Ooooooouch.

Lassiter, por su parte, estaba de pie delante del mostrador camelándose a la dependienta que venía a ser una copia de Kat Von D. La voz del ángel era todo ronroneos y bajos masculinos, mientras su mirada se deslizaba por el cuerpo de la mujer. Tohr se preguntaba qué le habría dicho para justificar su falta de iris y pupilas. Fuera lo que fuera ella no parecía tener problemas con su caliente mirada blanca.

Dios los cría…

El dueño de la tienda entró en escena en ese momento, despidiendo con un firme apretón de manos a un cliente con un brazo envuelto en celofán bajo el que se distinguían perfectamente los colores brillantes de un tatuaje recién hecho.

—Vuelve en cuanto cicatrice para terminarlo, creo que con una sesión más será suficiente.—volviéndose hacia ellos, el tatuador se paró en seco y luego rodó los ojos—Joder, colega, tú de nuevo no.—dijo mirando a Lassiter con hastío.

—Eh, RIP, ¿qué pasa?—el ángel le dedicó una sonrisa de oreja a oreja como si el tipo no acabara de mandarlo a la mierda.

—Creí que te había dicho que no volvieras por aquí.

—Pero si no he venido a verte a ti.—volvió la mirada hacia la dependienta que le guiñó coquetamente.— Mer iba a hacerme… unos agujeros nuevos.—levantó los aros de oro que traía.— A menos, que quieras hacerlo tú.—su mueca era totalmente insultante.

—Con un taladro.—le gruño RIP.

—Corta el rollo, Lassiter.— Tohr no estaba muy seguro de cuánto más iba a aguantar el tatuador sin endiñarle y la verdad es que lo último de lo que tenía ganas era de otra pelea.

—Paaaaz, tíos.—les saludó mientras entraba en la sala trasera con dependienta. A juzgar por el contoneo de caderas de la chica y la mirada hambrienta del ángel iban a pasar un buen rato allí. Y sí, iban a agujerear cosas. Definitivamente.

Con un suspiro, le dio la espalda a la puerta de la sala y se sentó en la silla que estaba más lejos. Si siquiera oía un ruido extraño que proviniera de allí, estaba seguro de que iba a hacérsele una imagen mental que le haría potar.

Al cabo de un rato, RIP se acercó y se sentó a su lado.

—Macho, pareces un tipo legal, ¿qué haces con ese pedazo de friki?

Tohr rió desde lo profundo de su garganta.

—Sabes, a veces yo me pregunto lo mismo. Pero es una larga historia.

—Bueno, esos no van a salir de ahí pronto, así que…

—¿Por qué le pediste a Lassiter que no volviera por tu tienda?—preguntó Tohr cambiando de tema.

—¿Tú lo has mirado bien? Le da grima incluso a los tipos más hard-core que pasan por aquí. Además no deja de causar problemas con es bocaza suya.—movió la cabeza de lado a lado—Sin filtro entre la boca y el culo: habla y la caga.

—Amén.—admitió Tohr de acuerdo.

—Y, colega, viene aquí y por 30 pavos se mete mierda de metal en el cuerpo y se trabaja a mi dependienta. Siempre. Me tiene hasta los huevos. Pero es un hijpouta insistente.

—Ni te haces a la idea de cuánto.

—Parece que os conocéis bien. Hazme un favor y dame un consejo para librarme de él.

Apoyándole una mano en el hombro le dijo seriamente:

—Si hubiera alguna forma de librarse de él, yo ya lo habría hecho. Confórmate como el resto de los mortales con sólo tener que aguantarlo de vez en cuando.

—Si mi Julie me viera en estas condiciones se partiría de risa en mi cara.

—¿Es ella tu mujer?—le preguntó Tohr, súbitamente interesado en el tipo. No es que fuera muy difícil encontrar gente que quisiera matar a Lassiter, pero se apreciaba la compañía.

—Era.—corrigió RIP. Se levantó la manga derecha y extendió el antebrazo hacia él, mostrándole un retrato de una mujer muy bella exquisitamente tatuado.

Tohr sintió como se le hacía un nudo en la garganta.

—Es… era muy hermosa.—dijo con voz rasposa.

El tatuador miró su propio brazo y una pacífica sonrisa dulcificó sus duras facciones.

—La más bella.

—¿Qué… qué le pasó?

El tipo se encogió de hombros, bajándose la manga. La mirada con la que enfrentó a Tohr era firme. Había dolor allí, sí, pero también aceptación. De esa que viene con el paso del tiempo, y las experiencias vividas tras una pérdida como esa.

—Un accidente de coche, un hijo de puta borracho la atropelló.

Tohr bajó la mirada hasta sus manos, que estaban fuertemente apretadas en puños. Sagrada Virgen, no eran las mismas circunstancias de Wellsie, pero tampoco eran tan diferentes, ¿no? A Julie también la habían matado, asesinado. El hecho de que hubiera sido un conductor borracho y no un asesino inmortal no lo hacía menos dramático realmente.

Al menos no para la persona que estaba en el bando perdedor.

—Yo… eh… también he perdido a alguien.—cuando RIP no lo presionó para que siguiera hablando Tohr sintió como si un pequeño peso se levantara de su pecho ¿qué más daba lo que le contara a este tipo? Él no había conocido a su shellan, no pertenecía a su mundo. Sólo era un par de orejas anónimas con las que aliviar algo de su carga. Unas orejas muy comprensivas, aún así—Ella era mi she… esposa. Se llamaba Wellsie.—El tatuador siguió sin decir nada, dándole la oportunidad de continuar con el trágico relato si quería o de cambiar de tema a voluntad—También fue asesinada.—la palabra pareció salir como una cañonazo de su garganta, dejándosela en carne viva. Tosió para aclararse la voz—Fue hace unos pocos años.

—Lo de mi Julie también.—la mirada del tipo estaba clavada en algún punto más allá del mostrador, como si estuviera viendo imágenes pasar por delante de él.

—Parece como si no te costara hablar de ella.— Tohr no pudo suprimir el pequeño matiz de envidia de su voz.

—¿Ah, sí?—rió amargamente— Deberías haberme visto al principio, los primeros meses después de que pasara. Macho, era un puto zombi: durmiendo, comiendo, levantándome, respirando porque debía hacerlo. Cuando me recuperé de eso, perdí toda empatía por el mundo que me rodeaba.—silbó—Tenía una actitud totalmente tóxica, era prácticamente imposible estar a mi alrededor. La cagaba en todo, empecé a experimentar con las drogas duras, a meterme en cosas chungas. Los llevé todo al límite, hasta la sobredosis—Estuve clínicamente muerto durante un minuto y medio.—al ver la cara de asombro y esperanza de Tohr, rió bajito—Nah, no es lo que estás pensando: no vi la luz al final del túnel y tampoco la vi a ella. Lo que sí vi, cuando me desperté del coma al que me indujeron, tras resucitarme, para conseguir que me recuperara, fue lo hecho mierda estaba. Tío, yo estaba vivo por los pelos, y Julie… con todo el dolor de mi corazón, estaba muerta.

—Y no había nada más que pudieras hacer por ella.—terminó Tohr.

—Exacto.

—Pero, ¿nunca has pensado en vengarla?—esto era lo que le carcomía a él.

—Claro, joder. Me hubiera encantado ponerle las manos al cabronazo que la mató y arrancarle la piel a tiras para luego desmembrarlo. Pero, ¿de qué me hubiera servido? ¿Qué me hubiera quedado en la vida una vez me lo hubiera cargado? Te diré qué: NADA. La sed de venganza nos da impulso, nos da un propósito y nos hace pensar que estamos vivos, cuando realmente estamos más muertos por dentro que los seres queridos que ya no están con nosotros.

Cágate, pensó Tohr, quién le hubiera dicho que iba a aprender lecciones a esta altura de su vida y más aún de un humano que tenía cuánto ¿unos 326 años menos que él?

La tragedia nos hace a todos iguales.

—El punto es, que matar al hijoputa no iba a devolvérmela. El daño estaba hecho y era hora de cerrar la herida, no de agrandarla.—siguió RIP.

—Pero, ¿no te sentiste como si la estuvieras, no sé, traicionando?

—No te voy a negar que en un principio hubo un poco de eso. Sin embargo, lo único que me queda ella son recuerdos y el mundo en el que vivía con ella. Lo único que realmente está en mi mano hacer es mejorar este mundo y no olvidar. Hay que seguir adelante, tío, pero no por ellos, por nosotros. Además, aunque te vaya a sonar a cliché, ellos lo querrían así.

Tohr asintió despacio, reflexionando sobre las palabras del tatuador.

—La gente que nos rodea también ayuda mucho. Mer, así como la ves, es como una hermana pequeña para mí.—señaló hacia la sala trasera con el pulgar—Estuvo ahí desde el principio, es una de las pocas personas que no se apartó de mi lado ni en los peores momentos. Aunque, joder, le he dicho mil veces que escoja mejor a los tipos que se tira, pero ni puto caso. A saber dónde está agujereando ese frikazo.

Los dos acabaron carcajeándose y compartiendo comentarios e hipótesis mordaces sobre los piercings de Lassiter. Cuando el ángel salió de la sala, algo despeinado y con agujeros nuevos, Tohr se dio cuenta de que el tiempo se le había pasado volando mientras hablaba con el humano.

—Oh, ¿he interrumpido los cotilleos?—les dijo— No os preocupéis, chicas, el próximo día os traeré un número de Vogue para que podáis comentar los últimos modelitos de las estrellas de cine y decidir cuál os quedaría más divino de la muerte.

—¿Ahora entiendes por qué no quiero ver su culo metrosexual en mi tienda?—dijo RIP.

—Más quisieras tú pillar un cacho de esto.—le respondió dándose un golpe en la trasera. Luego se volvió hacia Mer que venía tras él—Hasta otra, encanto.

Tohr le dio un firme apretón de manos al humano y le dedicó una sonrisa sincera.

—Un gusto.

—Pásate por aquí cuando quieras colega, aunque no sea para pillar algo de tinta o convertirte en un alfiletero andante como tu acompañante.

Lassiter masculló algo así parecido a “como me saque el alfiler vas a ver tú…” y luego ambos habían salido de la tienda, Tohr se había apoderado de las llaves del GTO, tras soportar los pucheros del ángel y se dirigían a una velocidad normal de vuelta al Complejo de la Hermandad.

Tras un buen rato de silencio, decidió que no podía guardarse la pregunta durante más tiempo.

—Lo has hecho a propósito, ¿verdad? Sabías desde el principio que esto iba a pasar cuando me pediste que te acompañara.

A su lado, el ángel simplemente se encogió de hombros.

—Lassiter…—gruñó.

—No todos mis motivos eran tan altruistas.—respondió haciéndose el duro—También quería ver a Mer.

Ver. Ajá.

—Pero lo sabías.

El gracias estaba implícito, pareció sonar alto y claro.

—Bueno, ¿te ha agujereado bien o qué?—preguntó para romper el hielo.

Lassiter le sonrió como un idiota y se pasó la lengua por los labios.

—Joder, tío, más quisieras pillar una así.

Tohr frunció el ceño, fijando la vista en la carretera. Ese no era un tema que le apeteciera tratar ahora mismo… ni nunca… en los próximos, no sé, cuatrocientos años.

—¿Tohr?

Decidió ignorarle.

—Antes o después tendrás que pensar en estar de ese modo con un hembra. Por ejemplo esa tal… ¿Layla? De la que te alimentas.

—La alimentación no tiene por qué implicar sexo.—le cortó.

—Lo decía más bien por el hecho de que llegará un momento en que se te quedarán los huevos del color de pitufos.

—Puedo arreglármelas solo.

—Y las palmas de las manos peludas.

—No voy a discutir esto contigo—ni con nadie—Punto.

No era algo que siquiera se hubiera planteado. Estaba fuera de toda consideración. Desde el luego no estaba, ni estaría preparado para otra hembra…

—Las cosas cambian, Tohr, las cosas… cambian.

Joder, ya le daban miedo esas mierdas proféticas de Lassiter. Le hacían preguntarse qué estaba por venir.

Y si él sería capaz de afrontarlo.

Blaze Of Glory


Hoy Ward ha publicado este vídeo de parte de Adrian, de Ángeles Caídos, en su FB.

13 may. 2011

Dedicatorias a los Hermanos


Dedicatoria a Wrath en Amante Oscuro:
DEDICADO A TI, CON ADMIRACIÓN Y AMOR.
GRACIAS POR LLEGAR, ENCONTRARME
Y MOSTRARME EL CAMINO.
HA SIDO EL MEJOR VIAJE DE MI VIDA.


Dedicatoria a Rhage en Amante Eterno:
DEDICADO A TI.
AL PRINCIPIO, NO NOS LLEVAMOS
MUY BIEN, ¿NO ES CIERTO?
PERO LUEGO ME PERCATÉ DE TU VERDAD
Y ME ENAMORÉ.
GRACIAS POR DEJARME VER A TRAVÉS
DE TUS OJOS
Y CAMINAR UN TIEMPO EN TUS ZAPATOS
ERES SIMPLEMENTE... HERMOSO.


Dedicatoria a Zsadist en Amante Despierto:
DEDICADO A TI.
NUNCA HABRÁ OTRO COMO TÚ. PARA MÍ...
TÚ ERES ÚNICO.
SÍ, NO TENGO PALABRAS SUFICIENTES
PARA ESTO...


Dedicatoria a Butch en Amante Confeso:
DEDICADO A TI.
HOMBRE, REALMENTE ME TENÍAS AGARRADA.
Y LUEGO ESTABA TU «AQUÍ ESTOY,
MIRÁNDOTE, CHICA...».
UN AMOR LOCO POR TI.


Dedicatoria a Jane en Amante Desatado:
DEDICADO A TI.
NO TE ENTENDÍ AL PRINCIPIO
Y ME DISCULPO POR ESO.
PERO GRACIAS A TU MANERA DE SER,
DE TODAS FORMAS INTERVINISTE
Y LO SALVASTE NO SÓLO A ÉL,
SINO A MÍ EN ESTA MISIÓN.


Dedicatoria a Phury en Amante Consagrado:
DEDICADO A TI.
FUISTE TODO UN CABALLERO Y UN ALIVIO.
Y CREO QUE EL PLACER ENCARNA EN TI...
Y CIERTAMENTE LO MERECES.


Dedicatoria a Rehv en Amante Vengado:
DEDICADO A TI.
LAS PALABRAS BUENO Y MALO NUNCA HAN
SIDOTAN RELATIVAS COMO CUANDO
SE APLICAN A PERSONAS COMO TÚ.
PERO YO ESTOY DE ACUERDO CON ELLA.
PARA MÍ, TÚ SIEMPRE HAS SIDO UN HÉROE.


Dedicatoria a John en Amante Mío:
DEDICADO A TI.
NO PUEDO CREER QUE TÚ Y YO HAYAMOS
LLEGADO TAN LEJOS
TU LIBRO NO ES UN ADIÓS,
MÁS BIEN ES SÓLO OTRO COMIENZO
PERO TÚ ESTÁS ACOSTUMBRADO A ESO...


Dedicatoria a Payne en Lover Unleashed:
DEDICADO A TI.
CREO QUE TÚ, UNA «HERMANO» DE HECHO,
ESTÁS JUSTO DONDE SE SUPONE
QUE DEBES ESTAR Y
NO SOY LA ÚNICA QUE LO SIENTE ASÍ.

9 may. 2011

¡Ya tengo a John!


Bueno, la semana pasada fui a comprar el libro, el mismo día en que salía, pero me recorrí varias librerías y aún no había llegado. ¡Hoy por fin lo tengo en las manos! Qué emoción.

Como no iba a ser menos, subo las fotos. La calidad de la imágenes es pésima, pero no se le puede pedir más a un móvil =(


Aquí la portada en todo su esplendor.

El lomo del libro.

La segunda página.

Mi tesooooro.

Tamara nos enseña su merchandise de la Hermandad


Tamara me ha mandado estas fotos para compartirlas con todos vosotros. El paquete le llegó el viernes y dice que todo iba muy bien embalado y sumamente protegido con plástico de burbujitas, ¡incluso la pegatina iba dentro de un sobre con burbujas!

El vaso-termo le ha encantado.

Una pegatina de la Hermandad.

Decorando el portátil.

7 may. 2011

Juego de re-emparejar [PayneVishous]


Como este mes no va a haber elección, ¿qué mejor modo de entretenernos que con un divertido juego? PayneVishous me lo propuso hace unas semanas y me pareció un modo ideal de pasarlo bien y reirnos un rato.

El juego consiste en cambiar las parejas que están formadas sin dejar a nadie con su actual pareja (o como mucho a uno). Hay que explicar las razones por las que decides re-emparejarlos de ese modo.

PayneVishous ha sido la primera en lanzarse. Os dejo con su re-emparejamiento:

Wrath - Beth
Esta es la pareja a la que mantendría porque Beth sabe llevar muy bien la personalidad de Wrath y no creo que él se pudiese enamorar de alguien diferente.


Rhage - Jane
Definitivamente, Rhage necesita a alguien que le de algo de guerra… Además, estoy segura de que Jane sería capaz de domesticarle a él y también a su Bestia. Y para Jane, que ha tenido una vida dura, Rhage sería la persona que le arrancase una sonrisa todos los días de su vida.


Zsadist - Mary
Zsadist demostró que sabe cuidar a las personas que quiere, y Mary necesita que la cuiden. Por otro lado, Mary es capaz de entender a la gente y de hacer que superen sus traumas.


Butch - Payne
Butch trataría a Payne de la manera más adecuada para ella, no solo porque es la hermana de Vishous, sino porque también supo tratar a Marissa. Payne y Marissa son muy similares en lo personal pero Payne es una guerrera y yo creo que sería más adecuada para Butch.


Vishous - Xhex
Bueno, hasta Rehvenge hizo alusión a esto: esta pareja sería… explosiva! Creo que juntos funcionarían porque ambos tienen sus propios miedos y podrían enfrentarlos con la ayuda del otro. Además, Xhex es una guerrera en todo el sentido de la palabra y también es inteligente e ingeniosa.


Phury - Bella
Esta pareja sería obvia, sería exactamente lo que pasaría si no estuviese Zsadist, por lo que no creo que necesite más explicaciones…


Rehvenge - Marissa
Marissa no juzga a las personas y aceptaría a Rehvenge aunque fuese un symphath. Rehvenge sabría tratar a Marissa porque él es cuidadoso con la mujer a la que ama; y en cuanto ella tuviese un poco de confianza, lo volvería loco.


John Matthew - Cormia
John es… un sol! Sabe como debe tratar a cada persona y Cormia necesita a alguien que la ayude a comprender Este Lado. En lo referente a John, Cormia le daría la confianza, el apoyo y el amor que necesita.


Manny - Elhena
Jane dijo que Manny era un hombre espectacular, por lo que supongo que Elhena se sentiría atraída por él y de que él la trataría con delicadeza. A Manny le gusta la fortaleza y no cabe duda de que Elhena ha soportado mucho. Además, trabajarían juntos…

Montaje de Lassiter


Ale me ha mandado esta imagen al correo y no puedo quedarme sin compartirla con todos vosotros. El angelito se ve impresionante, ¿verdad?

Blay y Qhuinn por Anyae y Neï


© Dibujado por Anyae
Coloreado por Neï

*Nota: pulsa sobre la imagen para verla a tamaño original

Bella por Anyae y Neï


© Dibujado por Anyae
Coloreado por Neï

*Nota: pulsa sobre la imagen para verla a tamaño original

6 may. 2011

Cita de ENVY


Ward quiere presentarnos al héroe y a la heroina de ENVY y lo hace del mejor modo... con una cita bien caliente:

El agarre a él se tensó.

—Dime.

Su voz se convirtió en un gruñido.

—Quiero follarte.

Más tarde publicó esto. Por lo que parece es la continuación a lo anterior:

—Entonces tómame —dijo ella, sacándole la camisa del pantalón.

2 may. 2011

Amante Renacido: capítulo 1 por Neï


¡Hola a todas! =D

Daggher y yo hemos mantenido en secreto total mi idea de hacer un fic que iríamos subiendo mensualmente al blog (dos capis de 15 hojas cada mes) ¡así que la publicación de este primer capítulo os pillará a todas por sorpresa!

La misma sorpresa que fue para mí que Ward decidiera que el próximo libro iba a ser el de Tohr cuando yo ya llevaba 50 hojas del fic escritas jajaja. No puedo decir que no me lo esperara, en cierto sentido, pero ahora me deja la curiosidad de hasta qué punto coincidirá mi historia con su novela.

Desde luego hay algo que no va a coincidir, muy probablemente: la nueva pareja de Tohr. Aunque no se ha dicho oficialmente, tenemos bastantes pistas de que Ward ha elegido a No'One para ser la próxima shellan de este Hermano.

Y yo he elegido a Layla *se cubre contra todas las cosas que le están lanzando a la cabeza*. Sí, ya sé que a muchas de vosotras no os gusta esta hembra, pero dadle una oportunidad aunque sea en mi fic, ¿sí?

No coincido con la creencia general de que un personaje de poco carácter, el porqué es simple: tened en cuenta que se está dejando la piel trabajando con la Hermandad, dándole su sangre a cinco Guerreros diferentes (Tohr, Rhage, Vishous, Blay y Qhuinn), se atrevió a mudarse del Otro Lado y (para aquellas que habéis leído LU) ya visteis que es muy capaz de mandar al carajo a quien haga falta.

Aunque el fic esté centrado en Tohr, me interesa también retratar en él la evolución de Layla como hembra y la manera en que su personalidad acabará por encajar con la del Hermano cuando se convierta en pareja.

Repito, no desestiméis el fic porque hasta ahora no os haya gustado uno de los personajes en la novela de Ward. Esto lo he escrito YO, dadle una oportunidad.

También quería aclarar que no me decidí por Tohr porque sea uno de los Hermanos que no tienen pareja, en la saga de la Hermandad hay muchos personajes con finales abiertos aún que podría haber escogido.

Elegí a Tohr porque, a pesar de que pueda parecer que no sabemos demasiaaaado de él, fue un personaje que me impactó desde el principio, sobre todo supongo por el contraste con el resto de los Hermanos. Así a simple vista, él parece el más normal.
Pero yo os invito a hacer un viaje por la mente y la vida de Tohr como yo las veo :)

Con respecto al título del fic “Amante Renacido”, no creo que haya mucho que explicar al respecto, aparte de que le vienen como anillo al dedo a Tohr. Fue un momento de inspiración divina.

Por último, pero no por ello menos importante dar las gracias a aquellas que me han ayudado a hacer esto posible (que poética yo XD):

*Daggher Bloguera Extraordinaria: Mil gracias por tu web que nos mantiene a todas informadas de las novedades de nuestra obsesión =D Pero sobre todo por apoyarme en cada propuesta que te he hecho y por abrir los brazos a este proyecto en especial. ¡Ah, y por hacerme de beta, claro!:)

*VaneCaos Beta del Poder, Vishous Adicta e Inspiración Literaria Absoluta: Nena, ya sabes que tus fics me hacen reír, llorar, dar saltos y gritar ¡Eres una maestra! Muchas gracias por animarme a seguir con la idea del fic y ofrecerte como beta, a pesar de que sabías que eso te iba a robar tiempo y que yo no te iba a dejar en paz. Una santa, vamos... bueno, santa, lo que se dice santa... =P

*NailahCris, Profa entre todas las Profas y Amiga: siempre estás ahí para corregirme lo que necesite, darme un consejo tonto, o pasarme alguna de tus maravillosas historias, mi madrileña. Te doy gracias no solo por todo esto, sino por los años que hace que cuento con su Amistad. ¡Que lo que FanFiction unió, no lo separe la distancia! ¿Te acuerdas aún de se primer fic tuyo de HP que leí y los miles de reviews que te deje en un solo día? XD

Total, que me estoy enrollando a muerte y ustedes no quieren leer esto, de modo que las dejo con el fic ¡¡Espero con ganas sus comentarios e intentaré responder a todos y cada uno de ellos!! No escatiméis en críticas pues lo que más deseo es mejorar.

¡¡¡¡ESPERO QUE OS GUSTE!!!!

Neï


AMANTE RENACIDO
Capítulo 1. Todo va a ir bien.

{Tengo que ir al encuentro de mi destino, y mi carrera ha comenzado.}
Valerio Massimo Manfredi.

Esto no podía ir a peor, pensó Tohr al echar un vistazo a la cocina.

—Por favor, sire, el mantel de lino…el parquet…¡Las paredes!— Fritz miraba con ojos desorbitados los instrumentos de cocina que Rhage había dispuesto a lo largo y ancho de la cocina.

Sin hablar de los innumerables cubiertos de todos los tamaños y formas, llegados a este punto ya había en escena al menos una batidora, cuatro sartenes, una freidora y dos ollas pequeñas. Y, para mayor desdicha de Fritz, todas ellas bullendo con distintos contenidos que parecían peligrosamente cercanos a desbordarse…o a explotar, en su defecto.

—Tranquilo, tío— Rhage apoyó una de sus enormes manazas en el pequeño y ahora tembloroso hombro del doggen—, ya casi he terminado de preparar “Mi Arsenal Culinario”.— tras Estas palabras dejó la mirada perdida en el techo con aire dramático, como si ante él discurrieran imágenes de glorias pasadas.

—Pe-pero sire, si no es mucho preguntar…¿Para qué necesita todos esos utensilios?— incluso en el más que educado tono de Fritz el demonios estaba claramente implícito.

—Ya te he dicho que te relajaras, Fritz…ve, no sé…a aspirar el suelo del salón.— sonrió como si se le hubiera ocurrido la idea del siglo.— Tómate un descanso. Esta noche cocino yo.

—Que no se relaje contigo revoloteando por la cocina, mi hermano, demuestra lo inteligente que es.— llegó una voz desde la entrada de la cocina.

Rhage se giró justo a tiempo de ver a Tohrment entrando. La alta figura del Hermano abarcaba ya casi todo el marco de la puerta, pues en estos últimos meses había ganado algo de peso. Lo cual no era de extrañar ya que, como hiciera Zsadist en su día, Tohr había empezado a comer con Rhage haciendo las mismas titánicas ingestas que él en cada comida.

Tohr sentía su pecho vibrar con una profunda risa mientras observaba el cuadro que era la cocina: Rhage con un delantal rosa, empuñando una cuchara sopera de madera y flanqueado por ollas y sartenes humeantes. Su rostro estirado en una sonrisa que no presagiaba más que desastres, mostrando todos los dientes.

Por otro lado, Fritz, el color drenado de su rostro, se retorcía las manos nerviosamente sin conseguir fijar los ojillos, abiertos como platos, en ningún sitio. Lo cual era totalmente lógico teniendo en cuenta que una olla empezaba a desbordarse, mientras una sartén humeaba de forma extraña y… ¿ese olor a quemado salía del horno?

—Sire Tohrment.— el doggen prácticamente suspiró de alivio— Por favor, convenza al sire Rhage de que me deje ayudarle.

Sagrada Virgen, sus ojos claramente decían que la que necesitaba ayuda era la cocina. Rhage puso los ojos en blanco y se giró a revolver una de las muchas ollas.

—Ya le he dicho que vaya a descansar, puedo arreglármelas solo.

Tohr observó cómo el enorme vampiro movía el culo y tarareaba una musiquilla como un soberano gilipollas mientras revisaba el horno.
El tipo realmente se lo estaba pasando pipa.

—El problema es si la cocina puede arreglárselas contigo, Rhage.

El rubio se giró apuntándole con la cuchara de madera, ahora manchada de algún tipo de salsa, que chorreaba directamente sobre el hermoso parquet de Fritz.

—Si tú también has venido a estar contra mí, ya puedes irte.—dijo, las cejas hundidas sobre sus brillantes ojos de azul neón—. Te llamaré cuando la comida esté lista.

—Rhage, si alguien no te ayuda con eso, no habrá comida de la que avisar— contestó Tohr con su tono más razonable, una sonrisa brillando en sus ojos.

Por su parte, el vampiro se dedicó a ignorarle y seguir “cocinando”. Finalmente, cuando una de las ollas empezó a desbordarse de manera descontrolada, quemándole la mano y haciendo a su vez que al apartarse prácticamente tirara una de las sartenes al suelo, mientras el horno empezaba a pitar como loco, Rhage se dio la vuelta y masculló:

—Vale, si quieres que te enseñe como cocinar como un authentique chef— dijo con pomposidad—, puedes acercarte, mi hermano.

Tohr ya tenía un delantal y un paño preparados para ir al rescate de Rhage antes de que la cocina quedara inservible de por vida. Realmente, alguien tenía que convencer al Hermano para que dejara esta manía de secuestrar la cocina. Más tarde hablaría con Mary.

—Claro cuisinier, ilumíname.

Entre ambos medio consiguieron salvar aquella parte del estupendo repas français que Rhage no había carbonizado, ahogado y/o estropeado de cualquier otro modo. Dejaron que Fritz les ayudara a poner la mesa en el salón de comidas. El doggen había sido literalmente incapaz de abandonar la cocina mientras ellos estuvieron allí y se apresuraba cada segundo a limpiar manchas por todas partes. Solo se ausentó un momento y, cuando volvió, Tohr habría jurado que dejaba detrás de un pilar una cosa roja…extrañamente parecida a un extintor. No, no podía ser.

Unos momentos más tarde estaban llevando pilas y pilas de platos al salón y colocándolos todos en el orden específico que el mandón de Rhage iba especificando.

¡Voilá!—exclamó Rhage, depositando la última fuente de comida sobre la enorme mesa.

—¿Ves? Con ayuda es todo más fácil.— rió Tohrment.

—Has superado tu primera lección, mi joven aprendiz.—respondió Rhage con solemnidad.

Tohr estaba en proceso de tirarle una servilleta de lino a juego con el mantel a la cabeza cuando escucharon pasos atronadores que se dirigían a toda velocidad hacia ellos. Unos momentos después, Wrath apareció con George a su lado. El golden retriever parecía frenético, la cola se le movía a velocidad supersónica y olisqueaba el aire constantemente, jadeando.

—Mi señor, cuida a tu perro o en cualquier momento va a levantar el vuelo.— comentó Rhage, mirando al animal con diversión.

—Buen puto comentario, Rhage, si tenemos en cuenta que prácticamente me arrastró aquí abajo.—el rey se detuvo al percibir el aroma del salón de comidas.

—¿Qué habéis estado haciendo vosotros dos?— enarcó una ceja y tiró levemente de George, que seguía nervioso.

—Aquí el Chef Supremo— Tohr señaló con el pulgar a Rhage, quien hinchó el pecho—, ha vuelto a secuestrar la cocina y he tenido a bien evitar que volviera a dejarla en siniestro total.

—¡Eh! Ya te dije que aquella vez no fue a propósito.—se quejó el Hermano—. No sabía que no se podían enchufar tantas cosas a la vez…

—Ni que eso fundiría la vitrocerámica, quemaría el horno y estropearía la tostadora. Ya nos sabemos la excusa de memoria.— le atajó Wrath.

—Pero V tiene un montón de cosas enchufadas a sus Cuatro Juguetes en la Guarida y…

—Tú mismo lo has dicho, mi hermano.— Vishous entró la cocina con un cigarro liado en la mano, el aroma a tabaco turco precediéndolo—. YO y no TÚ puedo enchufar tantas cosas juntas.— sacó su móvil del bolsillo, empezando a teclear.

—Como te diga lo que te voy a enchufar yo…—empezó Rhage.

La cabeza de Tohr giraba de uno a otro de sus hermanos conforme iban hablando.

—¿Qué coño hacéis todos peleándoos como nenazas?— la voz fría de Zsadist se unió a la discusión.

—¿Vais a dejarme acabar de hablar de una puñetera…?

—¡Vaya, eso huele bien! ¿Quién ha cocinado?— Phury, que estaba de paso por la Mansión, se acercó y echó un vistazo a la mesa.

—¡¿ME HA DICHO VISHOUS QUE HAS COCINADO, RHAGE?!— Butch entró en la cocina a la carrera.

—¡YO OS MATO!— chilló Rhage lanzándose al cuello de Vishous, que seguía mirándole de forma burlona y murmurando “enchufa, desenchufa, enchufa, desenchufa” mientras Butch lo acompañaba con gestos.

—Por favor, sires, el juego de copas.— se lamentaba Fritz.

—¿Qué diablos pasa aquí?— Beth estaba en el umbral del salón de comidas mirándolos a todos con el ceño fruncido y los brazos en jarras. Sus ojos azules se pasaron por cada uno de ellos, enarcando una ceja al ver a Rhage agarrando a Vishous por el cuello, mientras éste luchaba por sacarse el guante de la mano derecha y Butch cogía al rubio por la cintura intentando separarlo de su compañero de cuarto. Por último miró a su hellren.

Tohr señaló acusadoramente a Rhage y todos los Hermanos le imitaron. Hasta George ladeó la cabeza y miró al vampiro rubio.

—Es la última vez que os preparo la comida, desagradecidos de mierda.— cuando oyó un suspiro entre los presentes, la rabia volvió a aflorar y volvió a estrangular a Vishous—. Putos cabrones…

—¡RHAGE!—la voz más aguda de Mary irrumpió en la habitación. Rhage soltó a V de inmediato y se dirigió hacia su shellan, alzándola del suelo y apretándola contra él.

—Menos mal que TÚ sí me quieres, leelan.— miró a los demás con mala cara.

—¿Pero qué ha pasado?— volvieron a preguntar Beth y Mary.

Todos los Hermanos empezaron a dar explicaciones a la vez, a lo que se sumaron los ladridos de George.

—Joder, un puto desastre…

—Sólo quería comer…

—Matarle…

—…destrozar la cocina

—¡GUAU!

—¡BASTA!— Jane apareció casi de la nada entre ellos, mirándolos a todos con cara de muy pocos amigos.

Tohr se acercó un poco más a V, seguro que si esa mujer decidía trocearlos a todos con su bisturí Vishous se salvaría. O al menos se lo dejaría para el final.

—Uno: la comida se va a enfriar;—prosiguió— dos: Rhage, Vishous está a punto de conseguir sacarse el guante y no creo que te apetezca que te deje con una sola ceja de nuevo, tres, como no os comportéis no tendréis postre —miró de soslayo a Beth y Mary, que le sonreían pícaramente— y no me refiero a helado de chocolate, si me comprendéis.

Los seis machos en la habitación se quedaron muy quietos…y luego volvieron a lo suyo. Con toda normalidad, como si no hubieran estado puteándose y estrangulándose hacía unos segundos. Simplemente se dieron unas cuantas palmadas en sus anchas espaldas, se dedicaron algunos gruñidos y comenzaron a sentarse a la mesa.

Desde su posición en el umbral de la puerta, Beth y Mary le hicieron señas a Jasne para que se acercaran, Tohr las observó por el rabillo del ojo.

—Definitivamente, tienes que enseñarnos a hacer eso.— susurró Beth.

—Es cuestión de simple lógica.— Jane sonrió —. Son nuestros machos, los amamos, pero la biología impera y, qué queréis que os diga, he amenazado las cosas que más valoran: la comida y el sexo.

—Cuaaánta razón.— asintió Mary— ¿Seguro que no eres psicóloga también?

Riéndose, las tres tomaron asiento junto a sus machos y la comida prosiguió como si nada, solo el leve olor a quemado en la cocina delataba la odisea de la que habían sido parte.

****


Después de la accidentada Primera Comida, Tohr se dirigió a su habitación con la intención de descansar un poco. Toda la odisea de evitar el Armagedón en la cocina le había dejado algo agotado.

Suspiró mientras cerraba la puerta del cuarto tras de sí y echaba el pestillo. Ya no se cansaba con tanta facilidad como un par de meses atrás, pero aún encontraba que cosas cotidianas lo agotaban un poco. Generalmente, una buena siesta y una merienda con Rhage, que realmente se transformaba en una comida más, solían ser suficientes para que quedara como nuevo.

Aún así no podía evitar sentirse una carga para su hermano. Sonrió. Casi podía escuchar a Rhage: “¿una carga? Tu culo no pesa tanto como para ser una carga…aún.”


Tohr sacudió la cabeza mientras entraba en el baño y comenzaba a desnudarse. Por inercia, miró hacia el lavabo, encima del cual estaba el enorme espejo...tapado. No había vuelto a verse desnudo desde que decidió luchar por su vida, por vengar la muerte de Wellsie y volver a la Hermandad.

Joder, aún podía recordar la primera vez que se había mirado el día que tomó la decisión…menos mal que Lassiter no estaba allí para verlo o el ángel aún se estaría cachondeando de la cara que se le había quedado.

Pero para él no era ninguna risa en absoluto. Ver su cuerpo en esas condiciones paupérrimas le hacía recordar lo mal que también estaba su cabeza. Después de todo, el cuerpo es el espejo del alma ¿O eran los ojos? Ya no tenía ni idea. Sólo sabía que no pensaba volver a mirarse en ningún espejo hasta que estuviera preparado y eso sería…pues cuando tuviera que ser.

Dejó caer la ropa en un montón de una esquina y se metió en la ducha en cuanto estuvo a punto. No encontró ningún placer o alivio en el agua caliente; ducharse era un acto mecánico, tal y como seguían siéndolo muchas cosas. Suponía que los pequeños placeres de la vida volverían poco a poco. Tenía que aferrarse a algún tipo de esperanza.

¿Te parece poco que la vida te haya dado una segunda oportunidad? Darius no la tuvo.

Dios, D…cómo echaba de menos a ese macho. Había sido como un segundo padre para él. Qué coño, había sido como su padre.

Sacudió la cabeza bajo el chorro y cerró el agua.

¿Te parece poco tener una familia que te quiere?

Sus hermanos, las shellans, John… Sí, todos ellos estaban felices de tenerle de vuelta y no por el egoísmo de simplemente echarle de menos sino porque él estuviera bien. A veces le costaba recordar todas las cosas buenas que le rodeaban. A veces era muy, muy difícil luchar contra la oscuridad que estaba acechando en cada esquina, esperando cualquier buen momento para abalanzarse sobre él y sumirlo en la tristeza.

¿Te parece poco tener una oportunidad para vengarla?

Ah, la Venganza. Parecía que toda su vida se reducía a eso ahora. Comer, mejorar, dormir, respirar, vivir para ver a Wellsie vengada. Seguro, ahora ya no era el pozo de desolación sin ánimo de vivir que había llegado hacía meses a la mansión arrastrado por Lassiter, pero se preguntaba si en lo que se había convertido no era peor: un autómata, cuyo único impulso vital era la voluntad de vengar a su shellan asesinada.

Salió de la ducha y, cogiendo una toalla, empezó a secarse. Dejó sus pensamientos vagar para no cometer el error de concentrarse en las formas de su cuerpo que sus manos recorrían al secarse. No quería saber qué aspecto tenía. Lo último que quería o necesitaba era que sus hermanos volvieran a estar preocupados por él, que se dieran cuenta de que las cosas no iban tan bien como todos pensaban. Probablemente, un buen rato de descanso le despejaría la cabeza.

—¡Cariño, estoy en casa!— le llegó una voz profunda.

Al carajo con su descanso reparador.

Mascullando maldiciones por lo bajo, salió del baño con una toalla anudada en torno a la cintura, decidido a ignorar al recién llegado. Con un poco de suerte se aburriría de no verle hacer nada e iría a tocarle los huevos a otro. Um…últimamente había hecho muy buenas migas con Rhage.

—¿Así me recibes, sin siquiera un beso de buenas noches?— dijo Lassiter con voz fingidamente afligida.

Tohr simplemente se le quedó mirando con cara de asesino en serie y se dispuso a vestirse. Dejó caer la tolla mientras buscaba unos pantalones, dándole la espalda deliberadamente. Ya que no dejaba de meterse con su culo –había perdido la cuenta de todos los nombres que él y Rhage habían inventado para referirse a él– iba a darle una buena dosis.

Acogió con una sonrisa el ruidito de asco de Lassiter.

—Tiiío, ahora sí que puedo decir que nuestra relación va de culo.

Tohr se puso los pantalones y pasó a la camiseta, todo ellos ignorándolo decididamente.

—Una relación inexistente no puede ir de culo, gilipollas.— gruñó.

—Sabes, tienes que hacer algo con esa retaguardia tuya, esa cosa no puede ser saludable.

—Y tú, Chico Bombilla, deberías hacer algo con todas esas cosas que te hacen parecer un puto alfiletero.

—Los piercings están de moda, pero no verás a nadie por la calle luciendo un culo flácido con orgullo —repuso el ángel hábilmente.

Touché —respondió Tohr, con la esperanza de que una supuesta victoria hiciera que el tipo le dejara en paz.

Miró en derredor una vez hubo acabado de cambiarse, buscando algo en lo que distraerse hasta que a Lassiter se le antojara dejar de dar por culo, nunca mejor dicho. Lo cual podía llevar un rato viendo el cariz que habían tomado las cosas. Decidió tumbarse e intentar descansar a pesar de la molesta presencia.

—Vaya, veo que sigues con complejo de Cenicienta Durmiente.

—Se dice Bella Durmiente, pedazo de animal.— le gruñó.

—Claro, claro, también se dice así. Ahora en serio— el rostro de Lassiter se volvió grave y clavó sus ojos totalmente blancos en Tohr—, ¿piensas echarte a dormir la mona sin más?

—Estoy cansado.—suspiró—. No tienes ni idea de la que se ha liado hoy en la Primera Comida.

—No y me importa una mierda.—le dedicó una sonrisa amplia—. Levanta tu hermoso trasero de ahí y haz algo útil.

—¿No tienes a nadie mejor a quien molestar? Seguro que en la tele hay alguna telenovela cursi que tú y Rhage podéis ver juntos.

—Eh, sin ofender, Gata Salvaje tiene una trama intensa y subyugante. No es mi culpa que los demás no podáis apreciarlo.— se encogió de hombros.

—Traduciré eso como “no es mi culpa que los demás tengáis un cerebro que conservar”. Estoy seguro de que debajo de todas esas mechas baratas no hay más que una barra de neón gigante.

Lassiter hizo un mohín y luego levantó la barbilla y se dio la vuelta dirigiéndose hacia la puerta.

—Eso fue un golpe bajo. Esta noche duermes solo.

Tohrment estaba saltando por dentro ¡Había conseguido echarlo! Antes de cerrar la puerta, Lassiter se dio la vuelta y habló en tono casual.

—Ah, por cierto, aparentemente John está en el gimnasio entrenando un poco. A lo mejor quieres pasarte a verlo o algo.

John…con todo lo que había ocurrido últimamente y teniendo en cuenta que ahora estaba emparejado, no habían tenido mucho tiempo para conversar. Se puso en pie y buscó sus Nikes.

Lo dicho: al carajo con su descanso reparador.

****


Con una toalla en una mano, una botella de agua en la otra y un i—Pod adquirido por Vishous para él, Tohr se entró por las puertas dobles del gimnasio.

Candy Shop de 50 Cent atronaba en los enormes altavoces colgados desde las esquinas del recinto. En uno de los bancos de pesas, Butch estaba trabajando sus enormes bíceps.

—25…26…27…—gruñía al tempo de la música.—28…29…30…

Tohr se acercó hasta él y el Hermano más reciente dejó las pesas a un lado, dedicándole una amplia sonrisa que dejaba ver perfectamente una de sus paletas melladas.

—Eh tío, qué pasa ¿Vienes a levantar algo de hierro también?—preguntó echando un rápido vistazo a los brazos aún bastante escuálidos de Tohr.

—Nah, aún no estoy preparado, no quiero lesionarme.—desestimó el comentario del irlandés con un movimiento de la mano.

—Bueno, siempre podemos dejarle que nos vaya añadiendo las pesas en las barras, ¿no, poli?—Vishous apareció desde una de las salas adyacentes al gimnasio, cargando una pila de pesas de diez kilos.—Así por lo menos tendría algo más que hacer en todo el día que no fuera comer como un bestia con Rhage.

Tohr le dedicó una mirada que era el equivalente ocular de haberle levantado el dedo corazón.

—Bueno, al menos mi desayuno no incluye esteroides.—se encogió de hombros. A su lado Butch empezó a descojonarse señalando a V.

El moreno soltó las pesas y añadió dos más la barra que él iba a utilizar.

—Esto es todo natural, damisela.—contraatacó— y ahora, ¿Qué haces por aquí?

Tohr se quedó pensativo un momento, reflexionando sobre cuánto tiempo debía llevar sin asomar la nariz por el gimnasio para que a sus hermanos les extrañara tanto verlo por aquí.

—Eeeeeh, ¿habéis visto a John? El tío de la General Electrics me ha dicho que estaba por aquí.

—Es un macho recién emparejado, Tohr.— Butch enarcó una ceja— Seguro que está haciendo ejercicio, pero no en el gimnasio.—su sonrisa pícara no dejaba mucho a la imaginación.

Tohr frunció el ceño y apoyó las manos en las caderas.

—¿Por qué coño iba Lassiter a decirme entonces que el chico estaba en el gimnasio?

—¿Porque ser idiota es una compulsión para él?—sugirió V.

—Ignorar a los idiotas sí que lo es.—replicó Lassiter que entraba en ese momento—Era la única manera que se me ocurrió de traer tu patético culo a hacer algo de ejercicio.—explico el ángel dirigiéndose a Tohr.

—Ya te he explicado mil veces que necesito ganar más peso antes de ponerme a trabajar con pesas.

—¿Y cuándo va a ser eso, Tohr? ¿La semana que viene? ¿El mes que viene? ¿El año que viene?

Tohr anduvo hasta donde estaba parado el tipo, plantándosele en las mismísimas narices.

—Estoy harto de que me presiones, las cosas serán cuando tengan que ser.

Lassiter se aparto de Tohr y comenzó a pasearse por el gimnasio, parándose en el tatami que se usaba para practicar artes marciales.

—La última vez que decidiste dejar que “las cosas fueran cuando tuvieran que ser”, acabé arrastrándote hasta el complejo de la Hermandad a petición de tu shellan muerta.

Un siseo de Vishous y un silbido por lo bajo de Butch fueron lo único que rompió el denso silencio del momento. Luego un ronco gruñido empezó a tomar forma en la garganta de Tohr.

Ni siquiera se te ocurra mencionarla —masculló enseñándole los colmillos.

—¿O qué? ¿Vas a venir a patearme el culo?—el ángel ladró una risa—En todo caso sería al revés, en el caso de que te quedara algo de culo para patear.

Se estaba pasando, se estaba pasando mucho. Primero mentando a Wellsie, luego humillándolo delante de sus hermanos, ¿A dónde mierda quería llegar?

—Estás llevando esto demasiado lejos.—le advirtió.

—Venga tío…—empezó Butch.

—Cierra la puta boca.—le dijo sin quitar los ojos de Tohr.

—No le hables así.

—¿O qué?—repitió desde su posición en el tatami.

Un momento estaba junto a V y Butch y al siguiente se había desmaterializado tan cerca de Lassiter que prácticamente podía distinguirle cada poro de su luminiscente piel.

—O sino, culo fláccido o no, voy darte tantos golpes que no te vas a acordar ni de tu propio nombre, ¿Queda claro?

El tipo le empujó. Tuvo la caradura de empujarle. Y algo hizo click dentro de Tohr. Con un rugido lanzó su puño directo a la mandíbula del ángel caído. Lassiter trastabilló ligeramente y su cabeza giró con el golpe, amortiguando el impacto. Lentamente volvió el rostro hacia Tohr de nuevo y enarcó una ceja.

—¿Eso es todo?

Resoplando como un toro embravecido, Tohr agachó el cuerpo y cargó contra el tipo, la cabeza por delante en perfecto ángulo con el diafragma de su contrincante.
Este se arqueó interceptando la embestida y clavó los talones en el suelo para frenarlo. Tohr siguió empujando con todo lo que tenía sin conseguir moverlo ni un centímetro más.

Lassiter dejo escapar una risa ronca y sujetó a Tohr en el sitio, sin permitirle enderezar la espalda, forzando la dolorosa postura. Entonces con un fluido movimiento de su pierna derecha, le barrió los pies, haciéndolo aterrizar duramente sobre su espalda en un golpe que le quitó todo el aire. El vampiro boqueó como un pez fuera del agua cuando sus pulmones se vaciaron del tirón.
Colocándose a horcajadas sobre él, el ángel aplicó sin miramiento alguno su antebrazo directamente sobre la faringe de Tohr, sujetándose la muñeca con la mano contraria a fin de ejercer más presión.
Bajó la cabeza hasta que las puntas de sus narices prácticamente se tocaban y le dedicó una mueca que, de haber sido un vampiro, hubiera descubierto enormes colmillos listos para desgarrarle. Las manos de Tohr volaron a los brazos de su atacante, intentando aflojar la presa.

En seguida se oyó un revoloteo de pesas cayendo y gente acercándose. Tohr vio que se trataba de V y Butch, cuyas caras de mala leche decían lo mucho que estaban deseando ponerle las manos encima al tipo del pelo bicolor.

—¡N—no!—consiguió graznar Tohr a través de la presión que se iba intensificando en su garganta. Los Hermanos se pararon en seco, claramente inseguros acerca de cómo actuar. Sabía que no conseguiría distraerlos durante mucho.

Con un esfuerzo soberano clavó su mirada, ahora borrosa en Lassiter, convirtiendo la pelea no solo en una lucha corporal sino en una batalla de voluntades.
Sintió como poco a poco su rostro se sobrecalentaba por el agolpamiento de sangre.

—¿Ves por qué necesitas empezar a entrenar ya? Estás débil, no durarías ni cinco minutos frente a un restrictor ¿Y pretendes serle de ayuda a la Hermandad?—la dejadez con que apartó su brazo de su cuello, permitiéndole respirar fue el mejor equivalente al gilipollas que había quedado sin decir.—Despierta, Tohrment.

Tohr tosió, llevándose la mano al la garganta y miró a Lassiter con el ceño fruncido. La cabeza le daba vueltas por la falta de oxigeno y los miembros le hormigueaban de forma dolorosa mientras la sangre volvía a fluir libremente. Y, definitivamente, iba a salirle un moretón en el culo por el golpe.

Vishous y Butch seguían siendo mudos testigos a la situación cuando Lassiter se levanto sin molestarse en tenderle una mano.

—Y todo esto,—empezó Tohr— ¿Sólo para restregarme que no puedo darle una paliza a un idiota como tú?

El ángel lo taladró con la mirada.

—No. Todo esto es para hacerte darte cuenta de que ya es momento de que hagas algo para “poder darle una paliza a gilipollas como yo”.—habiendo dicho esto, se dio la vuelta y sin siquiera dedicar una mirada a ninguno de los allí presentes, se fue del gimnasio.

Tohr se quedo tumbado en el tatami, intentando acompasar su respiración y reflexionando. A veces los métodos de Lassiter eran un poco extremos, pero siempre efectivos. Dolorosamente, el tipo tenía razón: sus posibilidades contra un restrictor eran nulas. 0. —1.

Pero él quería ayudar a sus hermanos en la guerra...

Con un suspiro final se incorporó y echo un vistazo resignado a V y Butch, este último se apresuró a tenderle una mano para que se levantara.
Con un fuerte impulso, Tohr se puso en pie y sonrió tranquilizadoramente a ambos machos.

—Bueno, Vishous, ¿No decías que ibas a ponerme a acarrear pesas? Creo que estoy preparado.

Las sinceras sonrisas que ambos le dirigieron, mejoraron un poco el golpe—o golpes en este caso—que su ego había recibido merecidamente.

****


Dos horas y 50 repeticiones después mientras salía del gimnasio, Tohr estaba hecho polvo. Se sentía como la mierda, cada músculo del cuerpo le ardía, cada hueso le dolía y cada articulación le gritaba. Pero extrañamente él tenía esa sonrisa de idiota estampada en la cara.

Virgen, Butch y V le habían dado caña, empezando con poco peso y muchas repeticiones, para luego ir subiendo el ritmo gradualmente, vigilando cómo respondía el cuerpo de Tohr a sus exigencias. Lo cual hizo bastante bien, para su sorpresa.

Bueno sí, es verdad que a la décima repetición de cada grupo muscular, empezaba a temblar y a sudar frío, pero eso no era nada comparado con lo que había pensado que le pasaría. Cosas que estaban en la línea de una barra cayéndosele en la nariz por no ser capaz de levantarla, o darse de narices en el suelo mientras intentaba hacer una flexión. Vamos, en todas las variedades acababa con la cara plana como un Pug.

Por eso, mientras marchaba a su habitación con su perfil greco-romano intacto, no podía evitar sonreír. Realmente iba a mejorar, iba a conseguir ser el de antes, iba a hacer que sus hermanos tuvieran que dejar de preocuparse por él e iba a ser el padre que John necesitaba.

John... Virgen, con la escenita que había montado Lassiter en el gimnasio se había olvidado por completo de que su intención al salir de su habitación había sido ir a verlo. Reprendiéndose mentalmente, se dio la vuelta y echó a correr a paso ligero pasillo abajo hasta llegar a la puerta de la habitación que el chico compartía con Xhex.

Parándose un segundo para coger aire, golpeó la puerta suavemente con los nudillos.
Un suave suspiro ascendente le respondió desde el otro lado y abrió la puerta asomando la cabeza para ver si todo iba bien.

La sonrisa que le dedicó John al verle fue otra de las bendiciones del día. De repente empezó a hacer signos con las manos a toda velocidad:

“Eh, llevo horas buscándote, ¿Dónde te habías metido? Fui a tu habitación, a la cocina, a la habitación de Rhage, por Dios, ¡pero si hasta fui a ver si estabas con Lassiter!”—de repente paró al ver es aspecto agotado de Tohr y anduvo hasta donde él estaba—“¿Estás bien? ¿Te ha pasado al…?—olisqueó el aire y frunció la nariz— “De verdad, ¿qué has estado haciendo?”.

La sonrisa de Tohr era tan grande que creía que las mejillas se le iban a quedar de por vida fijadas en esa expresión estúpida.

—He estado en el gimnasio con Vishous y Butch—explicó—Decidí que era momento de meter algo de músculo en este saco de huesos.

John abrió mucho los ojos y se le quedó mirando de arriba abajo, como si alguien acabara de contarle la receta secreta de las nuggets de pollo del McDonald. Luego sacudió la cabeza ligeramente y con la boca apretada en una fina línea rodeó los hombros de Tohr en un enorme abrazo de oso.

Por un momento, éste no pudo hacer más que dejarse abrazar, pues John lo había tomado de sorpresa. Luego abandonándose a la sensación de estará con alguien a quien podía hacer feliz, le estrechó contra sí también, apenas siendo capaz de rodear su gran contorno.

John se separó pasado algún tiempo para tener espacio para señalar:

“Genial, ahora podremos ir a correr juntos y practicar tiro y picarnos a ver quien hace más abdominales y echar competencias de flexiones y….”

Tranquilo, hijo.— Tohr no pudo evitar reírse— Tengo que ir poco a poco, pero no dudes que cuando esté en plena forma voy a ganarte a lo que sea que me retes.—le dio un pequeño puñetazo en el hombro a John.

“Ya veremos, viejales.—bromeó éste enarcando una ceja. Luego hizo una finta y dio una palmada en el estómago de Tohr, esquivándolo y saliendo de la habitación—Venga, vamos a comer algo, he estado todo el día ahí encerrado hacien…¡Tengo hambre, vamos!”

La risa estalló en la garganta de Tohr mientras trotaba detrás de John. Un único pensamiento rebotaba en su mente.

Todo va a ir bien.

****


Phury, hijo de Aghony, se levantó de la mesa, en el rancho de las Adirondacks, a la que estaba sentado con su shellan y el resto de las Elegidas en cuanto escuchó el teléfono del salón sonar.

Al otro lado estaba Rhage.

—Hey, mi hermano.—saludó Phury— ¿cómo va todo?

—Bien, bien tío. Oye, ¿habría alguna posibilidad de que Layla pudiera pasarse por la mansión hoy? Ya van a hacer más de tres semanas desde la última vez que me alimenté y ya sabes que me gusta estar perfectamente controlado, no hacen falta más explicaciones.

—Desde luego.—Phury sonrió desde el otro lado de la línea— Se lo diré a Layla, no creo que tenga ningún problema.

Una vez hubo colgado, se dirigió a la mesa donde todas las mujeres charlaban animadamente. Acarició con suavidad el pelo de Cormia antes de sentarse a su lado y dirigirse a Layla:

—Layla, era Rhage. Ha llamado preguntando si te sería posible pasarte por la mansión hoy.

Layla, sentada frente a Cormia en la mesa, levanto sus ojos verdes hacia el Primale y sonrió cálidamente.

—Desde luego, si el sire Rhage me requiere estaré allí sin más dilación.—miró a Cormia— ¿Me ayudarás a prepararme, hermana?

—Será mi placer.—sonrió la hembra antes de levantarse para irse con Layla. Se inclinó y le dio un leve beso a Phury en los labios—Nos vemos luego.

—No lo dudes.—respondió él siguiendo el contorno de su cuerpo con los ojos.—Bien, Elegidas, ¿alguna de vosotras quiere más pizza? –se dispuso a repartir porciones.

Una vez en el gigante baño principal de la casa que compartían todas las Elegidas, Cormia y Layla dispusieron todas las sales aromáticas y hierbas purificadoras que necesitarían para completar el ritual de limpieza que todas realizaban antes de servir a alguno de los guerreros de la Hermandad.

—¿Está el agua bien a esta temperatura?—preguntó Cormia revolviendo el agua de la bañera.

—Perfecta—sonrió Layla metiendo la mano. Entonces procedió e echar en el agua el contenido de una serie de paquetitos en un orden muy preciso mientras ambas entonaban oraciones a la Virgen Escriba. Dejando caer su túnica blanca Layla se sumergió entera en el agua y Cormia empezó a lavarle el largo pelo con movimientos suaves, no pudo evitar reír ante los pequeños suspiritos de Layla.

—Lo siento, pero tener momentos así para una sola constituye una de los pequeños placeres de la vida, ¿no crees?

—Sí, te entiendo.—una vez solas abandonaron la formalidad— Es verdad que a veces la cas parece estar excesivamente poblada.—rió Cormia— Es curioso como eso no nos ocurría cuando estábamos en el Otro Lado, ¿no?

—Supongo que sería porque allí era todo mucho más estricto. Realmente no nos planteábamos muchas cosas.

Se hizo el silencio entre ellas durante un rato en el que Layla se puso a tararear una tonadilla mientras Cormia acababa de lavarle el pelo y comenzaba con su cuerpo, aplicando las hierbas purificadoras a cada centímetro de su piel.

—No desearía que pensaras que soy una entrometida, pero bueno…al fin y al cabo sois todas mis hermanas así que me preocupo por vuestro bienestar, ¿te encuentras en óptimas condiciones para ir a servir a Rhage?

Layla le dedicó una mirada serena y una sonrisa tranquilizadora.

—Tranquila, Cormia. Ya he repuesto totalmente la pérdida de sangre de la última vez que serví al Hermano Rhage. Además sabes que tanto él como su shellan son muy gentiles, nunca toma más de lo que es estrictamente necesario y Mary suele invitarme a merendar con ella cuando hemos acabado.

—No, si no me cabe duda de que todos sean amables contigo—dejo escapar una carcajada—, es imposible no serlo. Pero también sé que estás sirviendo a algunos de los otros guerreros y sabes tan bien como yo que aquí no nos recuperamos ni la mitad de rápido que en el Otro Lado.

—Te preocupas demasiado.—hizo un gesto con la mano—Ahora mismo sólo sirvo a los sires Rhage y Tohrment. Amalya está ocupándose de los guerreros Qhuinn y Blaylock, así que estoy—frunció el ceño como si estuviera haciendo un esfuerzo por recordar— más fresca que unas castañuelas, ¿se dice?

—Como una lechuga.—corrigió Cormia—Ya sabes uno de esos vegetales verdes.

Ambas hembras estallaron en risas hasta que tuvieron que doblarse por la mitad y secarse las lágrimas de los ojos.

—Desde luego, tienen unos dichos en este Lado—consiguió decir Layla entre risilla y risilla. Luego se recompuso y alcanzó la mano de su amiga cubriéndola con la suya—No tienes de que preocuparte, sabes que si alguna vez tuviera algún problema te lo diría.

—Cuento con ello.

—Ahora —suspiró y se masajeó el cuero cabelludo—, ponte con esa maldita trenza. El sire Rhage siempre bebe de mi muñeca, pero aún así debo honrarlos a él y a su Mary preparándome como es debido.

—Esto es realmente tu vocación, ¿no?

Los ojos de Layla brillaron cuando miró a Cormia a través del espejo.

—No sabes cuánto.

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