29 ago. 2011

Cita ENVY


—Gracias, Agente. ¿O debería llamarte "Detective" las próximas cuatro semanas?

Cuando se incorporaron y ella se encontró a sí misma cara-a-pectoral con él, supo que era el momento de patear hacia la acera su Britnae interior.

—Reilly está bien.

Por un momento, los párpados de él bajaron y ella podría haber jurado que lo escuchó murmurar en voz baja algo como "seguro que lo está".

Pero no había duda de que era su nueva ropa interior haciéndole escuchar cosas...

Ángeles Caídos vs. La Hermandad de la Daga Negra III


¿Quién ganaría? ¿Rhage con la bestia o Adrian el que no tiene talento para cantar? Ward comenta que también podríamos apostar por un concurso de camiseta mojada.

26 ago. 2011

Ángeles Caídos vs. La Hermandad de la Daga Negra II


Otra pregunta planteada por Ward en Facebook: Jim contra Wrath. ¿Quién ganaría? Nos recuerda que tengamos en cuenta que Wrath es ciego en ese escenario actual.

En referencia a la anterior pregunta planteada sobre quién ganaría en un enfrentamiento entre V y Eddie, Ward cree que la gente ha subestimado el poder de Eddie...

24 ago. 2011

Campaña: J.R. Ward en Colombia


Kyoko, de Sabious Words, ha creado un grupo en Facebook para que Ward llegue a Colombia.

¡Anímate y colabora! Extiende la voz y únete al grupo de Facebook.

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Ángeles Caídos vs. La Hermandad de la Daga Negra I


Hoy Ward ha planteado esta pregunta en Facebook: En un enfrentamiento de Vishous contra Eddie, la mano brillante contra la magia, daga negra contra cristal, ¿quién crees que ganaría?

Cita ENVY


La forma de conquistar a una mujer, pensó Veck mientras Reilly se volvía blanca como la nieve y trataba de alejarse de él.

Dio una profunda calada a su cigarrillo y exhaló lejos de ella.

—No debería haberlo mencionado.

Reilly negó con la cabeza, tal vez para aclararla.

—No... no, me alegra que lo hayas hecho. Sólo estoy un poco...

—Impresionada. Sí. Y esa es sólo una de las razones por las que no hablo sobre esta mierda.

22 ago. 2011

Cita ENVY


—Estoy dentro de ti, Adrian. Estoy justo aquí, envuelta alrededor de tu corazón.

—Le diré a Jim que le saludaste.

—Estoy dentro de ti, ángel, y tú lo sabes. Esa es la razón por la que te estás levantando y alejando.

—Nah. Sólo quiero estar con una mujer real, no con una falsa.

Cita nº1.


"—No tengo palabras. Dieciséis idiomas, pero no tengo palabras".

V a Jane en Lover Unleashed, capítulo 17
(Cita propuesta por Alba)

21 ago. 2011

Xcor


Os dejo con un montaje que Ale me ha mandado al correo. Esta vez no es de ninguno de los Hermanos, sino de Xcor. El montaje está realizado por SMVgrey.

¡Seguro que os hace la boca agua!

19 ago. 2011

Más de ENVY


Al colgar, ella enderezó los hombros y se volvió de nuevo...

Veck estaba de pie detrás de ella, sus párpados entrecerrados, su cuerpo mucho más grande de lo que parecía cuando estaba a ciento cincuenta centímetros de distancia.

No se movió. Él tampoco.

—¿Crees que la confesión es buena para el alma? —preguntó él sombriamente.

—Sí...

—Entonces, tengo algo que mejor debería decirte.

Oh, Dios, ésta era la razón por la que ellos habían hablado sobre no mezclar los negocios con el placer...

18 ago. 2011

Tercer vídeo de ENVY: Jim Heron encuentra su destino


Tercer vídeo. De nuevo, gracias a Neï por la magnífica transcripción.

Es parecido a como John funciona en la serie de la Hermandad; en ella, él era el que no comprendía su mundo y, a través de sus ojos, el lector aprende mucho sobre cómo fuincionan las cosas con los vampiros.

Me siento de manera muy similar con Jim. Jim comienza como un humano normal, se electrocuta, muere y va al cielo. Y es allí donde estos cuatro dandis, jugando al crocket, le dicen: "Tú eres el Salvador, ahora baja ahí y lucha por esas almas".

Ése no era el destino que él quería pero, como la mayoría de nosotros en situaciones nuevas, tropezó, cayó y se chocó con paredes. Es realmente fascinante verlo en el tercer libro, ENVY, comenzar a conseguir cosas por sí solo.

Lo que dijo Ward en la firma de libros II


Ale me ha pasado esta información que Ward dijo en una firma de libros y que La encomienda del Cenit ha subido al grupo que tienen en yahoo. Doy las gracias a Ale por pasármela y a La encomienda del Cenit por la traducción.

- Lover Reborn (el libro de Tohr): no confirmó NADA sobre quien será su pareja. Se le preguntó pero no contestó. Comentó que el proceso es interesante porque el viaje de Tohr es distinto a causa de Wellsie y no puede hacer que se enamore locamente en cuestión de tres días. No tendría sentido para los lectores y tampoco para ella. Quiere hacerle justicia. Ha pasado por mucho y todo el proceso será una lucha para él. Que es por lo que será un año.

- Otra novedad en Lover Reborn: Ward nos presentará otro personaje, al cual ella ADORA, llamado Assail. Es un vampiro de la viaja escuela, del tipo de Wrath, con viejos valores, manera de pensar, etc.

- Butch: cuando se le preguntó si su personaje y papel crecerán mas, dijo que es un chico grande y que no le queda sitio para crecer más.

- Qhuinn y Blay: no tendrán su FINAL FELIZ en el libro de Tohr. De hecho, nos angustiaremos y las cosas que pasan no nos van a hacer muy felices que digamos. Nos recordó que TERMINARÁ bien al final. También comentó que en tres cuartas partes de Amante Renacido, si prestamos mucha atención al argumento, seremos capaces de averiguar cómo se van a resolver las cosas.

- La próxima iniciación en la Hermandad: no se ha escrito todavía. De cualquier manera, habrá una MUY pronto, bien al final de Lover Reborn o al principio del siguiente libro. No le permiten decir cuál será.

- Los vampiros tendrán un cameo en ENVY. Con rap a todo trapo en el Escalade conduciendo a 130 Km/h por la autopista.

- Las novelas de los bebés: la historia de Rhage y Mary está parcialmente escrita. Estuvo muy efusiva sobre lo mucho que le gustan las historias (que tiene mayormente en mente). También se puso muy tierna hablando de Ahggy, el bebé de Phury y Cormia. Dijo que era más que adorable.

- Trez y iAm: ambos tendrán su FINAL FELIZ en el MISMO libro. Son las Sombras y sus historias deben ser contadas simultáneamente. A una de sus parejas ya la conocemos, la otra aún no ha sido presentada.

- Ceremonia de V y Jane: cuando se le preguntó si escribirá o no la ceremonia de vinculación de V y Jane, respondió que debería, pero no lo sabe aun. Que deberíamos asumir que están vinculados. Podría estar en la próxima Guía, el próximo libro o que tendría que escribir un Libro de Bodas, jajaja.

- Comenta que cada cosa que escribe, por pequeña que sea (por ejemplo, Boo), es por una buena razón. Lo contará en el próximo libro o dentro de diez libros, no lo sabe. Pasará cuando tenga que pasar.

- Algunas cosas se aclararán en próximos libros porque serán contadas desde distintos puntos de vista, y algunas líneas temporales se solaparán.

Otra de ENVY


Alguien salió de las sombras hacia él.

Parpadeó una vez y, cuando la visión no cambió, se dio cuenta de que era, de hecho, una mujer. Sin embargo, qué estaba haciendo alguien como ella aquí...

—Hola, Veck —era la voz del teléfono, en vivo y en directo—. Bienvenido a la fiesta.

17 ago. 2011

Agradecimiento por parte de Neï


¡Ains, si es que Neï es un solete! Nosotros deberíamos agradecerle a ella el fantástico trabajo que hace y, sin embargo, ella es la que nos da las gracias por leerla, seguirla y apoyarla (lo que es todo un placer).

¡Un abrazo enorme!

*Nota: pulsad sobre la imagen para verla en grande.

Sinopsis de ENVY


Un hombre y una mujer al filo del peligro, el deseo y la redención.

Como hijo de un asesino en serie, el detective de homicidios Thomas "Veck" DelVecchio Jr. creció a la sombra del mal. Ahora, en el filo entre el deber cívico y la venganza ciega, trata de expiar los pecados de su padre... mientras lucha contra sus propios demonios. La encargada de vigilar a Veck es la agente de asuntos internos Sophia Reilly, cuyo interés por el detective no sólo es profesional sino también personal. Y Veck y Sophia también tienen otro punto en común: Jim Heron, un misterioso extraño con demasiadas respuestas a preguntas que son mortales.

Cuando Veck y Sophia se vean arrastrados a la última batalla entre el Bien y el Mal, el ángel caído salvador será la única cosa que se interponga entre ellos y la condenación eterna.

Cita de ENVY


—Probablemente deberíamos mantener las cosas en un nivel profesional —dijo dando rodeos.

—No es un cita, lo prometo. Eres demasiado buena para eso y yo no soy tan ofortunado.

Cuando las cejas de ella se levantaron, él no retiró el comentario. Era la verdad y ambos lo sabían.

—Entonces, ¿qué dices, Agente? Lo único picante estará en la salsa.

Nuevos diseños


Nuevos diseños para tazas y alfombrillas con el nombre de todas las parejas formadas hasta la fecha. Creo que siguen sin acertar... ¿qué pensáis vosotros?

Yo los veo como muy cursis para los Hermanos.





15 ago. 2011

Cita nº7.


"—Qué cosas tan bonitas me dices, nena".

Butch a Marissa en Amante Confeso, capítulo 12, p. 141

Amante Renacido: capítulo 8 por Neï


Helloooooooo :D

Bueno, sólo decir que mientras que el capi anterior fue muy Layla, este capi tiene bastante de todo: Tohr, Wellsie, Vishous, Rhegion, Dahlia… ¡Wrath y Beth!

Sí, por fin se ha hecho hueco para la historia de la pareja Real de nuevo en el fic, es una escena conmovedora con un final impactante, opino, espero oír sus opiniones.

Por lo demás, las dejo comprobarlo por sí mismas y ya me dirán qué les parece.

Un besote y ¡¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODAS POR SU APOYO!!!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 8. Más allá.

{Si lloras porque no ves el sol, tus lágrimas te impedirán ver las estrellas.}


Tohr se dobló sobre sí mismo y cayó de rodillas al suelo, negándose a volver al Otro Lado sin lo que había venido a buscar. Aún así sabía que no aguantaría mucho más, mucho menos si seguía escuchando la voz de Layla cargada de ese instinto de protección mezclado con angustia. Y posesión.

Madre de todos, ¿qué se le había pasado por alto con esa hembra? No estaba seguro de lo que ocurría allí, pero su reacción no parecía normal.

Golpeó el anodino suelo con un puño y rugió. ¿Es que las cosas no podían salir bien ni una jodida vez? Mierda, probablemente esta sería la única oportunidad que tendría de volver a ver a su shellan. Simplemente no te dabas paseos por el barrio periférico del Fade todos los días. Pero la violencia de las emociones de Layla, mezcladas con el goteo incesante de la sangre en sus venas estaba probando ser demasiado.

Tanto como si lo quería, como si no, iba a verse obligado a volver en sí. El arrastre de su cuerpo era cada vez más fuerte y… bueno, gran parte de él no era capaz de saber que la Elegida estuviera sufriendo cuando podía hacer algo para remediarlo.

Se puso en pie con dificultad, tambaleándose y alzó la vista hacia lo que creía que debía ser el cielo en aquel mar de niebla. Lágrimas de rabia le escocieron en los ojos y se deslizaron por sus mejillas.

—Lo siento —masculló con la voz rota por la crudeza de las emociones que lo inundaban sin piedad. Su dolor líquido formó extrañas ondas en la niebla al caer resbalando por su barbilla.

Se sentía como un jodido traidor por no ser capaz de aguantar más, de esperar más. Aquí estaba él, que siempre era la paciencia personificada, dándose por vencido, dejándose arrastrar de vuelta a…

—Al lugar donde perteneces.

Tohr alzó la vista, buscando el lugar de donde provenía la voz que tan bien conocía.

—¿We-Wellsie?

Sagrada Madre, la voz le temblaba como a un niño de cinco años. Dio más y más vueltas sobre sí mismo, buscando la fuente del sonido, hasta que le dio por mirar hacia sus pies, donde habían caído sus lágrimas.

Entre la niebla se había abierto un pequeño espejo en el que era capaz de vislumbrar retazos del rostro que lo acompañaría durante el resto de su vida, como siempre las ondas cobrizas, que parecían tener vida propia, fueron lo que primero captó su atención.

Postrándose de rodillas una vez más, sintió su pecho temblar con un sollozo apenas contenido. Las yemas de sus dedos acariciaron el reflejo perlado con suavidad casi reverencial y luchó por grabar a fuego en su cerebro cada segundo de este momento.

—Wellsie —repitió sintiendo como si el pecho se le estuviera resquebrajando literalmente por falta de espacio para albergar todas sus emociones.

El reflejo de su shellan no le contestó, sólo lo miró con lo que a él le pareció una paz y dulzura infinitas. Había también aceptación y añoranza en los ojos de la hembra que fuera suya, pero la sonrisa cargada de ternura que curvaba sus hermosos labios derritió el despojo informe, supurante de dolor, en que se había convertido su corazón y lo moldeó a fuerza de amor incandescente dándole una nueva forma, insuflándole parte de su paz.

¿Se pondrá bien?

La voz de Layla interrumpió el trance, sacándolo de su ensimismamiento con un violento estremecimiento ante el dolor de la hembra. Delante de él, el reflejo de Wellsie comenzó a ondular y a desvanecerse, camuflándose una vez más con la niebla.

Gracias a la nueva tranquilidad que le había dado ser capaz de ver a su shellan una vez más, no sintió la necesidad de arañar el suelo con desesperación ante su marcha, no sintió la frustración de que se la arrebataran una vez más.

Ella estaba feliz, verdaderamente feliz. Y eso era todo cuanto alguna vez había deseado, porque cuando amas a alguien de verdad, cuando le quieres con toda tu alma, eso es lo único que le deseas. Que seas la fuente de esa felicidad, o no, es irrelevante.

Miró la imagen de la hembra, ya casi inexistente, hasta que se hubo desvanecido del todo. Luego, cerró los ojos con un suspiro y se dejó arrastrar hacia el Otro Lado. La voz de Wellsie lo acompañó en su reencuentro con su forma corpórea con la más extraña de las frases.

—Layla…

****


—¿Layla?

Los párpados de Tohr se abrieron de golpe, enfocando a la hembra, aunque sólo le sostuvo la mirada unos tres segundos, le pareció como si el contacto visual durara una eternidad.

Los ojos verdes claros parecieron iluminarse vivamente durante un segundo, mientras se abrían con expresión sorprendida. Entonces los puso en blanco y cayó fulminada. Horrorizado, intentó cogerla antes de que chocara contra el duro suelo, pero su cuerpo parecía pesar una tonelada. Aún con toda su fuerza de voluntad no fue capaz más que de levantar débilmente un brazo.

Afortunadamente, Rehv se movió con más agilidad, acunándola contra su propio pecho antes de que se hiciera daño.

Lo siguiente fue un pandemonio de frases a medio decir y gente apresurándose de un lado a otro. De repente, Jane estaba junto a Rehv, su mano experta sujetando la muñeca de Layla para chequearle el pulso. Sus labios se arrugaron en una mueca de disgusto y el corazón de Tohr se desbocó

—Jane… JANE.

Ella se volvió hacia él, estetoscopio en mano, claramente dividida entre a cuál de los dos examinar primero. Le hizo un gesto con la cabeza para que siguiera ocupándose de Layla primero.

Rehvenge la había tendido en una cama justo en frente a la suya propia y Ehlena ya estaba enganchándole un bolsa de suero.

—¿Está bien? —su voz sonaba muy raposa y la garganta le escocía.

La doctora ni siquiera se dio la vuelta, si no que siguió corroborando las constantes vitales de Layla, mientras a apartaba a Rehvenge de en medio sin muchos miramientos, mandándole salir de la Enfermería. Esta era la faceta 100% profesional de Jane: nadie, que no estuviera especializado, se entrometía entre ella y sus pacientes.

—Se pondrá bien —le contestó—, pero sufre una pérdida severa de sangre y deshidratación intensa, sin contar con que el estrés psíquico la ha dejado exhausta.

¿Pérdida severa de sangre? ¿Qué coño?

—¿Qué le ha pasado? —se pasó la lengua por los labios resecos y enfrentó los ojos de Jane que se había dado a vuelta para mirarlo como si fuera gilipollas.

—Fue tu donante durante dos días seguidos, en sesiones de diálisis de ocho horas, ¿te sirve eso?

Tohr frunció el ceño ante la afirmación e intentó entrever a Layla por detrás de Jane, que en este momento era totalmente corpórea.

—Pero, cuando yo sentí la sangre… no era de ella.

Jane bufó, puso los ojos en blanco y se dio la vuelta. Ella no solía comportarse de esa manera con sus pacientes, probablemente algo muy feo debía haber pasado en el tiempo que había estado inconsciente.

Joder, aún así sabía que era mejor dejar de empujar a la mujer, en el humor que estaba ahora no iba a conseguir sacarle mucho.

—Cuando se estabilice —escuchó cómo le decía a Ehlena—, necesitará un donante. A menos que a alguno de los Hermanos le dé por ofrecerse, tendrás que hablar con alguno de los chicos para que la sirva. Creo que Qhuinn…

—No —gruñó Tohr desde la cama, luego se aclaró la garganta—. Es decir, no creo que Qhuinn sea la mejor opción en este momento, Blaylock sería mucho mejor, si me permites la sugerencia —añadió ante la cara de manifiesta mala leche de la doctora.

—Seh, lo que sea le servirá —se volvió hacia la enfermera sin apenas dedicarle una mirada—. Acaba de prepararla, llamaré a Vishous para que se ocupe de él —hizo un gesto con la cabeza hacia Tohr.

Con eso salió de la Enfermería dando un ligero portazo. Tohr se encogió, ¿qué cojones estaba pasando aquí, joder? Parecía como si la humana… errrr, fantasma tuviera algo contra él específicamente. Se giró de nuevo para preguntárselo a Ehlena y sus ojos se tropezaron con el bulto laxo que era Layla en la cama.

Sagrada Virgen en el Fade. Los ojos le escocieron de manera alarmante cuando vio el estado en que estaba la hembra. Su piel, ya pálida de por sí, tenía una color desvaído que le permitía ver el lento y forzoso pulso de sus venas. Círculos púrpuras se habían asentado bajo sus ojos y sus mejillas parecían enfermizamente huecas. Incluso desde su posición, podía ver sus colmillos totalmente extendidos tras sus agrietados labios. Su larguísima melena rubia estaba recogida en un desordenado moño del que escapaban numerosos mechones que no hacían más que acentuar su aspecto decadente. Pero sus antebrazos eran decididamente lo peor: la zona del hueco del codo presentaba un violento morado, como si le hubieran extraído mucha sangre, pero su organismo ya no hubiera sido capaz de regenerarse.

Que era justamente lo que había ocurrido. Mierda. Santa.

Escuchó el estrépito de algo metálico estrellándose contra el suelo y apartó la mirada de la triste imagen de la Elegida.

Para encontrarse con la aterrorizada mirada de Ehlena. La enfermera retrocedía lentamente hacia la salida más próxima mientras su mano derecha bajaba lentamente hacia el busca en su bolsillo.

Tohr se dio cuenta de que había conseguido incorporarse y sentarse al borde de la cama. Todo su cuerpo estaba inclinado hacia adelante en una postura depredadora y sus colmillos eran como dagas salidas directamente de sus encías. Un rugido feroz se abría paso en su pecho. Todo ello en segundos por ver el estado en que se encontraba Layla.

No era de extrañar que la enfermera pensara que se había vuelto loco.

Las puertas de la Enfermería volvieron a abrirse y el exótico olor a tabaco turco precedió a V. Antes de que el Hermano se lo impidiera, Tohr intentó levantarse para llegar hasta la Elegida. Afortunadamente, Vishous le ahorró el encontronazo entre su culo y el suelo de cerámica.

—Eh, mi hermano, quieto ahí, ¿dónde crees que vas?

—Déjame. Tengo que llegar hasta ella —siseó enseñándole los colmillos.

—Lo harás cuando puedas sostenerte tú solito. Y ahora, guarda a tus amiguitos, Rottweiler, estás asustando a la señorita.

Miró hacia la hembra de nuevo, ésta aún se agarraba el busca como si le fuera la vida en ello. Con un suspiró se dejó caer sobre el colchón nuevamente.

—Lo siento, Ehlena, no era mi intención asustarte.

—Dirás aterrorizarla —coreó V.

Tohr simplemente lo taladró con la mirada. Lo cual no era muy efectivo con él, teniendo en cuenta las propias lucecitas gemelas del hermano.

—Ahm, yo —tartamudeó la hembra—, no pasa nada, pero voy a ir un momento al baño. Si me excusan.

Y se marchó a toda prisa. Dejándolos a ambos en silencio. Que no tardó mucho en ser roto por V:

—Bien, ahora vas a explicarme qué cojones está pasando aquí. Porque créeme, no hace tantas horas vi a Layla marcarse el mismo numerito de mamá dientes de sable que tú y, francamente, estoy desorientado como la ostia.

Tohr no pudo evitar soltar una risa seca y mirar al macho enarcando una ceja. Sus ojos lo decían todo: Tú, el señor soy-una-isla, ¿me está pidiendo que abra el pico sobre mis problemas? Yup, seguuuro. Con un esfuerzo supremo, volvió a subir las piernas a la cama. Dios, le dolía todo el cuerpo.

V simplemente rodó los ojos y le taladró de vuelta.

—Me debes una explicación colega —levantó la mano sin guante, mostrando un mordisco que, aunque estaba sanando, tenía toda la pinta de haber sido muy doloroso—. Ella me hizo esto cuando me negué a dejarla entrar en la Enfermería.

—¿Y por qué no ibas a dejarla entrar? — frunció el ceño.

—Porque deberías haber visto el estado en el que venía: llegó derrapando, prácticamente fuera de sí de preocupación, un problema más era lo último que Jane necesitaba. Te estabas muriendo, mi hermano.

Tohr se estremeció al recordar la “antesala” del Fade. Nadie llegaría nunca a saber cuán cerca de morir había estado realmente.

—Me mordió, Tohr. Joder, mordió a un macho que mide y pesa el doble que ella. A , mierda. Considera el estado en el que estaba para hacer algo así.

Suspiró una vez más y cerró los ojos.

—Pero las cosas no acaban ahí —siguió V—. Como ya has visto ha estado a punto de dejarse morir con tal de ser tu única donante. Hasta que Jane tomó al toro por las astas y llamó a Selena. Tohr, tuve que restringirla físicamente para que la otra Elegida pudiera, siquiera, acercarse a ti. Restringirla como en casi partirle las costillas con una presa de anaconda para evitar que hiciera alguna locura cuando vio a su hermana alimentarte.

Tohr se incorporó a la velocidad del rayo ignorando el dolor y clavó el dedo índice en el pecho de V, acercando su rostro a milímetros de suyo.

—Más te vale no haberle hecho daño, Vishous —le gruñó y luego se mordió la lengua al darse cuenta de su reacción desmedida.

—¿Ves? Ahí estás de nuevo ¿qué cojones hay entre vosotros dos?

Se pasó la mano por el pelo y miró hacia sus manos, apretadas en fuertes puños sobre las sábanas.

—No hay nada —masculló.

—Sí claro, también me han dicho que me parezco a Justin Bieber, algo sobre el flequillo —V volvió a ponerse serio—. Suéltalo, mi hermano.

—Te he dicho que no hay nada, Vishous. Nada abiertamente expuesto, al menos, no lo sé… joder, qué complicado es todo esto.

Bufó y cerró los ojos como si eso fuera a hacer que todos sus problemas desaparecieran. Aquí estaba él, recién vuelto del “semi-más allá” (macho, ¿por qué no había un menos aquí?) y con una hembra medio muerta, por la que ni siquiera conseguía empezar a descifrar lo que sentía, al lado.

Ah, sí, no nos olvidemos de la Enfermera Vishous interrogándole.

—Cuando el río suena, agua lleva —avisó el moreno—. Finalmente fui capaz de calmarla y permitió que Selena te alimentara. Pero esto no es normal, Tohr, dijo que eras suyo.

—Lo sé —soltó sin pensar y luego se arrepintió al ver la cara de qué-cojones del Hermano—Demasiado largo para explicar. Supongo que debería habérmelo visto venir.

Vishous pasó al qué-cojones nivel dos. Plus.

—Creía que tenía algo con Qhuinn —expuso simplemente.

—Y lo tenía… o tiene, no sé —Tohr gruñó y miro hacia la cama de Layla—. Pero es solo un crío.

—Ella no es mucho mayor —se encogió de hombros V.

Tohr le clavó una mirada totalmente seria.

—Te sorprenderías, mi hermano. Ahora, ¿qué mierda pasó después de que me desmayara?

V suspiró y plantó el culo en el colchón a su lado.

—Yendo directo al grano, el Symphath de mierda tenía las uñas impregnadas de veneno de escorpión, por lo que los muy cabrones debían estar al tanto de que muy posiblemente habíamos salido a cazarlos —comenzó a liarse un cigarrillo—. Debido a la pureza de tu linaje, que la toxina te hiciera efecto fue solo cuestión de minutos. Para cuando llegaste aquí el 90% de tu sangre era inservible y Jane te puso en diálisis directa desde la vena de Layla.

—¿Durante dos putos días? —Tohr enarcó una ceja, incrédulo, ante lo que consideró una falta grave por parte de la médica de la Hermandad.

La mirada que le dirigió V ante su tono de voz podría haberle enseñado a las estalactitas cómo congelarse correctamente.

—No sólo Layla es una Elegida, lo que significa que tiene más aguante que una hembra vampiro media, como ya ha demostrado. Sino que fue imposible hacerla cambiar de opinión. Ha pasado a tu lado tus tres días de coma inducido. Sin casi comer, beber o dormir.

Cuando Tohr apartó la mirada ante la enumeración de V, éste bajó la cabeza hasta que sus ojos diamantinos quedaron a su altura.

—¿Vas a seguir diciéndome que no hay nada entre vosotros?

—No. Es. Asunto. Tuyo. Punto —masculló entre dientes apretados.

V le dedicó una última mirada de exasperación y se levantó para irse.

—Estoy hasta los huevos de hacer de psicoanalista marital hoy. Después decís que yo soy poco comunicativo —le dio la espalda.

—Vishous, una cosa más. ¿Qué le pasa a Jane conmigo? La he notado rara…

El macho encogió sus enormes hombros mientras iba a hacia la puerta de salida con lentitud.

—Piensa que el estado en que está Layla es culpa tuya, indirectamente, de alguna manera. Y yo no he tenido argumentos suficientes para rebatírselo, básicamente porque no sé una mierda de lo que está pasando —se volvió a medias—. Ahora, descansa.

En cuanto V hubo desaparecido por la puerta, Tohr se permitió soltar una viciosa maldición y luego se tapó la boca rápidamente mirando hacia Layla, no quería que le escuchara decir cosas así. Con cuidado, se puso de lado hasta quedar de frente a ella y la repasó con la mirada. Su respiración parecía un poco menos trabajosa que antes y su piel ya no mostraba rastros de sudor frió. El suero estaba haciendo bien su trabajo.

Sagrada Virgen, no soportaba pensar que ella estaba en ese estado por su culpa. Que se había dejado casi morir por tal de salvarlo, ¿por qué demonios haría algo así?

Oh, colega, podría ser porque le dijiste a una hembra como ella, sabiendo lo sola que se siente, que siempre te tendría a su lado. Probablemente eso le hizo creer que había algún tipo de vínculo entre vosotros, ¿no crees?

Santa mierda. Muy probablemente eso tuviera algo que ver.

Seh, tío. Y que no se te olvide todo el rollo de voy-a-revisarte-las-amígdalas-con-la-lengua o…

—Basta ya —masculló.

Su cerebro barajó rápidamente imágenes de ellos dos juntos y no pudo evitar estremecerse. Definitivamente ahí había algo. El problema era que no tenía la más remota idea de qué era.

Miró de nuevo hacia la silenciosa y pálida figura de la Elegida y supuso que cuando ella despertara tendrían que despejar al menos algunas de las dudas.

Ya estaba harto de no saber nada… ¿le serviría una enciclopedia, Google?

Al carajo.

****


Rhegion abrió los ojos con violencia en cuanto sintió la mente de Dahlia en la fortaleza. Los sentimientos de la hembra eran un oscuro embrollo que iba desde la morbosa satisfacción, hasta la intranquila inseguridad pasando por algo como… ¿remordimiento?

Gruñó y se frotó las sienes. Definitivamente, aún tenía muchas cosas que enseñarle a esa niña. Como que debía mantener sus emociones equilibradas y que había ciertos sentimientos que no tenían cabida en un Symphath.

Al menos lo haría si esperaba que algún día le sirviera de maldito receptáculo seminal para engendrar a su futura descendencia.

Se levantó de su cómodo lecho y tras contemplarse unos segundos en el espejo, fue a buscarla al salón principal. La encontró sentada en uno de los sofás, contemplado el fuego de la chimenea con expresión ausente mientras la pierna derecha le temblaba en un tic nervioso.

Suprimiendo su hastío ante tal demostración de falta de control, extendió su mente ligeramente para calmarla y se acercó hasta donde estaba, pasándole una mano tranquilizadoramente por el cabello.

—Dahlia, querida, ¿qué ha ocurrido? No es normal verte así —cuando ella no contestó a la primera sino que se quedó pensativa, claramente intentando hilar una explicación, Rhegion no fue capaz de suprimir la amenaza y la exasperación de su voz—. Todo ha salido bien ¿no es verdad?

Los ojos de la Symphath se alzaron hacia él, enormes de terror, tragó ruidosamente y asintió. Estaba temblando.

—¿Te ha comido la lengua el gato? —preguntó, su voz peligrosamente suave.

—Todo —la hembra tuvo que aclararse la garganta—, todo ha salido bien, pero… ehm, Hannibal ha muerto.

Rhegion no pudo evitar enarcar una ceja. ¿A eso se debía la conmoción emocional de la hembra? Bueno, quizás había subestimado la relación de los dos críos. Y pensar que les había prohibido establecer cualquier tipo de lazo emocional.

—¿Cómo? —la tomó por la barbilla, forzándola a mirarlo a los ojos.

—El muy idiota —esta vez gruñó—, habíamos divisado a unos civiles haciendo una barbacoa en el patio trasero de su casa. Eran el objetivo perfecto —sus ojos brillaron con ansia homicida—. Mi Señor, si hasta tenían a sus hijos con ellos. Bien, el macho tenía una complexión física bastante importante, por lo que era un enemigo a tener en cuenta a menos que lo tomáramos por sorpresa.

—Ve al grano —la reprendió.

—Mientras estaba totalmente concentrada midiendo la situación, el muy imbécil de Hannibal me atacó. Físicamente. Sacó una especie de tubo de metal de alguna parte y me dio en la cabeza. Lo último que me escuche ante de desmayarme fue: “Yo me encargaré de esto, zorra. Así le demostraré al Rey que soy digno. Puede que cuando vuelva, si sigues inconsciente te…” —se paró en seco, como si el resto diera igual—. Cuando volví en mí, escuché mucho tumulto en el callejón y me asomé desde la terraza donde habíamos estado vigilando a los civiles. Hannibal estaba rodeado de al menos siete vampiros, aunque parecía haber tomado a uno de rehén. El punto es que uno de ellos acabó por desmaterializarse tras él y dispararle con un arma que no había visto nunca antes. Hannibal se desplomó echando espumarajos por la boca y…

—Ahórrame los detalles, lo importante es qué les dijo a los vampiros, niña.

—Siguió el protocolo —aseguró Dahlia—, al menos en eso no fue un gilipollas integral. Cuando se vio sin más salida, escupió la mentira que habíamos ideado sobre la corrupción en la Colonia. Hemos conseguido poner a la Hermandad sobre la pista equivocada.

Rhegion observó la expresión triunfante en el rostro femenino durante unos segundos, luego echó la mano hacia atrás y la abofeteó con toda la fuerza que pudo, sabiendo lo insultante que le resultaría el gesto.

Ella se llevó la mano a la mejilla dolorida de manera inmediata y el labio inferior le tembló como si fuera una niña de cinco años.

—Idiota, no cantes victoria todavía, ¿acaso te crees que esos vampiros son tan estúpidos? Oh, no, hará falta mucho más que las palabras de un joven Symphath desquiciado para hacerles creer que realmente algo va mal en la Colonia —la taladró con la mirada—. Además, no debes olvidar que el bastado híbrido que tengo por sobrino, ese usurpador malnacido, colabora activamente con la Hermandad —los ojos le brillaron con malicia—. Es a él a quien debemos convencer de que sus súbditos están planeando sublevarse, solo de esa manera conseguiremos que los vampiros organicen un ataque a la Colonia, ¿comprendes?

Se paseó por la habitación, llevándose la mano derecha a la barbilla en un gesto pensativo. Tenía que haber una forma de hacer que Rehvenge cayera en la trampa, algo que le hiciera desconfiar del poder que ejercía sobre los habitantes de la Colonia.

—Hemos de encontrar la manera de precipitar una serie de ejecuciones por su parte. Ese bastardo no es idiota, sabe que el único castigo eficiente para un crimen Symphath es la muerte. Nuestra especie es reincidente por naturaleza y tiene respeto nulo por la piedad. Deberá gobernar con puño de hierro —una sonrisa macabra se extendió por su rostro—. Nuestro principal objetivo será que se deshaga de los cabecillas del consejo y la nobleza, de esa manera el pueblo llano quedará sin líderes.

—Y cuando nosotros empecemos a masacrarlos desde el mismo núcleo de la Colonia… —continuó Dahlia siguiendo el hilo de sus pensamientos.

—Serán un asustado rebaño de ovejitas que no sabrá dónde ir —terminó Rhegion—. No sabrán quién los ataca ni dónde pueden huir, se volverán los unos contra los otros. Habrá una Guerra Civil y nosotros, mi querida, tan sólo tendremos que sentarnos a ver cómo se destruyen los unos a los otros por nuestra causa.

Dahlia, que aún se sujetaba la mejilla algo colorada, lo miraba con total adoración, como si fuera un ser divino que acababa de aparecérsele.

—Sois brillante, mi Señor. Formaré un equipo y centraremos todas nuestras estrategias en el usurpador. No os preocupéis, podéis dejarlo todo en mis manos.

Él tan sólo enarcó una ceja.

—Arrodíllate —comenzó a desabrocharse el cinturón del pantalón—. Me he desentendido demasiado y no pienso seguir dejando mi futuro en manos de unos simples críos. Además —sacó su miembro duro de sus pantalones—, solo hay una cosa que sabes hacer bien con tus manos… y tu boca, querida.

****


Wrath estaba que se subía por las paredes y una jaqueca de torneo le retumbaba en la cabeza. Por quinta vez consecutiva, los dedos se le enredaron en las gafas en el camino a masajearse las sienes. Con un rugido de frustración se las arrancó de las orejas y las estrelló en el suelo, pisoteándolas con saña. A su lado, George gimoteó ante el estallido de violencia y, como sólo había ocurrido unas pocas veces, su Amo no le prestó la menor atención.

Todo en su cerebro se reducía a dos cosas:

1) El DOLOR.

2) Llegar a su habitación para poder meter la cabeza en agua fría, congelada si hiciera falta. Joder, ¿dónde había un puto iceberg cuando un Rey lo necesitaba?

Se sabía de memoria el número de pasos que había desde el principio del corredor hasta la puerta de su habitación, pero su materia gris parecía estar demasiado ocupada entrando en estado de ebullición como para ayudarle a contar. Por eso, la parada abrupta del golden ante la entrada lo pillo desprevenido y casi ahorcó al perro de un tirón con el collar.

Mascullando una viciosa maldición que resonó en su propia cabeza como un tambor, acarició el sedoso pelaje de su compañero a modo de disculpa y tanteó el pomo con torpeza.

El alivió psicológico de saber que había llegado donde necesitaba estar hizo la situación más llevadera. Junto con el marcado perfume de su compañera en la habitación.

Beth estaba a solo un día de su necesidad, según los cálculos de Havers y, por lo tanto, Wrath le había ordenado (rogado de rodillas sería más preciso), que no saliera de la habitación hasta que todo empezara, no fuera a ser que los primeros signos de dolor la pillaran deambulando por la casa.

—¿Wrath?

El macho hizo un gesto de dolor y se llevó las manos a los oídos, tirando a un lado la correa del perro. Menuda mierda, por la Virgen, ni siquiera podía oír la voz de su shellan sin morirse de dolor. Le hizo un gesto para que no hiciera ruido y comenzó a tambalearse en dirección al baño. El leve sonido del arrastrar de sus pies y el modo en que su perfume se hizo más fuerte le comunicaron que Beth se había acercado y estaba muy, muy preocupada.

Ella le abrazó con cuidado por la cintura, como si solo estuviera tocándolo, en vez de dándole un punto de apoyo cuya cabeza no fuera una bomba H. Coño con su leelan, siempre tan atenta a todo, ayudándolo de modo que no se sintiera débil.

La suave y fresca mano femenina se posó sobre su frente e hizo un par de movimientos circulares, como preguntando, ¿una jaqueca de las gordas?

Él simplemente asintió con movimientos brevísimos y la dejó guiarlo hasta el borde de la bañera.

Ya habían hecho esto otras veces cuando el dolor de cabeza se le hacía prácticamente insoportable, así que Beth conocía el modus operandi. Abrió el agua fría a tope y le sacó la camiseta con cuidado, para que no se mojara. Los inclinó suavemente sobre el borde y le acercó el mango moviendo el chorro en círculos sobre su cabeza.

La ola de alivió fue casi instantánea cuando la presión que en su cráneo comenzó a disminuir. Ella siguió moviendo el agua, mientras que con la otra mano le masajeaba el cuero cabelludo y se aseguraba de empaparle todo el pelo, de manera que estuviera lo más fresco posible.

Él suspiró. Literalmente. Como una nenaza. Pero no podía evitarlo, su shellan sabía exactamente cómo hacerlo sentir mejor, ocurriera lo que ocurriera.

Apretando los ojos aún más, se concentró el masaje combinado del chorro y las manos de Beth combinadas obrando maravillas. Se abrió a las sensaciones un poco más y lo siguiente fue la esencia de la hembra volviendo a llenar sus fosas nasales. Mierda, su olor se hacía cada vez más fuerte y atrayente conforme se acercaba a su necesidad. Olerla ahora mismo, era como si le estuviera pidiendo a voz en cuello que la tomara y la hiciera suya. Apretó más los ojos.

Lo siguiente, fue la calidez del cuerpo femenino pegado al suyo, sus curvas amoldándose a sus duros planos y moviéndose contra él mientras seguía masajeándolo, ¿por qué de repente deseaba que le masajeara otra parte de su anatomía, también con cabeza?

Se revolvió un poco y ella hizo un sonido como de shhh, para que se estuviera quieto y la dejara terminar. Se inclinó más sobre él y algo suave, redondo y blando le rozó la mejilla.

Wrath inspiró hondo.

Más movimiento, más del pecho de Beth rozándolo, más sangre acumulándose en su entrepierna. Hubiera gruñido si hubiera tenido la certeza de que el más leve sonido no atraería de nuevo la jaqueca.

Sintió el fru-fru de la ropa al moverse, como si ella se quitara algo y cuando volvió a apoyarse sobre él para seguir el masaje, sintió la piel desnuda de su brazo. Debía haberse quitado el batín de seda que siempre llevaba sobre el camisón para no mojarlo.

Su polla dio un salto ante el pensamiento de toda aquella piel expuesta y, el conocimiento, de que nunca llevaba ropa interior cuando estaba en su habitación.

Con un movimiento lento, pero decidido, sacó la cabeza de debajo del chorro y la giró, atrapando el pezón de Beth entre sus labios a través de la tela. Su cortó jadeo fue todo lo que necesitó para convencerse de que lo que hacía sería bueno para ambos.

Estiró una mano a tientas para cerrar el agua y se volvió de lleno hacia ella. La rodeó con un brazo, atrayéndola hacia sí, pegándola a él de la cabeza a los pies de manera que pudiera sentir la dureza entre sus piernas. Sus pechos subían y bajaban, pegados a él, debido a su agitada respiración y pronto los delicados brazos estaban también alrededor de su cuello.

Sin molestarse por la manera en que su larguísimo pelo estaba empapándolos a los dos, Wrath giró la cabeza unos milímetros para besarla… y gruñó por el dolor que sus cervicales transmitieron a su cerebro.

Su shellan volvió a hacer ese suave shhh, calmándolo y lo empujó por el pecho hasta que estuvo recostado sobre el suelo del cuarto de baño. La fría cerámica que lo recubría fue un bálsamo para sus nervios, que parecían estar al rojo vivo.

Sintió como ella se recostaba a su lado, apoyando una de sus manos en su pecho y pasándole una de sus piernas por encima. Se sonrió a sí mismo, Beth había adoptado la misma postura en la que dormían en un intento más por ayudarlo a sentirse mejor, ¿no era su leelan el mayor prodigio del mundo?

Parecía que hacía años que no estaban así de bien, aunque sólo hubieran sido un par de semanas, desde que Havers la diagnosticó. En el silencio creado en baño (gracias a su jaqueca, menuda ironía), fue capaz de encontrar una vez más esa paz interior que sentía cuando estaba con su hembra. Percibió nuevamente ese vínculo que los unía a los dos, pero que parecía haberse debilitado últimamente.

Con todo el asunto de la necesidad había acabado por no sentirse cómodo a su alrededor. Por una parte estaba ella misma, que no dejaba de presionarlo para que actuara de forma normal, lo cual no hacía sino ponérselo más difícil. La Virgen sabía que prácticamente había tenido que ponerse un bozal en la polla para no saltarle encima a su shellan. Pero por otro, su asustado cerebro de macho vinculado no dejaba de recordarle los riesgos que su hembra correría si se quedaba embarazada.

Aún podía recordar a cara de Z cuando Bella entró en el quirófano…

Aún sin abrir la boca, Beth se acurrucó más contra él y su dolor de cabeza pareció casi esfumarse, mientras su corazón comenzaba una alocada carrera al sentirla pegada a su cuerpo. Se estremeció más profundamente cuando ella comenzó a masajearle el pecho con movimientos circulares.

Iba a ser verdad que un gesto valía más que mil palabras.

Con un suspiro se dejó ir, dejando de lado todas sus inquietudes, sus miedos, su enfado y su dolor. Permitió que su amor por ella lo desbordara como nunca se había permitido antes.

Lo necesitaba, la necesitaba.

Con un poderoso impulso de sus brazos, la subió a horcajadas sobre él y movió sus caderas en lentos círculos bajo ella, dejando muy claro lo que quería. Sus manos vagaban por su cuerpo, las yemas de sus dedos recorriendo las formas que para él eran un tesoro, erizando la piel que consideraba invaluable, excitando a la hembra que era su joya.

El cuerpo femenino respondió con presteza al tacto, arqueándose sobre él, pero Wrath la conocía muy bien, sentía la incertidumbre en sus movimientos algo descoordinados, la sentía dudar sobre si lo que iba a pasar estaba bien…

Sin darle tiempo a pensar más, introdujo una mano entre ellos, desabrochó la cremallera de su pantalón de cuero con destreza y liberó su erección. Que se introdujo con rapidez en la humedad entre las piernas de su shellan.

Ambos apretaron los dientes ante la sensación, pero ninguno de ellos emitió el más mínimo sonido.

Comenzaron a moverse al compás, él limitándose para mantener la jaqueca a raya y dejándola hacer. Beth se movía con ligereza sobre él, arrancándole sensaciones que había llegado a añorar en las semanas en que no habían estado juntos. Lo cabalgó con lentitud y profundidad, haciendo que se estremeciera ante el amor y la pasión que desprendían sus movimientos.

Cuando lo sintió temblar bajo ella, se inclinó hasta que sus pechos se tocaron y llevó su boca a su oído con toda suavidad para susurrar un te amo que rompió el silencio como un cañonazo.

Las palabras parecieron disparar algo a lo largo de su cuerpo, empezando en su corazón y acabando en su sexo, que se estremeció llenándola una y otra vez de calientes pulsos. Se aferró a ella con fuerza, como si nunca fuera a dejarla marchar, total y absolutamente feliz de volver a sentirse uno con su shellan. Durante unos segundos, todas las preocupaciones y reproches de las dos últimas semanas quedaron atrás, junto con el endemoniado dolor de cabeza. La sostuvo contra sí, acunándola contra su pecho mientras el silencio volvía a cernirse sobre el baño.

Su mente trabajaba a toda máquina, buscando algo bonito, especial, verdadero para decirle. Algo que llenara la quietud haciéndola estallar en la dulzura que su Beth se merecía. Se sonrió, le besó la coronilla y comenzó a abrir la boca para decirle algo… no, eso tampoco era digno de ella. Suspiró ante su incapacidad por encontrar las palabras correctas.

Ella se incorporó un poco, sus mejillas tenían un color rojo encendido, con una sonrisa algo vaga le puso un dedo sobre los labios.

—Tranquilo, lo sé.

Wrath no pudo hacer más que sentirse maravillado por cómo de bien lo comprendía aún cuando el pareciera tener la capacidad comunicativa de un chimpancé. Se colocó mejor bajo ella, dejando aún más de lado su actitud de gran-guerrero-malote.

—Beth yo… —ella se estremeció y tembló sobre él, hundiendo la cara sobre su hombro. Wrath rió ante su actitud—. Eh, que aún no he dicho nada tan horrible, iba a esforzarme de verdad… ¿Beth?

La hembra gimió por lo bajo y otro temblor recorrió su cuerpo. Confundido, le acarició el pelo e intentó levantarle el rostro para poder palparle la frente. Maldijo mentalmente, joder, cuánto más fácil sería todo ahora mismo si pudiera verla.

Ella se resistió así que no tuvo más remedio que obligarla: con una mano le levantó la barbilla y apoyó la palma de la otra sobre su frente.

Caliente. Ardiendo. Volando en fiebre y empapada en sudor.

—¿Beth...? —volvió a decir, había un temblor de duda teñido de miedo en su voz.

—Oh, Dios, Wrath… ya…. Dios, me duele tanto.

Su voz salía rasgada de su garganta, como si pronunciar cada palabra estuviera costándola un mundo. Lo temblores de su cuerpo sobre el de él comenzaron a hacerse más frecuentes. Sintió algo caliente y húmedo sobre la piel de su hombro… lágrimas. Más de ellas empezaron a gotear de las mejillas de Beth a él.

Y fue entonces cuando la primera oleada de feromonas de la necesidad de su shellan le golpeó. Y fue como nada que hubiera sentido con anterioridad.

Ya podría haber estado medio muerto desangrándose que cada mililitro de sangre en su cuerpo hubiera escapado en dirección sur para ponérsela dura y lista para ella. Ya podría haber estado semiinconsciente con los sesos desparramados por el suelo que cada fibra de su ser hubiera seguido gritándole que la sirviera, que aliviara su dolor… que dejara cada micra de su piel impregnada con su olor de marcaje.

A los pocos segundos, mientras aún se recuperaba del primer impacto, la segunda oleada llegó y esta vez tanto él como ella gimieron, una mezcla entre dolor y placer. Su polla parecía a punto de estallar, sus pelotas le apretaban al punto del dolor… Beth, Sagrada Virgen la agonía en la que debía estar…

—¿Wrath…? —la voz le salió en su sollozo—. Wrath… por favor, me duele muchísimo.

El calor que emanaba del cuerpo de su shellan estaba quemándolo vivo… vivo de necesidad por tomarla y calmarla. Oh, joder… ella onduló contra él, ofreciéndose, rogándole. Rodó sobre ella con algo de torpeza y en cuanto sus pieles desnudas hicieron contacto ambos gimotearon.

En esta situación el dolor y el placer se volvían muy difusos.

Santa mierda, la necesidad de Beth había comenzado y él estaba encerrado en un baño con ella. Durante un momento se preguntó si ella habría echado el cerrojo del baño.

Al momento siguiente estaban muertos para el mundo, sumergidos el uno en el otro.

14 ago. 2011

El blog llega a Twitter



Me he animado y he abierto una cuenta en Twitter para estar más cerca de todos vosotros. Era hora de modernizarse, ¿no creéis?

¡Espero veros por allí!

Visita el twitter del blog.

13 ago. 2011

Otra cita de ENVY


—¿Alguna vez has trabajado a uno de esos para conseguir información? —dijo Jim mientras meditaba el asunto. Eso se movía de forma lenta, claramente seguía con vida. Cualquiera que fuese la mierda que eso significaba.

—Sip. Ellos no tienen nada que decir. No pueden hablar.

—Probablemente por eso le gustan a ella.

12 ago. 2011

Nueva cita de ENVY


—El diablo... me hizo... hacerlo...
—Y ella puede conservarte —gruñó Ad antes de apuñalar a la arpía justo entre los ojos.

Segundo vídeo de ENVY: Vampiros vs. Ángeles


Aquí el segundo vídeo. De nuevo, gracias a Neï por la magnífica transcripción. ¡Eres un sol! Esta vez no hay explicación porque está bastante claro lo que dice.

Creo que los ángeles son como cualquier otra criatura sobrenatural: misteriosos, peligrosos y fascinantes. Además tienen unos poderes sobrenaturales muy chulos, no se tú, pero a mí me encantan las Aerolíneas Angélicas. Pueden ir a todas partes y pueden hacer cualquier cosa.

Hay mucha más magia en esta serie que en la Hermandad de la Daga Negra. Creo que el hecho de que alguien venga a salvarte es una noción atractiva, de manera que la gente a la que le gustan los vampiros le va más el miedo, mientras que a los que prefieren a los ángeles les va más la redención. Así que escribir ambas series a la vez es un buen contraste.

10 ago. 2011

Dos últimas líneas de ENVY


Ward ha subido hace escasos minutos las dos últimas líneas de ENVY:

Un último beso... y luego, tal cual, salieron por la puerta... y entraron en su futuro.

9 ago. 2011

Primera líneas de ENVY


Hace unos minutos, Ward ha subido las primeras líneas de ENVY:

Fue en primavera, en una oscura noche de abril, cuando el detective Thomas DelVecchio Jr. aprendió que las pesadillas podían, de hecho, saltar fuera de la mente e introducirse dentro de la vida real.

Desafotrtunadamente para él, no era exactamente una noticia de última hora.

Primer vídeo de ENVY: El camino a la redención


Os traigo con unos días de retraso el primer vídeo de ENVY que Ward subió a FB. ¡Muchas gracias a Neï por la traducción! En primer lugar os pongo la transcripción de Neï y justo debajo una especie de explicación de las palabras de Ward.

Una de las cosas que encuentro interesantes al escribir estos libros es que... estoy fascinada con Jim Heron, con lo que hace y con dónde lo llevan sus viajes. Él no es la clase de tipo al que le interesa todo el rollo del amor y cuando ayuda a estas almas no es como si se enamoraran al entrar en sus vidas.

Creo que es maravilloso que el título del libro, Envy, tenga significados superpuestos. Cada vez que él es testigo de cómo se forman estas parejas, esto le ayuda a encontrar un destino que nunca esperó ni quiso, pero que, en un final, será su redeción.


Explicación de Neï
Creo que se refiere a que, a pesar de que Jim es un tipo duro, siente algo de celos o envidia por todas estas parejas que forma y, aunque no lo sabe, este hecho será en un final su redención.

Edición de bolsillo de la Guía



La Guía Secreta de la Hermandad de la Daga Negra estará disponible en edición de bolsillo en punto de lectura el mes de Septiembre. Ya podéis reservarlo en Casa del libro.

5 ago. 2011

Ward no puede esperar a escribir el libro de Jim


Según lo que ha comentado hoy en FB, parece ser que ya sabe con quién terminará Jim:

Tengo a Jim en la mente. No puedo evitarlo. La verdad es que él es como ineludible y quiero que termine con cierto personaje femenino. ¡NO con Devina! No puedo esperar a escribir su libro...

¿Qué pensáis vosotros?

4 ago. 2011

Cita nº3.



"—Yo no puedo contar hasta diez durante mucho rato. ¿Tú sí?".

Z a Wrath en Wrath y el abrecartas, p. 539
Dentro de la Guía Secreta de la Hermandad de la Daga Negra

Bocadito de ENVY


Vamos a tener un mes de Agosto cargadito con cosas de ENVY. Ya lo avisó Ward hace unos días en FB y, por supuesto, ya ha empezado a ponernos los dientes largos.

Aquí os dejo el bocadito de ayer:

Cuando ella miró hacia arriba, vio que estaba nevando: pequeños copos blancos caían lentamente desde el cielo, su entrelazada trayectoria era como la de los destinos de la gente, siempre cambiante, nunca la misma, moviéndose alrededor de los obstáculos visibles e invisibles.

Echó la cabeza hacia atrás y sintió las pequeñas motas en la frente y las mejillas como si fueran unas pequeñas y suaves manos enviadas para secarle las lágrimas.

El ángel volvería, pensó.

Y Sissy, donde quiera que estuviese, no estaba sola...

Rehv y Ehlena


Por petición de Danger, AnnitaBlack89 ha realizado este vídeo del Reverendo y Ehlena. Danger me lo ha mandado de inmediato para compartirlo con todos vosotros.

1 ago. 2011

Amante Renacido: capítulo 7 por Neï


Hey, chicas =D Bien aquí les dejo el capítulo siete, editado desde Londres, jajaja.

En él tenemos, por fin, el primer enfrentamiento con el enemigo, que puede no tener el desenlace que ustedes esperan, pero que es totalmente necesario para el posterior desarrollo de la historia. Sepan que me costó la vida escribir ese trozo =(

Hay también una perspectiva bastante profunda de los sentimientos y la personalidad de Layla. Se podría decir que hace una especie de “catarsis”, clarificando así sus sentimientos por Tohr, al menos un poco.

Y ojalá, que les guste el final, el cual considero bastante… impactante
=(

Espero con ganas sus comentarios y, como siempre, me disculpo por lo cortos que les parecen los capis, pero, ahora mismo, me es imposible hacer nada más largo. En cuanto vuelva a pisar suelo español *llora*, espero poder darle caña al fic, que anda algo estancado.

BESOOOOS

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 7. Crisis.

{Cuando el hombre mira dentro del vacío, el vacío acaba mirando dentro del hombre.}


Media hora más tarde salían del complejo de la Hermandad con Tohr al volante del Land Rover. No había tocado el coche desde la muerte de su shellan y ahora se le hacía un poco extraño conducirlo. Había sido duro decidirse a sacarlo del garaje de la casa y ponerlo al servicio de la Hermandad, pero suponía que esto era mejor que tenerlo cogiendo polvo y oxidándose en la oscuridad.

Rehvenge iba a su lado, mientras que Butch y Z estaban en los asientos traseros. Todos ellos en un silencio sepulcral.

El plan era el siguiente: conducirían hasta la zona residencial donde se había producido el ataque y a partir de allí peinarían las zonas donde sabían que vivían vampiros civiles en busca de Symphaths. Se suponía que el Rehvenge-radar debería ayudarles. El macho se abriría a captar ondas mentales con la esperanza de localizar y rastrear a los cabrones.

Cuando llegaron a su destino, Tohr aparcó en un callejón oscuro, buscando no llamar la atención y los cuatro se apearon del coche. Personalmente se sentía bastante nervioso. Hacía un par de días que no sabía nada de Lassiter. Le había parecido especialmente extraño que obedeciera la orden de no participar en la reunión, pero que se quedara al margen mientras él salía a luchar era algo inaudito. Lo cual significaba que: o el tipo tenía mucha confianza en que la patrulla de esta noche saldría bien, siendo un ángel vete a saber qué cosas sabía, o le había pasado algo. Simplemente no era normal que llevara tanto tiempo sin dar por culo.

Los rítmicos clic-click de los seguros de las pistolas descorriéndose lo sacaron de su ensimismamiento. Al darse cuenta de que todas las armas apuntaban a él, se dio la vuelta comenzando a sacar la propia, pero un brillo incandescente lo cegó.

Tsk, tsk —Lassiter chasqueó la lengua—. Ahora que yo he dejado las referencias hacia tu culo, ¿vas a empezarlas ?

Tohr bufó y enfundó la Glock 40mm, para luego clavar su mirada especial en Lassiter.

—No me leas el pensamiento, y ¿dónde carajo has estado estos dos últimos días?

El ángel se limitó a encogerse de hombros y a hacer dos cortos movimientos ascendentes con un dedo, señalando al cielo.

—Tenía que dar parte sobre tu particular “Cambio Radical”—sonrió como el hijoputa que era—, pero he llegado a tiempo para la fiesta, así que déjate de rollo.

—No tiene ni puta idea de la organización de la noche, ni del plan, mándalo a paseo, Tohr —ladró Z.

—Para tu información, amigo, lo sé todo.

—Lo cual sólo te hace más gilipollas —observó Butch y fue coreado por un coro de gruñidos de asentimiento.

—Oh, por Dios, si todos os compincháis contra mí, creo que lloraré —hizo como si se limpiara una lágrima—. Ahora, ¿no tenéis nada mejor que hacer que ser unos abusones, señoritas?

—Esta es la zona donde se produjo el ataque semana y media atrás, y por tanto es poco probable que vuelva a producirse un incidente aquí. Vigilaremos las inmediaciones en busca de los Symphaths, para lo que contamos con la ayuda de Rehvenge.

El macho se dio unos golpecitos en la sien:

—GPS Symphath, los localizaré allí donde estén.

—Guaaaay —dijo Lassiter y se frotó las manos—. ¿A qué estamos esperando?

—A que me prometas que te comportarás —Tohr puso los brazos en jarras—. Esto es serio, hay vidas que dependen de nosotros.

—Vale, papi, prometo quedarme detrás de ti y ser un chico bueno.

Rodó los ojos e hizo señas a Rehv para que se pusiera al trabajo. El macho bajó los párpados sobre sus iris amatista y comenzó a respirar lenta y profundamente, sus enormes hombros subiendo y bajando rítmicamente.

Al cabo de un rato se removió inquieto y le miró.

—Nada.

—Lo que me esperaba. Empecemos a cubrir las áreas residenciales que marcamos en el mapa con anterioridad. Como ya expliqué, muy probablemente no podamos controlarlas todas esta noche, ya que no podemos dividirnos, pero es necesario que cubramos el mayor terreno posible.

Conforme recorrían las calles urbanas, Tohr chequeaba el reloj regularmente. Llevaban tres horas y ni ellos habían visto nada, ni Rehvenge había sentido algún tipo de actividad fuera de lo normal.

Se pasó la mano por el pelo mientras sus ojos escrutaban a través de la oscuridad sin dificultad alguna. Desde luego que no esperaba un encuentro la primera vez que salieran de patrulla, esto sería parecido a cuando salían en busca de restrictores: dar vueltas y vueltas hasta que se topaban con ellos.

Lo jodido era que, en este caso, su presa era mucho más escasa, y peligrosa, además de que no saldría a buscarlos.

Pasaron barrio tras barrio. Butch iba diciéndoles cuáles de las casa estaban habitadas por familias de vampiros civiles, así como la edad y número de habitantes. No había razón por la cual los Symphaths fueran a atacar nuevamente a una pareja joven, pero tendrían especial cuidado con las viviendas de éstas, ya que ya habían sido víctimas. De vez en cuando un remolino negruzco los hacía ponerse en guardia, pero Rehvenge les había explicado que serían Trez o iAm chequeando que todo fuera bien.

Lo más destacable hasta las cinco de la madrugada había sido una detección de restrictores por parte de Butch. El poli se había puesto en alerta, todas las sirenas sonando en su cabeza y prácticamente habían tenido que sostenerlo para que no saliera corriendo hacia los asesinos, ellos no eran la presa esta noche y no podían permitirse distracciones.

Lo cual los dejaba con un Lassiter aburrido, un Butch totalmente cabreado, un Rehvenge exhausto de buscar, un Z silencioso (qué novedad) y un él mismo con ganas de pegarse un tiro. Cuando salías con todas las miras puestas en acabar con una amenaza y no encontrabas nada de nada, era algo absolutamente frustrante.

Tohr miró el reloj una vez más, las seis menos veinte, lo cual los dejaba con unos escasos tres cuartos de hora de oscuridad, a los cuales había que restarles, como mínimo, quince minutos para que aquellos que no podían desmaterializarse como, Butch y Rehv (porque la Virgen sabía lo que Lassiter podía hacer), volvieran al Complejo de la Hermandad.

Estaba dándose la vuelta para decirles que atajo deberían tomar para iniciar el camino de regreso hacia el Land Rover cuando Rehvenge lo detuvo alzando una mano. Sus oscuras cejas estaban fuertemente apretadas sobre su entrecejo en un gesto de concentración. Si decir palabra, echó a andar y todos los siguieron por inercia, desenfundando sus armas y dejándose de mamoneos.

El macho se paró abruptamente a unos 200 metros de un callejón por el que habían pasado unos diez minutos atrás. El sitio componía la parte trasera entre un par de adosados. Y, al menos desde donde ellos estaban no se veía ni percibía nada extraño. Pero Rehv seguía con la mirada fija en el lugar, como si el demonio mismo estuviera allí.

—Ahí hay algo y me apostaría los huevos a que es un Symphath macho de mediana edad. No detecto a nadie más, Symphath o vampiro, con él. Pero el cabrón está tan excitado acerca de algo que ahoga todo a su alrededor.

—Preparad los tasers —ordenó Tohr—. ¿Crees que podremos cogerlo por sorpresa?

Rehvenge clavó la mirada en él y Tohr sintió que empujaba ligeramente dentro de su cabeza, tocando allí y allá. Inmediatamente, colocó una barrera entre su cerebro y el medio-symphath, al que siseó cogiéndolo por la camiseta.

—Necesito saber cuál de vosotros está más tranquilo y es, por tanto, más difícil de detectar —le gruñó éste en respuesta—. Desde luego tú no sirves, y yo tampoco.

Repitió el proceso con Zsadist, que no estaba nada contento de la invasión y con Butch. Cuando se giró hacia Lassiter, el ángel negó con la cabeza lentamente.

—Créeme, colega, no quieres siquiera echar un vistazo a lo que hay en mi olla, no lo soportarías.

—¿Estás diciendo que soy débil? —Rehv dio un paso hacia él.

—Estoy diciendo que eres mortal. Simplemente no estáis hechos para saber algunas cosas, muy probablemente destruiría tu psique, pero si te empeñas…

—Es suficiente —zanjó Tohr, tras taladrar al gilipollas brillante con la mirada—. ¿Quién? —ladró hacia Rehv.

El macho hizo un gesto con la cabeza hacia su cuñado y Z se adelanto sonriendo como un perro viejo que va a disfrutar de una buena pelea callejera.

—No le dispares, no lo mates, no lo apuñales, no lo tronches ni lo cortes en trocitos —enumeró Tohr—. Sólo dale con el taser, Zsadist, es tu mejor oportunidad contra esa cosa.

Los ojos del Hermano relampaguearon color obsidiana, revelando su ira interior. Tras asentir secamente, se alejó, manteniéndose al amparo de las sombras y con el arma de electrochoque en la mano.

Le observó marchar y se volvió hacia Rehv.

—Tenemos que cubrirle —le comentó.

—Tendrá que ser a una distancia prudencial. Mi radio de detección es de alrededor de 700 metros, pero no sabemos a qué tipo de Symphath nos enfrentamos. Puede que no nos haya detectado porque está distraído o porque su radio es muy reducido —el macho se encogió de hombros.

—De una forma u otra no podemos dejarlo solo. Nos mantendremos justo detrás de los muros del callejón. Hazle llegar un mensaje mental para que no vaya hacia el fondo, los tasers tienen un alcance de 7,6 metros, si se aleja demasiado de la entrada nos obligará a exponernos.

Rehv asintió y cerró los ojos para contactar con Z. Tohr observó como el macho sonreía de medio lado antes de volver a abrir los ojos.

—Por Dios que el mamonazo es un jodido iceberg. Ese Symphath tendría el mismo éxito detectando a una pared de ladrillos que a mi cuñado.

—De puta madre —sonrió Butch y chocó los nudillos con él.

—En marcha entonces. Iremos en fila india, todos apuntando por encima del hombro izquierdo. Rehvenge, en caso de que detectes que el sujeto se ha dado cuenta de nuestra presencia alza el puño. Tú vas primero.

Se aproximaron poco a poco al callejón, siguiendo prácticamente el mismo camino que Zsadist y en ningún momento recibieron señal alguna de haber sido descubiertos. Pero cuando les faltaban otros cien metros para llegar a la entrada un desesperado mensaje de Rehv atronó en su cerebro.

¡Tohrment! Lo ha visto, joder, el puto Symphath ha visto a Zsadist. Se ha acercado demasiado y no ha podido cogerle por sorpresa. El cabrón es uno de los fuertes, ¡tenemos que sacarle de ahí ya, está jodiéndolo vivo!

Tohr consideró la situación durante unos pocos segundos que parecieron alargarse eternamente. Si revelaba su posición los expondría a todos. Contaban con la ventaja que cada uno de ellos estaba armado con un taser, pero querían al sujeto vivo el suficiente tiempo para interrogarlo, si era posible. Sin contar que Rehv estaba de su lado, pero por el color ceniciento de la cara del macho, quedaba claro que estaba exhausto. Por otro lado, sino apartaban los asqueroso tentáculos mentales de ese Symphath de Z, el Hermano estaría mejor muerto.

—Joder —mascullo—. ¡Venga, venga, venga! —señaló hacia adelante para que avanzaran más rápido y él mismo se lanzó a la carrera—. Colocaos a la distancia mínima de 7’6 metros, ni un milímetro más cerca.

Para cuando dobló la esquina de la entrada del callejón estaba casi seguro de que había dos pares de pies más mordiendo asfalto tras él, Trez y iAm debían haber llegado. Pero la escena que se desarrollaba delante de él cortó en seco cualquier pensamiento, mierda espesó la sangre en las venas y le congeló el aire en los pulmones.

El Symphath tenía a Zsadist cogido por el cuello y una fina daga rojiza se apoyaba contra la garganta del vampiro, contrastando grotescamente con sus negras bandas de esclavo. Los ojos del Hermano estaban enfocados en la nada, desorbitados de terror por los recuerdos que fuera que el comedor de pecados había gatillado en su cerebro.

Fue como una jodida regresión. Tohr se vio transportado, 300 años atrás, al claro de un bosque donde un asesino como éste sostenía a una indefensa hembra contra su pecho, amenazando con matarla si la apartaban de él.

En esa ocasión había matado al Symphath metiéndole una bala en la cabeza, pero aquel había estado asustado, había sido casi un niño.

La sádica mirada del comedor de pecados ante él, no tenía nada de inmadura, pero sí había miedo en las profundidades carmesí.

—Suéltalo —gruñó Tohr y avanzó unos pasos más, rompiendo la línea de distancia máxima, sólo cinco metros le separaban del monstruo.

—¿Para que así podáis matarme?

Sagrada Virgen, ese acento, las “s” que se alargaban a final de palabra, le provocaron escalofríos.

—Vas a morir de todos modos —apuntó el taser al área corporal más visible, el brazo que empuñaba el puñal—. Está en tu mano decidir si va a dolerte más de lo necesario.

—¡No he hecho nada! —aulló el Symphath.

—Solo por el hecho de estar aquí, ya has infringido la ley. Ninguno de vosotros tiene permitido abandonar la Colonia. Y sabes perfectamente que alguno de los tuyos atacó a una pareja de civiles hace semana y media.

—Mi Rey, decidle que no he sido yo —el comedor de pecados se volvió hacia Rehv—. No he sido yo, la Colonia está corrompida —echó la cabeza hacia atrás, lanzando una risa de maníaco y volvió a enfocar sus ojos sangrientos en Tohr—. Es a ellos a quienes buscáis. Todos, todos ellos complotan contra el nuevo Rey.

—¿Y cómo demonios sabes tú todo eso si no eres parte del complot? —interrogó Butch.

—Nos subestimáis, vampiro —prácticamente escupió la última palabra.

Mientras habla con nosotros sigue torturando a Z —le informó Rehv—, tenemos que cortar la conexión, ¡ya! No puedo hacerlo mentalmente estoy exhausto y ya estoy bloqueándolo todo lo que puedo. Es muy posible que él esté oyendo todo lo que te digo.

Tohr apretó las mandíbulas hasta que sus muelas crujieron unas contra otras. Joder, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas, ¿no?

Sin pensárselo dos veces, de modo que el Symphath no pudiera adivinar sus intenciones, se agachó lentamente como si fuera a depositar el taser en el suelo… y se desmaterializó justo detrás del cabronazo.

Le cogió el brazo y se lo retorció con la fuerza de una prensa de acero, hasta que escuchó no uno, sino varios cracks. La criatura gritó y la daga cayó de su mano, antes de que el arma tocara el suelo, éste se giró y clavó las uñas de lleno en la mejilla derecha de Tohr, que ya estaba haciendo una cariñosa presentación entre el taser y las costillas del comedor de pecados.

En cuanto accionó el botón que liberó la descarga, no hubo gritos. El Symphath se desplomó en el suelo convulsionando, los ojos se le pusieron en blanco y espumarajos sanguinolentos les salieron de la boca. No duró mucho así, a los pocos segundos se quedó quieto.

Ignorando el cadáver, se arrodilló al lado de Z, que también estaba tirado en el suelo. Sacando una pequeña linterna led, comprobó que las pupilas le respondían correctamente, pero que, muy probablemente, se había desmayado.

Se quitó la chaqueta, poniéndosela encima a su hermano y se giró hacia el resto de los presentes: Rehv estaba poyado en una pared con la cabeza gacha, Butch lo miraba con una sonrisa aprobadora, Lassiter se estaba acercando a él con una mirada rara y los dos Sombras era una presencia oscura a cada lado del Reverendo.

—Ahora, es cuando nos vendría bien algo de ayuda en cuanto a transporte —comentó sintiéndose algo ligero, la cabeza le daba como vueltas… sería el descenso de adrenalina.

Miró a Lassiter, que se estaba haciendo curiosamente alto, ¿o era que él se estaba acercando al suelo? ¡PAF! El beso de tornillo que se dio contra el duro cemento fue prueba suficiente de que lo segundo era verdad.

Lo siguiente que recordaba era que estaba muy caliente, ardiendo. Y no de una buena manera. Era como si su cuerpo no estuviera seguro de si hacía calor o frío. Sentía la piel al rojo, pegajosa de sudor, pero cada órgano de su cuerpo parecía estar congelado.

Encima no paraba de temblar, lo cual unido al bamboleo de lo que debía ser, ¿un coche? No ayudaba para nada a convencer a su estómago de que su lugar estaba en su vientre y no en su garganta. Las arcadas secas le obligaron a doblarse en dos sobre al asiento y alguien le sostuvo la frente.

Rozándole de paso la mejilla derecha. Y provocándole tanto dolor, que sus conexiones sinápticas decidieron irse de paseo otra vez.

Cuando volvió en sí nuevamente, el coche se bamboleaba más violentamente, como si estuvieran transitando un camino de tierra. Y escuchó fragmentos de una conversación.

—… un puto ángel, ¡haz algo!

Esa voz era de Butch, cuando estaban en situaciones estresantes su acento se hacía casi incomprensible.

—Es muy tarde, ya está en su torrente sanguíneo.

—Decidme que es un mestizo, el jodido mestizo más grande de toda Nueva York. Por Dios, que haya miles de humanos en su linaje. Decidme que sí — dijo Rehv con desesperación.

—Es un Hermano… —esa voz como la grava era de Zsadist, que parecía estar aún algo grogui—… todos linaje casi… puro.

—¡JODER! —bramó Rehv.

—Llamad a V para que se ocupé del cadáver…

El sonido fue demasiado doloroso y su cerebro se apagó de nuevo.

****


Layla iba lo más rápido que le daban las piernas mientras se precipitaba por los pasillos de la mansión de la Hermandad hasta la enfermería. Ahora mismo tenía unas ganas locas de estrangular al gilipollas al que se le hubiera ocurrido la tremenda estupidez de hacer imposible la desmaterialización en la vivienda.

Sep, ese sería alguien así como el Rey.

Por dios que lo estrangularía aunque fuera lo último que hiciera ese día.

Los músculos de las piernas le dolían y el pecho le quemaba por el desacostumbrado ejercicio. Gruñó. Iba a añadir al arquitecto de la casa a su lista de personas para estrangular, ¡¿para qué la había hecho tan grande?!

Cuando al doblar la esquina divisó las puertas verdes de la sala, un nuevo chute de adrenalina renovó la fuerza en sus extremidades, lanzándola hacia adelante. Hubiera jurado que la puerta derecha había quedado colgando de uno de sus goznes cuando pasó, pero ¿sinceramente? No podía importarle menos.

Derrapando en dirección a la zona donde tenían a los heridos, su carrera fue cortada de seco cuando se estampó contra 200 kilos de vampiro. El retumbar del golpe seco entre sus cuerpos le hizo preguntarse si se había roto algo, pero con la cantidad de hormonas corriendo en ese instante por su sangre, sentía poca cosa.

Miró hacia arriba mientras se levantaba, para no perder tiempo, y murmuró una disculpa. Iba a ponerse en marcha de nuevo cuando una enorme mano se cerró sobre su brazo, arrastrándola violentamente hacia atrás.

Actuando por puro instinto, Layla se volvió y le siseó furiosamente, desnudando sus colmillos extendidos al máximo.

Un par de ojos del color del hielo, bordeados de intenso azul marino se agrandaron un poco, mostrando sorpresa, pero la presa en su brazo no aflojó.

—¿Qué pasa? ¿A dónde crees que vas?

Vishous. Vishous. El Hermano Vishous, cantaba una voz en su cerebro. Le resultaba difícil enfocar la vista y la reducción en el flujo de adrenalina la estaba mareando.

Pero tenía que irse. Ya.

Tiró con el brazo y clavó las uñas de la otra mano en la que la estaba reteniendo. Sentía lágrimas, aún no derramadas, escociéndole en los ojos y lo único que quería era llegar hasta donde él estaba y ayudarle.

Tohrment.

—¡Suéltame! —chilló—. Me necesitan ahí dentro.

—No necesitan una hembra desquiciada —le gruñó V sin contemplación alguna.

—Suél-ta-me. Ya —le dijo con tono amenazante.

—Están tratando un caso urgente en esa sala, no voy a dejar que pongas en peligro la vida de mi hermano, ¿entendido?

Oh, Sagrada Virgen ¿un caso urgente? Era peor de lo que ella había pensado.

Cuando el Primale le había dicho que la habían convocado en el Complejo de la Hermandad, lo había notado bastante nervioso, pero por más que había preguntado, no le había contado nada.

Como si ella fuera un cero a la izquierda.

Así que había recurrido a su propia sangre, rastreándola en el interior de los diferentes guerreros. Y había notado que Tohrment estaba grave, pero por lo que el Hermano Vishous decía, su situación parecía haber empeorado en lo que ella había tardado en llegar.

Estrangularía al Rey y al arquitecto, por la Virgen que lo haría.

Miró de nuevo hacia esos ojos helados. El macho no parecía tener la más mínima intención de soltarla. Que luego no dijeran que no se lo había advertido. Dos veces.

Con la rapidez de una cobra, bajó la cabeza y hundió los colmillos en la mano sin guante de V, haciendo un movimiento rápido con la cabeza rasgó más carne y él la soltó dando un grito. No pensaba dejar que la cogiera de nuevo. Se precipitó hacia las puertas y entró en la habitación.

La doctora Jane se dirigía directamente hacia ella, su fantasmal rostro contorsionado en una mueca de miedo ante el grito de su pareja, que en esos momentos irrumpía en la sala, prácticamente tirando abajo las puertas.

Pero Layla sólo tenía ojos para Tohrment.

El macho estaba tumbado en una cama y tenía un montón de cables conectados a diferentes partes del cuerpo. Su piel estaba enrojecida y sudorosa, pero parecía estar temblando de frío. El lado derecho de la cara se le había hinchado tanto que apenas si era posible reconocerle las facciones.

Reprimiendo un sollozo se lanzó hacia la cama y lo tomó de la mano. Temblando, le apartó el pelo de la frente y se horrorizó ante su temperatura corporal.

—¡Déjame, Jane! ¡Saca a esa hembra de aquí antes de que lo haga yo, porque no va a gustarte mi método! —bramaba Vishous de fondo.

—Tiene que ser la donante de Tohr, si no tiene una transfusión de sangre vampira casi pura no sobrevivirá —su compañero seguía gruñendo y mirando a Layla como si fuera a desmembrarla—. ¡¿V?! Es su única oportunidad, no tiene tiempo para someterse a una diálisis completa.

Jane no había acabado de dar su explicación cuando Layla ya tenía su vena apoyada sobre la boca de Tohr. La sangre brotaba a borbotones del profundo mordisco, bañando el rostro del macho y las sábanas que lo cubrían.

Jane estuvo a punto lanzarse hacia donde estaba ella, pero pareció juzgar que sería mejor quedarse junto a su pareja, manteniéndolo a raya.

—Layla, cierra la herida antes de que pierdas sangre que podría serle de ayuda. Ahora mismo está inconsciente, no va a tomar nada de esa forma. Debemos conectar tu vena directamente a la suya, ¿de acuerdo? —la voz de la mujer era firme, pero tenía una matiz estresado.

Layla asintió como una autómata y cerró la herida en su carne. Sus ojos, enrojecidos, no abandonaban el rostro de Tohr, ahora cubierto con su sangre. Con la esquina de una de las mantas, empezó a intentar limpiarle.

—Sal de aquí, V. Os mantendremos informados, Ehlena me ayudará esta vez.

—Tú y yo, tenemos algo pendiente —escupió el macho en dirección a Layla, señalándola con su mano sangrienta, pero ella ni siquiera se giró.

Cuando el estruendo de las puertas cerrándose tras él se apagó. Jane anduvo hasta ella y le apoyó la mano en el hombro.

—Túmbate en la cama de al lado, traeré el material.

Layla obedeció y luego se sometió con tranquilidad a todo el proceso. En pocos minutos su sangre pasaba de su brazo, directamente al de Tohr a través de una tubito transparente, y la del macho salía hacia una máquina que la depuraba, devolviéndole parte.

Ella se tumbó de lado, observándole en busca de cualquier cambio y mejoría, abriendo y cerrando rítmicamente la mano para mejorar el flujo.

Una de las cortinas que separaban las distintas camas de la enfermería se descorrió y vio que por ella salían Bella y su hermano. Por el vistazo que había obtenido, le había parecido ver que el Hermano Zsadist estaba dentro, pero tumbado, durmiendo, una enfermera que reconoció como la shellan de Rehvenge estaba con él.

El macho atrajo a su hermana hacia sí y la abrazó casi con desesperación, los ojos de ambos mostraban un cansancio que iba más allá de lo físico

—Lo siento, Bella, lo siento tanto, estaba exhausto y no pude protegerle al 100%, yo… debería haber sido yo el que se enfrentara primero al Symphath en vez de haber puesto en peligro al padre de tu hija. Pero es que, ¡joder, no sé qué cojones pasó! Z iba totalmente tranquilo, concentrado y de repente el hijoputa había entrado en su cabeza.

La hembra hizo un suave sonido, calmándolo y lo acunó entre sus brazos, acariciándole el pelo con una mano, Layla podía ver claramente las lágrimas que surcaban sus mejillas.

—Tranquilo, Rehv, no ha sido tu culpa, no es culpa de nadie. Es una guerra, estas cosas pasan, ya verás como…como se pone bien —la voz le falló—, en cuanto vea a Nalla mejorará.

Ambos se quedaron abrazándose un buen rato, consolándose el uno al otro. Ella deseaba con todo su corazón poder hacer lo mismo por Tohr, poder sujetarlo hasta que se curara, que fuera la visión de su rostro la que lo hiciera recuperarse. Pero el macho tenía un aspecto tan frágil y su respiración era tan superficial que no se atrevía a tocarle.

—Y Tohr, mierda —Rehv se separó de su hermana un poco—, debería haber supuesto que actuaría así. Maldito líder nato con complejo de héroe.

La cabeza de Layla salió disparada hacia arriba al oír el nombre de su macho.

¿Mi macho? ¿A qué…? Da igual.

—¿Qué le ha ocurrido a Tohrment? —su propia voz le sonaba áspera y agresiva.

Los hermanos la miraron y él dio un par de pasos hacia ella. Para su sorpresa, se encontró gruñéndole. Nadie que no fuera la doctora Jane o ella iba a acercarse a Tohr. NADIE.

—Tranquila, sólo quiero ayudar.

—Ya has hecho bastante, ¿no te parece?

Detrás, Bella ahogó un jadeo.

Virgen Santa, estaba siendo irracional. Rehvenge no tenía la culpa. Se frotó el rostro para despojarse.

—Lo siento, sire, no pretendía ser tan desagradable, no me encuentro muy bien.

El macho asintió y la miró con la comprensión reflejada en sus ojos amatista. Una comprensión que la puso bastante incómoda, teniendo en cuenta que ella misma no tenía explicación ninguna para la forma en que estaba actuando.

—Esta noche hemos estado de patrulla —comenzó a explicarle—, estábamos a la caza de un Symphath. La criatura atacó a mi cuñado y cuando Tohr se lanzó para salvarle, recibió un arañazo en la mejilla derecha.

Layla miró el rostro de Tohr y sonrió levemente, la hinchazón parecía estar disminuyendo y las heridas de las que le hablaba Rehvenge estaban tapadas con gasa esterilizada.

—Las uñas del Symphath estaban impregnadas en veneno de escorpión, como muchas otras de sus armas y prendas de vestir, ya que ellos son inmunes. Pero es altamente tóxico para los vampiros, sobre todo cuanto más pura es su sangre y, por lo que me han dicho sólo hay un humano en su linaje.

—Para cuando llegó al Complejo más del 90% de su sangre estaba envenenada —explicó la doctora Jane, que entraba en la Enfermería en ese momento—, y necesitaba una transfusión los menos adulterada posible. Sabía que tú le alimentabas, de modo que nos pusimos en contacto con Phury inmediatamente.

La mujer se acercó con cautela a la camilla, y Layla notó que parecía pedirle permiso con la mirada antes de tocar a Tohr, por lo que asintió levemente.

La doctora le tomó el pulso, la temperatura y le palpó la garganta y la herida. Cuando hubo acabado sonrió esperanzadoramente.

—Tanto la temperatura como la hinchazón han bajado y su pulso vuelve a ser estable. A partir de ahora reduciremos la cantidad de sangre que pasa de ti a él, luego terminará dos horas de diálisis él solo —se puso muy seria—. Layla, tienes que ser consciente de que muy probablemente necesite al menos dos transfusiones más, para agilizar la recuperación aunque ya esté fuera de peligro. Tú no estarás en condiciones de suministrarle más sangre una vez hayas acabado hoy, le habrás pasado casi la mitad de lo que hay en tu cuerpo.

El pensamiento de que fuera ella la que estuviera manteniéndolo con vida la llenaba de orgullo, no iba a dejarle.

—Iré al Otro Lado, allí seré capaz de recuperarme con suficiente rapidez para servirle mañana y las veces que haga falta.

—Sabes que sólo producirás sangre suficiente para alimentarle otro día más y muy probablemente pondrías en peligro tu salud.

—Ese es mi problema, doctora —le dijo con seriedad.

Jane la miró con desaprobación, pero acabó por asentir.

—Volveré en unas dos horas, pero Elhena está en el cubículo de al lado con Zsadist, así que si necesitas cualquier cosa. Sólo tienes que llamarla, ¿de acuerdo?

La dejó a solas con Tohr, corriendo la cortina al salir. Layla volvió a centrar toda su atención en él. Su respiración era mucho más profunda, por lo que parecía que sólo estaba tomando una larga siesta. Sus carnosos labios estaban ligeramente entreabiertos y sus oscuras pestañas temblaban ligeramente sobre sus ojos, como si estuviera soñando.

Virgen, cómo deseaba poder tocarle.

Con resolución, se puso en pie y con cuidado de mantener seguro el catéter movió su cama más cerca, de modo que al menos pudiera cogerle la mano.

Cuando la tuvo entre las suyas, recorrió su amplia palma con los dedos y recordó como había sentido su pulso acelerado latiendo con violencia bajo su piel aquella noche. Parecía que hubiera pasado un siglo en vez de meras horas.

Se preguntó por qué demonios estaba actuando de aquella manera tan posesiva, por qué tenía esa necesidad visceral de protegerle, por qué parecía que cada célula de su cuerpo se preocupara por él.

Suponía que debía ser un proceso que había estado fraguándose poco a poco, incluso aunque ella no se hubiera dado cuenta. Todos esos sueños en los que él venía a ella, dándole todo aquello que anhelaba, haciéndola sentirse una hembra completa, de manera que era… feliz.

Recordó una frase que había leído en un libro humano: el corazón tiene razones que la razón no entiende.

Siempre había estado algo inquieta a su alrededor, pero era porque no entendía la manera en que este macho la hacía sentir. El resto de los Hermanos a los que alimentaba apenas si parecían dar cuenta de ella, sólo tenían ojos para sus shellans, y no los culpaba. Lo que la dejaba con Qhuinn como única experiencia

Él le había enseñado que entre un macho y una hembra sólo había deseo y pasión. Que lo máximo a lo que podía aspirar a tener de otro vampiro era su cuerpo, con él ninguna conexión más allá de eso parecía posible. Y ella había estado contenta durante un tiempo teniendo sólo sus manos y su boca en ella. Le agradecía todas esas experiencias.

El cambio sucedió un día en que había alimentado al sire Rhage después de que éste hubiera sido herido en una batalla. El macho no estaba grave, ni mucho menos, pero los Hermanos no podían prescindir de él en la guerra y por ello la habían convocado para que le diera su sangre y le ayudara a sanar más rápido.

Cuando había llegado a la habitación, el enorme Guerrero estaba tumbado en la cama. Un vendaje le cubría las costillas parcialmente y su respiración era algo trabajosa, pero aparte de eso, no presentaba ninguna otra herida. Mary, su shellan, estaba sentada a su lado y a Layla le sorprendió ver la enormidad del amor y la preocupación que vio en los ojos de la humana.

El sire Rhage era un macho tremendamente atractivo, seguro que la mujer disfrutaba inimaginablemente con él, entonces ¿cuándo había tenido tiempo de desarrollar todos esos sentimientos hacia su hellren?

Se le hacía difícil de comprender. De donde ella venía las principales emociones eran la hermandad, la confianza, la humildad o el respeto. A las Elegidas no se les hablaba de amor, aunque a ella, como ehros, sí se le habían inculcado los conceptos de lujuria y deseo.

Una vez hubo acabado de alimentar al Hermano, tanto él como Mary le habían agradecido intensamente su ayuda. Apenas se había dado la vuelta para dirigirse a la puerta, cuando sintió que Rhage atraía a su compañera hacia sí. Se había dado más prisa en marcharse, puesto que no quería ser un estorbo para lo que estaba a punto de pasar entre ellos.

Aún así, había sido incapaz de no robarle un vistazo a la escena y se dio la vuelta mientras cerraba la puerta.

Sorprendida observó como el macho abrazaba a su shellan, acariciándole el pelo para calmarla, mientras le susurraba tiernas palabras. No necesitó ver los ojos del Hermano para saber cuáles era sus sentimientos, porque el amor y la devoción hacia su pareja se desbordaban de su voz. No había habido necesidad de sexo allí.

Confundida por lo que había visto, se había pasado el resto de la semana preguntándose si esas emociones se habían desarrollado solo porque estaban emparejados, dándole vueltas a la posibilidad de que el sire Qhuinn, o algún macho, pudiera llegar a sentir algo así por ella.

Porque Layla estaba segura de que ella llevaba en su interior esa capacidad de amar.

La siguiente vez que había visto a Qhuinn, había intentado ser tierna, no sólo apasionada. Él le había preguntado si se sentía bien, porque la notaba rara. Ella había intentado explicarle cuáles eran sus dudas, después de todo llevaba alimentando al macho desde que había pasado la transición.

Aunque él había intentado disimular el rechazo, no era tonta. El cambio en su relación a partir de ese momento había sido palpable. Se había vuelto mucho más distante, ya sólo la llamaba si la necesitaba para alimentarlo. Y, aunque siguieron teniendo sus “sesiones” en estas ocasiones, tenía la impresión de que él lo hacía para exorcizar algún tipo de demonio, como si no pudiera evitarlo, como si tocarla y darle placer le permitieran aislarse de algo que le hacía daño. Si tan sólo le hubiera dicho qué le ocurría, habría intentado ayudarlo, apreciaba a ese macho.

Fue tras aquella ocasión en que había visto a Rhage y Mary cuando comprendió al menos parte de lo que veía en los ojos de Tohrment cada vez que la miraba y que la ponía tan nerviosa.

Era cariño. Por alguna milagrosa razón, desconocida para ella, el macho le tenía cariño. Veía ternura en esos ojos cada vez que la saludaba o le decía algunas palabras.

Por más que creyera que esa capacidad también estaba en ella, no tenía la menor idea de cómo reaccionar o actuar ante esas demostraciones de afecto. Se sentía cohibida alrededor del Hermano. Sabía cómo utilizar su cuerpo para atraer, seducir y complacer a un macho, sabía cómo curarlos sí los herían. Pero nunca había utilizado sus manos para otra cosa que no fuera dar placer o cuidados.

Cada vez que miraba las profundidades azul marino de sus ojos, la cabeza se le llenaba de dudas sobre si sería capaz de dar a un macho como él lo que necesitaba. Tohrment parecía elevar a la novena potencia su complejo de inferioridad, amplificando todas sus carencias, como si fuera el espejo de todo lo que ella no jamás sería.

Y, Sagrada Virgen, si no lo admiraba tremendamente por ello.

Pero, de un tiempo a esta parte, la relación con el macho había cambiado. Cuando había perdido el control y se había lanzado sobre ella, cuando le había confesado sus temores y le había dado consejos, cuando la había besado, había sucumbido a sus pasiones, volviéndose más humano a sus ojos.

Y más accesible.

Ya no era solamente esa figura inalcanzable y perfecta, había descubierto que era el amante de sus sueños, que tenían cosas en común.

Mientras Qhuinn la había hecho sentir un hermoso cuerpo de mujer y deseada; Tohrment la había hecho sentir una persona madura y que valía la pena, tanto para hablar como para besarla. Y eso valía más que todo el sexo del mundo que no había tenido.

Su razón sí entendía las razones de su corazón.

Ahora sabía que lenta, pero inexorablemente, estaba deslizándose por el camino que la llevaría a enamorarse de este macho al que parecía ya considerar suyo.

¿Si tenía que luchar por ello? Que trajeran la lluvia.

****


Layla se tambaleó, pero consiguió apoyarse en una de las mesas de la Enfermería justo a tiempo, de manera que nadie se dio cuenta. Procuró no apoyar mucho peso en el brazo que se agarraba a la superficie metálica, de manera que nadie notara que la estaba utilizando como apoyo.

Era el segundo día seguido que le pasaba su sangre a Tohr. Cada sesión duraba siete horas porque la transfusión se realizaba por goteo, para que la máquina de diálisis sólo limpiara la sangre sucia y no la nueva de Layla que entraba en él.

Sólo había estado en el Otro lado cuatro horas en dos días y ni siquiera ella, una Elegida, se recuperaba tan rápido. Pero que el Omega la llevara si iba a quejarse.

Delante de ella, Ehlena estaba ayudando a cambiar los vendajes de la mejilla de Tohr, según había dicho Jane, por última vez. Apenas quedaban ya rastros de arañazos en su rostro, sólo unas finas líneas rosadas, por lo que, a partir de ahora, el resto del proceso regenerativo podía realizarse al aire.

Además, según el último diagnóstico, tenía que estar a punto de despertar. Cuando había llegado estaba casi al borde del coma y lo habían sedado para que su cuerpo sólo se sumiera en un sueño regenerativo, pero llegado a este punto, su organismo debía haber eliminado el sedativo casi por completo de su torrente sanguíneo.

Cuando hubieron acabado con el cambio de vendaje Layla se aproximó a la cama en la que siempre se tumbaba con paso vacilante, cuidando de que tanto la doctora como la enfermera estuvieran de espaldas a ella y prácticamente se dejó caer sobre el colchón.

Jane se acercó a los pocos minutos, trayendo un pulsímetro y un dulce.

—Toma, seguro que no has desayunado nada.

Layla hizo un esfuerzo por sonreírle tranquilizadoramente y se concentró en obligar a su estomago a aceptar la comida sin rechistar. Los dos últimos días había estado tan nerviosa que apenas había conseguido no vomitar la mayoría de lo que le traían, además, su cuerpo estaba tan desesperado por sangre que cualquier alimento le sabía a basura. Eso sin contar que sus colmillos estaban extendidos casi todo el día y le dolían muchísimo, dificultándole masticar.

Jane le apretó la banda de tela alrededor del brazo para tomarle la presión, apretó los labios en una fina línea y se fue un momento, volviendo con un termómetro. Se lo colocó debajo de la axila y esperó un minuto.

—Ni de coña —dijo cuando vio el resultado—. No vas a seguir alimentando a este macho, te guste o no. Ya puedes gritar y patalear si te da la gana. Si hace falta haré que te saquen a rastras de esta habitación y te sedaré, ¿me escuchas, Layla? No voy a dejar que sigas destruyéndote de esta manera.

—Ya le he dicho que ese es mi problema, doctora —rodó los ojos ante los testaruda que era la mujer.

—Tu raza tiene la presión baja, bien, ¿la tuya? Si cayera más estaría en valores negativos ¿sabes qué significa eso? Significa que tu corazón tiene cada vez menos fuerza para bombear sangre suficiente a las diferentes partes de tu cuerpo. Primero sentirás hormigueos en los dedos de las manos y pies, luego te fallará la movilidad y coordinación de brazos y piernas.

Eso no suena tan terrible, pensó Layla mientras Jane seguía enumerando.

—Este —le tocó la cabeza—, será el último en caer, tus conexiones neuronales empezarán a morir por la falta de oxígeno y tu cuerpo acabará por entrar en coma para minimizar los daños cerebrales. El proceso ya ha comenzando, por si no te has dado cuenta, estás volando en fiebre lo que significa que tu organismo está luchando con todo lo que tiene para simplemente mantenerte consciente, cuando se le acaben las reservas, ¡paf! Coma. ¿Y sabes una cosa? Puede que cuando te despiertes, si es que lo haces, ni siquiera puedas comer sola, puede que no recuerdes cómo te llamas, quizás no sepas quién es él —señaló a Tohr—. Todo dependerá del daño que haya sufrido tu encéfalo ¿no es eso suficiente razón para que cuides de ti misma?

Layla tragó saliva ante el impresionante discurso de la doctora. Había conseguido asustarla lo más posible, pero no iba a dejar a Tohr.

—¿Qué harías si el que estuviera en esta situación fuera tu pareja y tuvieras el poder para salvarlo? —preguntó mirándola directamente.

Jane abrió mucho los ojos, como si su razonamiento la hubiera pillado desprevenida, luego, negó suavemente con la cabeza.

—Él no es tu pareja y tú ya no tienes el poder para salvarlo. Tu cuerpo está al límite. Si no permites que tu sangre se regeneré entrarás en coma o morirás.

—Yo sólo quiero que se ponga bien —sollozó y sintió las lágrimas caerle por las mejillas—, todo lo demás me da igual.

—Lo sé, lo sé —Jane le tocó la mejilla y luego se puso en pie yendo hacia las puertas de la Enfermería.

—¿Doctora? —la miró sin comprender mientras la humana se asomaba y susurraba algunas palabras—. ¿Jane? —algo no iba bien.

—Si realmente quieres que se ponga bien, vas a perdonarme esto, Layla.

Abrió una de las puertas y por ella entró Vishous… seguido de una Elegida.

—No… ¡NO! ¡Te he dicho que yo puedo cuidar de él!

—No, no puedes, déjala hacer su trabajo —gruñó el macho y en un abrir y cerrar de ojos estaba detrás de ella. Sus enormes brazos se cerraron en torno a su torso como una presa de acero y la levantó del suelo como si no pesara nada, comenzando a alejarla de la cama.

Mientras, vio a Jane dio instrucciones a Ehlena para que fuera a chequear a Zsadist.

Su hermana, le pareció reconocer a Selena, la miró con absoluta tristeza, la disculpa brillando en formas de lágrimas en sus ojos azules. Se aproximó lentamente a la cama donde ella había estado antes y miró a Tohr, luego alargó una mano para tocarle la mejilla herida.

Lo que provocó que los instintos de Layla explotaran en su interior. Se debatió con furia entre los brazos del Hermano hasta que se hizo daño y casi no podía respirar. Él tenía que estar disfrutando cobrarse su venganza, pero cuando echó un vistazo hacia el rostro de Vishous, vio que la miraba con una expresión curiosa, como si estuviera intentando comprender el motivo de su reacción. Además, había roto a sudar por el esfuerzo de sujetarla.

—¡ESPERA! —bramó Layla—, ¡No le toques! ¡Selena, por la Virgen, no se te ocurra ponerle una mano encima a ese macho!

—Hermana —la Elegida se dio la vuelta, su rostro estaba consternado ante la escena—, sólo quiero ayudarle…

—¡No te acerques más! ¡Es mío!

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