30 sept. 2011

Poniéndole nota a Amante Mío



Se han recogido 417 votos. Más de la mitad de los votos se han concentrado en el 10. La nota media de Amante Mío es de 9,2

¡Gracias a todos por votar!

¿Quién es John? Fase IV


¡Ya tenemos a John!
Ganador: Jed Hill con 31 puntos

Francis Cadieux: 29 puntos
Tom Welling: 17 puntos
Chris Evans: 16 puntos
Matt Loewen: 16 puntos
Marco Dapper: 13 puntos
Sean O'Pry: 13 puntos
Matthew Bomer: 13 puntos
Channing Tatum: 11 puntos
Ian Somerhalder: 10 puntos
Tyler Bachtel: 9 puntos
Rafael Verga: 7 puntos
Willy Monfret: 6 puntos
Travis Fimmel: 4 puntos
Taylor Kinney: 4 puntos
Joel Rush: 3 puntos
Raoul Bova: 2 puntos
Josh Hartnett: 2 puntos
William Levy: 1 punto
Steven Patenaude: 1 punto
Desconocido 1: 1 punto
Wentworth Miller: 0 puntos
Justin Bruening: 0 puntos
Reynaldo Gianecchini : 0 puntos
James Penfold: 0 puntos
Matt Lanter: 0 puntos
Desconocido 2: 0 puntos

****
Felicidades a Caty, que propuso a Jed Hill para John. Los dos primeros puestos han estado muy igualados, pero finalmente ha acabado ganando Jed Hill.

La ganadora se lleva este gif de regalo:



¡Gracias a todos por haber participado!

29 sept. 2011

Después de Tohr


Ward acaba de decir en su FB que ya sabe quién irá después del libro de Tohr. Pero no os hagáis muchas ilusiones... nosotros no lo sabremos hasta primavera. El editor y la editorial le han prohibido decir nada hasta entonces.

A este mujer le encanta impacientarnos y hacernos sufrir. Tiene un punto realmente sádico, ¿no creéis?

Abran sus apuestas, ¿quién pensáis que será el próximo?

27 sept. 2011

¿Quién es John? Fase III


Es hora del recuento de votos. Os recuerdo que aún tenéis hasta el 29 de Septiembre para votar.

Resultados hasta el momento:

Francis Cadieux: 26 puntos
Jed Hill: 26 puntos
Chris Evans: 16 puntos
Tom Welling: 14 puntos
Marco Dapper: 13 puntos
Sean O'Pry: 13 puntos
Matthew Bomer: 13 puntos
Channing Tatum: 11 puntos
Matt Loewen: 11 puntos
Ian Somerhalder: 10 puntos
Willy Monfret: 6 puntos
Rafael Verga: 5 puntos
Tyler Bachtel: 4 puntos
Travis Fimmel: 4 puntos
Taylor Kinney: 4 puntos
Joel Rush: 3 puntos
Raoul Bova: 2 puntos
Josh Hartnett: 2 puntos
William Levy: 1 punto
Steven Patenaude: 1 punto
Wentworth Miller: 0 puntos
Justin Bruening: 0 puntos
Reynaldo Gianecchini : 0 puntos
James Penfold: 0 puntos
Matt Lanter: 0 puntos
Desconocido 1: 0 puntos
Desconocido 2: 0 puntos

John y Xhex


LadySella ha estado rastreando y ha encontrado este bonito video de John y Xhex. Espero que lo disfrutéis.

Los libros de Ward en Italia


Seguro que os habéis dado cuenta de que os he tenido un poco abandonados estos días, pero tengo una buena razón: he estado por tierras italianas. Sólo deciros que es un lugar bellísimo y que si tenéis la oportunidad de visitar cualquier parte, lo hagáis.

En mi andadura italiana, me tope con algo que me hizo mucha ilusión: los libros de La Confraternita del Pugnale Nero y de los Angeli Caduti. Me emocionó muchísimo (hasta ahí llega mi frikismo), pero luego me cabreó un poco la tradución italiana de los títulos. No han mantenido los títulos originales, al menos en los libros disponibles que había en esa librería. Tampoco se han mantenido las portadas originales.

1) He aquí los dos primeros libros de Angeli Caduti (Ángeles Caídos). Parece que en Italia la traducción va más rápida que en España. El primero tiene como título Io voglio, que en español significa algo así como Yo quiero. El segundo lleva por título Arde la notte, en español Arde la noche. Como veis, no se ha respetado en absoluto los títulos en inglés: Covet y Crave.


2) Lo mismo ocurre con los libros de La Confraternita del Pugnale Nero(La Hermandad de la Daga Negra). Aquí le hice una foto a los dos primeros. Il Risveglio es el libro de Wrath y Beth, que viene a significar algo como Despertar o El despertar. Ya veis que no tiene nada que ver con el título original (Dark Lover). Quasi tenebra es el libro de Rhage y Mary, que significa Casi oscuridad. Otra vez más en la que no se respeta el título original (Lover Eternal). Al menos en España han sido bastante respetuosos con eso.


3) ¡No pude resistirme a hacerle una foto al libro de Vishous! Como título le han puesto Possesso, que en español significa Posesión. Vuelven a no respetar el título original (Lover Unbound).


4) Aquí el libro de Vishous por detrás. Los dos primeros, el de Wrath y el de Rhage, estaban en tapa blanda; el de Vishous era de tapa dura y tenía sobrecubierta.


5) Y, bueno, esta foto la tomé en un bar muy pijo al que fui. Me recordó a Vishous.

22 sept. 2011

Detallazo


La Gaceta Nº 2 - 21/09/2011

Cosas como ésta me animan a seguir durante mucho tiempo más. Es un lujazo que Kyra Dark me haya hecho un hueco en su espacio y haya inaugurado con este blog su sección de Mis favoritos.

Os animo a que os déis una vuelta por su blog, La Cara Oculta de la Luna. Descubriréis cosas increíbles y conoceréis un poco a la magnífica persona que se esconde detrás de esos fantásticos escritos.

¡Otro beso enorme para ti!

20 sept. 2011

Crítica de Amante Mío por Neï


Neï vuelve con una de sus magníficas críticas. ¡Esta mujer lo hace todo bien!

Crítica

Buenas a todas de nuevo en otra crítica de la fabulosa saga de La Hermandad de la Daga Negra de J. R Ward.

Este mes nos toca… *redoble de tambores*… ¡Amante Mío! Todas lo sabemos, pero no está de más hacer una pequeña introducción para aquellas más despistadas o nuevas en el mundo de la Hermandad: se trata del octavo libro de la saga, protagonizado por John Matthew y su shellan, Xhexania.

Este fue un libro que disfruté especialmente por varias razones, supongo que algunas de vosotras las compartiréis:

1) Venía muy quemada de los libros anteriores. No he conseguido disfrutar Amante Consagrado hasta la tercera lectura y qué decir de Amante Vengado, me parece que rompe la dinámica de la Hermandad, como si fuera un “aparte”. Por lo tanto Amante Mío fue como una aspirina para un gran dolor de cabeza.

2) Hay Tohrment *suspira* por todas partes (no hay más que decir). Además nos permite echar un buen vistazo a Darius y a la historia de la Hermandad.

He de admitir que, a pesar de no ser de mis personajes favoritos, tanto John como Xhex tienen personalidades muy atractivas a la hora de atraer al lector: complicadas y misteirosas. Creo que estaría bien comenzar con un breve análisis de John:

El crío las ha pasado canutas toda su vida, desde su infancia de mierda, la violación, las dudas sobre qué era, después la muerte de Wellsie y la desaparición de Tohr… y encima va y escoge a la hembra más complicada y dura de todo el puto Caldwell. Una pensaría que ya había experimentado suficientes patadas en el culo, pero NO. Aún así, ese es nuestro John, un macho con un par de cojones que no se da por vencido nunca.

Sí, es verdad que parece que, en un par de ocasiones, tira la toalla por Tohr y Xhex, pero, opino, que él siguió estando ahí siempre para ellos, en el fondo de su corazón, siempre supo que eran personas importantes en su vida.

Algunas podéis analizar su comportamiento como egoísta a veces, al fin y al cabo cuando decide alejarse de Xhex y Tohr es porque está harto de que ellos le hagan daño, consciente o inconscientemente. Yo no lo veo así, creo que se parece bastante al caso de Bella y Zsadist. Las cosas no se reducen a que una persona sea buena para ti o no, también hay que tener en cuenta las situaciones y el momento de tu vida.

Creo que John no estaba preparado para una hembra como Xhex, ni tampoco estaba listo para valorar al 100% a una shellan hasta lo de Wellsie. Por su parte, Xhex no estaba lista para entregarse a ningún macho hasta que John la salvó, cosa que Muhrder no logró.

Todo es cuestión de tiempo para bien o para mal.

Solo hay un par de cosas que no me molan demasiado acerca de John. Pienso que, al igual que ha ocurrido con los libros que vienen después de Amante Consagrado, Ward no ha conseguido “acotar”, por así llamarla, del todo la personalidad de los personajes. Es como si se le quedaran cualidades en el tintero. Para ser más gráfica: es como si los bordes del personaje de John estuvieran algo difusos. Pasa de ser una macho en plena rabia homicida o un tipo súper maduro capaz de psicoanalizar a sus mejores amigos, a ser un muchachito sin la mitad de experiencia en la vida que la mujer a la que ama, con traumas y complejos, y, a mi parecer lo peor, inocente y avergonzado Dios sabe de qué.

Lo segundo que no me gusta de John es el rollo de mira-soy-la-reencarnación-de-Darius. Ok, le doy una oportunidad a Ward de que vaya a solucionar todo esa paranoia de los ataques de convulsiones cuando le vienen recuerdos de D en libros futuros, pero, opino que como tantas otras cosas, se sacó lo de la reencarnación de la manga y ahora se lo está viendo crudo para hacer que encaje de manera mínimamente racional en la saga.

Por lo demás, he de admitir que me gusta bastante la evolución, algo brusca, que experimenta John a lo largo del libro. Y sobre todo, la reconciliación con Tohr. Me estaba tocando los ovarios a dos manos verlo tratar mal al macho que lo había acogido como un padre, solo porque no era capaz de ver más allá de su propio dolor y darse cuenta de la agonía en la que vivía Tohr tras la muerte de su compañera. Creo que es un gran punto que Ward lo haya hecho madurar en ese aspecto y, de esa manera, nos dé a entender cuánto valora a Xhex al compararla con Wellsie.

Demos paso a Xhex, ¿por dónde empezar? Si es que a esta hembra no hay por donde cogerla. Es pura dinamita. Y el más claro ejemplo de cuánto puede cambiar una persona por amor, porque no me digáis que la primera vez que la visteis se os ocurrió que alguna vez acabaría emparejada. Era todo un reto para Ward conseguir que nosotras viéramos de manera natural su transición de hembra total y absolutamente dependiente y patea-pelotas a amante y shellan devota, pero que, aún así, comparte campo de batalla con los Hermanos (para hastío de Vishous XD).

Ademas, me encantó ver como superaba sus traumas, lo de Lash, etc. y se abría a John.

No, Xhex no es mi shellan favorita ni de cerca, pero sí opino que es la hembra con un trasfondo más logrado y la única que rompe el esquema de esposa-que-vive-por-su-marido. Es decir, a pesar de emparejarse con John, ella sigue con su vida y mantiene su relación con Rehv, las Sombras y demás. Me mola eso, ver que sigue siendo independiente y que, a diferencia de las demás shellans, no ha tenido que abandonar su vida entera por estar con el macho que ama.

En lo tocante a la manera en que Ward consiguió entrelazar las vidas de Joh, Xhex, Tohr, Darius y No’One (esta última a través de Payne), solo puedo decir una palabra: MAGISTRAL.

Vale, soy malísima anticipándome a acontecimientos que puedan tener lugar en el libro, pero este ni se me había pasado por la cabeza. En mi vida habría hecho todas esas conexiones. Me atrevería a decir que nos pilló desprevenidas a la mayoría y fue una grata sorpresa.

Por desgracia en Lover Unleashed el resto de la Hermandad parece simplemente haberse evaporado, así que supongo que tendremos que esperarnos hasta Lover Reborn para saber en qué quedará toda esta red de acontecimientos.

Supongo que ahora me tocaría decir las cosas que no me molan de Xhex. Como personaje no puedo achacarle nada malo, ya comenté antes que la considero una de las shellans mejor logradas, sino la mejor. De todas formas, no es mi favorita por el simple hecho de que el modelo de tipa/o dura/o no va conmigo. Por ello mismo, ni V ni Wrath tampoco son mis Hermanos favoritos. No me gustan ese tipo de personas a las que prácticamente tienes que apalizar para que se den cuenta de que realmente significan algo para ti y que no vas a lastimarles. A Xhex le falta tener más confianza, pero claro, con la vida que ha tenido, quién puede culparla.

Aún así, más de una vez, si hubiera sido posible, hubiera metido la mano en el libro y la hubiera zarandeado, duro, para que dejara de ser tan gilipollas con John, ¿el mejor ejemplo? La primera vez que estuvieron juntos. John era virgen, joder. La hubiera matado, aunque ella no tenía manera de saber que era su primera vez, la hubiera estrangulado.

Solo queda hablar brevemente de Lash, a mi parecer, el otro gran prota del libro. El hijoputa es el prototipo genio maligno. El tipo es maldad pura y dura, sin diluir, hijo de su padre, ¿eh? Papá Omega debería estar orgulloso (esa era otra cosa que no me esperaba).

Reconozco que, a veces…la mayoría, sus partes se me hacían un poco pesadas, por el simple hecho de que era obvio que tenía que palmarla en este libro. John y Xhex tenían que cerrar un círculo y el renegrido corazón de Lash en bandeja era el broche de oro perfecto para acabar el libro.

Además, se pasaba de cabrón.

Ya para concluir, que debéis estar hartas de mí ya, le doy a Amante Mío... ¡¡¡un 9!!! Aunque, como siempre, se echa de menos a los demás Hermanos en el libro, es comprensible que Ward no puede meterlos a todos en todos los libros. Pero AM tiene un poco de todo: John y Xhex, Qhuay, Tohr, Darius, Payne, Lash (se merece cada segundo de dolor) y no deja a nadie indiferente.

¡HASTA OTRA, HERMOSAS!

Valoración: 9/10

¿Estás de acuerdo con esta valoración? ¿No lo estás? ¡Comparte tu opinión!

19 sept. 2011

Cita nº2.



"John adoraba la vida, y a todos los habitantes de aquella casa, y a toda la gente honorable que había en todos los rincones del mundo. El destino no era fácil, pero al final ofrecía su recompensa".

Amante Mío, capítulo 74, p. 666
(Cita propuesta por * Marie Kikis Matthew *)

Fragmento de LOVER REBORN


Mientras las campanas de la catedral sonaban en su cabeza y él escupía sangre, Vishous murmuró con tono grave:

—Ésa fue por mirarla como si estuvieses follándotela en la cabeza.

Al otro lado del cuarto, Phury también había cerrado la mano en un puño y golpeaba la palma abierta de la otra. Cuando el Hermano se acercó, dijo en un tono desagradable:

—Y ésta para asegurarme de que no pones en práctica la brillante idea.

Throe les sonrió a pesar de que su labio inferior era como del tamaño de su cabeza. Cuanto más le golpearan, más iba a tener que alimentarse... Y eso no sería "hacer el amor", sino "follar".

17 sept. 2011

Lo que dijo Ward en la firma de libros III


Gracias al foro LLL por la información.

- ¿Qué será el hijo de Mary y de Rhage? Una niña.

- Ward ha escrito la novela de Mary y Rhage, pero aún tiene que escribir la de Beth y Wrath. No puede acabarla hasta que termine el libro de Tohr.

- ¿Veremos más cruces entre la Hermandad y los Ángeles? Estarán en Caldwell de ahora en adelante, por lo que es muy posible ver cameos de cada serie.

- Lover Reborn es un libro muy largo y se divide en cuatro secciones: Primavera, Verano, Otoño, Invierno. Tohr no está listo para una nueva pareja y le llevará un tiempo estar preparado.

- Lassiter aparecerá mucho en el libro de Tohr.

- El libro de Payne y Manny y el libro de Tohr ocurren al mismo tiempo, hay mucha superposición en acción. El libro de Payne y Manny se centró sobre todo en ellos; el libro de Tohr tendrá un mayor enfoque en los Hermanos. Tohr es el último Hermano original.

- ¿Layla tendrá relaciones sexuales alguna vez? Sí, y no os gustará con quién.

- ¿Veremos más de los Symphaths en el futuro? Lo más probable es que ayuden con la batalla entre Wrath y Xcor y su banda de hijos de puta.

- Lassiter y los Hermanos se odian entre sí. Lassiter es un idiota. Sin embargo, vamos a ver otro lado de Lassiter en el libro de Tohr.

- ¿Cuál es su libro favorito? Uno que está escribiendo.

- El nombre de No'One será revelado en el libro de Tohr.

- El libro de Tohr será de por lo menos 700 páginas. Ward está a mitad del camino ahora.

- ¿La pérdida de la virginidad de Layla tiene que ver con la visión de Qhuinn? Un gran no como respuesta (pero el lenguaje corporal parece decir loc ontrario)

Chat con J.R. Ward y Christine Feehan 16/09/2011


- Veremos algo de Phury en Lover Reborn.

- Assail es un macho muy interesante, un vampiro de la vieja escuela (debe serlo porque SIEMPRE está hablando de él).

- John se convertirá oficalmente en un Hermano, pero no confirma dónde ni cuándo.

- Xcor va a por el trono de Wrath.

- Trez y iAm tendrán libros separados (aunque se habló de que estarían juntos, hoy Ward lo ha desmentido... o tal vez la otra vez se refería a algo diferente con eso de "juntos")

- Como ya sabíamos, veremos NUEVOS machos en Lover Reborn.

- ¿Lassiter conocerá a Adrian y a los demás? ¡Un enorme SEGUID LEYENDO!

- Ward espera escribir pronto la historia de Qhuinn y Blay (la mujer debe tener ganas ya, imagino).

- ¿Murhder causará problemas a Xhex y John? "Creo que ellos tienen una relación muy sólida, pero Murhder podría causar problemas a otros"

- ¿Recordáis la teoría de que Blay será médico? Hoy se ha dicho algo en relación con esto en el chat: "Blay ha estado buscando algo que hacer en su tiempo libre y luchando. Creo que todos sabemos de lo que estoy hablando, así que no ha ejercido aún como médico en serio... pero está por llegar." (contrastaré la traducción con Neï; son casi las 6 de la mañana y no puedo pensar bien XD).

- Michael y su familia (de la Historia del Hijo), ¿alguna vez conocerán a la Hermandad? "No estoy segura sobre Michael. Michael y Claire están felices haciendo sus cosas, pero sus hijos... eso es lo que va a ser interesante".

- ¿Habrá otras heroínas Elegidas ademas de Layla? Otro ¡SEGUID LEYENDO! por parte de Ward.

- El HEA de Layla está en Lover Reborn.

- Permanecerá Saxton alrededor si no está con Blay? ¡Siguid leyendo!

- El libro de Tohr saldrá el 27 de Marzo del 2012 y las Novelas cortas de los bebés de Wrath/Beth y Rhage/Mary saldrán en verano, probablemente en Agosto.

15 sept. 2011

¿Quién es John? Fase II


¡Es momento de votar! Os recuerdo que en los modelos repetidos, prevalece la persona que lo propuso antes. Dicho esto, tenéis hasta el 29 de Septiembre para votar. El método para votar es el de siempre: se eligen tres modelos y se le da a cada uno una puntuación (3, 2 y 1). No se puede votar por el modelo que uno mismo ha propuesto y si no se sigue este método de puntuación (la repartición de los puntos a tres modelos diferentes) los puntos no se tendrán en cuenta.

SÓLO podrá votar en el blog aquella persona que tenga cuenta blogger. Quien no tenga cuenta blogger, puede votar comodamente a través de blackdaggher@gmail.com, mandando un correo con sus votaciones.

Por último, tened en cuenta la descripción de John y no os dejéis llevar por preferencias personales que no tienen nada que ver con la descripción original.

¡Suerte a todos!

Candidatos:

Beth Mary Luce:
Francis Cadieux


Princess Angel Gabriela:
Tom Welling


Leonor:
Chris Evans

Channing Tatum


Dai-Dai:
Wentworth Miller

Marco Dapper


Blanca:
Tyler Bachtel


Faniita:
Joel Rush


Caty:
Jed Hill


Ale:
Rafael Verga


Esperetta:
Willy Monfret


Lira:
Travis Fimmel


LadySella:
Ian Somerhalder


Joanna:
William Levy


Anónimo:
Sean O'Pry

Matt Loewen


Ner:
Justin Bruening


Paloma:
Reynaldo Gianecchini

Raoul Bova


Deby:
Matthew Bomer

James Penfold


Irene Br':
Matt Lanter


Ashanet:
Desconocido 1

Desconocido 2


Almasurfera:
Steven Patenaude

Josh Hartnett


Leyla:
Taylor Kinney


*Nota: Revisad que todo esté bien.

Amante Renacido: capítulo 10 por Neï


¡¡¡Hola a todas!!! Bien, capítulo 10 :) WOW no me lo creo ni yo.

Como ya expliqué el en las noticias sobre este capi, es una macro-escena Tohr-Layla y el final es la adaptación de la escena en la que Qhuinn casi muere, pero vista desde el punto de vista de V.

No me puedo creer que el hombre de hielo sea de uno de los Hermanos en cuya piel me meto con más facilidad. Seré rara...

No me enrollo más y las dejo disfrutar.

¡ESPERO SUS COMENTARIOS, BESOS!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 10. Primera vez (+ Extra).


BUM BUM BUM… BUM BUM BUM…

Tohr se revolvió en la cama por trigésimo novena vez, apretó la mandíbula y se quedó boca arriba, al menos así le dolía menos… un poco menos.

BUM BUM BUM… BUM BUM BUM…

Sagrada Virgen, podía sentir su erección latir literalmente con el paso de su sangre a través de ella. Realmente parecía que sus jodidos hematocitos estaban hirviendo. De puuuta madre.

Chequeó el reloj… de nuevo: 18:00. En sólo unas horas por fin sería libre. Libre para coger el Land Rover y pirarse lo más lejos de la mansión posible. Ah, sí, y cargarse algunos lessers, a ver si de esa manera liberaba algo de adrenalina y tensión, macho.

Gruñó cuando sus testículos dieron un tirón como diciendo: Eh, colega, que la tensión está en nosotros, échanos una mano, ¿no?

Ni de puta coña, joder, hacer algo así, siendo provocado por las pulsaciones de la necesidad de su Reina, la shellan de Wrath… que va, le parecía de lo más impropio. Además, que le jodieran si no era capaz de controlar siquiera su propia polla.

BUM BUM BUM… BUM BUM BUM…

—Joderrr —masculló y se pasó la mano por la cara… solo para retirarla con un siseo de dolor.

Se había despertado hacía unos quince minutos en su cuarto y lo último que recordaba era: él lanzándose a por el gilipollas agujereado del pelo pincho, de repente la cara de Rehvenge se había cruzado en su camino y ¡PLAF!

Se había encontrado a sí mismo en su cuarto, tirado en la cama con una erección como un mástil y un pómulo que se sentía como si le hubieran hecho una reconstrucción. Sep, tenía que estar guapo, guapo.

Al carajo, ahora tenía cosas más importantes en las que pensar…

Como encontrar a Layla y demostrarle lo mucho que la… apreciamos, descargando tensiones con ella, ¿qué te parece?, dijo una vocecita en su cabeza.

—Como encontrar a ese niñato y dejarle claro que él no alimenta a mi hembra.

Yeah, el hecho de que en esa frase se había añadido un nuevo pronombre posesivo no le pasaba desapercibido, pero hacía tiempo que no estaba tan seguro de algo como de que ella era SUYA. Habían hecho falta varios encontronazos, una experiencia o dos cercanas a la muerte y una necesidad Real imprevista para que se diera cuenta, pero bueno… las cosas difíciles eran las mejores, ¿no?

En fin, después de todo por lo que habían pasado no iba a permitir que ningún criajo al que triplicaba en edad siquiera intentara interponerse entre ellos. Además, Qhuinn no era, ni de cerca, lo que Layla necesitaba.

Ah, ¿y tú sí?

Desde luego. Ahora que estaba más en paz consigo mismo, ahora que veía las cosas con más claridad, se daba cuenta de que estaban hechos el uno para el otro: él le daría la experiencia que a ella le faltaba en la vida; ella le daría el sosiego y las ganas de vivir cosas nuevas que a él le faltaban.

Perfecto.

No te engañes, la vida no es un camino de rosas, colega.

Como si quería ser un camino de granadas. Él estaba bien armado con su chaleco de Kevlar. Que trajeran la lluvia, estaba preparado…

BUM BUM BUM… BUM BUM BUM…

Oh, joder… o lo estaría en cuanto su polla dejara de coaccionarlo con explotar si no se la cascaba en algo como YA. Ahora. En ese mismo instante. Por favor.

Con un gruñido comenzó a bajar la mano hacia su cremallera, ya resignado a lo que le esperaba.

Cuando sonó la puerta.

Frunció el ceño, ¿quién podría ser?

—Pase.

La imagen que reveló la puerta al abrirse iba a atormentarlo de por vida, nunca iba a poder borrársela de la cabeza. Mierda, se le quedaría grabada a fuego detrás de las pupilas por toda la eternidad.

Layla estaba de pie en el umbral, temblando. Y cubierta de sangre de la cabeza a los pies.

Le chorreaba desde la barbilla, bajando por su cuello y empapando toda la delantera de su blanco traje de Elegida. Sus manos estaban rojas hasta las muñecas y los mechones de su pelo, que él mismo había soltado, más cercanos a su cara eran carmesí también.

Con todo, lo peor eran sus ojos: muy abiertos con una mezcla de sorpresa y terror, como si aún no pudiera creerse lo que fuera que le hubiera pasado.

Le tomó una mera fracción de segundo sobreponerse a la impresión de verla así. Al siguiente momento prácticamente había volado al otro lado de la habitación y la sostenía entre sus brazos. En cuanto la apoyó contra sí, las piernas de la hembra fallaron, doblándose por las rodillas, por lo que se agachó y la recogió, llevándola al baño en volandas.

Joder, joder, ¿cuánta de toda esa sangre sería suya? Tenía que asesorar sus heridas. Sagrada Virgen Madre de Todos, tenía derramados encima al menos tres litros de sangre… olió su esencia… de vampiro macho.

El delgado cuerpo de la Elegida no paraba de temblar y los dientes le castañeteaban como si estuviera muerta de frío. Tohr reconoció las señales del estado de shock. Necesitaba quitarle toda esa sangre de encima. Enseguida.

Se apresuró al baño entrando de espaldas para que no se viera en el espejo y encendió el grifo de agua caliente al máximo y, con mucho cuidado, la apoyó en el borde de la bañera. Tomó su barbilla en su mano derecha, obligándola a mirarlo a los ojos e intentando transmitirle serenidad con su mirada, aunque él mismo estaba cagado de miedo.

—Layla, Layla, escúchame. Voy a quitarte esto, ¿sí? —dio un ligero tirón a su ropa—. Luego voy a meterte en esta bañera de relajante agua caliente, vamos a ducharnos y todo va a estar mejor, ¿vale? Asiente, nalla, asiente con la cabeza para mí.

La hembra le dedicó el más leve de los movimientos. De sus labios no cesaban de escapar sollozos y las lágrimas que le corrían por las mejillas no hacían más que provocar sucios surcos en sus mejillas manchadas de sangre.

Maldijo para sus adentros y, con todo el cuidado que le fue posible y tratando de evitar mirarla fijamente, deshizo el nudo de la túnica y se la bajó con cuidado, sacándosela por los tobillos. La sangre había empapado la piel detrás de la tela, dejándola teñida de una fina y pringosa película rojiza, en su pelo se habían empezado a formar coágulos.

Metió la mano bajo el chorro de agua. Perfecta. Apresurándose todo lo posible para no dejar de sostenerla, se quitó la camiseta y volvió a agacharse a su lado.

—Bien, ahora levántate lentamente conmigo. Así, buena chica, vamos… un pie dentro —él entró primero, guiándola—, el otro. Ahora acércate… venga —la abrazó contra sí bajo el chorro y vio como el agua corría roja entre ellos. El olor metálico del líquido llenaba el baño.

La sostuvo hasta que dejó de temblar y los dientes ya no le castañeteaban, aún así ella seguía sin decir palabra.

—Voy a limpiarte un poco, mira —le acercó si gel de baño para que pudiera olerlo—, ¿ves qué agradable, Layla? Dentro de nada olerás hermosa, como siempre.

Se echó un buen chorro de gel en la mano derecha… y se quedó allí plantado como un gilipollas.

Joder, ¿qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Restregarle jabón por todo el cuerpo? ¿TODO?

Dio un paso atrás, alejando sus caderas, y lo que pasaba entre ellas, de la hembra. Fuera lo que fuera que había ocurrido, había sido muy malo, no necesitaba más cosas que la pusieran nerviosa ahora mismo.

Menos mal que se había dejado los pantalones puestos. Además, se sentía como un puto cerdo, excitándose por verla cuando ella estaba, a ojos vista, mal.

Con una maldición silenciosa y los dientes apretados, decidió que, como el cobarde que era, empezaría por el pelo. Él no usaba champú así que tendría que lavárselo con lo que tenía.

Nalla, necesito que eches la cabeza hacia atrás, ¿puedes?

La Elegida tenía los ojos clavados fijamente en la cerámica de la pared del baño, dándole la espalda, con lo que él obtenía una visión en primer plano de toda su espalda, sus piernas, su… ehem, eso. Ella hizo lo que le había pedido y Tohr procedió a extender el gel por todo su pelo, teniendo especial cuidado en las zonas manchadas y luego masajeándole el cuero cabelludo e un intento por relajarla.

Eso último le arrancó un suspiro que lo hizo sentirse como el macho más grande y feliz de todo el planeta, estaba consiguiendo hacerla sentir mejor.

Cogió el duchador y tuvo que acercarse más para ser capaz de aclararle el pelo bien, poco a poco la espuma, algo rojiza, fue desapareciendo y los bellísimos tonos dorados de su pelo volvieron a surgir. Cogió un mechón con delicadeza y lo pasó por el hombro de Layla hasta que le colgó por el pecho de manera que ella pudiera verlo.

La hembra pasó la mano por el pelo limpio y, finalmente, echó un vistazo hacia atrás, donde un empapado Tohrment la miraba como si le fuera la vida en cada una de sus reacciones.

Ella se aclaró la garganta.

—Gracias.

Si la mismísima Virgen Escriba hubiera bajado del Fade para devolverle todo lo que había perdido, no lo hubiera hecho más feliz de lo que lo había hecho Layla con una simple palabra. Se sintió enrojecer como una niñita y fue, aún más, consciente de la tienda de campaña que ostentaban sus pantalones.

Su hembra le había dado las gracias, había conseguido reconfortarla.

—Esto… vuelve a darte la vuelta, si quieres… así podré terminar de enjabonarte.

Durante varios segundos, que se le hicieron eternos, Layla no hizo ademán de moverse, se quedó contemplando el limpio mechón sobre su hombro, acariciándolo con una ternura de la cual Tohr sintió envidia.

Realmente llegó a preguntarse si no era enfermizo estar celoso del pelo de una hembra, leches.

—Me gusta cuando me llamas nalla —dijo ella por fin, con voz suave, pero sin darse la vuelta.

Tohr sintió que el corazón le daba un vuelco y se le hacía un nudo en la garganta. De lo que no estaba seguro era de si era de felicidad o tristeza… puede que una mezcla de ambas.

—Vale, nalla —dijo con voz rasposa—, ahora date la vuelta.

Con paso aún algo inseguro, ella se dio la vuelta quedando de frente a él. Tohr inspiró entre dientes apretados y removió las piernas incómodo, consciente de lo obvia que era su situación.

Fue una de esas pocas veces en las que un macho realmente desearía tenerla más pequeña.

Los intensos ojos verde bosque no perdieron detalle de su reacción, pasearon por su cuerpo desde las puntas mojadas de su pelo negro, pasando por su abdomen mojado, su cremallera a punto de explotar y sus pies, plantados con firmeza en la loseta mojada del baño.

Su polla dio un salto cuando su mirada la repasó una vez más. Sus ojos fueron perdiendo ese aspecto consternado, dulcificándose y suavizándose, un levísimo rubor rosado se extendió por las mejillas de la hembra.

—Tú me deseas —dijo con una voz rasposa que hizo que todo el vello de su cuerpo se erizara.

—Sí —realmente no veía razón alguna para negarlo y, estaba casi seguro, esos ojos no iban a pasarle ni una sola mentira más.

—Me deseas de verdad. A mí, como hembra, por mí misma.

—Sí, nalla.

Su mirada volvió hacia el rostro de Tohr y él la observó: Layla tenía los labios entreabiertos, respirando con dificultad, sus ojos lo contemplaban embelesados, pero había un tinte de sorprendida incredulidad en ellos, como si fuera virtualmente incapaz de figurarse el por qué o siquiera que él pudiera desearla como un macho desea a una hembra.

Sorprendiéndose a sí mismo por su osadía, se encontró levantando su empapada mano derecha hasta la mejilla de la Elegida. Su piel era suave como la seda bajo su palma, y la acunó contra sí como lo haría con algo muy, muy preciado para él.

—Eres bellísima, Layla. Claro que te deseo.

Le pareció ver una sombra de oscura... ¿ansiedad, decepción? Pasar rápidamente por sus ojos, pero en el mismo momento en que creyó hacerlo se esfumó y una lenta sonrisa se extendió por los labios de la hembra. Una sonrisa de seguridad, de una hembra que sabe lo que es… y lo que quiere.

—Tómame entonces, demuéstramelo —dijo ella con fiereza.

Tohr tragó saliva mientras su erección volvía a bombear violentamente. Las pulsaciones de la necesidad de Beth, las cuales había dejado de notar debido al estrés de ver a Layla así, comenzaron a hacer estragos en él de nuevo.

Mierda, ya hubiera sido difícil resistirse a una petición, no, a una orden, así en condiciones normales. Ahora… era casi imposible.

Como a cámara lenta, vio las manos de Layla alzarse hasta sus pectorales, sus palmas, suaves y ligeras le parecieron fuego en su piel y, conforme bajaban por su abdomen, dejaban tras de sí su piel expuesta por un calor abrasador imaginario.

Pero no fue el hecho de ella le tocara lo que le llevó a tomar la decisión que cambiaría el resto de sus vidas. No, lo que puso en movimiento la serie de hechos que se desencadenarían de ese momento en adelante, fue la inseguridad que comenzó a brillar en los ojos de la Elegida conforme notó que él no se movía.

Por supuesto que Layla era hermosa, era una de las hembras más bellas que había visto jamás. Ni siquiera iba a compararla con Wellsie, las dos hembras eran diferentes: la de su Wellessandra había sido una belleza flamígera, que parecía consumir el oxígeno a su alrededor con su intensidad, haciendo que a cualquier macho se le hiciera difícil respirar. Pero escondía un carácter más bien dócil, fruto de una estricta educación en el núcleo familiar aristocrático de la glymera¸su padre había sido leadhyre, y de una naturaleza principalmente tranquila.

Layla tenía una hermosura ni mejor ni peor, pero sí más natural, llevadera y fluida que siempre parecía estar en consonancia con el entorno que la rodeaba, dotándola de ese indefinible atractivo que nadie sabría explicar bien qué era. Tras esa imagen exterior perfecta, se escondía una hembra profundamente independiente que se revelaba ante el tipo de vida escogido para ella, si bien respetaba su “profesión”, por así llamarla. Y que, aún así, no había conseguido encontrar su lugar en el mundo y encajar.

Había sido esa misma expresión de inseguridad la que, en un primer momento, le había atraído de ella. La inseguridad conlleva muchas cosas y está causada por tantas otras: el poco conocimiento de uno mismo, la falta de sensación de pertenecer a algo o alguien, la melancolía y la ira, la indecisión.

El ese momento él se sentía profundamente inseguro acerca de su lugar y propósito en la nueva vida a la que Lassiter le había arrastrado, no conseguía encontrar su punto partida y ni siquiera vislumbraba uno de llegada.

Cuando miró en los ojos de Layla y vio reflejadas todas esas incógnitas, sintió una especie de conexión cósmica entre ambos. Seh, podría sonar a novela de amor barata, pero desde ese momento, se había sentido unido a ella y hasta que no fue capaz de no sentirse culpable por ello, no había conseguido dar el paso y aceptar que, de alguna manera desconocida para él, una parte de su corazón la había reclamado como suya.

Por todo esto, y mucho más que él aún no sabía, dejó que sus sentimientos y su cuerpo tomaran el control de la situación. Ella quería al Tohrment carnal, al macho apasionado que muy seguramente había idealizado. Y él iba a darle lo mejor de sí.

Dejó que las pulsaciones de la necesidad de Beth lavaran su mente de preocupaciones, despertando al macho, muy probablemente vinculado, que llevaba dentro.

Un suave gruñido involuntario escapó de sus labios mientras clavaba su mirada azul marino en la hermosa hembra frente a él. Con menos delicadeza de la que debería pasó ambos brazos alrededor de su cintura y la pegó a él. Describió lentos y amplios círculos con las caderas apoyadas contra sus muslos, asegurándose de que obtenía una clara sensación de lo que antes había visto.

Por toda respuesta, Layla desplazó las manos de su bajo vientre hasta sus hombros, agarrándose a él, acercándolo más, hasta que estuvo prácticamente seguro de que apenas podía respirar pegada a su pecho de esa manera.

Él mismo deslizó una mano hasta su nuca, para arquearle el cuello hacia arriba y la otra hasta la parte más baja de su espalda, de manera que solo la punta de sus dedos rozaba su culo.

La observó unos segundos y el nerviosismo amenazó con apoderarse de él por un momento mientras se lamía los labios. Virgen Santa, hacía ya tanto tiempo que no besaba a una hembra, ¿recordaría cómo hacerlo?

Supuso que era un de esas cosas que nunca se olvidan, como montar en bici, una vez has conseguido hacerlo, solo te queda mejorar… con la práctica… que él no había tenido.

Mierda, Wellsie nunca se había quejado y, joder, solo había que mirar a Phury, virgen hasta los doscientos y pico, y Cormia tampoco se quejaba, además…

—¿Tohrment?

La dulce voz de Layla le interrumpió en mitad de su paja mental, devolviéndolo a la realidad: por la obvia apertura expectante de sus perfectos labios rosados, ella esperaba que él diera el paso de besarla.

Volvió a pasarse la lengua por los labios y a prestar atención al deseo que surcaba sus venas. Le inclinó la cabeza un poco más y cubrió la distancia entre ellos.

Sus labios eran tan suaves y deliciosos como los recordaba, joder, sentirlos así de húmedos y calientes le hacía preguntarse a qué sabrían sus otros labios. Seguro que a pura ambrosía como éstos.

Sumergiéndose en el océano de sensaciones que se había desatado en su interior, subió su mano izquierda más, para cogerla por el pelo, mientras bajaba la derecha, cerrándola en torno a una firme y redondeada nalga.

Layla dio un pequeño respingo y sus uñas se clavaron en los hombros de Tohr, enviando una corriente eléctrica de delicioso dolor a lo largo de su columna.

Que solo consiguió ponérsela aún más dura.

Estaba intentando ser cuidadoso, sabía que ella nunca había estado del todo con un macho, pero hacía mucho que no tenía a una hembra y… estaba el pequeño factor de que ella era una ehros. Ergo, sabía lo que hacía, al menos teóricamente.

Tuvo por seguro que Layla no andaba perdida cuando sus manos comenzaron a intentar desabrocharle torpemente los pantalones sin mucho éxito.

Tohr bufó para sus adentros mientras la soltaba para ayudarla. Iba a tener que matar a quien fuera que había inventado los botones y las cremalleras, ¿es que siempre tenían que atascarse en los peores momentos? Un simple puto lazo hubiera sido más práctico.

Impaciente, ella acabó por dar un tirón de la prenda, mandando todo el conjunto al carajo. Hala, ya tenía un par de pantalones que no podría volver a ponerse. Y no le ponía eso cachondo…

Gruñendo su aprobación ante su repentina agresividad, se quitó los pantalones a toda prisa y se dispuso a besarla de nuevo.

Por la expresión sorprendida de la Elegida, se esperaba que llevara ropa interior. Sagrada virgen, ¡no! Al menos no iba a tener que pelear con una banda elástica endemoniada para desnudarse por completo.

Nah, se plantó delante de ella totalmente desnudo, duro y chorreando, tanto por la ducha como de deseo.

La mirada hambrienta en esos ojos verdes casi le hizo correrse; esta era una hembra a la que habían negado el placer de un macho durante demasiado tiempo. Ahora el tendría el placer de darle todo lo que quisiera y más.

—Ven, nalla¸ tócame, sé que quieres hacerlo —le sorprendió el ronroneo erótico en que se había convertido su propia voz.

Ella gruñó. Literalmente. Gruñó y se acercó a él, adelantó la mano derecha sin dejar de mirarlo a los ojos y…

PLACER. Tohr estuvo seguro de que no había conocido el verdadero placer hasta el momento en que Layla le puso la mano encima. Todo su cuerpo onduló como si ella fuera el polo opuesto de su imán atrayéndolo inexorablemente con una fuerza arrolladora, incombatible.

Lo siguiente pasaría a los anales de su vida como uno de los más momentos más patéticos de su existencia, pero no había nada que hubiera podido hacer para evitarlo: en cuanto ella lo tocó con un leve movimiento ascendente-descendente, se corrió. Así, sin más. Tuvo un orgasmo bestial que lo conmovió hasta lo más profundo de su ser, y se derramó incesantemente durante siete jodidos minutos en la mano de Layla, en el cuerpo de Layla, en la puta ducha. Con Layla.

Sus ojos habían estado muy abiertos en todo momento, recogiendo cada mínima emoción que recorría el hermoso rostro femenino mientras los miraba partirse en dos de placer.

Y, oh, sorpresa de sorpresas, ella bajó la mano contraria entre sus piernas y, a los pocos segundos, le acompañó, pequeños y delicados temblores recorriendo su cuerpo. Sus ojos tampoco abandonaron su rostro.

Se quedaron así durante un rato, las respiraciones aceleradas, los labios separados al jadear, las miradas entrelazadas. Entonces ella hizo la cosa más maravillosa del mundo: sonrió. Una sonrisa enorme, mostrando todos los dientes, estirando todos los músculos, llena de alegría pura y dura.

Tohr no estaba seguro de si le partía el alma verla así de feliz y pensar que, a lo mejor, nunca antes lo había sido; o si el pecho le iba a estallar ante el orgullo y el gozo de haber sido él quien causara esa reacción en ella.

Más allá de las palabras, la tomó por la nuca para volver a besarla, esta vez más lenta, profunda y dulcemente, permitiéndose recrearse en su sabor y textura, dejando que los sentimientos que le embargaban se deslizaran como suaves caricias por su piel inundando su ser.

No se había sentido así con nadie que no fuera Wellsie, pero bueno, realmente su experiencia se reducía a ella. Lo suyo había sido el típico matrimonio arreglado sin tenerlos en cuenta a ninguno de los dos. Con la diferencia de que habían tenido suerte: fue amor a primera vista.

Con Layla, todo era diferente. Nadie se la había impuesto, la había elegido por y para sí mismo. No había sido un flechazo inmediato, había tenido la oportunidad de irla descubriendo poco a poco. De ir descubriendo la pareja que podían llegar a ser poco a poco. Y, coño, aún le quedaba muuucho del tesoro por desenterrar.

Con cuidado de mantenerse bien equilibrado de manera que no se partieran la crisma en la cerámica de la bañera, se agachó y la alzó, pasándole un brazo por detrás de las rodillas. Ella dejó escapar una pequeñita risa nerviosa y luego echó la cabeza hacia atrás con una risa más profunda que sacudió su estómago.

Tohr la miró maravillado: estaba hermosa hiciera lo que hiciera.

—¿Qué te parece tan divertido, nalla?

—Ningún macho me había levantado así con anterioridad.

Él le sonrió con orgullo:

—Me alegro de escuchar eso, si te complace, te llevaré a todas partes así, seré tu palanquín personal.

—¿Palanquín? —preguntó confundida.

—Hay tantas cosas que tengo que enseñarte —rodó los ojos con fingida impaciencia.

—Exacto… —ronroneó ella y onduló contra su cuerpo, haciéndolo totalmente consciente de cada centímetro de piel pegada a él.

Tohr la llevó hasta la cama donde la depositó con suavidad, para luego colocar su enorme cuerpo sobre el de ella con cuidado. No le sorprendió ver que las curvas de su hermoso cuerpo se amoldaban sin dificultad a los duros planos de los de él, como si estuvieran hechos el uno para el otro.

Su piel estaba en llamas por el contacto con ella, las pulsaciones de Beth seguían reverberando en su cuerpo haciendo que su erección bombeara como si estuviera a punto de correrse de un instante a otro, y ella se movía, oh, tan sensualmente bajo él, cada ondulación y estiramiento de su cuerpo le estaba pidiendo a gritos que la hiciera suya.

Aún así, se tomó el tiempo para tomarla por la barbilla y mirarla directamente a los ojos:

—Layla, ¿estás segura?

—Eres mío y te necesito —dijo ella por toda respuesta.

Tohr sintió como si esas cinco sencillas palabras le llegaran más hondo que cualquier larga explicación sobre los pros y los contras de estar juntos, más hondo que cualquier beso, más hondo que cualquier inhibición. Borraron de su cerebro cualquier duda de que esto, ellos estaban MAL.

Estaba posicionado y a punto de entrar en ella con un fluido movimiento cuando se quedó congelado en su sitio, ¿cómo podía ser tan animal? Joder, ella no había estado nunca con ningún macho así, tendría que prepararla a conciencia antes de poder mete… errrr, eso.

Poniéndose de rodillas en el colchón, se alzó sobre ella, repasando su cuerpo con ojos hambrientos.

—Ahora sé quién eres —dijo ella misteriosamente mientras se revolvía bajo su mirada.

Tohr ladeó la cabeza ante el extraño comentario y decidió desecharlo por el momento. Colocó una mano en cada rodilla de la hembra e hizo una ligera presión hacia afuera.

—Abre para mí, nalla.

Ella suspiró y obedeció, revelando su secreto mejor guardado: su caliente y rosado sexo brillando húmedo bajo la tenue luz de la única lámpara encendida en la habitación.

Él inspiró hondo, soltando un siseo ante la apetitosa vista y alargó una mano tentativamente para deslizar un único dedo entre el pliegue de sus resbaladizos labios. Layla arqueó la espalda alzando las caderas hacia él como si pidiera más.

Tohr aventuró un dedo en un interior… y tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad solo por imaginarse a sí mismo entrando allí… húmedo… apretado… cálido.

Se tomó su tiempo, añadiendo otro dedo tras un rato de trabajarla así, observando las expresiones de su rostro ante el cambio, cómo se contraían sus músculos, cuándo abría más las piernas o rogaba.

Cuando la sintió casi al borde se agachó sobre ella y aplicó sus labios, sus dientes y su lengua a su sexo, solo parando cuando Layla empezó a estremecerse y su nombre salió de sus labios casi en un grito. Tohr lamió cada gota de ella, deleitándose en el exquisito sabor que había sabido que tendría y la acompañó hasta que el último de los temblores pasó.

Era el momento perfecto, colocó sus caderas entre sus piernas y permitió que sólo la rosada punta de su miembro entrara. Ella se tensó durante un momento, pero luego le rodeó con piernas y brazos rápidamente.

Comenzó un suave balanceo adelante y atrás, entrando un poco más con cada pequeño empujón hasta que sus caderas tocaron las de ella. Estaba completamente dentro. Se incorporó en los codos y la miró.

Estaba muy quieta, su boca estirada en una línea rígida y por el color de sus mejillas parecía estar aguantando la respiración.

Tohr sabía que había tenido que dolerle al menos un poco, él no era pequeño y recordaba perfectamente las lágrimas y la sangre de Wellsie en su primera vez.

Pero Layla no lloraba. Todos sus instintos de macho casi vinculado le gritaban que se apartara, que cómo se atrevía a dañar a su hembra, pero él sabía que debía quedarse dentro hasta que ella se adaptara a su tamaño.

—¿Nalla? —preguntó en un susurró inseguro.

Layla soltó el aire de golpe y abrió los ojos poco a poco, los tenía algo húmedos, pero le sonrió con seguridad, luego con alegría y se removió debajo de él.

—No ha dolido tanto como la anterior Directrix dijo que dolería.

Tohr suspiró de alivio y apoyó la cabeza en el hombro de la hembra.

—Yo… soy un chico grande y eso no ayuda —explicó

La risa de Layla le sorprendió, así como que lo cogiera del culo con ambas mano y empujara hacia adelante ligeramente.

—Bueno, se supone que eso será lo divertido luego, ¿no?

La miró maravillado. Sagrada Virgen, mantenía el humor en todas las situaciones, era capaz de ver el lado brillante allá donde fuera. La besó con alegría y comenzó a moverse con todo el cuidado que fue capaz, intentado detectar ese punto dentro de ella que lo haría todo mucho más placentero.

Bueno, solo era la primera vez, pero por la cara de Layla, lo estaba encontrando.

Intentaba ir despacio, por la Virgen que lo intentaba una y otra vez, pero era incapaz de controlar el movimiento de sus caderas, además, seguir sintiendo las pulsaciones de la necesidad de Beth lo tenían al borde.

Seguro que Wrath la estaba sirviendo, pero la primera necesidad de una hembra era la más dura, así que no se librarían de la sensación, mínimamente, hasta que acabara el día.

Si no le estallaba la polla en pedazos primero, claro.

Se incorporó en los codos nuevamente para observarla: tenía los labios abiertos en una mueca placentera y los ojos fuertemente cerrados, aunque, de vez en cuando, sus parpados se agitaban con rapidez y fruncía el ceño como si estuviera acostumbrándose a las nuevas sensaciones.

Entonces empezó a moverse sobre el colchón sus curvilíneas caderas yendo al encuentro de las suyas en un vaivén que amenazó con volverlo loco.

Gruñó apretando los dientes en un esfuerzo por contener el orgasmo que ganaba fuerza en él.

Nallanalla, si siguies haciendo eso… yo… no podré aguantar más.

Ella abrió los ojos y sonrió, una sonrisa pícara, sexual. Que no le gustó un pelo. La hembra ladeó la cabeza ligeramente, como si quisiera enfocarlo mejor.

Para luego comenzar a moverse con más fuerza bajo él, consiguiendo acompasar sus movimientos con los suyos magníficamente, volviendo loco con los contratiempos.

—Layla… ah —fue lo último que fue capaz de decir antes de que su cuerpo tomara el control total y absolutamente, negándose a ser contenido durante más tiempo. El orgasmo le golpeó como un tren a toda velocidad, impulsando sus caderas con una fuerza y velocidad arrolladoras.

Dios, se corrió tanto y tan fuerte que parte de su semilla se desparramó por los muslos de Layla, que, por otra parte, parecía encantada por todo ello.

Cuando acabó, comenzó a rodar para tumbarse de espaldas y así asegurarse de que no la aplastaba, pero ella se enroscó en torno a su cuerpo con más fuerza, impidiéndole moverse.

—¿Qué pasa? —preguntó desconcertado.

—No te vayas, quiero seguir sintiéndote —explicó.

Tohr le sonrió con dulzura y le apartó unos pocos mechones rebeldes que se le habían pegado rostro.

—Debes estar incómoda con este montón de macho encima y dentro de ti. Permíteme limpiarte a gusto.

—Sólo un poco más —se revolvió e hizo un puchero.

Él rió y se colocó de la mejor manera que pudo, aún entre sus piernas. Y… joder, no podía ser… volvía a tenerla dura. Esto no era normal…

Layla lo miró con ojos que le decían que sabía exactamente lo que estaba pasando por ahí abajo y que no pensaba dejarlo sin solución.

Se mordió el labio inferior, indeciso ante qué hacer: no quería hacerle daño, además, aún ni siquiera sabía qué cojones le había pasado para entrar en esas condiciones en su habitación.

—¿En qué piensas? —preguntó la Elegida leyendo su rostro.

—En que soy una bestia, ni siquiera me he preocupado por preguntar qué ha ocurrido, cómo estás, o qué necesitas.

Una perfecta ceja rubia se arqueó para mostrar incredulidad, le acarició el rostro con ternura.

—Me has dado todo lo que necesitaba, Tohrment, estoy bien —aseguró—. Pero… quiero más.

Sintió su polla dar un respingo en el resbaladizo y húmedo interior de la hembra. Gruñó y bajó la cabeza hasta su hombro.

—Vas a matarme.

—Oh, no lo creo. Antes hay algo que quiero probar.

Le apartó y con un movimiento lleno de gracia y fluidez se colocó encima de él, montándolo. Su cara era una gran sonrisa de gozo y él no pudo evitar contagiarse.

—Adelante, pues —la instó, dispuesto a sumergirse en el placer con ella y olvidarse de todo lo demás.

Ahora, eran uno.
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ESCENA DE EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE DE QHUINN DESDE EL PUNTO DE VISTA DE VISHOUS

V rotó lo hombros, intentando relajarlos para no tener agujetas al día siguiente, y se apoyó en la pared de la habitación de Tohr, observando que su hermano, ahora k.o en la cama, se mantuviera estable y no empezaran a salirle espumarajos por la boca ni nada por el estilo.

Cuando llevaba allí ya cinco minutos, fue incapaz de evitar encenderse un liado a pesar de que “técnicamente” estaba en el cuarto de un convaleciente.

Al carajo. Sus pulmones, qué coño, su sistema nervioso necesitaba una buena dosis de nicotina.

Un escalofrío le recorrió la columna y se dio más prisa con el mechero. Su puta suerte, colega, ya era el segundo año que le pasaba lo mismo: encerrado en pleno puto día con una hembra en plena necesidad en la mansión.

Al menos este año tenía una shellan con la que desahogarse. En el caso de que no estuviera trabajando. Como hacía unas… veinticinco horas al día.

Y NO. NEIN. NIET. OCHI. NON. No iba a recurrir a su palma derecha para calmar los latidos desenfrenados de su polla. Estaba por encima de esa mierda. Estaba emparejado, mierda.

Ok, calma, respira.

Jane le había asegurado que en cuanto se desembarazara de saco-de-patatas-Tohr y se asegurara de que estaría bien, léase: no ahogado en su propio vómito; estaría libre para él, de modo que podría pasarse el resto del dichoso día enterrado entre las cálidas piernas de su shellan.

De puuuta madre.

Le dio la última calada al pitillo, lo apagó en el talón de su shitkicker y se guardó la boquilla en el bolsillo trasero del pantalón.

Le echó un vistazo más cercano a Tohr: aparte de un pómulo que parecería un puto cuadro abstracto por la mañana, respiraba serena y constantemente.

Hala, hasta más ver. Tenía una misión de mayor importancia que llevar acabo.

Seh, como coger a Jane en volandas y correr hasta La Guarida como el demonio antes de que las pelotas me implosionen.

Cerró con cuidado tras de sí y apenas había dado unos cuantos pasos por el pasillo e imaginado unas pocas posturas en las que follar a su shellan cuando la vio aparecer de la nada en el pasillo.

Sus labios se estiraron involuntariamente en una mueca de moñas-sentimental-enamorado-hasta-las-trancas.

—Eh, nena, ya iba yo a por ti, pero… —cerró el buzón en cuanto vio el careto de Jane. Estaba muy desconcentrada, porque apenas era corpórea y costaba ver sus facciones, pero tenía el horror plasmado en ellas. Algo muy, muy malo había pasado.

Anduvo los pocos pasos que lo separaban de ella y la cogió por el brazo, la mujer se volvió sólida casi al instante. V sabía que si su Jane no hubiera sido la tipa dura que era ahora mismo estaría llorando.

—¿Qué cojones ha pasado? ¿Estás bien?

Ella asintió, sacudió la cabeza efusivamente y luego comenzó a tirar de él pasillo abajo.

—Joder, mierda, solo fue un minuto, V, un jodido minuto. Te lo juro, solo me di la vuelta un minuto —empezó a desplazarse rapidísimo de esa forma fantasmagórica tan extraña y el comenzó a correr para seguirla—. ¡Vamos, más rápido! Dios mío, si Zsadist no ha contenido la hemorragia correctamente se habrá desangrado para cuando lleguemos.

¿Hermorragia? ¿Zsadist? ¿Desangrarse?

Joder, estaba corriendo lo más rápido que podía, que no era poco, para mantenerse a la altura de Jane, en la siguiente esquina se encontrarían las puertas dobles de la Enfermería. Apretó más el paso.

Jane se detuvo un momento en el gimnasio y llamó a quien fuera que estuviera a gritos. V pudo escuchar pesados pasos detrás de ellos, a los pocos minutos, pero no tenía ni idea de qué hermanos les estaba siguiendo.

—Jane, ¿qué le ha pasado a mi hermano? ¿Está Z bien?

—A tu hermano no —dijo la doctora sin volverse mientras abría las puertas—, a él.

La escena que lo recibió en la sala parecía sacada de un cuadro del Bosco: Zsadist estaba sentado en el suelo, sus pestañas se agitaban violentamente y parecía al borde de desmayarse, Rhage, que era uno de los que habían estado en el gimnasio, lo levantó para llevarlo hasta su cubículo y Butch, que lo acompañaba, tomó el lugar del anterior presionando la herida de un Qhuinn que parecía a punto de palmarla.

Layla estaba agachada en una posición fetal en una de las esquinas de la Enfermería… y estaba cubierta de sangre desde la barbilla hasta la mitad del pecho, manos y antebrazos incluidos ¿qué coño? Miró de Qhuinn hacia la Elegida. No había que ser un genio para intuir qué había pasado.

Y Vishous lo era.

Siguió a Jane al lavadero de manos y luego la ayudó a preparar el instrumental para intervenir.

Cuando estuvieron listos, Butch se apartó.

—Ve a por una Elegida, una del Santuario, será más rápido —le ordenó a su hermano—. Rhage sostenlo está teniendo espasmos musculares involuntarios.

Todo el cuerpo del muchacho se retorcía sobre la cama, con tanta violencia que Rhage apenas si podía con él. V limpió la herida para facilitar la visión a Jane que comenzó a coser sin titubear.

Pero antes de que Butch hubiera entrado con la Elegida que serviría de donante al muchacho, Qhuinn tuvo un paro cardiorrespiratorio. Su cuerpo se convulsionó una última vez y se quedó mortalmente quieto.

Vishous maldijo como un marinero y se puso a reanimarlo mientras Jane no paraba de coser.

Era increíble: Layla le había desgarrado la garganta tan profundamente que había múltiples capas de tejido que debían ser recompuestas antes de poder coser la epidermis y así para definitivamente la hemorragia.

Esa hembra tenía mucha más fuerza de la que parecía o había estado poseída por su más básico instinto animal en el momento en que había atacado de esta manera.

V se arremangó la camisa, que iba a tener que tirar, sacudió las manos y se puso a hacerle el masaje cardio-pulmonar, empujando con toda la precisión y fuerza que podía e un intento por hacer que el corazón del macho volviera a bailar la samba como de costumbre.

Pero no parecía estar surtiendo efecto.

—¡Niñato de mierda, uno ,dos ,tres ,cuatro, como te mueras, uno, dos, tres, cuatro, te reviviré y te mataré de vuelta! —gruñía V entre empuje y empuje. Qhuinn no respondía—. ¡DESFIBRILADOR! —gritó sin parar el masaje.

Jane, que por fin había terminado de coser, se precipitó a por la máquina, resbalándose en la sangre del suelo y la que manchaba sus zapatos. Empujó el aparato rápidamente, sacó las palas y las frotó, sin más preámbulos las aplicó al pecho del chico, lo cual le provocaría quemaduras luego, pero no había tiempo.

—¡220! ¡Cargando!

V apartó las manos para no ser partícipe de las quemaduras que Qhuinn, en cuanto despertara porque el muy hijo de la gran puta iba a despertar como que él era hijo del bastardo del Sanguinario, no iba a apreciar demasiado.

Butch llegó prácticamente arrastrando a la Elegida detrás de él, en los ojos de la hembra podías ver que estaba asustada, pero su cara era de total y absoluto compromiso. Ella se apresuró hasta la cama, le abrió los labios a Qhuinn, se rasgó la muñeca y puso el flujo de sangre directamente sobre su boca, fluyendo en su garganta.

—¡360! ¡Cargando! —gritó la doctora.

Vishous hizo una mueca cuando oyó el recuentro de Jane de la potencia del desfibrilador, coño, hasta Butch la miró, incluso él parecía saber que esa cantidad era una barbaridad. Pero el chico seguía sin responder, Rhage le había pegado al pecho las almohadillas del electrocardiograma que mostraba una línea recta constante.

La Elegida tuvo que volver a reabrirse la herida y la apretó con más fuerza.

—Vamos, bebed, sire.

Vishous y Jane se miraron, la doctora asintió y él rotó los hombros.

Los dos sabían cuál era la última opción, ya había tenido que usarla un par de veces antes con alguno de sus hermanos.

Él mismo había visto el recuperatorio y no era algo bonito. Pero era efectivo y eso era todo lo que importaba en estos momento.

—No te apartes de él, pase lo que pase —le dijo a Sonya clavando en ella sus ojos color hielo, luego se volvió hacia Qhuinn—. Te vas a arrepentir de haberme hecho llegar a esto, muchacho, cuando te despiertes va a doler como la mierda. Pero me lo vas a agradecer.

Vishous alzó el brazo derecho, hizo un puño de su mano enguantada y lo descargó de lleno en el esternón de Qhuinn. Un CRAC sonoro llenó la habitación, junto con un chispazo de su mano. La espalda del chico se arqueó en lo que pareció una curva imposible y su boca cogió aire para luego comenzar a beber la sangre que chorreaban por ella.

El electro se reactivó con un pip comenzando a marcar las ondas de sus pulsaciones.

Jane se colocó detrás de la Elegida y le puso la mano en el hombro al ver su cara de susto.

—Tranquila, no dejaremos que beba más de la cuenta, solo lo suficiente para que su corazón siga latiendo —se volvió hacia Layla—. Márchate, no será bueno que te vea cuando despierte.

Vishous se dejó caer en la silla más cercana mientras se limpiaba el sudor de la frente. Miró hacia el techo, descargando tensión de su cuello.

—Jane, no dejes que se incorpore, tiene el esternón fracturado y podría punzarse un pulmón. De esa ni siquiera yo podría salvarlo.

Joder, no le molaba hacer de niñera. Pero hacer de niñera-enfermera-salvavidas… ya era demasiado, macho. ¡Aquí llega V, reviviendo gente a lo Lázaro! En realidad de manera un pelín más violenta, pero qué se le iba a hacer.

Bueh, al menos el crío viviría para cascársela una vez más, ¿él por su parte? En cuanto todo el estrés se le pasara volvería a tenerla dura y Jane aún tenía que cuidar de Pupitas-Qhuinn.

COÑO.

Humm, ojalá, pensó.

14 sept. 2011

Cita ENVY


La mirada de Jim estaba muerta y su voz era profunda como las campanadas de una iglesia.

—Tú lo sabes todo. ¿Todas las respuestas que buscas? —el hombre puso el índice en el pecho de Veck, justo encima de su corazón—. Están dentro de ti.

Veck quiso devolverle el favor con un montón de lo que fuese. Pero no pudo.

Cosas que ha dicho Ward en la prueba de chat


Confirmado. No'One será la pareja de Tohr. Ya hacía meses que corría el rumor y era casi seguro... sin embargo, muchos de nosotros aún teníamos la esperanza de que no fuera así.

Tendremos que esperar a leer el libro para ver si Ward nos convence del todo.

Por otra parte, ha dicho que John y Xhex no están demasiado bien ahora, ¿por qué será? ¿tendrá algo que ver Murhder en esto?

8 sept. 2011

Noticias sobre el fic de Neï


En el capítulo 10 tendremos una MACRO-ESCENA de Tohr y Layla. Todo el capítulo será para ellos y... ya se verá qué pasa.

Por otro lado, después del capítulo tendremos un regalito: Neï ha reescrito la escena del capítulo anterior en la que Qhuinn tiene una experiencia cercana a la muerte DESDE EL PUNTO DE VISTA DE VISHOUS. Tenemos que agradecerle este extra a Dai Maestre, que es quien le dio la idea.

Sólo hay que esperar hasta el día 15 para leer el capítulo y el extra. Os aseguro que la espera vale la pena ;)

5 sept. 2011

¿Quién es John? Fase I


Por fin ha llegado el momento de elegir a John, ese macho que hemos visto evolucionar y que ha pasado de ser un pre-trans a ser un magnífico guerrero. Desde hoy hasta el 14 de septiembre tenéis de plazo para proponer modelos.

Os dejo una pequeña descripción:

"Ligeramente más grande que sus amigos, tenía el pelo castaño oscuro, cortado casi al rape, y una cara atractiva; pero sus ojos azules parecían los de un muerto. No se percibía el más mínimo brillo en ellos". Amante Mío, capítulo 1, p. 27

"En abierto contraste con su aspecto de la época en que era un pre-tans, John tenía ahora la masa muscular de un luchador profesional, pero como su esqueleto era tan grande, el peso se repartía a lo largo de los huesos, lo cual le daba una apariencia más elegante que la de aquellos humanos que parecían inflados artificialmente dentro de sus apretadas mallas. Había adquirido la costumbre de cortarse el pelo al rape y eso hacía que las líneas de su rostro parecieran más duras. Los círculos negros que tenía debajo de los ojos reforzaban su apariencia de matón. Una apariencia terrible". Amante Mío, capítulo 2, p. 35

"A Xhex le pareció que hacía siglos que no lo veía. ¡Dios! Seguía siendo muy apuesto, incluso más de lo que ella recordaba en sus momentos de recogimiento. Con aquel perfil fuerte y de rasgos duros y esos extraordinarios ojos azules, la cara de John era la de un guerrero. Y además tenía un enorme cuerpo que no desentonaba con el rostro, con unos hombros en los que cabrían tres hembras como ella. Toda la ropa que llevaba era de cuero, a excepción de la camiseta que tenía debajo de la chaqueta. Llevaba, en fin, la cabeza rapada, como si hubiese dejado de procuparse por el peinado y sencillamente se la rasurara con una maquinilla". Amante Mío, capítulo 15, p. 159

¿Cómo mandar la imagen o proponer modelo?
1. Podéis dejar el link de la imagen o el nombre justo aquí abajo, en los comentarios.
2. Podéis mandar las imágenes al correo blackdaggher@gmail.com

Es conveniente que siempre que sepáis el nombre del actor, modelo, etc. lo pongáis. Si no lo sabéis, seguro que entre todos logramos averiguarlo.

Os recuerdo que SÓLO se puede proponer 2 candidatos por persona.

¿Quieres ser quién le ponga cara a John? ¡Participa!

Cita nº1.



"—Llévame contigo. Por favor… no me dejes aquí".

Xhex a John en Amante Mío, capítulo 15, p. 159

Mes de Septiembre, Libro de John


Después de mucho esperar, llega el momento de John y Xhex. Vamos a dedicar todo este mes y el siguiente a tratar Amante Mío y sus protagonistas.

Como siempre, os animo a participar con críticas al libro, opiniones, escenas para recordar, citas... todo lo que se os ocurra. ¡Y espero que lo hagáis! Os recuerdo también que todo aquel que esté interesado en mandar algo puede ponerse en contacto a través de este correo blackdaggher@gmail.com.

Os dejo con la dedicatoria de Ward a John:

DEDICADO A TI.
NO PUEDO CREER QUE TÚ Y YO HAYAMOS
LLEGADO TAN LEJOS
TU LIBRO NO ES UN ADIÓS,
MÁS BIEN ES SÓLO OTRO COMIENZO
PERO TÚ ESTÁS ACOSTUMBRADO A ESO...

Cita ENVY


Él volvió a mirar el cielo azul brillante con sus volubles nubes blancas.

Después de un momento, dijo:

—Me sentí aliviado cuando te fuiste tan rápido la pasada noche.

Bueno, eso fue una bofetada en la cara que la hizo entrar en razón.

—Un placer haber ayudado —dijo ella con irritación.

—Porque podría enamorarme de ti.

Cita ENVY


Al caer la noche, Adrian estaba borracho… pero no cachondo.

Las dos cosas no iban siempre de la mano; por ejemplo, cuando se despertaba, normalmente estaba listo para algo de acción tanto si bebía como si no probaba ni gota. Sin embargo, raramente se tomaba un par de cervezas sin sentir ese zumbido que lo hacía sentirse mareado. Y no era que siempre acabase con cara de borracho, no estaba seguro de que fuera posible. Pero los ángeles podían embriagarse y, en general, eso daba lugar a todo tipo de ey-cómo-estás.

Cuarto vídeo de ENVY: El regreso de Veck.


Gracias a Neï por la magnífica transcripción.

El héroe, Thomas DelVecchio Junior, realmente fue introducido en Lover Unleashed y es el hijo de un reconocido asesino en serie, pero también es un detective de homicidios.

Entonces, cuando otro asesino en serie aparece muerto, él mismo se encuentra en la escena y es incapaz de recordar qué ha ocurrido, esto desencadena una sucesión de eventos que lo llevan a un terreno bastante oscuro.

3 sept. 2011

Aviso rápido


¡Estoy sin Internet! He tenido un puto problema con el movistar de los cojones. Me tienen hasta las narices. Por lo que me han dicho, mañana ya tendré conexión. Si no es así, espero que el lunes sí.

Mañana o el lunes, subiré rápidamente todas las noticias nuevas de la Ward, los vídeos y empezaremos con la elección de John.

¡Os echo de menos!

Un beso muy grande.


Amante Renacido: capítulo 9 por Neï


Buenas de nuevo :D

Este capi viene cargadito de tensión por todas partes (literal y metafóricamente XD)

Tal y como habéis visto en capis pasados, Layla parece tener las cosas medianamente claras, mientras que Tohr no tiene la más puta idea de dónde está parado.

Bueno, pues os informo de que nuestro macho va situándose en este capi y que el próximo… las va a hacer en la silla o dónde sea que estén leyendo :p No digo más.

Ya lo dije en Face y Twitter, pero repito: Las fans de Qhuinn van a pasar un muy mal rato, pero era necesario y, una vez lo lean, espero que todas entienda por qué. No ha sido el caso en este capi, pero, muy probablemente a partir de ahora en lo tocante a la evolución de Qhuinn, me mantendré fiel a lo ocurrido en Lover Unleashed, incluso puede que saque pasajes literales de ahí, de modo que si algo les suena, ya saben

Por último, pero no menos importante, este capítulo está dedicado a la magnífica Daggher. Sabes que esto realmente no sería posible sin ti y todo el trabajo que dedicas a tu magnífico blog :D Por ello, la escena que ya sabes, es toda TUYA.

¡UN BESOTE A TODAS, ESPERO SUS COMENTARIOS!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 9. ¿Quién soy?.

{Nosce te ipsum.}
Conócete a ti mismo.


Tohr estaba intentando dormitar cuando escuchó las sábanas de la cama de al lado revolverse, volvió en sí con toda la rapidez posible y enfocó la vista hacia la derecha. Layla se retorcía ligeramente en su cama, aún no tenía los ojos abiertos, pero por sus movimientos sabía que la hembra acababa de despertar.

La observó llevarse las manos temblorosas hasta los ojos y restregárselos con lentitud, luego parpadear repetidas veces mientras sus pupilas se acostumbraban al resplandor de los tubos halógenos. Un gemido ronco salió de su garganta y luego tosió con algo de violencia, su delicado pecho subió y bajo tembloroso.

Él no se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración hasta que notó que la Elegida necesitaba ayuda. Con algo de torpeza, las mantas no parecían estar de su lado esta noche, se levantó de la cama y sosteniéndose en la pared anduvo hasta ella, decidido a servirle un vaso de agua… o a derretir el Himalaya entero si eso calmaba su sed.

—Layla… —su propia voz era un susurro indeciso.

Los ojos verde pálido se clavaron en los suyos con una intensidad que no recordaba, se agrandaron de sorpresa al verle, bebieron ávidos de su imagen y, tras lo que le parecieron eones, comenzaron a llenarse de lágrimas. Gruesas gotas caían sin cesar por las mejillas femeninas y él no podía hacer más que contemplarlas como un gilipollas.

Los labios algo agrietados de la hembra se abrieron, mostrando unos colmillos totalmente extendidos que debían ser bastante dolorosos, y un sonido ronco salió de su garganta. Sus ojos volvieron a abrirse, pero esta vez en pánico y su mano derecha fue directa a su garganta, arañándose en el frenesí por hablar.

Gracias, Sagrada Virgen, Tohr reaccionó en ese mismo momento. Localizó la jarra de agua y en menos de cinco segundos tenía un vaso bien lleno para ella. Con todo el cuidado que pudo se sentó a su lado.

—Voy a levantarte un poco la cabeza para que puedas tragar mejor, ¿vale? —le explicó con suavidad. Ella asintió con la cabeza, sin dejar de llorar.

Pasó su mano con suavidad por detrás de la su nuca, alzándola lentamente y con la otra acercó el vaso hasta sus sedientos labios, inclinándolo poco a poco, dejándola beber con tranquilidad.

—Buena chica, así despacio, todo va a ir bien. Layla, todo va a mejorar.

Parecía que la hembra se estaba tranquilizando, pero en el momento en que pronunció su nombre, el reguero de lágrimas que caía por sus mejillas se redobló. Tohr maldijo para sus adentros y dejó el vaso ya vacío sobre la mesita una vez más.

Algo indeciso, se acomodó mejor junto a ella y la acunó contra su pecho, igual que hacía Wellsie en las noches en que al volver al a la casa notaba que algo lo había trastornado y que no se sentía bien. El sonido continuo y estable del firme pulso de su shellan siempre había conseguido que volviera a sentirse en casa una vez más, lo había mantenido anclado a la realidad. Y por la mirada en los ojos de la Elegida, se daba cuenta de que ella necesitaba sentirse segura de nuevo, al menos hasta que su cuerpo mejorara y pudiera volver a valerse por sí misma.

Las lágrimas de Layla que habían caído en silencio hasta eso momento, se tornaron en sollozos desgarradores, ella se agarró a él como si no creyera que lo que estaba ocurriendo fuera real. Su rostro, enterrado en su pecho estaba contorsionado por la angustia, los ojos fuertemente apretados, los labios abiertos para conseguir respirar.

—Todo está bien, shhhh —intentaba calmarla mientras le acariciaba el pelo—. Has sido tremendamente fuerte Layla, todo ha ido bien gracias a ti. Tranquila… —apoyó su cabeza en el pelo de ella y la sostuvo hasta que los sollozos se convirtieron en suaves hipidos y luego su respiración comenzó a normalizarse.

—Yo… lo siento, no debería haberos hecho pasar por esto… Tohrment —no parecía estar muy segura de qué tratamiento darle, formal, informal. Joder, después de tooodooo lo que había pasado, no era como si él lo supiera tampoco.

Pero, joder, supuso que una experiencia cercana a la muerte, por ambos lados, les permitía saltarse las formalidades, ¿no?

—No pasa nada, ¿cómo te encuentras?

Alzó la cabeza de su pecho, las lágrimas aún brillaban sobre sus pálidas mejillas y sintió la irresistible tentación de recogerlas con su pulgar y así borrar todo signo de tristeza de su precioso rostro. En su lugar se quedó mirando como ella se pasaba el dorso de la mano descuidadamente por las mejillas.

—Me siento muy débil, pero en cuanto tenga algo más de fuerza, iré al Otro Lado para terminar de recuperarme allí. Me alegro de que estés bien.

Irse… pero ella no podía marcharse, tenían demasiadas cosas de las que hablar, cosas que explicarse. Santa mierda, ¿por qué todo tenía que ser tan difícil?

Se aclaró la garganta.

—Eh, sí, claro. Layla, Jane me ha explicado cómo te has puesto en peligro por mí y yo… no sé cómo darte las gracias. No tenías por qué hacerlo, de ver…

La expresión de su cara cortó la frase por la mitad. El rostro de Layla sugería que si él pensaba que ella no debía hacer algo así era tonto.

Tohr sintió como la boca se le secaba, se pasó la lengua por los labios con nerviosismo y vio como un par de cansados ojos verdes seguían el movimiento con avidez. Ninguno de los dos dijo una palabra durante un buen rato.

—¿Por… por qué lo hiciste? Digo, ponerte en peligro de esa manera, ¿por qué?

Se mordió los labios cuando ella lo enfrentó con el enfado dibujado en sus facciones: si no lo sabes, Tohrment, parecía estar pesando, no es que seas tonto, es que eras un gilipollas integral.

—Cualquiera de tus hermanas podría haber ayudado.

¡¡¡Tin, tin, tin!!! Suena la campana de los premios, diez puntos para Tohr, el más Imbécil de Todos, por sólo abrir la boca para cagarla.

—Era mi deber —explicó la Elegida con expresión dolida—. Puede que aún no lo entiendas, pero lo era.

Oh, no, el labio inferior le volvía a temblarle un poco. Si se ponía a llorar de nuevo sería incapaz de resistirse a besarla parar que se calmara. No podría…

—Hay muchas cosas que no entiendo.

—Me gustaría ayudarte —explicó ella. Su mano derecha se alzó, algo temblorosa hasta posarse sobre su mejilla, aquella en la que el Symphath le había herido—, pero es algo que deberás comprender tú solo. Todo está en tu interior, sólo tienes que abrirte a ello.

Ábrete al amor… en todas sus formas. Las palabras de la Virgen Escriba volvieron a resonar en su cabeza y lo acojonó ver cómo todo parecía estar conectado en esta vida.

—Me temo que no tengo las llaves para abrir todos los candados de mi interior.

Layla le sonrió con una tristeza y una comprensión que parecían infinitas, pero, sobre todo, vio tenacidad en su rostro. La hembra parecía preparada para enfrentarse cualquier cosa.

Tú mismo eres la llave, sólo tienes que intentarlo más duro. Cuando oigas el click, será inconfundible y todo, o casi todo —rió—, tendrá sentido. Ahora que sé que estás bien, necesito seguir descansando.

—Oh, claro —respondió aunque aún seguía procesando las palabras de la hembra—. Te dejaré para que puedas dormir —comenzó a incorporarse, pero ella se aferró a su camiseta.

—No, no te vayas de nuevo… por favor.

El miedo en su voz lo paralizó por un momento y luego hizo que se comenzara a fundirse a fuego lento con el solo pensamiento de que ella lo necesitara. Era una gran responsabilidad, pero… por extraño que le resultara incluso a él mismo, estaba dispuesto a sobrellevarla.

—No te preocupes, estaré aquí cuando te despiertes —como tú estuviste para mí, añadió mentalmente.

****


La respiración de Layla se había vuelto profunda y acompasada hacía solo unos pocos segundos cuando Jane entró en la Enfermería.

Sus cejas marcaron un pronunciado arco sobre sus ojos al ver a Tohr en la cama de Layla sosteniéndola mientras dormía.

Sin apenas hacer ruido se acercó hasta donde estaban y chequeó las vitales de la hembra en el monitor, luego las contrastó con aquellas que ya habían sido impresas.

Tohr la observaba con ansiedad, ¿Qué esperas, que te dé un diagnóstico o algo, gilipollas?

—El surero está haciendo su trabajo, ya casi no hay signos de deshidratación, pero sigue preocupantemente anémica —comentó la doctora casi para sí misma.

—Yo —Tohr se aclaró la garganta—, podría alimentarla si es sangre lo que necesita.

La mirada que Jane le dirigió le hizo sentirse un gilipollas por segunda vez en tan solo media hora. Leches, ¿qué tienen las hembras contra mi coeficiente intelectual hoy?, pensó.

—No estás en condiciones de ser donante ahora mismo, además, no estamos totalmente seguros de haber eliminado el 100% del veneno de tu sangre, sólo sabemos que tu organismo es capaz de enfrentarse a lo que los restos de éste que queden en él. Con lo débil que está Layla, el más mínimo índice de toxinas en la sangre que reciba podría ser mortal. Así que no, no eres una opción viable.

Naturalmente ese “opción viable” sonó como: pedazo de mierda.

Y después de todo lo que había pasado, a Tohr acabó por tocarle un poco los cojones la actitud de la humana.

—Oye, Jane, no tengo la menor idea de qué es lo que crees que ha sucedido aquí —dijo con todo el respeto que fue capaz—, pero estás equivocada si crees que, de alguna manera, convencí a Layla para que se pusiera en peligro.

Los fantasmales ojos verde bosque se volvieron hacia él para taladrarlo.

—Sé que no le dijiste ni prometiste nada para que actuara de la manera que lo hizo, pero a veces las acciones son más persuasivas que las meras palabras, Tohrment, deberías saber eso. Mientras tú eres un macho Guerrero curtido en la vida, con las cosas claras, Layla es aún una hembra joven que está encontrándose a sí misma. Deberías ser más cuidadoso con lo que te permites hacer con ella, no deberías hacerle daño.

Oh, Virgen, su cabreo iba en aumento.

—¿Daño? ¿Te parece que yo le haría daño a una hembra? No tienes la menor idea de lo que estás diciendo y estás juzgando la situación con información a medias y subjetivamente. Sé tan poco como Layla dónde estamos parados o cómo actuar cuando estoy con ella ¿dices que aún está encontrándose a sí misma? Pídele que me encuentre entre el laberinto que es su vida, porque yo ya no sé dónde estoy ni en la mía propia —sabía que estaba subiendo el tono de voz, pero parecía incapaz de calmarse—. Hasta hace tres años tenía una familia, una shellan, un hijo, otro en camino y de repente todo eso se esfumó y solo existía el dolor, hasta que el brillante culo de Lassiter me trajo de vuelta con mis Hermanos. Volví a un lugar que no reconocía como mi hogar, el Tohrment que volvió no era el que se había ido.

Bajó la voz cuando Layla se revolvió entre sus brazos y gimoteó levemente.

—Esta hembra —la apretó un poco más contra sí—, es la primera persona en conseguir que vuelva a sentirme mínimamente como antes y no vacío y fuera de lugar. Así que no te atrevas a decir que yo haría algo por lastimarla, porque no tienes ni idea. Eres la shellan de mi Hermano Vishous y, como tal, no quiero faltarte el respeto, pero si eres tan poco profesional como para que un juicio propio se entrometa entre tu labor como médica y un paciente, llamaré a Ehlena para que siga tratando a Layla porque no pienso despegarme de ella hasta que esté totalmente recuperada, ¿comprendido?

Jane parecía algo sorprendida por las palabras de Tohr y casi podría jurar que sus translúcidas mejillas presentaban un tono rojizo, como si estuviera ruborizándose de vergüenza.

Pasados unos segundos la doctora bajó la mirada y se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Yo, no sé por dónde empezar porque nunca se me hubiera ocurrido que la situación fuera ésta. Te pido perdón por hacer un juicio rápido y erróneo de tus sentimientos por Layla, pero yo nunca…

—Tú nunca te imaginarías amando a otra persona que no fuera V, aunque él estuviera muerto. Es más, ni siquiera te atreves a contemplar la posibilidad de que el amor de tu vida se muera. Menos aún de que lo asesinen —sabía que estaba siendo duro, pero Jane tenía que comprender, todos iban a tener que comprender.

Joder, casi podía oír los putos click, click, click en su cabeza.

—¿Acaso crees que yo barajaba la posibilidad de que algo malo fuera a pasarle a Wellsie cada noche cuando me iba de casa? Si así hubiera sido, no hubiera salido ni un jodido día y me habría encerrado con ella en una habitación si así hubiera creído que la mantenía a salvo. Nunca creemos que va a pasarnos a nosotros, por eso cuando ocurre es brutal… —se pasó la mano por la cara y luego volvió a apoyarla con suavidad en la coronilla de Layla—. Jamás pensé que me sobrepondría aunque fuera mínimamente a lo de Wellsie. Cuando estaba en aquel bosque, Jane, quería morirme ¿entiendes lo que es eso? ¿Entiendes que el dolor en tu pecho sea tal que lo único que deseas, lo único en lo que piensas es en que acabe, en que la agonía pare?

Llegados a este punto los ojos de la doctora habían comenzado a humedecerse y eso que era una tipa dura, después de todo era la shellan de V. Tohr se sentía como si no pudiera parar, no había hablado de esto con nadie, nunca creyó que lo haría, pero ella había dado justo en el punto clave, y tener a Layla tan débil entre sus brazos, sentir que una nueva oportunidad había estado a punto de escurrírsele de entre las manos, lo había dejado al filo de la navaja.

—Me alegro, de todo corazón, de que no lo sepas y ojalá jamás tengas que saberlo. Cuando Layla comenzó a abrirse a mí, me mostró que parte de mis sentimientos que creía muertos sólo estaban dormidos —se rió de algo que sólo él comprendía—, o mejor dicho, guardados bajo llave. Ella, con todas sus indecisiones, su juventud y su inexperiencia, es el bálsamo de juventud que necesitaba para empezar de nuevo. Ella es mi oportunidad y no voy a dejar que nada ni nadie me la arrebate.

—Vuelvo a disculparme —se pasó los dedos por los ojos casualmente—, y te prometo que haré todo lo que esté en mi mano para que se ponga bien lo más rápido posible.

—Oh, en ningún momento había dudado de eso —Tohr le sonrió—, sólo pretendía que no fueras un dolor de huevos mientras lo hacías.

Jane no pudo evitar reírse, aunque aún se la veía algo avergonzada. Detrás de ella las dobles puertas se abrieron y Tohr dirigió la mirada hacia ellas, aún sonriendo. La sonrisa murió en sus labios al instante.

Por la puerta entraba Ehlena… seguida de Qhuinn.

****


¿Dónde cojones hay un botella de Herradura llena cuando uno la necesita, joder?

Qhuinn pateó la tercera botella vacía de licor al montón que se apelotonaba en una esquina de su cuarto. No había bebido nada desde que se había despertado y si eso ya era malo de por sí, había que sumarle el hecho de que estaba fuera de rotación esta noche.

Rió amargamente. Él y Blay estaban fuera de rotación. Pero seguro que su amiguito pelirrojo tenía cosas mucho mejores que hacer que chupar tequila.

Claro, dejar que Saxon se la chupe, ésa es una buena opción, o sino él podría… Ni de coña.

Se dejó caer en la cama total y absolutamente reticente a pensar en el caso inverso, desde luego, no quería vomitar el poco alcohol que le quedara en el estómago.

Con gestos desganados, tanteó su mesita de noche y agarró el teléfono inalámbrico, pulsó asterisco y esperó.

—Sire, ¿qué desea?

—Una botella de Herradura, Fritz, y hielo.

Colgó sin más y se asqueó un poco de sí mismo por la sonrisa estúpida que se le formó en la cara ante la perspectiva de todo ese líquido llameante bajándole por la garganta.

Ah… pero lo mejor no era el dolor al principio o la sensación de entumecimiento del final. Nah, lo mejo era la capacidad ilimitada que la bebida le daba para revolcarse en su propia mierda, le daba la excusa perfecta. Una botella de esas y era capaz de pasarse tooooodo un día sintiéndose la porquería más grande de todo el planeta. Tal y como se merecía.

La había jodido a muerte con Blay, había estado tan cagado de miedo que lo había echado de su lado conscientemente. Bueno, en realidad había pisoteado y escupido en sus sentimientos una última y triunfal vez, como el pedazo de hijoputa que era, antes de que el pelirrojo decidiera, de una vez por todas, que estaba hasta los huevos de sus gilipolleces y lo dejara tirado para follarse a su primo, mientras él retozaba en su crapulencia.

Voilá. Esa era la historia de su vida. Menudo cuento para antes de irse a dormir, ¿eh? Realmente, eso importaba si dormías, lo cual no era una cosa que Qhuinn lograra hacer muy a menudo. Esto, por supuesto, no le impedía al cabrón de su cerebro repetir la secuencia en un puto loop infinito.

Toc, toc.

Oooooh, sí¸ pensó, hora de sentirse aún mejor consigo mismo.

—Sire, soy Fritz, le traigo lo que ordenó.

Casi dando saltitos de felicidad al más puro estilo Heidi, Qhuinn fue hasta la puerta, la abrió… y quedó dividido entre la necesidad de darle dos cosas muy diferentes al doggen: un beso o un puñetazo.

Joder, en la bandeja de plata donde debería haber estado el puto pedido de Qhuinn, había una botellita de mierda de Herradura de medio litro de los cojones ¿qué carajo se creía el mayordomo que podía hacer con sólo medio litro? Dios, eso no iba a darle ni ganas de vomitar. He ahí las ganas del puñetazo.

Por otro lado, el tipejo estaba ahí, mirándolo desde su escaso metro sesenta, pero haciéndolo sentir como un puto enano gracias a toda la preocupación que se plasmaba en su rostro. Y supo perfectamente que le había traído esa miseria a propósito, porque él mismo sabía que estaba en la senda de la autodestrucción, con el alcohol y el sexo como acompañantes.

He ahí el beso.

Pero, sintiéndolo mucho, no podía importarle menos dónde cojones fuera a llevarle esa senda.

Con un escueto “gracias” al doggen, se agenció la “Minucia”, como había decidido llamar a la mini-botella, el vaso con hielo y estampó la puerta de su cuarto.

Una vez dentro volvió a tirarse en la cama, desechó el vaso como inservible, desenroscó la tapa, le pegó un buche al licor y… aaaaah, al final iba a ser que “la Minucia” era mejor que nada.

Teniendo la experiencia y la tolerancia al alcohol que tenía, le llevó unos quince minutos fundirse la botella, y eso que trató de alargarla. Lo único que había conseguido había sido un ligero mareo, pero al menos eso se lo pondría más fácil a la hora de destapar si baúl de recuerdos de mierda.

Curiosamente, sus pensamientos vagaron hacia Layla. No había sabido nada de la hembra desde la última vez que habían estado juntos hacía ya dos semanas cuando ella le había visto “ponerse cariñoso” con su puerta y le había convencido para que la dejara curarle la herida.

Una vez dentro de su habitación, pffff, bueno pues había ocurrido lo de siempre… más o menos.

Qhuinn frunció el ceño, no le había prestado atención hasta ahora, quizás inconscientemente, pero ahora que recordaba, la hembra había parecido estar cabreada cuando se había ido. Seh, podía recordar sus bonitas cejas bajando con enfado sobre sus ojos verdes, dándole un aspecto algo duro a su rostro de muñequita.

¿Qué cojones había hecho él para cabrearla?

Ser tú mismo colega, no te hace falta más para poner a la gente de los nervios, le dijo una vocecita en la cabeza. La desechó con un gruñido y se frotó los ojos.

Sabía perfectamente cómo estaba usando a Layla y, hasta no hace tanto, creía que la hembra también lo sabía y estaba sacando partido de ello.

Y un carajo, hace falta mucho para ser tan depravado como tú y ella es una Elegida.

Seh, por eso mismo siempre había sido especialmente cuidadoso y atento con ella. Pero al fin y al cabo era una hembra, no había podido dejar los sentimientos a un lado, no, había tenido que querer involucrarse sentimentalmente con él.

¿Quién demonios en su sano juicio querría hacer una cosa así? Layla no sabía ni la primera cosa acerca de él, por eso se había engañado pensando que podría ser su príncipe azul o alguna mierda de esas.

Sin embargo el último día que estuvieron juntos… se había mostrado un poco reticente a que la tocara y cuando se había ido parecía estar muy, muy enfadada, su rostro…

Sagrada Virgen, Qhuinn había visto esa expresión en la cara de las personas con las que tenía sexo más veces de las que podía recordar. Era una la de sentirse usada.

Bueno, se dio un par de golpecitos en la cabeza a modo de premio, al menos con ella no había tenido sexo. Lo había decidido desde un principio, algo en su interior le había advertido de no cruzar esa línea con ella.

Aún así, a diferencia de todos sus otros “ligues”, no podía evitar sentirse mal por esta hembra. Layla era noble, sincera, pura y mucho más fuerte de lo que ella creía. Había conseguido hacerle sentir algo, si bien no fue deseo sexual, más de una vez cuando había estado hundido en lo más hondo de su pozo de mierda por Blay, su familia y todo lo demás. Le había sacado de la oscuridad, por así decirlo, y había penetrado en su entumecimiento más de una vez.

¿Y cómo le había pagado él? Pues de la única puta cosa que le daba realmente bien. Desde que posó los ojos en ella, supo que eso no sería suficiente, se lo veías en la mirada a esa hembra, que llegaría lejos. No habría podido escoger un macho que fuera a quedarse más pegado al fango.

Decidió que en cuanto estuviera mínimamente presentable la buscaría, le echaría cojones y se lo contaría todo.

No te engañes, tío, no tienes lo que hay que tener y si le dijeras siquiera la mitad de la verdad, pediría un avhenge al Rey o se ocuparía de molerte a palos ella misma.

Bien, bien, pues le pediría perdón, aunque la hembra no tuviera ni la menor idea de porqué.

Toc, toc.

Su cabeza se disparó hacia el otro lado de la habitación y frunció el ceño, más valía que ese fuera Fritz con otra “Minucia” para él o sino tendría que mandar a alguien a tomar por culo.

Abrió la puerta con cara de pocos amigos… y se le quedó cara de gilipollas.

—¿Ehlena? ¿Qué haces aquí?

La rubia enfermera, shellan de Rehv le dedicó una sonrisa algo agitada.

—Verás, Qhuinn, como estás fuera de rotación no sé si te habrán informado, pero… errr, la misión de esta semana contra los Symphaths no salió muy bien. Los Hermanos Tohrment y Zsadist fueron heridos…

—Sí, nos han informado. Tohr fue ionfectado con Veneno de escorpión, de Z no nos han dicho la gran cosa —la cortó él sin ver a dónde iba todo el asunto.

—Bueno, pues Tohrment ha tenido que estar sometiéndose a dos sesiones de diálisis diarias durante dos días seguidos para eliminar la toxina… la Elegida Layla se empeñó en ser su única donante.

Qhuinn casi podía oír el bruuuummm bruuuummm de su cerebro al intentar ponerse en marcha como un motor oxidado a pesar del alcohol y empezar a ordenar la información de manera que tuviera sentido.

Ooookay.

Tohr daño. Layla ÚNICA donante. DOS DÍAS SEGUIDOS… entonces… Layla mucho daño. Oh, joder.

La mente pareció despejársele de repente. Cerró la puerta tras de sí y, con paso aún algo vacilante, comenzó a bajar por el corredor.

—Está en la Enfermería, ¿verdad? Vamos, llévame a ella.

—Sí —Ehlena se apresuró a ir tras él, mirándolo como si no estuviera segura de que fuera conseguir llegar hasta allí solo sin antes dejarse los piños en el suelo—. Mi intención era llamar al Guerrero Blaylock, pero me informaron de que no se hallaba en la mansión. Además vos sois el único mancho no emparejado y… —paró de hablar de repente.

—¿Y qué? —Qhuinn ni siquiera se giró a mirarla, toda su concentración estaba en bajar los escalones sin acabar haciendo la croqueta por ellos.

—Bueno… el Hermano Tohrment… él dijo que no os buscáramos a vos —sonaba arrepentida de haber tenido que confesárselo.

Esta vez Qhuinn sí que se dio la vuelta a mirarla, se agarró con fuerza a la barandilla para no caerse.

—¿¡Qué!?

Ni de puta coña, joder. El Hermano ya le había tocado suficientemente los huevos, primero abandonando a John, luego comportándose con él como un auténtico gilipollas, ¿a qué cojones venía ahora lo de Layla? Se había hartado del tipo y sus traumas, iban a tener una conversación interesante ellos dos.

¡Mierda, cómo le dolía la cabeza!

****


Tohr taladró al recién llegado y luego dirigió una mirada llena de qué-coño a Jane. Creía haber dejado bien claro que Qhuinn no era una opción como donante para Layla.

Bueno, sí, esto… colega, realmente no fue como si te plantaras y te negaras a que la alimentara, ¿sabes? Y ahora es un pelín tarde, le dijo una voz en su cabeza.

Tarde un carajo, pensó de vuelta.

Jane, que estaba nerviosa a ojos vista, tuvo a bien colocarse entre la cara de mala leche extrema de Tohr y el muchacho.

—Ehlena, ¿por qué no hasta traído a Blaylock?

—Pues, verás —la enfermera le dedicó una mirada llena de remordimientos—, Blaylock no está en la mansión, ha salido y… bueno, Qhuinn era la única otra opción.

—Bueno, pues las cosas han cambiado… —comenzó Jane.

—¿Dónde está? —dijo el joven con voz pastosa y más alta de lo necesario.

Tohr lo veía algo difuso a través de la doctora, que no estaba muy concentrada: el tipo caminaba algo raro, como si tuviera los sentidos de la profundidad y el equilibrio alterados, además se frotaba los ojos con insistencia, como si las luces fluorescentes le deslumbraran…

Santa Virgen.

—¿Está borracho? Joder, Ehlena, el crío está medio borracho —gruñó.

Layla se revolvió entre sus brazos, sus pestañas aletearon con rapidez y abrió los ojos.

—¿Tohr? ¿Va… va todo bien? —bostezó suavemente.

Fue entonces cuando los ojos desiguales de Qhuinn se giraron hacia él y vio a la Elegida entre sus brazos. Expresiones de lo más extrañas pasaron por su rostro: sorpresa, curiosidad, ¿alivio? y de vuelta al cabreo.

—No estoy borracho, coño, solo algo mareado. Ahora venga, Doc, ella necesita la transfusión lo más rápido posible —dijo mientras comenzaba a arremangarse, luego pareció cambiar de opinión y comenzó a bajarse el cuello de la camisa—. Tranquila Layla, todo va a ir bien.

—Sire Qhuinn, ¿qué hace aquí? —preguntó la hembra, confundida.

Una pequeña parte del cerebro de Tohr, la racional, se preguntó por qué cojones el muchacho era tan estúpido como para no ver lo obvio entre Layla y él, por qué eran tan sumamente idiota como para siquiera pretender alimentarla directamente de su cuello.

Como si eso fuera a ocurrir. Sobre su puto cadáver.

La otra parte, la instintiva, le hizo gruñir y enseñarle los colmillos. Atrajo a Layla más cerca de sí mismo, abrazándola como si pudiera ocultarla de todas las miradas y se inclinó hacia adelante, retando al chico a acercarse y recibir un bonito mordisco en el culo.

—Que ni se te ocurra —le dijo con los dientes apretados.

—¿Estás ido de la pinza? —casi chilló Qhuinn mientras se agarraba a la mesa más cercana en busca de equilibrio—. Mira, macho, no sé qué paja mental tienes en esa cabeza tuya, pero déjate de gilipolleces de una vez por todas. No podría sudármela más que decidieras matarte de hambre, si no fuera porque le haría daño a John, pero lo que estás poniendo en peligro ahora mismo es una vida ajena. Aparta.

—Sagrada Virgen… me encuentro… mejor—la Elegida intentó aplacar los ánimos—, puedo esperar un poco más —pero su voz se iba haciendo más débil conforme hablaba.

—Jane —Tohr se volvió hacia ella con tal de no lanzarse a por el crío—, yo mismo puedo ser su donante, no queda rastro de veneno en mí, estoy totalmente seguro… Jane, él NO.

—Pedazo de gilipollas, no me digas que tú también te crees esa mierda de que mis ojos me hacen menos digno, una aberración —le gruñó Qhuinn.

—No serías digno de ella aunque fueras un pura sangre de la jodida Glymera, niñato. Jane, mierda, llama a Wrath si es necesario dile que…

—Si no te apartas tú te aparto yo…

Los dos machos cortaron las frases que estaban diciendo de golpe y fruncieron el cejo, luego ladearon la cabeza hacia un lado cómicamente como si estuvieran sintiendo algo.

—No tengo la menor idea de dónde está Wrath llevo todo el día buscándolo, pero no aparece y… ¿por qué se os ha quedado esa cara? Hey, ¿holaaaa? —la doctora los miró como si estuvieran locos.

—Yo juraría que… —comenzó Tohr.

Fue entonces cuando Qhuinn y él inspiraron hondo. El muchacho miró hacia su entrepierna, alzó las cejas, sus mejillas se encendieron y colocó sus manos púdicamente delante de su bragueta. Tohr se revolvió algo incómodo con Layla encima e intentó cambiarla de postura con suavidad.

—¿Has sentido eso? —le preguntó al otro macho.

—Joder, qué si lo he sentido… ¿qué… —se cortó en mitad de frase, puso los ojos en blanco y gimoteó—. ¿Qué mierda es?

—Habla bien delante de las hembras —le reprendió Tohr con los dientes apretados. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

—Alguien puede explicarme qué carajo está pasando aquí —pidió Jane.

—¿Tohrment? —susurró Layla rozándole la mejilla con suavidad.

Nalla¸ creo que será mejor que no me toques ahora mismo. Oh, Sagrada Virgen.

Esta vez Qhuinn se dejó resbalar hasta el suelo, mientras se sujetaba la entrepierna entre las dos manos.

—Necesito un puto baño… —jadeó.

Tohr siseó y apretó mucho los ojos, luego se levantó de la cama y empezó a pasearse de espaldas a ellas.

—Jane, la razón por la que no encuentras a Wrath… —tomó aire—, es que la necesidad de Beth ha empezado. Tampoco vas a encontrar por los alrededores a ninguno de los Hermanos que esté emparejado, ni te molestes.

Las tres hembras en la habitación, Ehlena, Jane y Layla, aguantaron la respiración ante la afirmación.

—Así que… aunque nosotras no sintamos nada, vosotros… —comenzó Janes.

—Estamos duros como mástiles de barco, sep —especificó Qhuinn.

Tohr lo taladró con la mirada por encima del hombro y siguió mirando a la pared, probablemente con la intención de esconder lo que pasaba entre sus propias piernas.

—Sentiremos las oleadas de la necesidad de la Reina por lo menos durante todo el primer día. Será una noche muy larga.

—Pues tenemos un problema —Jane miró hacia Layla que se había recostado en la cama y respiraba trabajosamente—. Ella necesita sangre, urgentemente.

—Y yo soy el único macho no emparejado viable —Qhuinn le sonrió como un cabrón.

Ehlena jadeó, Jane le miró como si hubiera perdido el juicio provocando a un Hermano de esa manera y Layla gimoteó desde la cama.

Tohr taladró al chico con ojos que relucían de furia que sólo podría llamarse asesina.

—Voy a encargarme de que dejes de serlo entonces, bastardo. Yo alimentaré a mi hembra.

El mundo pareció moverse a cámara lenta: Qhuinn se puso de pie, Tohr se lanzó a por él con los colmillos extendidos. De repente, la puerta de la Enfermería se abrió y por ella apareció Rehvenge que miró la escena con toda la cara de qué-cojones-pasa-aquí, pero que pasó rápidamente a la acción al notar que Tohr iba a por Qhuinn con todo lo que tenía. En una fracción de segundo, el medio-symphath actúo, interponiéndose entre ambos y atizándole un gancho tan fuerte a Tohr que éste cayo k.o al suelo.

Y salvándole el culo a Qhuinn, claro está.

****


—¿Qué mierda está pasando aquí?—gruñó Rehv.

Joder, él sólo había venido a la mansión a ver a su hermana y a chequear el estado de su cuñado. Pero en cuanto había entrado por la puerta una oleada de lo que enseguida pudo calificar como eau de Necesidad, le había dado tan fuerte que por un momento creyó que iba a correrse en los pantalones como un puto pre-trans allí mismo.

Lo cual lo había hecho pasar al plan dos: buscar a su shellan, sacarla de allí en ese mismo momento, y pasar el resto del día enterrado profunda y placenteramente en ella. Seguramente la doctora Jane no tendría ningún inconveniente en darle la noche libre a su hembra, ¿no?

Más le valía.

Su Ehlena estaría muy probablemente en la Enfermería, así que hacia allí se dirigió, sólo para encontrarse con una vista de lo más pintoresca: Tohrment (¿no estaba ese macho convaleciente aún?) prácticamente volando a través de la habitación como un puto jet hacia Qhuinn (¿qué cojones había hecho el crío para ponerlo así?).

Lo demás, había sido cuestión de instinto: veamos, por la cara de psicópata desquiciado del Hermano, si alguno de los amiguitos afilados que le salían de las encías hacía contacto con el muchacho, éste iba a necesitar una buena cirugía reconstructora.

En el caso de que viviera para contarlo.

Por lo tanto:

O se sentaba con palomitas a disfrutar del espectáculo (Ehlena, y Jane, le patearían el culo de por vida por dejar que dos de sus pacientes se hicieran sushi de vampiro).

O neutralizaba la amenaza, léase: un Tohr con delirios homicidas. Ring ring ring, opción correcta.

Sólo tuvo que esperar a que el macho estuviera lo suficientemente cerca para atizarle lo suficientemente fuerte y dejarlo lo suficientemente k.o para que Qhuinn siguiera lo suficientemente vivo y/o entero.

El resto fue cuestión de un buen equilibrio, un giro de muñeca y un hermoso PLOF.

Buenas noches, tito Tohr.

No había disfrutado ni un poquito de noquear a un Hermano… NAH. No le había quedado otra opción.

CLARO.

Bueno sí, lo había hecho. Hasta el grito desgarrador de Layla.

—¡¿Pero qué has hecho?!

Por la Virgen, la hembra había generado suficientes decibelios como para reventarle la trompa de Eustaquio al vampiro más cercano a ella. Después se puso a luchar con el enredo que eran sus sábanas, tratando de ir hacia Tohr.

La ignoró ante lo obvio de la pregunta y miró a Jane esperando respuesta a su pregunta inicial, pero la Doc estaba demasiado ocupada intentando que Layla se estuviera quieta en vez de caerse y plantarle un beso francés al linóleo del suelo.

Así que optó por pasar a su shellan que miraba el bulto informe que era el Guerrero en el suelo. La hembra suspiró.

—Necesitaremos ayuda parta levantarle del suelo y un sedativo para ella.

Rehvenge frunció el ceño, le preocupó ver el cansancio en el rostro de su hembra. Se giró hacia Qhuinn que aún estaba mirándolo todo con cara de gilipollas total y dio una palmadita para atraer su atención. La mente del muchacho volvió con un sobresalto de cual fuera el mundo de yupi en el que estaba.

—¿Qué? Yo… esto…

—No sé qué ha pasado aquí —dijo Rehv con su mejor voz de mala leche—, pero Tohr no es de los que se comportan de esa manera así como así, de modo que voy a asumir que, aunque no has sido tú el que se ha llevado el puñetazo, esto es culpa tuya. De modo que echa una mano —cuando el chico intentó hablar le paró con un gesto de la mano—. He venido aquí porque necesito a mi shellan. Jane, ¿cuento con que pueda tomarse el resto de la noche libre?

La doctora que en ese momento estaba sedando a Layla y preparando a su lado lo que parecía un equipo de transfusión, asintió sin siquiera mirarlo.

—Qhuinn, ven aquí y mantén tus manos fuera de ella —fue lo único que dijo.

Rehv tomó a Ehlena por el brazo y juntos salieron de la mansión y condujeron hasta su piso en el Commodore. Una vez llegaron allí, la mayor parte del calentón-por-necesidad se le había pasado, dejándolo intensamente preocupado por su shellan.

Atrayéndola hacia sí desde atrás, la abrazó como si jamás fuera a dejarla ir, cosa que obviamente nunca haría, y le besó la coronilla. Ehlena suspiró y se acomodó contra él, posando sus manos sobre las suyas.

—Te juro que son estas cosas las que me hacen preguntarme si realmente está bien que trabajes con esa panda de energúmenos —gruñó Rehv.

—No siempre son así —rió ella con suavidad—, además ver cómo dejabas k.o a Tohr fue un espectáculo digno de ver.

—La Elegida no parecía opinar lo mismo, ¿qué hay entre esos dos?

—Creo que ni ellos mismos lo saben, apenas están descubriéndolo, pero… es grande —suspiró la hembra.

—No más grande que lo que yo siento por ti. Y, amor mío, si te divierte verme dejar k.o a tipos de 200 kilos sólo tienes que decírmelo —ambos rieron ante la sola idea, luego él la besó y susurró en su oído—. Haría lo que fuera por ti. Cualquier cosa.

—Sólo ámame —pidió ella.

Rehv sonrió mientras le daba la vuelta para besarla con más pasión. Hey, a lo mejor el calentón no se le había pasado del todo.

****


Layla se revolvió en la cama, aferrándose el vientre con ambas manos, cuando las arcadas secas la sobrevinieron se inclinó sobre el borde y bilis corrió entre sus labios resecos. El sabor amargo se mezcló con el más salado de la sangre cuando las encías le sangraron a la altura de los colmillos por el esfuerzo. Con manos temblorosas se limpió el sudor frío de la frente una vez más e intentó dejar de tiritar y vencer el mareo.

—Ok, situación de emergencia —sentenció Jane pasándose la mano por la cara—. Tú, Qhuinn, ve a buscar a V, dile que se traiga a cualquier otro de los Hermanos que encuentre, harán falta dos para llevar a Tohr a su habit…

Las puertas de la Enfermería las pasaron canutas por, como mínimo, tercera vez en el día. Si seguían estampándolas de esa manera, no iban a conseguir que ningún par les durara, coño.

—Jane —el suave retumbar de la voz de Vishous hizo sonar el nombre de la Doctora como si fuera el ronroneo de un tigre salvaje que había encontrado una presa muy apetitosa y que no pensaba largarse sin ella.

Todos los ojos se dispararon hacia el macho que ocupaba prácticamente todo el umbral de las puertas dobles de la sala. V sólo llevaba puestos unos pantalones de cuero, que hacían poco por disimular su necesidad por Jane, y por las gotas que le caían desde el pelo al cuerpo, parecía haber salido corriendo de la ducha.

Layla observó entre sus pesados párpados cómo la mujer tragaba saliva y, entonces, comenzó a percibir el aroma a especias oscuras de la esencia de vinculación del macho. Éste cruzó el espacio entre ellos en dos poderosas zancadas y envolvió sus brazos como prensas de acero, para luego hundir la cara en su cuello e inspirar. El ronroneo y el perfume se hicieron más fuertes.

Pero Jane, chica dura, pareció salir del trance, se revolvió entre los brazos de su hellren hasta que éste le dejó el suficiente espacio como para hablar, y poder volver a respirar.

—V —dijo apenas sin resuello, Layla notó que sus mejillas se habían teñido de un profundo color rosado y que era totalmente corpórea—, iba a mandar a Qhuinn a buscarte, necesitamos de tu ayuda —señaló a Tohr, aún en el suelo. Un bulto de dos metros que Vishous había obviado absolutamente. A saber por qué.

Las cejas azabache del Hermano se alzaron y soltó a Jane, una expresión de desconcierto se dibujó en sus inteligentes y apuestas facciones.

—¿Qué coño? —fue todo lo que salió de su boca.

—Es largo de explicar —su shellan se encogió de hombros—, dejémoslo para luego. Ahora, me vendría bien que buscaras a otro de los chicos para trasladar a Tohr a su habitación.

Extrañamente, V pareció pensárselo.

—Eso tomaría aún más tiempo.

Jane asintió, mirándolo como si tuviera dos cabezas. De las de arriba, por desgracia.

—Por lo tanto tardaría más en poder estar contigo ¿estarás libre una vez haya llevado a mi hermano?

Ella volvió a asentir, boquiabierta.

V simplemente se agachó y con un gruñido de esfuerzo recogió a Tohr del suelo y se dirigió a la salida de la Enfermería.

—Tranquila, las he pasado peores, me ha tocado levantar el culo de Hollywood alguna que otra vez.

Layla maldijo la necesidad de la Reina mil y una veces y maldijo también su propia debilidad. Le debía una disculpa al Hermano Vishous y ahora él se estaba llevando a Tohrment de su lado, una vez más, y estaba vez sabía que era total y absolutamente incapaz de levantarse de la cama para ir tras él. Su cuerpo estaba simplemente al borde del colapso.

Y Qhuinn seguía mirándolo todo como si fuera un niño de cinco años en su primera vez en Disneylandia. Necesitaba la sangre de ese macho. YA.

—Qhuinn… —su voz era poco más que un susurro ronco que le raspaba la garganta como papel de lija. Tosió y estuvo a punto de volver a vomitar.

El chico se volvió hacia ella enseguida al oír su nombre y se apresuró a su lado. Incluso desde los aproximadamente cinco metros que los separaban, Layla hubiera jurado que podía escuchar el rum rum de la sangre corriendo por sus venas y verla palpitar en su cuello. Se lamió los labios con una lengua que le parecía de pergamino y se apartó un mechón de pelo de la cara. Qué extraño, alguien se lo había soltado.

Sus ojos estaban clavados en el cuello de Qhuinn y el macho lo sabía. Sólo le llevó unos segundos llegar hasta ella, pero la hembra los sintió como si fueran eternos. Él se paró delante de ella y luego apoyó una mano en el colchón para apoyarse, el colchón chirrió.

Y Jane, que aún miraba la puerta por la que había desaparecido su hellren se dio la vuelta, sus ojos se abrieron con una expresión de terror.

—¡QHUINN, NO! —incluso intentó echar a correr hacia ellos, pero ya era muy tarde.

Puede que Qhuinn fuera un macho, sí, pero era joven, hacía apenas unos años que había pasado su transición. Layla, por su parte, era mucho mayor que él, además de una Elegida.

Todo ello la hacía más fuerte.

En cuanto el muchacho se puso a su altura, la hembra desnudó los colmillos con un siseo mortal, sus ojos estaban vacíos, su raciocinio ahogado por su instinto de supervivencia. El depredador que había en ella tomó el control violentamente.

Asió la camiseta del macho con manos como garras y la desgarró con un simple tirón. Luego se lanzó a por él. Sus mandíbulas se cerraron en torno a la yugular, con los colmillos hondamente clavados en la carne, gimió ante el sabor de la sangre en cuanto ésta golpeó su lengua. El ruido de succión era lo suficientemente fuerte como para que Jane lo oyera.

La pequeña parte de Layla que aún conservaba algo de cordura notó que Qhuinn no se revolvía debajo ella, es más, su mano derecha la aferraba por la nuca, apretándola contra su carne con más fuerza. Como si le pidiera que tomara más, que lo vaciara.

Por la Virgen que eso era lo que pensaba hacer.

Era como si cada célula de su cuerpo estuviera en llamas, cuando pasas tanto tiempo sin comer, volver a hacerlo duele como la mierda y, por ello, lágrimas de dolor y alivio se deslizaban por sus ojos mientras se alimentaba de Qhuinn. Ruidos animales salían de entre sus labios y le había desgarrado de tal manera que la sangre le chorreaba por la barbilla y los manchaba a ambos.

Era vagamente consciente de las manos de Jane en sus hombros, en su tórax, incluso tirándole del pelo para intentar alejarla de Qhuinn, pero la mujer era sólo humana.

Para evitar que lo mate, pensó, si sigo así, tomaré tanto que lo mataré…

Una nueva lanzada de dolor atravesó su cuerpo, ahogando cualquier pensamiento y después sólo quedó el sabor del macho y el recuento de las lentas pulsaciones de su corazón debilitándose. Ya no había ninguna mano acercándola a él.

Los gritos de la doctora llamando a su hellren, a cualquiera que estuviera cerca resonaban por la Enfermería, pero nadie llegaba.

Se oyó el ruido de una cortina al moverse y una figura enorme y extremadamente delgada se tambaleó hacia ellas. Layla sólo oyó un gruñido y obtuvo un vistazo de un cráneo rapado y unos ojos negros como la noche antes de ser, literalmente, arrancada de encima de Qhuinn.

Voló unos tres metros hacia atrás hasta estamparse contra una pared, donde se agazapó como un animal.

Y gruñó a Zsadist.

El Hermano se apoyaba pesadamente en la cama empapada en sangre donde yacía Qhuinn, blanco como la nieve y temblando como si fuera a entrar en shock. Las enormes manos del Guerrero estaban en su garganta, actuando como tapón para la horrenda herida.

—Ve —le dijo a Jane. Parecía terriblemente cansado, había ojeras en su rostro como si no consiguiera conciliar bien el sueño—. ¡Ve! Busca a alguien, a Vishous, a quien sea.

No tuvo que repetírselo, la Doctora se desvaneció en el aire y volvió a los pocos minutos a todo correr con Vishous, Butch y Rhage a su lado. Los labios de los Hermanos estaban a apretados en sendos rictus de amargura y desaprobación, la ignoraron totalmente y se centraron en Qhuinn.

Zsadist se dejó caer sentado en el primer hueco libre de suelo que vio, sus pestañas se agitaban violentamente y parecía al borde de desmayarse. Rhage lo levantó para llevarlo hasta su cubículo y Butch tomó el lugar del anterior presionando la herida de Qhuinn mientras, Jane y Vishous se lavaban las manos y preparaban el instrumental para intervenir.

Cuando estuvieron listos, Butch se apartó.

—Ve a por la Elegida —le ordenó su Hermano—. Rhage sostenlo está teniendo espasmos musculares involuntarios.

Todo su cuerpo se retorcía sobre la cama, con tanta violencia que Rhage apenas si podía con él. V limpió la herida para facilitar la visión a Jane que comenzó a coser sin titubear.

Pero antes de que Butch hubiera entrado con la Elegida que serviría de donante al muchacho, Qhuinn tuvo un paro cardiorrespiratorio. Su cuerpo se convulsionó una última vez y se quedó mortalmente quieto.

Layla lo miraba todo desde su rincón con ojos desorbitados ante el terror de la que había hecho, lágrimas amargas corrían profusamente por sus mejillas y no podía parar de sollozar.

Vishous maldijo como un marinero y se puso a reanimarlo mientras Jane no paraba de coser, Layla le había desgarrado la garganta tan profundamente que había múltiples capas de tejido que debían ser recompuestas antes de poder coser la epidermis y así para definitivamente la hemorragia.

—¡Niñato de mierda, uno ,dos ,tres ,cuatro, como te mueras, uno, dos, tres, cuatro, te reviviré y te mataré de vuelta! —gruñía V entre empuje y empuje. Qhuinn no respondía—. ¡DESFIBRILADOR! —gritó sin parar el masaje.

Jane, que por fin había terminado de coser, se precipitó a por la máquina, resbalándose en la sangre del suelo y la que manchaba sus zapatos. Empujó el aparato rápidamente, sacó las palas y las frotó, sin más preámbulos las aplicó al pecho del chico, lo cual le provocaría quemaduras luego, pero no había tiempo.

—¡220! ¡Cargando!

Butch llegó prácticamente arrastrando a la Elegida detrás de él, en los ojos de la hembra podías ver que estaba asustada, pero su cara era de total y absoluto compromiso. A Layla le pareció reconocer a su hermana Sonya.

Ella se apresuró hasta la cama, le abrió los labios a Qhuinn, se rasgó la muñeca y puso el flujo de sangre directamente sobre su boca, fluyendo en su garganta.

—¡360! ¡Cargando!— gritó la doctora.

Butch la miró, incluso él parecía saber que esa cantidad era una barbaridad. Pero el chico seguía sin responder, Rhage le había pegado al pecho las almohadillas del electrocardiograma que mostraba una línea recta constante.

La Elegida tuvo que volver a reabrirse la herida y la apretó con más fuerza.

—Vamos, bebed, sire.

Vishous y Jane se miraron, la doctora asintió y él rotó los hombros.

—No te apartes de él, pase lo que pase —le dijo a Sonya clavando en ella sus ojos color hielo, luego se volvió hacia Qhuinn—. Te vas a arrepentir de haberme hecho llegar a esto, muchacho, cuando te despiertes va a doler como la mierda.

El macho alzó el brazo derecho, hizo un puño de su mano enguantada y lo descargó de lleno en el esternón de Qhuinn. Un CRAC sonoro llenó la habitación, junto con un chispazo de la mano de V. La espalda del chico se arqueó en lo que pareció una curva imposible y su boca cogió aire para luego comenzar a beber la sangre que chorreaban por ella.

El electro se reactivó con un pip comenzando a marcar las ondas de sus pulsaciones.

Jane se colocó detrás de la Elegida y le puso la mano en el hombro al ver su cara de susto.

—Tranquila, no dejaremos que beba más de la cuenta, solo lo suficiente para que su corazón siga latiendo —se volvió hacia Layla—. Márchate, no será bueno que te vea cuando despierte.

Layla salió corriendo de la Enfermería, sintiendo miedo y asco de sí misma.

Sagrada Virgen, había estado a punto de matar a un macho.

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