27 dic 2011

Lover Unleashed en español para Marzo


Marzo de 2012 será un mes fantástico para los seguidores de la Hermandad: tendremos la publicación de Lover Reborn, la esperada historia de Tohr, y la publicación en español de Lover Unleashed, la historia de Payne y Manny.

Manderley tiene previsto sacar en marzo el noveno libro de la serie de La Hermandad de la Daga Negra, que llevará por título Amante Liberada.

7 dic 2011

Lover Unleashed mejor novela romántica de 2011


Lover Unleashed ha sido elegida por los lectores como mejor novela romántica en los 2011 Goodreads Choice Awards. Ha ganado con diferencia y ha quedado en primer lugar con 5009 votos. Puedes ver los demás resultados aquí.

24 mar 2011

Prólogo, capítulo uno y capítulo dos


Primero, agradecer la ayuda de Neï. ¡Nena, eres una jodida máquina! ¿Me créeis si os digo que le pasé el capítulo 1 y a las 3 horas ya estaba traducido? ¡Increible! Y con el dos, más de lo mismo. ¡Muchas gracias!

Segundo, disfrutad de la lectura y no seáis muy duros con los fallos. Ward es muy jodida a la hora de traducir.

PRÓLOGO


1761. VIEJO CONTINENTE

Xcor vio a su padre asesinado cuando hacía cinco años que había pasado la transición.

Sucedió ante sus ojos y, a pesar de la proximidad, no pudo comprender qué ocurría.

La noche comenzó como cualquier otra, cayendo la oscuridad sobre un paisaje de bosque y cueva, arriba las nubes los ocultaba de la luz de la luna a él y a los que viajaban con él a caballo. Su grupo de soldados era de seis: Throe, Zypher, los tres primos y él mismo. Y luego estaba su padre.

El Sanguinario.

En otro tiempo miembro de la Hermandad de la Daga Negra.

Lo que iban a llevar a cabo en esa tarde era lo que les llamaba a servicio después de la caída del sol: buscaban lessers, esas armas sin alma del Omega que veía bien masacrar la raza de vampiros. Y los encontraban. A menudo.

Pero ellos siete no eran de la Hermandad.

En oposición a esa honra, eran un grupo secreto de guerreros. Esta banda de hijos de puta dirigida por el Sanguinario no eran nada más que soldados: no había ceremonias. No tenían la adoración de la población civil. Ni tradiciones ni elogios. Sus líneas de sangre podrían ser aristocráticas, pero cada uno de ellos había sido abandonado por sus familiares, por nacer con defectos o por ser engendrados fuera de una unión santificada.

Ellos nunca serían más que carne prescindible dentro de la guerra más grande para la supervivencia.

Todo eso era cierto, sin embargo, eran la élite de los soldados, la más cruel, el más fuerte de los hombros, esa que había elegido a través del tiempo el más duro capataz en la carrera: el padre de Xcor. Escogidos y elegidos sabiamente, estos machos eran letales contra el enemigo y no tenían códigos cuando cuando se trataba de la sociedad de vampiros. Sin códigos a la hora de matar en este sentido: no importaba si la presa era un asesino, un humano, un animal o un wolfen. La sangre correría.

Habían hecho una promesa y sólo una: su padre sería su señor y no otro. Dónde él fuese, irían ellos y eso era todo. Así que era mucho más simple que la mierda elaborada de la Hermandad —incluso si Xcor hubiese sido candidato por línea de sangre, no hubiese tenido ningún interés en ser Hermano. No se interesaba por la gloria, ya que no dejaba una mancha en la dulce liberación del asesinato. Era mejor dejar esa tradición inútil y ese ritual caduco a esos que se negaban a blandir otra cosa que no fuera un puñal negro.

Él usaría cualquier arma que hubiese.

Y su padre también.

El clamor delos cascos se desaceleró y luego se desvaneció en el silencio mientras los luchadores salían del bosque y sobre un enclave de robles y matorrales. El humo de los hogares se mezclaba con la brisa, pero había otra cosa que confirmaba que habían encontrado la pequeña ciudad que habían estado buscando: en lo alto, en un acantilado irregular, un castillo fortificado se asentaba como un águila, sus cimientos como garras enterradas en la roca.

Humanos. Luchando entre sí.

Qué aburrido.

Y sin embargo había que respetar la construcción. Quizá si Xcor alguna vez se estableciese, masacraría la dinastía en él y tomaría la fortaleza. Era mucho más eficaz arrebatar que erigir.

—Al pueblo —ordenó su padre—. Que empiece la diversión.

La palabra clave es que había lessers en esto, las pálidas bestias se mezclaban y fusionaban con los aldeanos que labraban parcelas de tierra y plantaban casas de piedra bajo la sombra del castillo. Esto era típico en la estrategia de reclutamiento en la Sociedad: infiltrarse en un pueblo, hacerse cargo de los hombres uno por uno, masacrar o vender a las mujeres y niños, fugarse con las armas y los caballos y avanzar hacia el siguiente con mayor número.

Xcor pensaba como su enemigo en ese sentido: cuando terminaba la lucha, siempre cogía cualquier cosa que pudiese ser útil antes de salir hacia la siguiente batalla. Noche tras noche, el Sanguinario y sus soldados se abrían paso a través de lo que los humanos llamaban Inglaterra y, cuando llegaran a la punta del territorio escocés, darían la vuelta y se apresurarían de nuevo hacia bajo, hacia el sur, al sur, al sur hasta que el talón de Italia los obligase a girar. Y luego sería avanzar a través de muchos kilómetros otra vez. Y otra. Y otra vez.

—Dejemos nuestra provisiones aquí —señaló Xcor, apuntando un roble de tronco grueso que había caído sobre un arroyo.

Mientras la transferencia de los modestos suministros era hecha, no se escuchaba más que el sonido del crujido del cuerpo y el resoplido ocasional de los sementales. Cuando todo estuvo guardado bajo la falda del roble caído, volvieron a montar y reunieron sus caballos de pura raza –que eran la única cosa de valor, a parte de las armas, que poseían. Xcor no veía la utilidad en los objetos bellos o agradables –esos no eran más que un peso que tiraba de ti hacia abajo. ¿Un caballo fuerte y una daga bien equilibrada? No tenía precio.

Mientras los siete cabalgaban hacia el pueblo, no hicieron ningún esfuerzo para silenciar el golpeteo de los cascos de los corceles. No obstante, no hubo gritos. Tal era el gasto de energía que sus enemigos necesitaban una pequeña invitación para venir y saludarles.

Como bienvenida, uno o dos humanos echaron un vistazo afuera y luego rápidamente se encerraron de nuevo en sus moradas. Xcor los ignoró. En cambio, escaneó las enjutas casas de piedra, la plaza central y las fortificadas tiendas de comercio, buscando una forma bípeda tan pálida como un fantasma y tan apestosa como un cadáver cubierto de melaza.

Su padre se acercó a caballo y le sonrió con un filo de crueldad.

—Quizá después disfrutemos de los frutos de los jardines aquí.

—Quizá —murmuró Xcor mientras su caballo sacudía la cabeza. En verdad, no estaba muy interesado en llevarse a la cama a las hembras o en forzar a los machos a someterse, pero su padre no era alguien que se negase a los caprichos del ocio.

Usando señales de mano, Xcor dirigió a tres de su banda hacia la izquierda, donde había una pequeña estructura con una cruz encima del techo a dos aguas. Él y los demás fueron hacia la derecha. Su padre haría lo que quisiera. Como siempre.

Obligar a los sementales a seguir un paso normal era una tarea que desafiaba incluso al más valiente de los brazos, pero él estaba acostumbrado al tira-y-afloja y se sentó firmemente en la silla. Con un propósito sombrío, sus ojos penetraron las sombras producidas por la luz de la luna, buscando, indagando…

El grupo de asesinos que dio un paso desde el abrigo de la herrería tenía armas en abundancia.

—Cinco —gruñó Zypoher—. Bendita sea esta noche.

—Tres —interrumpió Xcor—. Dos no son más que humanos todavía, aunque matar a ese par… será un placer también.

—¿A quiénes tomarás tú, mi señor? —dijo su hermano-de-armas, con un respeto que se había ganado, no concedido como parte de algún derecho de nacimiento.

—A los humanos —dijo Xcor, desplazándose hacia delante y preparándose para el momento en que tuviese que darle en la cabeza a su semental—. Si hay otros lessers, eso servirá para que salgan más.

Espoleando a su gran bestia y fusionándose en la silla, sonrió mientras los lessers se mantenían firmes en sus cotas de malla y sus armamentos. Sin embargo, los dos humanos que había junto a ellos no iban a mantenerse firmes. Aunque el par estaba también equipado para la lucha, darían media vuelta y correrían al primer destello de colmillos, asustados como un grupo de caballos en una explosión de cañón.

Razón por la que giró bruscamente hacia la derecha no más de tres pasos al galope. Detrás de la cabaña del herrero, amarró las riendas y se lanzó sin caballo. Su semental era un perro salvaje, pero era obediente cuando se trataba de desmontar y esperar…

Una humana hembra salió de detrás de la puerta, su camisón blanco era un reflejo brillante en la oscuridad mientras ella trataba de encontrar equilibrio sobre el barro. En el instante en que lo vio, se quedó inmóvil por el terror.

Respuesta lógica: él doblaba su tamaño, sino lo triplicaba, y no vestía para dormir, como ella, sino para la guerra. Mientras ella se llevaba la mano a la garganta, él olió el aire y atrapó su olor. Mmm, quizá su padre tenía razón con eso de disfrutar el jardín…

Mientras pensaba en eso, dejó escapar un gruñido bajo que impulsó a los pies de la humana a salir corriendo y, al ver su huída, el depredador en él salió a la luz. Con una sed de sangre que se enroscaba en sus entrañas, se recordó que hacía cuestión de semanas que se había alimentado de un miembro de su especie y, aunque esta muchacha no era más que una humana, ella bien podría ser suficiente para esta noche.

Desafortunadamente, no había tiempo para diversión en este momento –aunque su padre seguramente la cogería después. Si Xcor necesitaba un poco de sangre para apañarse, conseguiría a ese mujer o a otra.

Dando la espalda a la huida de la humana, plantó los pies y desenvainó su arma preferida: aunque las dagas tenían su utilidad, él prefería la guadaña, de mango largo y con modificaciones para conseguir una funda que se atase a la espalda. Era un experto esgrimiendo el peso pesado y sonrió mientras trabajaba la hoja letal y curva en el viento, esperando jugar a la red con el par de peces que estaban preparados para nadar…

Ah, sí, que bueno era estar en lo cierto.

Justo después de una luz brillante y un sonido de explosión que estalló en la calle principal, los dos humanos vinieron gritando desde atrás de la herrería como si fuesen perseguidos por merodeadores.

Pero estaban equivocados, no lo eran. Sus merodeadores estaban esperando aquí.

Xcor no gritó ni les maldijo ni gruñó. Se lanzó a correr con la guadaña, el equilibrio del arma balanceándose equitativamente entre sus dos manos mientras sus poderos muslos acortaban la distancia. Una mirada hacia él y esos humanos se salían de las botas, moviendo los brazos para equilibrarse como si fuera el aleteo de las alas de los patos al aterrizar en el agua.

El tiempo se ralentizó mientras caía sobre ellos, su arma favorita moviéndose en un gran círculo y alcanzándolos al nivel del cuello.

Sus cabezas fueron separadas en un solo movimiento, limpiamente, esos rostros sorprendidos parpadeando y desapareciendo mientras lo que había sido liberado iba de la nariz a la frente, la sangre salpicando el pecho de Xcor. En ausencia de sus coronas craneales, las mitades inferiores de sus cuerpos cayeron al suelo en un curioso aterrizaje inanimado, en un amasijo de extremidades.

Ahora él gritó.

Volviéndose, Xcor plantó sus botas de cuero en el barro, tomó una bocanada de aire y se lanzó hacia abajo mientras trabajaba con su guadaña frente a él, el acero enrojecido tenía hambre de más. A pesar de que sus presas habían sido simples humanos, la ráfaga de la muerte era mejor que un orgasmo, la sensación que tenía después de tomar la vida y dejar los cuerpos atrás era como el aguamiel.

Silbando entre dientes, llamó a su semental, que se desbocó hacia él ante la orden. Un salto y estuvo sobre la silla, con la guadaña en alto en su mano derecha mientras se ocupaba de las riendas con la izquierda. Espoleando duro, lanzó a su corcel al galope, atravesando un camino estrecho y sucio, y surgió en el fragor de la batalla.

Sus compañeros hijos de puta estaban en plena lucha, el choque de las espadas y los gritos salpicaban la noche mientras el demonio conocía al enemigo. Y como Xcor había predicho, media doce más de lessers aparecieron montados sobre sementales de buena raza, leones enardecidos defendiendo su territorio.

Xcor cayó sobre la unidad de avance de los enemigos, asegurando las riendas en su empuñadura y blandiendo la guadaña mientras su semental corría hacia los otros caballos con los dientes al descubierto. Sangre negra y partes de cuerpo volaron mientras él troceaba a sus adversarios, su caballo y él trabajaban como si fuesen una sola unidad de ataque.

Mientras cogía a otro asesino con su acero y lo cortaba por la mitad a la altura del pecho, supo que esto era para lo que había nacido, para hacer el mejor uso de su tiempo en la tierra. Él era un asesino, no un defensor.

No luchaba por su raza… sino por sí mismo.

Aún era demasiado pronto, la bruma nocturna se arremolinaba alrededor de los lessers que caían retorciéndose en los charcos de su aceitosa sangre negra. Hubo pocas lesiones en su grupo. Throe tenía una herida en el hombro, producida en su carne por algún tipo de hoja. Y Zypher cojeaba, una mancha roja corría por la parte exterior de su pierna hasta cubrir la bota. No iba más lento ni se preocupaba en lo más mínimo.

Xcor detuvo su caballo, desmontó y enfundó la guadaña. Mientras sacaba su daga de acero y comenzaba su ronda de apuñalar asesinos, lamentó el proceso de enviar al enemigo de vuelta con su creador. Quería más lucha, no menos…

Un grito desgarrado lo obligó a volver la cabeza. La mujer humana con camisón estaba siendo derribada a las carreteras de tierra del pueblo, su pálido cuerpo acurrucado en un ovillo, como si tratara de esconderse. Apretando los talones, el padre de Xcor montaba a horcajadas su semental y cabalgaba con solidez, el enorme cuerpo del Sanguinario colgaba por los lados de la silla como si fuera a caerse de ella. En verdad, eso no tenía mucha importancia, mientras flaqueaba a la humana, la agarró con el brazo y la lanzó sobre su regazo.

No se detuvo, ni siquiera desaceleró después de la captura, pero sí hizo algo: con su semental a galope tendido y la humana sobre él, el padre de Xcor se las arregló para atacar su delgada garganta con los colmillos, bloqueando el cuello de la mujer como si fuera a abrazarla con los caninos.

Y ella habría muerto. Sin lugar a duda, ella habría muerto.

Si el Sanguinario no lo hubiese hecho primero.

De entre un remolino de niebla, una figura fantasmal apareció como si hubiese sido formada por los filamentos de humedad que flotaban en el aire. Y en el momento en que Xcor vio el espectro, entrecerró los ojos y se fijó en su nariz afilada.

Parecía ser una hembra. De su especie. Vestida con una túnica Blanca.

Y su olor le recordaba algo que no podría ubicar.

La hembra fue directamente hacia su padre, pero parecía completamente indiferente al caballo o al sádico guerrero que pronto llegaría hasta ella. No obstante, su padre parecía encantado con ella. En el instante que se fijó en ella, dejó caer a la mujer humana como si no fuera nada más que un hueso de cordero que ya había masticado.

Esto estaba mal, pensó Xcor. Verdaderamente, él era un macho de acción y poder, alguien que no se alejaba de un miembro del sexo débil… pero todo en su cuerpo le advertía de que esa entidad etérea era peligrosa. Mortal.

—¡Oy! ¡Padre! —gritó—. ¡Vuélvase!

Xcor silbó a su semental, que obedeció la orden. Desbocándose sobre la silla, hundió las espuelas en los flancos de su semental, lanzándose de cabeza para interceptar el camino de su padre, un extraño pánico lo azotaba.

Llegaba tarde. Su padre estaba esperando a la hembra, que poco a poco se había agachado.

Dioses, ella iba a saltar a…

En una carrera coordinada, ella se catapultó en el aire y cayó sobre la pierna de su padre, usándola como una especie de bóveda en el caballo. Luego, agarrándose al sólido pecho del Sanguinario, saltó a un lado y se llevó al macho tras ella con una fuerza que desafiaba tanto su sexo como su naturaleza fantasmal.

Así que no era fantasma, sino de carne y hueso.

Lo que isgnificaba que podría ser asesinada.

Mientras Xcor se preparaba para dirigir su semental hacia ellos, la hembra dejó escapar un grito que no era nada femenino: estaba más en la línea de su propio grito de guerra, el bramido cortó los cascos que tronaban debajo de él y el sonido de su grupo de bastardos que se reunía para contrarrestar este ataque inesperado.

Sin embargo, no había necesidad inmediata de interceder.

Su padre, recuperándose del impacto de ser bajado de la silla, se puso bocarriba y desenvainó su espada, con una mueca en el rostro similar a la de un animal. Con una maldición, Xcor tiró de las riendas y detuvo el rescate porque seguramente su padre tomaría el control: el Sanguinario no era el tipo de macho que necesitaba ayuda –había derrotado a Xcor en el pasado, lecciones que habían sido difíciles de aprender y buenas de recordar.

Sin embargo, se apeó y se preparó en la periferia por si había más Valquirias de ese tipo en medio del bosque.

Razón por la cual la escuchó decir claramente un nombre.

—Vishous.

La rabia de su padre fue seguida por una confusión breve. Y antes de que pudiera reanudar su defensa, ella empezó a brillar con lo que seguramente era una luz profana.

—¡Padre! —gritó Xcor mientras corría hacia ellos.

Pero llegó demasiado tarde. Y el contacto se estableció.

Las llamas rodearon a su fuerte padre, su rostro barbudo, y envolvieron su forma corporal como si fuera heno seco. Y con la misma gracia con la que lo había hecho antes, la hembra saltó hacia atrás y lo miró mientras él se movía frenéticamente para apagar el fuego sin ningún resultado. En la noche, él gritaba mientras se quemaba vivo, la ropa de cuero no era ninguna protección para la piel y el músculo.

No había forma de acercarse lo suficiente a la llama y Xcor derrapó para detenerse, levantando el brazo frente a sí y manteniéndose a distancia del calor que era exponencialmente más caliente de lo que debería haber sido.

Al mismo tiempo, la hembra vigilaba el retorcimiento y las contracciones del cuerpo… la parpadeante luz naranja iluminó su bello y cruel rostro.

La perra estaba sonriendo.

Y fue entonces cuando ella levantó la cara hacia él. Xcor tuvo una visión apropiada de su rostro y en un primer momento se negó a creer lo que veía. Y,sin embargo, el resplandor de las llamas no decía ninguna mentira.

Estaba mirando una versión femenina del Sanguinario. El mismo pelo negro, la misma piel pálida y los mismos ojos claros. La misma estructura ósea. También, la misma luz de venganza en sus ojos casi violetas, que era una combinación de éxtasis y satisfacción por causar una muerte que Xcor conocía muy bien.

Ella se fue un momento más tarde, desapareciendo en la niebla de una manera que no era como sus desmaterializaciones, sino más bien en una ráfaga de humo, partiendo poco a poco.

Tan pronto como pudo, Xcor se acercó a su padre, pero no había nada que salvar… apenas nada para enterrar. Cayó de rodillas ante los humeantes huesos. Tuvo un momento de deplorable debilidad: las lágrimas brotaron de sus ojos. El Sanguinario había sido una bestia pero, como única descendencia masculina, Xcor y él habían estado cerca… De hecho, se habían llevado bien.

—Por todo lo que es santo… —dijo Zypher roncamente—. ¿Qué ha sido eso?

Xcor parpadeó con fuerza antes de mirarlo por encima del hombro.

—Ella lo ha matado.

—Sí. Y mucho más que eso.

Mientras el grupo de bastardos se acercaba a él, uno a uno, Xcor tuvo que pensar en qué decir, en qué hacer.

Rígidamente se levantó, quería llamar a su semental, pero sentía la boca demasiado seca para silbar. Su padre… estaba muerto. Muerto. Y todo había sucedido tan rápido, demasiado rápido.

Por una hembra.

Su padre, desaparecido.

Cuando pudo, miró a cada uno de los hombres que tenía frente a sí, dos de ellos a caballo, dos a pie y uno a su derecha.

Con el peso de la decisión sobre los hombros, sabía que cualquier cosa que el destino les deparase, sería determinada por lo que él hiciese en este momento, aquí y ahora.

No se había preparado para esto, pero el no se alejaría de lo que debía hacer.

—Escuchad esto porque lo diré sólo una vez. Nadie debe decir nada. Mi padre murió en la batalla contra el enemigo. Lo incineré para rendirle homenaje y mantenerlo conmigo. Jurádmelo ahora.

Los hijos de puta con los que había vivido y luchado juraron y, después de que sus profundas voces se alejaran en la noche, Xcor se inclinó y pasó sus dedos por las cenizas.

Alzando las manos hacia su cara, se marcó con el hollín desde las mejillas hasta las venas gruesas que corrían a ambos lados de su cuello… y luego palmeó el duro y huesudo cráneo que era todo lo que le quedaba de su padre. Sosteniendo los restos humeantes y carbonizados en alto, reclamó a los soldados que estaban ante sí como suyos.

—Yo soy vuestro único señor ahora. Uníos a mí en este momento o convertíos en mi enemigo. ¿Qué tenéis que decir?

No hubo ni una sola vacilación. Los machos se pusieron de rodillas, sacando sus dagas, y estallaron en un grito de guerra antes de enterrar las hojas en la tierra a sus pies.

Xcor miró sus cabezas inclinadas y sintió un manto cayendo sobre sus hombros.

El Sanguinario estaba muerto. Ya no vivía, él era una leyenada a partir de esta noche.

Y como era justo y correcto, el hijo ahora tomaba el lugar del padre, al mando de esos soldados que no servirían a Wrath, el rey que no debía gobernar, ni a la Hermandad, que no merecía que se rebajasen a ese nivel… sino a Xcor y sólo a Xcor.

—Iremos en la dirección de donde vino la mujer —anunció—. La encontraremos, aunque nos lleve siglos, y pagará por lo que ha hecho esta noche —Xcor silbó fuerte y claro a su caballo—. La liquidaré yo mismo por esta muerte.

Saltando sobre su caballo, recogió las riendas y espoleó a la gran bestia hacia la noche, su grupo de bastardos le pisaba los talones, preparados para ir a la muerte por él.

Mientras salían del pueblo ruidosamente, guardó el cráneo de su padre dentro de su camisa de cuero de batalla, sobre el corazón.

La venganza sería suya. Incluso si eso lo mataba
.

UNO


ACTUALIDAD, HIPÓDROMO DEL ACUEDUCTO, QUEENS, NUEVA YORK

—Quiero chupártela.

El Dr. Manny Manello giró la cabeza hacia la derecha y miró a la mujer que le había hablado. No era ni de cerca la primera vez que había oído esa combinación de palabras, y la boca de la que habían salido tenía suficiente silicona como para ofrecer un buen acolchado. Aún así era una sorpresa.

Candace Hanson le sonrió y se ajustó su sombrero Jackie O con una mano que tenía la manicura hecha. Aparentemente, había decidido que la combinación entre elegante y picante era atrayente... y quizás lo era para algunos tipos.

Diablos, en otro momento de su vida, probablemente hubiera aceptado, basándose en la teoría ¿y—por—qué—coño—no? ¿ahora? Archiva eso en ni—de—coña.

Impertérrita ante su falta de entusiasmo, se inclinó hacia adelante, dándole un vistazo de un set de pechos que no desafiaban la gravedad tanto como la ridiculizaban, insultaban a su madre y se meaban en sus zapatos.

—Sé dónde podríamos ir.

Él apostaba a que lo sabía.

—La carrera está a punto de empezar.

Ella hizo un pucherito, o quizás era simplemente la manera en sus labios post—inyección sobresalían. Dios, probablemente hace una década tenía un rostro fresco; ahora los años iban añadiéndole una pátina de desesperación... junto con el proceso natural de envejecimiento ligado a las arrugas contra el que, claramente, luchaba como una boxeadora.

—Luego, entonces.

Manny se dio la vuelta sin responder, preguntándose cómo se había colado en las plazas de la sección de propietarios. Debió haber sido en el apuro al volver aquí tras ensillar a los caballos en el cercado... y sin duda estaba acostumbrada a meterse en lugares donde no le estaba permitido estar: Candance era uno de esas tipas sociales de Manhattan que estaba a un mero chulo de distancia de ser una prostituta y, en muchos sentidos, era como cualquier otra wasp(1)... ignora la molestia y esta irá a parar a cualquier otro lado.

O en cualquier otra persona, en este caso.

Levantando el brazo para evitar que se acercara más, Manny se inclinó sobre la baranda de su plaza y esperó a que trajeran a su chica a la pista. Estaba posicionada en el exterior, eso estaba bien: ella prefería no estar con la manada y nunca le había molestado correr una pequeña distancia extra.

El Acueducto, en Queens, Nueva York, no tenía el prestigio de Belmont o Pimlico, o el de la venerable madre de todos los hipódromos, Churchill Downs. Sin embargo, tampoco era mierda de perro. Las utilidades tenían una pista de unos 2,8 km, así como un césped y un recorrido corto. La capacidad total era de unas 90.000 personas. La comida era bueh, pero nadie iba allí a comer realmente, y a veces había algunas carreras importantes, como la de hoy: The Wood Memorial Stakes con un fondo de 75.000 dólares, tenía lugar en abril, era una buena cota de referencia para los competidores de la Triple Crown...

Oh, sí. Ahí estaba su chica.

Mientras los ojos de Manny se clavaban en GloriaGloriaAleluya, el sonido de la multitud, la brillante luz del día y la inquieta formación de los otros caballos parecieron desaparecer.

Todo lo que veía era su magnífica potra negra, su pelaje resplandeciendo bajo sol, sus patas súper—esbeltas flexionándose, sus delicados cascos alzándose y volviendo a bajar en la tierra de la pista. Con sus cerca 1,72 m de altura, el jockey era un minúsculo bicho enroscado en su lomo, y esa diferencia de tamaño era representativo también de la división de poder entre ellos. Ella lo había dejado claro desde su primer día de entrenamiento: puede que tolerara a los pequeños y molestos humanos, pero solo durante la cabalgata. Ella estaba al mando.

Su temperamento dominante ya le había costado dos entrenadores ¿Y el tercero con el que estaban ahora? El tipo parecía un poco frustrado, pero eso solo era su sentido del control siendo pisoteado hasta la muerte. Los tiempos de Gloria eran sobresalientes... simplemente ninguno de ellos tenía que ver con él.

Y a Manny no le importaban en absoluto los inflados egos de los hombres que vivían de trabajar con caballos. Su chica era una luchadora y sabía lo que hacía, él no tenía ningún problema en dejarla hacer y observar mientras enterraba a la competencia.

Con sus ojos fijos en ella, record al cabrón al que se la había comprador hacía algo más de un año. Esos veinte de los grandes habían sido una ganga, dada su crianza, pero también fueron una fortuna teniendo en cuenta su temperamento y el hecho de que no había estado claro si obtendría permiso para correr. Había sido una potra de dos años rebelde, al borde de quedarse en el banquillo... o peor, ser convertida en comida para perros.

Pero él había tenido razón. Si tan solo le dabas rienda suelta para que mandara, era espectacular.

Cuando la alineación se acercó a las puertas, algunos de los caballos empezaron a darle pequeños golpes, pero su chica estaba quieta como una roca, como si supera que no tenía sentido gastar su energía en esa mierda preliminar.

A él realmente le gustaban sus posibilidades a pesar de su posición en la parrilla de salida, el jockey en su lomo era toda una estrella: sabía exactamente cómo manejarla, y desde ese punto de vista, él era más responsable de su éxito que los entrenadores. Su filosofía con ella consistía en asegurarse de que viera todas las mejores rutas para mantenerse alejada de la manada y dejarla escoger por dónde ir.

Manny se puso de pie y se agarró a la balaustrada frente a él, sumándose a la multitud mientras se alzaba y sacaba incontables binoculares. Cuando su corazón comenzó a latir con fuerza, se alegró, porque últimamente, descontando el gimnasio, había estado en encefalograma plano. La vida había arrastrado un terrible sentimiento de insensibilidad con ella en el último año, y quizás eso era parte de la razón por la que su potra era tan importante para él.

A lo mejor ella era todo lo que tenía.

Ni de coña iba a pensar en eso.

En la puerta era todo cuestión de venga, venga, venga: cuando intentabas encajar quince caballos sobre—excitados con patas como palos y glándulas que segregaban adrenalina como howitzers(2) en pequeñas jaulas de metal, no perdías tiempo.

En cosa de un minute, la pista estaba cerrada y las cámaras se apresuraban a las barandas.

Latido.

Campana.

¡Bang!

Las puertas se abrieron y la multitud rugió mientras los caballos se precipitaban hacia adelante como si hubieran salido de cañones. Las condiciones eran perfectas. Seco. Fresco. La pista era rápida. No era como si a su chica le importara. Correría sobre arenas movedizas si tuviera que hacerlo.

Los purasangres pasaron a toda velocidad por delante de ellos, el sonido de sus cascos y la poderosa voz del comentarista modelando la energía en el sitio hasta tonos de éxtasis.

Manny se mantuvo en calma, manteniendo sus manos agarradas con firmeza a la baranda frente a él y sus ojos en la pista mientras la manada giraba la primera esquina en un apretado grupo de lomos y colas.

La pantalla gigante le mostraba todo lo que necesitaba ver. Su potra estaba la penúltima, prácticamente galopando mientras el resto de ellos iban a toda velocidad...infierno, su cuello no estaba ni siquiera extendido por complete. Sin embargo, su jockey estaba hacienda su trabajo, alejándola de la baranda, dándole la oportunidad de correr por el lado más alejado de la manada o pasando entre ellos cuando estuviera preparada.

Manny sabía exactamente que iba a hacer. Iba a abrirse paso a la fuerza entre ellos como una bala destructora.

Ese era su estilo.

Y desde luego, cuando enfilaron la recta final, empezó a darle caña.

Bajó la cabeza, estiró el cuello y empezó a alargar la zancada.

—De puta madre —murmuró Manny—. Puedes hacerlo, nena.

Mientras Gloria penetraba en la atestada pista se convirtió en un relámpago cortando a través de los demás corredores, su arranque de velocidad tan poderoso que estabas totalmente seguro de que lo había hecho a propósito: no era suficiente para machacarlos a todos, pero tenía que hacerlo en los últimos 800 metros, volando de golpe las silla de los bastardos en el último momento posible.

Manny rio desde lo profundo de su garganta. Era exactamente su tipo de chica.

—Cristo, Manello, mírala.

Manny asintió sin mirar al tipo que le había hablado al oído porque en ese momento un cambio de juego estaba desarrollándose: el potro que iba a la cabeza perdió inercia, quedándose atrás mientras sus patas se quedaban sin combustible, su jockey lo fustigó en los cuartos traseros... lo que tuvo el mismo éxito que putear a un coche que se ha quedado sin gasolina. El potro en el segundo lugar, un gran castaño con mala actitud y una zancada tan larga como un campo de fútbol, tomó ventaja de la pérdida de velocidad inmediatamente.

El par se pusieron cuello con cuello durante sólo unos segundos antes de que el castaño tomara control de la carrera. Pero no iba a durar mucho. La chica de Manny escogió ese momento para colarse entre tres caballos y pegarse a su culo más cerca que una pegatina.

Seh, Gloria estaba en su elemento, las orejas pegadas a la cabeza, los dientes al descubierto.

Iba a comerse su puto almuerzo. Y era imposible no extrapolarse al primer Sábado en Mayo y al Kentucky Derby...

Todo sucedió tan rápido.

Todo terminó... en un parpadeo.

En un deliberado golpe, el caballo se empotró contra Gloria, el brutal impacto mandándola contra la baranda. Su chica era grande y fuerte pero no era rival para un body check(3) como ese, no cuando iba a 17 km /h.

Por un momento, Manny pensó que se recuperaría. A pesar de estar doblando a toda velocidad, luchó por levantarse, él esperaba que ella encontrara el paso de nuevo y le enseñara al una buena lección de modales al rebelde bastardo.

Excepto que se cayó. Justo en frente de los tres caballos a los que había adelantado.

La carnicería fue inmediata, los caballos girando ampliamente para evitar el obstáculo en su camino, los jockeys intentando romper la inercia de las vuelta con la esperanza de conseguir mantenerse en sus monturas.

Todos lo consiguieron. Excepto Gloria.

Mientras la multitud daba un grito ahogado, Manny se precipitó hacia adelante, pasando los límites de su plaza y saltando por encima de gente, sillas y barricadas hasta que llegó a la propia pista.

Corrió hacia ella, los años de atletismo llevándolo a toda velocidad hacia la desoladora imagen.

Ella estaba intentando levantarse. Bendito fuera su gran, fiero corazón, estaba luchando por ponerse de pie, sus ojos fijos en el resto de la manada, como si no le importara una mierda haberse hecho daño; solo pensando alcanzar a los que la habían dejado en el polvo.

Trágicamente, su pata delantera tenía otros planes para ella: mientras peleaba, la delantera derecha giro extrañamente bajo la rodilla y Manny no necesitó todos sus años como cirujano ortopédico para saber que ella tenía problemas.

Graves problemas.

Mientras llegaba a ella, su jockey estaba llorando.

—Dr. Manello, lo intenté... Oh, Dios...

Manny resbaló en la tierra y se lanzó por las riendas mientras los veterinarios llegaban y una pantalla era colocada alrededor de la dramática escena.

Mientras tres hombres aparecían, sus ojos empezaron a volverse salvajes por el dolor y la confusión. Manny hizo lo que pudo para calmarla, permitiéndole mover la cabeza tanto como quisiera mientras le acariciaba el cuello. Y finalmente se tranquilizó cuando le inyectaron un tranquilizante.

El veterinario jefe le echó un vistazo y sacudió la cabeza. Lo que en el mundo de las carreras era el lenguaje universal para: necesita ser sacrificada.

Manny se pegó al careto del tipo:

—Ni se te ocurra. Estabiliza la fractura y llévala a Tricounty ahora mismo ¿Está claro?

—Nunca más volverá a correr...esto parece una multi...

—Saca mi jodido caballo de esta pista y llévala a Tricounty...

—Ella no vale la pena...

Manny agarró al tipo violentamente por su bata y arrastró al Sr. Solución Fácil hasta que quedaron nariz contra nariz.

—Hazlo. Ahora.

Hubo un pequeño momento de incomprensión, como si ser maltratado fuera algo nuevo para el pequeño malcriado. Y para que los dos estuvieran totalmente de acuerdo, gruño.

—No voy a perderla... pero estoy más que dispuesto a disponer de ti. Aquí. Ahora.

El veterinario se encogió, como si supiera que estaba en peligro de que le endiñaran una buena.

—Vale...vale.

Manny no estaba dispuesto a perder su caballo. Durante los últimos doce meses, él había lamentado la pérdida de la única mujer que le importaba, se había planteado su cordura, y había empezado a beber Escocés aunque siempre había odiado esa mierda.

Si Gloria la palmaba ahora...no le quedaba mucho más en la vida, ¿no?

*Notas:
(1)WASP: White Anglosaxon Protestan (Anglosajón Protestante Blanco)
(2)Pieza de artillería
(3)Un bloqueo que se práctica en deportes
.

DOS


CALDWELL, NUEVA YORK, CENTRO DE FORMACIÓN, COMPLEJO DE LA HERMANDAD

Puto... Bic... pedazo de mierda...

Vishous estaba de pie en el pasillo, fuera de la clínica de la Hermandad, con un cigarro liado a mano entre los labios y un pulgar que estaba llevando a cabo un entrenamiento jodidamente magnífico. Sin embargo, la llama no iba a hablar, no importaba cuántas veces masturbara la pequeña rueda del mechero.

Chic. Chic. Chic…

Con absoluto hastío, lanzó el PDM(1) a la basura y se dirigió hacia el guante blindado con plomo que cubría su mano. Arrancándose el cuero, miró fijamente la brillante palma, flexionando los dedos y doblándola por la muñeca.

Era parte lanzallamas, parte bomba nuclear, capaz de fundir cualquier metal, convertir la piedra en cristal y volver kebab cualquier avión, tren o automóvil que él quisiera. También era la razón por la que podía hacerle el amor a su shellan y uno de los dos legados que su divina madre le había dado.

Y no veas, la mierda de la segunda-vista era casi tan divertida como la rutina de la mano de la muerte.

Acercando el arma mortal hasta su rostro, puso el extremo del cigarro por los alrededores, no demasiado cerca o inmolaría su sistema de distribución de nicotina y tendría que volver a pasar por el tostón de liar otro. Los cual era algo para lo que no tenía paciencia en un buen día y desde luego no en un momento como este...

Ah, amada inhalación.

Apoyándose contra la pared, plantó sus shitkickers en el suelo de linóleo y fumó. El cigarro liado no hizo mucho por su caso crónico de pensamientos fatalistas, pero le dio algo que hacer que era mejor que la opción que le había estado rondando por la cabeza durante las últimas dos horas. Mientras se ponía el guante de nuevo, quiso tomar su “don” e ir a prenderle fuego a algo, a cualquier cosa...

¿Estaba su hermana gemela realmente al otro lado de esta pared? ¿Tumbada en una cama de hospital… paralizada?

Jesucristo... tener trescientos años y averiguar que tienes un hermano.

Buena jugada, mami. Jodidamente buena.

Y pensar que había asumido que ya había tratado todos los asuntos necesarios con sus padres. Pero bueno, solo uno de ellos estaba muerto. Si la Virgen Escriba simplemente tomara el mismo camino que el Sanguinario y la palmara, quizá conseguiría nivelarse un poco.

Tal y como las cosas estaban ahora, su última exclusiva de la Página Seis(2), junto con el hecho de que Jane estaba de caza en el mundo humano sola, lo estaba volviendo...

Seh, mejor no hablar de eso.

Sacó su teléfono móvil. Lo comprobó. Lo puso de vuelta en el bolsillo de sus pantalones de cuero.

Maldición, esto era tan típico. Jane se concentraba en algo y eso era todo. Nada más importaba.

No era como si él no fuera exactamente igual, pero en momentos como este, apreciaría algunas noticias.

Puto sol, atrapándolo dentro de la casa. Al menos si estuviera con su shellan, no habría ninguna posibilidad de que "el gran" Manuel Manello se pusiera todo oh-no-lo-creo con el asunto. V simplemente noquearía al bastardo, echaría su cuerpo dentro del Escalade y conduciría esas talentosas manos hasta aquí para que operaran a Payne.

En su mente, el libre albedrío era un privilegio, no un derecho.

Cuando se terminó el cigarro, lo apagó en la suela de su shitkicker y echó la colilla al basurero. Realmente deseaba una bebida... que no fuera soda o agua. Media botella de Grey Goose apenas limaría su aspereza, pero con algo de suerte estaría ayudando en la sala de operaciones dentro de poco, así que necesitaba permanecer sobrio.

Entrando a la sala de examen, sus hombres se tensaron, sus molares se apretaron y, por un momento, no supo cuánto más podría aguantar. Si había algo garantizado que dejaría en carne viva, era su madre marcándose otra, y ya sería difícil que se viniera con algo peor que esta mentira de mentiras.

El problema era que la vida no venía con una “lanzada de emergencia” por defecto para parar la diversión cuando tu máquina de pinball se ponía chunga.

—¿Vishous?

Cerró los ojos brevemente ante el sonido de esa suave y baja voz.

—Sí, Payne —acabó la frase cambiando a la Antigua Lengua—. Soy yo.

Cruzando el centro de la habitación, retomó su lugar en el taburete al lado de un carrito. Estirada bajo algunas mantas, Payne estaba inmovilizada con la cabeza entre bloques y un collarín que iba desde su barbilla hasta sus clavículas. Una vía intravenosa estaba conectada a su brazo, colgando desde un poste de acero inoxidable y había algunos tubos enchufados al catéter que Ehlena le había puesto.

Aunque la sala alicatada era brillante y limpia, y el material médico era igual de amenazador que las tazas y platillos en una cocina, se sentía como si ambos estuvieron en una oscura caverna rodeados de grizzlies.

Sería mucho mejor si pudiera ir y matar al hijoputa que había puesto a su hermana en esta condición. El problema era que... eso significaría que tendría que cargarse a Wrath, y que corta rollo, macho. Ese gran bastardo no solo era el rey, era un hermano... y estaba el pequeño detalle de que lo que la había dejado como estaba había sido consensuado.

La sesiones de lucha que los dos habían estado teniendo los últimos meses los habían mantenido en forma... y desde luego, Wrath no había tenido ni idea de con quien había estado luchando porque el macho estaba ciego ¿Sabía que era una hembra? Duh, claro. Había sido en el Otro Lado y nunca había machos por allí. Pero la falta de visión del rey había supuesto que le fuera imposible darse cuenta de aquello que V y todos los demás habían estado mirando fijamente cada vez que entraban en la habitación: la larga trenza de Payne era del color exacto del cabello de V, su piel tenía el mismo tono, estaba hecha tal y como él, alta, delgada y fuerte. Pero los ojos... mierda, los ojos.

V se frotó el rostro. Su padre, el Sanguinario, había tenido incontables hijos bastardos antes de que los mataran en una escaramuza contra unos restrictores allá en el Antiguo País. Pero V no tenía en cuenta ninguna de esas relaciones con hembras aleatorias.

Payne era diferente. Los dos tenían la misma madre y no era cualquier mahmen querida. Era la Virgen Escriba. La madre primigenia de la raza.

Pedazo de puta que era.

La mirada de Payne se trasladó a él y V se tensó. Los iris que se encontraron con los suyos eran blancos como el hielo, igual que los suyos, y los bordes azul marino a su alrededor eran algo que él veía cada noche en el espejo. Y la inteligencia... el genio en esas profundidades árticas era exactamente lo mismo que se cocía en su coco.

No puedo sentir nada. —dijo Payne.

—Lo sé. —sacudiendo la cabeza, repitió—. Lo sé.

Su boca se crispó como si, en otras circunstancias, hubiera sonreído.

—Puedes hablar en la lengua que desees. —dijo con un inglés fuertemente acentuado—. Hablo fluidamente...varias.

Como él. Lo que suponía que era incapaz de formar una respuesta en dieciséis idiomas diferentes.

Hurra por él.

—¿Has oído algo...de tu shellan? —dijo insegura.

—No ¿Necesitas más medicación para el dolor?

Ella sonaba más débil que cuando él se había ido.

—No, gracias. Me hacen sentir... rara.

Esto fue seguido por un largo silencio.

Que tan solo se hizo más largo.

Y más largo.

Cristo, a lo mejor debería cogerle la mano... después de todo podía sentir de cintura para arriba. Seh, pero ¿Qué tenía él para ofrecer en las palmas? La izquierda estaba temblando y la derecha era un arma mortal.

—Vishous, el tiempo no está...

Dado que su gemela dejó la frase en el aire, él la terminó en su mente, de nuestra parte.

Tío, deseaba que ella no tuviera razón. Sin embargo, cuando se trataba de lesiones espinales, al igual que con los derrames cerebrales o los ataques al corazón, las oportunidades se perdían con cada minute que el paciente pasaba sin ser tratado.

Mas le valía al humano ser tan brillante como Jane decía.

—¿Vishous?

—¿Sí?

—¿Desearías que no me hubiera presentado en este lugar?

Él frunció el ceño con fuerza.

—¿De qué demonios estás hablando? Por supuesto que te quiero conmigo.

Mientras daba golpecitos con el pie, se preguntaba cuánto más iba a tener que quedarse ates de poder salir a fumar otro cigarrillo. Simplemente no podía respirar sentado en este sitio, incapaz de hacer nada mientras su hermana sufría y su cerebro se colapsaba con preguntas. Tenía miles de qués y por qués rodándole la cabeza, pero no conseguía preguntarlos. Payne se veía como si fuera a deslizarse en un coma en cualquier momento, así que no era momento para un kaffeeklatsch.(3)

Mierda. Puede que los vampiros cicatrizaran a la velocidad del rayo, pero no eran ni de cerca inmortales.

Bien podría perder a su gemela antes de llegar a conocerla.

Teniendo eso en cuenta, echó un vistazo a sus vitales en el monitor. La presión sanguínea de la raza ya era baja de por sí, pero la de ella estaba por los suelos. El pulso era lento e irregular. Y habían tenido que silenciar el sensor de oxígeno porque la alarma había estado disparándose continuamente.

Mientras los ojos de ella se cerraban, la miró preocupado, preguntándose si sería por última vez y, en ese caso, ¿qué había hecho él por ella? Nada más que gritarle cuando le había hecho una pregunta.

Se inclinó algo más cerca, sintiéndose como un schmuck.(4)

—Tienes que aguantar, Payne. Voy a conseguir lo que necesitas, pero tienes que aguantar.

Los párpados de su gemela se alzaron y lo miró desde donde su cabeza estaba inmovilizada.

—He traído demasiados problemas a tu puerta.

—No te preocupes por mí.

—Eso es lo único que he hecho toda mi vida.

V volvió a fruncir el ceño. Claramente, todo este rollo hermano/hermana era novedad solo por su parte y la verdad es que se preguntaba cómo demonios había averiguado ella que él existía.

Y qué sabía.

Mierda, esta era otra ocasión en la que deseaba haber sido vainilla.

—Estás tan seguro del sanador que buscas. —farfulló ella.

Bueno, no realmente. Lo único de lo que estaba seguro era de que si el bastardo la mataba, iba a haber una un doble funeral esta noche... asumiendo que quedara algo del humano para enterrar o quemar.

—¿Vishous?

—Mi shellan confía en él.

Los ojos de Payne se deslizaron hacia arriba y quedaron fijos allí ¿Estaba mirando el techo? ¿La lámpara de examen que colgaba sobre ella? ¿Algo que él no podía ver?

Finalmente, ella dijo:

—Pregúntame cuántos años he estado al servicio de nuestra madre.

—¿Estás segura de tener la fuerza para esto?

Cuando prácticamente lo taladró con la mirada, le dieron ganas de sonreír.

—¿Durante cuánto?

—¿En qué año estamos en la Tierra? —cuando se le dijo, sus ojos se agrandaron—. Desde luego. Bueno, ha sido durante cientos de años. Estuve apresada por mahmen durante... cientos de años de mi vida.

Vishous sintió cómo sus colmillos hormigueaban de la rabia. Esa madre que tenían... debería haber sabido que la poca paz que había conseguido con la hembra no iba a durar.

—Ahora eres libre.

—¿Lo soy? —miró hacia sus piernas—. No puedo vivir en otra prisión.

—No lo harás.

Esa mirada glacial se empañó.

—No puedo vivir así ¿Entiendes lo que digo?

Se congeló totalmente por dentro.

—Escucha, voy a traer a ese doctor aquí y...

—Vishous —dijo con voz rasposa—. Verdaderamente, lo haría si pudiera, no hay nadie más a quien pueda recurrir ¿me entiendes?

Mientras encontraba su mirada, quería gritar, sentía un nudo en el estómago y el sudor en la frente. Era un asesino por naturaleza y entrenamiento, pero esa no era una habilidad que hubiera querido empuñar contra nadie de su propia sangre. Bueno, exceptuando a su madre, claro. O quizás su padre, solo que el tipo la había palmado solito.

De acuerdo, corrección: no era algo que fuera a hacerle a su hermana jamás.

—¿Vishous, me...?

—Seh. —miró hacia su mano maldita y flexionó ese pedazo de mierda—. Lo pillo.

En lo más profundo de su piel, en su mismísimo núcleo, sus cuerdas interiores habían empezado a vibrar. El tipo de cosa con la que había estado familiarizado toda su vida... y un shock total. No había vuelto a tener esta sensación desde que Jane y Butch habían llegado a su vida, y su regreso era... otra pedazo de Que Me Jodan.

En el pasado, eso lo había desviado seriamente del camino, hacia el terreno del sexo duro y otra mierda filosa.

A la velocidad del sonido.

—¿Y qué dices? —preguntó ella con un hilo de voz.

Mierda, acababa de conocerla.

-Sí. —flexionó su mano mortal—. Me ocuparé de ti. Si la situación llega a eso.


Mientras Payne miraba fijamente más allá del peso muerto de su cuerpo, el perfil sombrío de su gemelo era todo lo que podía ver, y se despreciaba a sí misma por la posición en la que lo había puesto. Había pasado todo el tiempo desde que había llegado a este lado intentando encontrar otro camino, otra opción, otro... cualquier cosa.

Pero lo que necesitaba no era algo que pudiera pedirle a un extraño.

Pero bueno, él era un extraño.

—Gracias, hermano mío.

Vishous simplemente asintió y siguió mirando hacia adelante. En persona, él era mucho más que una suma de sus rasgos faciales y el tamaño masivo de su cuerpo. Antes de que su mahmen la hubiera encerrado, había pasado mucho tiempo observándolo en los cuencos de visión de las Elegidas y había sabido quién era para ella en el mismo momento en que había aparecido en el agua... todo lo que tenía que hacer era mirarlo para verse a sí misma.

Que vida había llevado. Empezando por el campamento y la brutalidad de su padre... y ahora esto.

Bajo su fija compostura, hervía en rabia. Podía sentirlo en sus propios huesos, algún tipo de conexión entre ellos dándole una visión de él que iba más allá de la que sólo sus ojos se formaba.

En la superficie, estaba organizado como una pared de ladrillo, como si todos los componentes que lo componían estuvieran bien pegados con cemento en su lugar.

Sin embargo, por dentro de su piel, hervía... y la pista exterior era su mano derecha enguantada. Por debajo de su base, brillaba una luz... que se volvió más resplandeciente. Especialmente después de haberle hecho esa pregunta.

Se dio cuenta de que esta podría ser la única vez que estuvieran juntos, sus ojos volvieron a humedecerse.

—¿Estás emparejado con la hembra sanadora?

—Seh.

Cuando solo hubo silencio, deseó poder hacer que él siguiera hablando, pero claramente le había respondido por cortesía. Aún así, le creyó cuando dijo que estaba contento de que ella hubiera venido. No le había parecido del tipo de personas que mienten... no porque le preocupara la moral, o la educación, sino porque veía dicho esfuerzo como una pérdida de tiempo.

Payne volvió a dirigir sus ojos hacia el brillante círculo de fuego que brillaba sobre su cabeza. Deseaba que él la cogiera de la mano, o la tocara de alguna forma, pero ya le había exigido demasiado.

Tumbado en la mesa su cuerpo se sentía totalmente extraño, pesado y ligero a la vez. Su única esperanza eran los espasmos que recorrían sus piernas, provocándole un hormigueo en los pies haciendo que se movieran. Todo no podía estar perdido si eso estaba ocurriendo, se dijo a sí misma.

Excepto que, aunque se refugiaba en ese pensamiento, una pequeña y tranquila parte de su mente le decía que el techo cognitivo que estaba intentando construir no aguantaría la lluvia que se avecinaba sobre lo que quedaba de su vida: cuando movió sus manos, aunque no podía verlas, pudo sentir las frescas y suaves sábanas, y la frialdad de la mesa sobre la que estaba, le ordenó a sus pies que hicieran lo mismo... era como si estuviera en las serenas aguas de una de las pilas de baño del Otro Lado, arropada en una abrazo invisible, sintiendo a otra persona junto a ella.

¿Dónde estaba el sanador?

El tiempo... pasaba.

Mientras la esperaba pasaba de intolerable a agónica, era difícil saber si la sensación de ahogo en su garganta se debía a su condición o a la quietud de la habitación. Realmente, su gemelo y ella estaban empapados en la misma posición inmóvil... sólo que por razones muy diferentes: ella no iba a ir a ninguna parte con prontitud. Él estaba a punto de explotar. Desesperada por algún tipo de estímulo... cualquiera cosa. Murmuró:

—Cuéntame algo sobre el sanador que va a venir…

La fría brisa que azotó su rostro y el perfume a especias oscuras que penetró en su nariz le dijo que sería un macho. Tenía que serlo.

—Es el mejor. —masculló Vishous—. Jane siempre está hablando de él como si fuera un Dios.

El tono no era el de un cumplido ni de cerca, pero bueno, los machos vampiros no apreciaban que otros revolotearan alrededor de sus hembras.

¿Quién sería dentro de la raza?, se preguntó, el único sanador que Payne había visto en los cuencos era Havers y seguramente no habría motivos para tener que salir a buscarlo.

A lo mejor había otro al que no había visto. Después de todo, no es como si hubiera pasado mucho tiempo poniéndose al día con el mundo y, según su gemelo, habían pasado muchos, muchos, muchos años entre su encierro y su liberación.

En una abrupta oleada, el agotamiento la arrancó del proceso de reflexión, calando hasta su mismísimo tuétano, clavándola más profundamente en la mesa de metal.

Aun así, cuando cerró los ojos, solo pudo aguantar la oscuridad por un momento antes de que el pánico la obligara a abrir los párpados. Mientras su madre la había mantenido en animación suspendida, ella había sido totalmente consciente del vacío sin límite que la rodeaba y del lentísimo paso de las horas y los minutes. La parálisis de ahora era demasiado parecida a lo que había sufrido durante cientos de años.

Y ese era el porqué de su terrible petición a Vishous. No podía haber venido a este lado solo para que se repitiera lo mismo de lo que había estado tan desesperada por escapar.

Las lágrimas se agolparon en su mirada, hacienda que la brillante luz sobre ella temblara.

—Por favor, no llores. —dijo Vishous—. No...llores.

En verdad, estaba sorprendida de que se hubiera dado cuenta.

—Tienes razón. Llorar no cura nada.

Endureciendo su resolución, se forzó a sí misma a ser fuerte, pero fue una batalla. Aunque su conocimiento de las artes de la medicina era limitado, la propia lógica mostraba a qué se enfrentaba: al ser de una extraordinariamente fuerte línea sanguínea, su cuerpo había empezado a curarse en el mismo momento en que se había lesionado luchando con el Rey Ciego. Sin embargo, el problema era que el propio proceso de regeneración que en circunstancias normales hubiera salvado su vida, estaba hacienda su condición aún más peligrosa...y probablemente permanente.

Las lesiones espinales que comenzaban a curarse por sí mismas no tenían muchas probabilidades de realinearse correctamente, la parálisis en sus piernas lo demostraba.

—¿Por qué no dejas de mirarte la mano? —preguntó con la mirada fija en la luz.

Hubo un momento de silencio, mayor que todos los demás.

—¿Por qué crees que lo estoy haciendo?

Payne suspiró.

—Porque te conozco, hermano mío. Lo sé todo sobre ti.

Cuando él no dijo nada más, el silencio fue tan amigable como habían sido las incursiones en el Viejo Continente.
Oh, ¿qué mecanismos había puesto en acción?

¿Y dónde estarían todos ellos cuando todo esto acabara?

*Notas:
(1)PDM: Pedazo De Mierda
(2)Los periódicos ingleses y americanos tienen una serie de páginas que están dedicadas a un determinado tipo de noticias y son conocidas por el número que llevan.
(3)Té y pastas que se toma en Alemania por la tarde y suele ir acompañado de cotilleos de todo tipo.
(4)Voz en Yiddish para "sabandija".

20 mar 2011

Primera Página de Lover Unleashed




PRÓLOGO

1761. VIEJO CONTINENTE

Xcor vio a su padre asesinado cuando hacía cinco años que había pasado la transición.

Sucedió ante sus ojos y, a pesar de la proximidad, no pudo comprender qué ocurría.

La noche comenzó como cualquier otra, cayendo la oscuridad sobre un paisaje de bosque y cueva, arriba las nubes los ocultaba de la luz de la luna a él y a los que viajaban con él a caballo. Su grupo de soldados era de seis: Throe, Zypher, los tres primos y él mismo. Y luego estaba su padre.

El Sanguinario.

En otro tiempo miembro de la Hermandad de la Daga Negra.

Lo que iban a llevar a cabo en esa tarde era lo que les llamaba a servicio después de la caída del sol: buscaban lessers, esas armas sin alma del Omega que veía bien masacrar la raza de vampiros. Y los encontraban. A menudo.

Pero ellos siete no eran de la Hermandad.

En oposición a esa honra, eran un grupo secreto de guerreros. Esta banda de hijos de puta dirigida por el Sanguinario no eran nada más que soldados: no había ceremonias. No tenían la adoración de la población civil. Ni tradiciones ni elogios. Sus líneas de sangre podrían ser aristocráticas, pero cada uno de ellos había sido abandonado por sus familiares, por nacer con defectos o por ser engendrados fuera de una unión santificada.

19 mar 2011

Otra más


Muchas gracias a Payne por hacerse cargo de la traducción de esta review. ¡Gracias por echarme una mano, guapa!

¿Alguna vez has cogido un libro esperando que no te vaya a gustar o con muy pocas expectativas? Esto es lo que era este libro para mí. El último libro que leí de JR WARD fue Amante Consagrado y me prometí que no leería otro libro escrito por ella.

Desde el momento en que empecé a leer LOVER UNLEASHED fui absorbida de vuelta al mundo de La Hermandad de la Daga Negra y era como si nunca me hubiese ido. No me sentí perdida sin haber leído Amante Vengado y LOVER MINE. De hecho me dije “Maldita sea, os he echado de menos chicos” cuando llevaba un par de capítulos y me gané una extraña mirada de Mike.

Hay mucho más aparte de Payne y Manny en este libro así que voy a ir personaje por personaje.

Payne es la hermana gemela de Vishous y él está absolutamente roto porque nunca supo de ella. Cuando su cariñosa madre, La Virgen Escriba se reveló en su libro, nunca mencionó a su hermana, así que no sólo tiene el deseo de matarla por lo que hizo y lo que no hizo cuando era un niño, pero ahora descubre una hermana que ha sido alejada de él. Está furioso por el hecho de que esté paralizada y no haya nada que pueda hacer por ella. Todo esto lo lleva hasta el límite. Al final, sin embargo, gracias al amor de su shellan, Jane, y su mejor amigo Butch finalmente comienza a sanar.

La escena donde él tiene su avance/crisis es absolutamente una de las mejores escenas en lo que se refiere al libro. Ward realmente se metió en la mente de alguien que ha sufrido la peor clase de abuso y ha logrado salir adelante. No voy a decir lo que sucede pero sabemos que es desgarrador y vale la pena leerlo.

Q (nunca puedo acordarme de cómo deletrear este nombre) fue una interesante lectura para mí. La última vez que lo vi, su padre había intentado matarlo, había perdido su familia por los restrictotes y se había convertido en el protector de JM. He echado de menos el drama entre él y Blay que era muy intenso. Qhuinn finalmente ha alcanzado el fondo de su roca y ha decidido su propia mierda, de hecho pienso que la mejor frase del libro es esta: “Él tenía que decidir su propia mierda, incluso si esto hacía que se odiase a sí mismo hasta la médula”. Ahora estoy interesada en cuál va a ser el resultado. Él hace un montón de cosas admisibles, mucho progreso.

Payne, tiene mucha rabia en contra de su madre por V, pero también esa inocencia de Elegida. Ella es un personaje muy complejo y tengo que decir que como gemela de V es perfecta. En mi experiencia con gemelos (ya que soy madre de gemelos y sé algo acerca de ellos) son dos mitades de un todo y eso es lo que son ellos dos para mi. Su relación con Manny realmente es muy dulce, ya que él ve los dos lados de ella, la inocente Elegida y el lado guerrero.

Manny es uno de esos personajes por los que sentí pena en el libro de V, porque su final parecía injusto y él era un buen hombre. La muerte de Jane resquebrajó su mundo y su re-entrada en él casi lo destruye. Cuando se encuentra en la posición de ser capaz de hacer lo que se le da mejor es casi como si volviese a casa. No es realmente tan simple y hay grandes cosas que tiene que atravesar al final, pero él decide que todas valen la pena.

Butch... el misterio de quién es realmente su padre es revelado.

Xcor es el nuevo chico en la ciudad, tiene una misión y un propósito. Su banda de hombres es completamente leal a él y todos ellos tienen algo importante contra El Rey Wrath y sus Hermanos. Será interesante ver cómo se desarrolla este asunto.

Este libro es como un respiro para poner en marcha la próxima fase de la serie. No hubo otros mayores conflictos que los problemas personales que debían ser tratados y que son tratados, al menos de ninguno que yo me diese cuenta.

En general he disfrutado con el libro y tengo que volver a añadirla a mi lista de auto-compra. Así que gracias a Katie y a Kayleigh por hacerme leer este libro.

Puntuación: Sobresaliente Bajo / Notable Alto

Spoilers Importantes de Lover Unleashed


Advierto que este post tiene un ALTO contenido de spoilers. Tú decides si quieres seguir leyendo. La información que voy a poner a continuación me la han mandado al correo y corresponde al foro LLL



1. Protagonistas del famoso trío del que habló Ward hace tiempo.
Xcor, una prostituta y Thore (uno de sus hombres)

2. Manny y Butch.
Son hermanos, así que Manny también está relacionado con Wrath.

3. Personajes que no aparecen.
Murhder y la Virgen Escriba.

4. Tohr
No está con nadie y tampoco lo veremos en este libro.

5. Butch y V
No hay beso, no hay sexo, sólo BDSM y un baño de esponja. V está con el culo al aire, pero Butch no.

6. Qhuinn
Reconoce sus sentimientos por Blay, pero no a Blay sino a Layla. Tiene sexo con un humano pelirrojo que le recuerda a él.

Y Otra Review más de Lover Unleashed


Os traigo otra review. Ésta es un poco caótica y me ha costado traducirla porque la chica que la ha escrito parece también un tanto caótica XDDD (pediré ayuda e iré corrigiendo). De todas formas, se entienden algunas cosillas y se dejan claras otras tantas.

Por cierto... ¡me muero por saber más sobre esa dichosa cuchara!

Lo puntúo entre 7 o 8,5. Éste no es el libro más fuerte en la serie y huele al libro de Phury, que estuvo desaparecido en combate todo el tiempo. Me pregunto, ¿por qué? Por cierto, odio el libro de Phury y éste está cerca de colocarse en segundo lugar.

Payne + Manny = ZZZZZ [ZZZZ de aburrido, como si se durmiera] y su vinculación en caballo, y no, no tienen sexo en un caballo, e inluso si lo tuvieran, eso no haría su relación más caliente o lo que sea. Además Manny usa el lenguage HDN [Hermandad de la Daga Negra] de manera que me dan ganas de pegarle. Lo siento, pero solo V puede hablar así sin que me dé la risa.

V (con su lado de caliente cera negra y Butch) + Jane= ¡Impresionante! *después de esto no tendrás ninguna duda en mente de que Butch y V son sólo amigos, no insta a que se conviertan en amantes o algo más. Ward ha pisoteado la cerilla que encendió y la ha convertido en cenizas*

La palabra “verdad” y “verdaderamente” necesita ser borrada del canon de Ward. También hay una palabra llamada “whard”. Heh.

Xcor y su caliente banda de alegras hombres medievales = falla

Qhuay… *sollozo* Hay una importante falta de tiempo en pantalla con estos dos a pesar de que Qhuinn realmente necesita encontrar su propia estadística del doctor Dhrew.

La revelación sobre Butch y Manny y su relación me ha cabreado un poco porque Ward dijo que nunca iría allí con ellos de nuevo cuando salió el libro de V. Bueno, ella lo hizo. ¡Se escaquea!

¡La cuchara BDSM para la victoria! (V y Butch nunca volverán a ver una cuchara de la misma forma).

Ni fu ni fa. El libro fue más una decepción a pesar de que apoyo a Ward porque es una autora muy hábil.

Continuaré leyendo para ver el final feliz de Qhuay que tardará años en llegar.

Otra Review de Lover Unleashed


Lover Unleashed, el noveno libro de mi amada serie La Hermandad de la Daga Negra, es el libro de Manny y Payne –o eso se nos dijo. Pero honestamente este libro es de Vishous. V roba el espectáculo. Manny y Payne tienen un romance, pero su historia no es nada comparada con la de V. Nada. Tampoco hay modo de que te lo leas de forma independiente –necesitas el trasfondo de V a lo largo de la serie para sacar cualquier cosa de este libro.

Butch juega un papel muy importante “salvando” a V. No voy a entrar en detalles para no estropear demasiado, pero esta cuestión tiene que ser abordada. Él está enamorado de Butch, como todos sabemos. Finalmente conseguimos explorar un poco más en esta relación –que nos puso los dientes largos en Amante Desatado.

Y tengo que decir que me ha gustado mucho Jane en este libro –una locura, ¿verdad? Creo que JR Ward hace un buen trabajo con la agitación emocional entre ambos. Hay una escena donde V simplemente se aleja de ella –y es desgarrador. La entiendo mejor. Me gusta con V ahora. Estoy contenta con su relación. Y tenemos varias escenas de sexo sucio con ellos:

—Vishous…

—Qué.

Su mano enguantada se sumergió bajo el satén negro y ella no tuvo que ver adónde iba para darse cuenta de que se había agarrado a sí mismo. El hecho de que él se arquease hacia atrás le dijo todo lo que necesitaba saber. Eso y la forma en la que se mordió el labio inferior.

—Jane…

—Qué.

—Sólo vas a mirar, ¿verdad?

*MUERE* En serio –material caliente con V– múltiples escenas sexuales con él.

Vamos a pasar a Blay y Qhuinn, o como se les llama: “Qhuay”. Ellos tenían tanta presencia en Lover Mine que estoy decepcionada con la falta de progreso en su relación. He escuchado que una novela de ellos podría estar en proceso de producción, así que tal vez JR Ward está ahorrando para eso –pero aún así no hay Qhuay en este libro. Hay un poquito de Blay y Saxton. Y otro poco más de Qhuinn y Layla. Tenemos una gran revelación con Qhuinn. Necesitamos discutir sobre esto, amigos… pronto.

Nos encontramos con algunos nuevos vampiros, no necesariamente hermanos, pero seis hombres (aunque en realidad sólo conocemos a tres) que combaten lessers.

Supongo que no puedo librarme de Payne y Manny. Honestamente, no hicieron nada para mí. Si tuviese que escuchar a Payne decir “verdaderamente” una vez más, podría arrojar el libro. No hay nada destacable sobre ellos. Me gusta Manny –tuvo interacciones agradables con Jane. Y me gustó que le plantase cara a Vishous y sus interacciones con Butch son divertidas. Pero el romance real entre estos dos… nada. No provocó nada en mí. Lo que hace que sea realmente difícil puntuar este libro.

En cierto modo, no quiero quejarme porque el centro de atención esté en Vishous. AMO a Vishous. Antes de empezar este libro, mi única esperanza era que tuviésemos un montón de material sobre Vishous. No sabía que sería el libro entero.

En pocas palabras, tengo sentimientos encontrados. El libro me entretuvo. Lo leí en un día. Me encanta esta serie, me encantan los hermanos, realmente disfruto del estilo de escritura de JR Ward. Me encanta que tengamos un montón de cosas sobre Vishous. Creo que la historia de Vishous necesitaba ser continuada, pero ha sido a costa de los personajes principales. Honestamente, yo no estaba nada involucrada con Payne y Manny, así que no conseguir una historia entera de ellos no es tan doloroso para mí. Pero… este es su libro. Con la falta de Blay y Qhuinn después de todo lo que aparecieron en el libro anterior, no puedo evitar sentirme un poco decepcionada.

Pero V os provocará un lascivo desvanecimiento.

18 mar 2011

Review de Lover Unleashed


Bueno, aquí os traigo una de las primeras reviews que se han hecho de Lover Unleashed. No desvela demasiadas cosas, pero sí lo suficiente como para ponernos los dientes más largos. ¡Menos mal que ya no queda nada!

Lover Unleashed de J.R. Ward es simplemente… wow. Oscuro. Perversamente sexy. Una montaña rusa de subidas y bajadas emocionales para algunos de nuestros personajes favoritos. Esta es la novena entrega de la fantástica serie de fantasía oscura de J.R. Ward, La Hermandad de la Daga Negra, y puede ser leída como un solo libro –aunque yo nunca recomendaría a un lector que se saltase las primeras ocho novelas brillantes. La novela se mueve entre muchas historias entrelazadas. Vishous y doc Jane. Xcor (¡nuevo personaje! ). Payne y Manny. Qhuinn. José.

Ni siquiera sé por dónde empezar. La única razón por la que Lover Unleahed tiene 4.5 en lugar de 5 es porque tuve un pequeño problema con Payne y Manny. Su historia fue un poco aburrida y cursi. Bien, sé que hay una buena parte de cursilería en las novelas anteriores de la Hermandad, pero hubo algo en Payne y Manny que impidió que me sintiese totalmente cautivada con su historia juntos. ¿Tal vez porque todo acerca de su relación parecía demasiado conveniente? De cualquier modo, me gustó su historia, su química y que los dos son muy simpáticos.

Ahora, a las cosas importantes. La verdadera razón por la que me encantó este libro. Vishous. Butch. Qhuinn. Blay. ¡Hay TANTO de Vishous! Estaba tan emocionada de que él tuviese una gran presencia en el libro. Él evoluciona y tiene revelaciones. Hace llorar a Butch. Así es, el momento que todos hemos estado esperando –Butch y V… Y Vishous no es el único personaje con revelaciones. Qhuinn también hace una especie de búsqueda de alma en este libro. Quiero decir mucho acerca de Vishous y la situación entre Qhuinn y Blay, pero no quiero echar a perder cualquier pequeño detalle a nadie.

No estoy segura de si otros lectores se sientes así, pero me encantó el prólogo. No te lo saltes. Se presenta a Xcor y su banda de hijos de puta. Él tiene motivos que son relativamente malos, pero hay algo en él y sus hombres que me mantiene intrigada. En realidad, ellos no interactúan directamente con los Hermanos en este libro, sólo con Payne, pero pronto lo harán. Creo que van a tomar esta serie para un nuevo paseo impresionante. Maravillosos nuevos personajes con profundidad y una horda de tragedias personales –y ni siquiera fueron el centro de atención. Estos chicos tienen un gran potencial y no puedo esperar para ver dónde los lleva Ward.

Si aún no has leído esta serie, salta sobre ella –y para aquellos que ya son fans… os va a encantar el libro, aunque tal vez os sintáis un poco frustrados con un par de personajes que dejan las cosas sin resolver.

23 feb 2011

¡Abierta la Firma Virtual para LOVER UNLEASHED !




La Firma Virtual es una manera de que cualquier lector consiga un libro (o libros) personalizado por J.R. Ward. Os recuerdo que el libro estaría en inglés.

Si estás interesado y quieres saber más, sigue leyendo.


Funciona así:
1) Ve aquí

2) Sigue las instrucciones.

3) No te olvides de poner el nombre (o nombres) en el formulario y el mensaje personalizada que te gustaría que Ward escribiese.

Notas:
1) ¡Puedes pedir cuantos libros quieras!

2) Puedes elegir la rapidez con la que quieres recibir el envío. (Aunque todos los libros saldrán la mañana del 29 de Marzo, hay diferentes opciones de envío y precios)

3) Se aceptan pedidos internacionales.

4)Se podrá pagar con las principales tarjetas de crédito.

5) La Firma Virtual cierra el 24 de Marzo. Las solicitudes recibidas después de esta fecha no se procesarán.

23 nov 2010

Páginas y Capítulos en Lover Unleashed


El número de páginas todavía puede variar porque Ward se encuentra en la etapa de edición del manuscrito, en la que pone más atención sobre algunas de las areas o escenas que la necesitan. El proyecto era de 607 páginas, pero Ward cree que el número aumentará a 675 o 680 para cuando termine esta etapa.

Lover Unleashed quizá va a tener como 40 páginas menos que Lover Mine. Ahora está con 158.446 palabras, pero vuelve a repetir que sólo se encuentra en la página 79 de edición y que, por lo tanto, pueden aumentar.

En cuanto a los capítulos, son 59 y eso no va a cambiar.

21 nov 2010

Alto Nivel Sexual en Lover Unleashed


Ward cuenta que su editora ha leído hasta el final de Lover Unleashed y que la llamó hace 10 días para decirle que le había encantado y emocionado el libro.

La editora dijo: "Es realmente sexy". Ward le preguntó si se referia a V y Jane o al trío (Ward no explica exactamente a qué se refiere con eso de "trío"). La respuesta de la editora fue: "¡Estoy hablando de Payne y Manny!"

Pongo literalmente la advertencia de Ward porque no tiene desperdicio:

Preparaos *mueca* Tuve la sensación de que era un poco más caliente de lo que lo habían sido los ultimos años, ¡pero no sabía que era tan caliente!


¡Dios, preveo que este libro nos va a hacer arder! Más adelante, menciona una escena entre Payne y Manny en un coche... ¡No puedo esperar!

9 nov 2010

Portada de LOVER UNLEASHED


¡YA ESTÁ AQUÍ!


Ward ha comentado también que tiene 48 horas para terminar Lover Unleashed y llevarlo a Nueva York.

6 oct 2010

¡Extracto Completo de LOVER UNLEASHED!


Manny Manello no quería que nadie conduciera su Porsche. De hecho, salvo el mecánico, nadie lo había hecho.

Esta noche, sin embargo, Jane Whitcomb estaba detrás del volante porque: uno, ella era competente y podría cambiar de marcha sin moler su transmisión en un árbol; dos, Jane había mantenido que el único modo de llevarlo a donde iban era si ella estaba al mando: y tres, él aún estaba conmocionado por ver a alguien que había enterrado salir de los arbustos con un ey-cómo-estás.

Tenía muchas preguntas. Un gran cabreo, también. Y, seh, tenía la esperanza de conseguir un lugar de paz, luz y sol y toda esa mierda ñoña, pero no estaba conteniendo la respiración por eso. Lo que era un tanto irónico. ¿Cuántas veces había mirado el techo durante la noche, todo repantigado en la cama con algún Lagavulin, rezando para que su ex jefa de trauma volviera?

Manny miró su perfil. Iluminada por el resplandor del salpicadero, ella seguía siendo inteligente. Seguía siendo fuerte.

Seguía siendo su tipo de mujer.

Pero eso nunca había pasado. Además de todas las mentiras sobre su muerte, estaba el anillo de bronce gris en su mano izquierda.

—Te has casado —dijo él.

Ella no lo miró, simplemente siguió conduciendo.

—Sí, así es.

El dolor de cabeza que había brotado en el instante en que ella había salido de detrás de su tumba instantáneamente pasó de malo a espantoso, y los sombríos recuerdos que el Lago Ness tenía debajo de la superficie de su mente consciente lo tentaban y le hacían querer revelarlos.

Tuvo que cortar esa búsqueda cognitiva y echarla fuera, sin embargo, antes sufrió un aneurisma por la presión: mientras se perdía en su propia mente, tenía la sensación de que podía provocarse un daño permanente si seguía luchando.

Miró por la ventanilla del coche, los esponjosos pinos y los mullidos robles que se alzaban hacia la luna, el bosque que recorría las afueras de Caldwell crecía más grueso a medida que se dirigían al norte de la ciudad y los puentes gemelos del centro.

—Moriste aquí —dijo con gravedad—. O al menos fingiste hacerlo.

Ellos habían encontrado su Audi, entre los árboles, en un tramo de carretera no lejos de aquí, el coche se había salido del arcén. Sine mbargo, no había ningún cuerpo a causa del fuego.

Jane se aclaró la garganta.

—Siento que todo lo que tengo es un “lo siento”. Y eso apesta.

—No es una fiesta para mí tampoco.

Silencio. Más silencio. Pero él no era el único culpable si lo único que recibía a cambio era lo siento. Además, no estaba completamente en la ignorancia. Sabía que ella tenía un paciente que quería que él tratase… bueno, eso era todo, ¿no?

Finalmente, ella giró a mano derecha hacía el desvío de… ¿un camino de tierra?

—Para tú información —murmuró Manny—, este coche fue construido para pistas de carretera, no para terrenos escabrosos.

—Éste es el único camino.

A dónde, se preguntó.

—Vas a deberme algo por esto.

—Eres el único que puede salvarla.

Los ojos de Manny brillaron.

—No me dijiste que era un “ella”.

—¿Acaso importa?

—Teniendo en cuenta lo poco que sé, todo importa.

A diez metros, pasaron a través de innumerables charcos que eran tan profundos como malditos lagos y, mientras su Porsche se salpicaba, él rechinó los dientes:

—Una vez solucionado lo de esta paciente, quiero venganza por lo que le estás haciendo a mi coche.

Jane dejó escapar una risita y, por alguna razón, eso hizo que le doliese el centro del pecho –nada bueno iba a venir de la morada de su basura emocional. No era como si ellos hubiesen estado juntos-, seh, había habido atracción por su parte. Y, también, un beso. Sin embargo, eso era todo.

Y, ahora, ella era la Señora De Otro.

Unos cinco minutos más tarde, se acercaron a unas puertas que parecían haber sido construidas durante las Guerras Púnicas. La cosa estaba colgando en la perspectiva de Alicia en el País de las Maravillas, el eslabón de la cadena estaba jodido y roto en algunos lugares, la cerca que la dividía en dos tenía más de cuatro metros de alambre de púas que había visto tiempos mejores.

Sin embargo, se abrió sin problemas. Y, mientras accedían, vio la primera cámara de video.

Mientras avanzaban a paso de tortuga, una extraña niebla rodó por nada en particular, el paisaje se volvió borroso hasta que no pudo ver más allá de doce centímetros por delante de la rejilla del coche. Cristo, era como si estuvieran en un episodio de ScoobyDoo.

La siguiente puerta se encontraba en un estado un poco mejor y la que vino después era aún más nueva, y la que vino después de ésta.

La última puerta a la que llegaron era de un resplandeciente escupe-y-brilla y muy parecida a Alcatraz: la cabrona se alzaba varios metros por encima de la tierra y había advertencias de alta tensión por todas partes. ¿Y en cuanto a la pared? Esa mierda no era nada para el ganado, más parecido a velocirraptores, y qué te apostabas a que la piedra tenía un grosor de medio metro.

Manny giraba la cabeza de un lado a otro a medida que avanzaban y empezaban a descender a un túnel que podría haber tenido una señal de “Holanda” o de “Lincoln” clavada por su robustez e iluminación.

Cuanto más bajaban, más se alzaba la pregunta que le había golpeado desde que la había visto por primera vez: ¿por qué fingir su muerte? ¿por qué provocar ese tipo de caos que lo había afectado a él y a todas las personas que habían trabajado en el St. Francis? Ella nunca había sido cruel, nunca había sido mentirosa y nunca había tenido problemas financieros ni había salido corriendo.

Ahora lo sabía sin que ella se lo dijera con palabras.

El Gobierno de los EE.UU.

Este tipo de escenario, con este tipo de seguridad… ¿escondido a las afueras de una ciudad lo bastante grande, pero no tan grande como Nueva York, Los Ángeles o Chicago? Tenía que ser el gobierno. ¿Quién más podría pagar esto?

¿Y quién demonios era esa mujer que él iba a tratar?

El túnel terminó en un garaje que debía ser comunitario, con sus pilones y pequeños puntos pintados de amarillo y, sin embargo, tan grande como parecía y sólo había un par de camionetas con vidrios tintados y un pequeño autobús también con los cristales oscurecidos.

Después de que ella aparcase el Porsche, una puerta de acero se abrió y…

Una mirada al enorme tipo que salió y la cabeza de Manny explotó, el dolor detrás de los ojos fue tan intenso que se quedó inmóvil en el asiento, con los brazos cayendo a los lados y la cara contrayéndose por el dolor.

Jane le dijo algo. Una puerta fue abierta.

El aire que le golpeó olía a seco y vagamente como a tierra… pero había algo más. Colonia. Un olor a especias que estaba entre costoso y agradable, pero también sintió un curioso deseo de alejarse.

Manny se obligó a abrir los párpados. Su visión era inconstante como el infierno, pero era increíble lo que podías hacer si tenías que hacerlo, y mientras enfocaba la cara que había frente a él se encontró mirando al hijo de puta con barba de chivo que había…

En una ola de dolor, sus ojos se pusieron blancos y estuvo a punto de vomitar.

—Tienes que liberarle la memoria —oyó que decía Jane.

Hubo alguna conversación en este momento, la voz de su ex colega se mezclaba con los tonos profundos del tipo con los tatuajes en la sien.

—Está matándolo…

—Hay demasiado riesgo…

—¿Cómo diablos va a operar así?

Hubo un largo silencio. Y luego, de repente, el dolor se levantó hacia atrás como si fuera un velo y los recuerdos inundaron su mente.

El paciente de Jane. De vuelta al St. Francis. El hombre de la barba de chivo y… el corazón de seis válvulas.

Manny abrió los ojos y los clavó en esa cruel cara.

—Te conozco.

El tipo se había presentado en su oficina y había cogido los archivos de su corazón.

—Sácalo del coche —fue la única respuesta del de la perilla—. No confío en mí mismo para tocarlo.

Menuda bienvenida.

Mientras el cerebro de Manny luchaba por ponerse al día con todo, al menos sus pies y sus piernas parecían empezar a funcionar bien. Y después de que Jane lo ayudara a ponerse en vertical, la siguió a ella y al enemigo de la barba de chivo hasta una instalación que era tan anodina y limpia como cualquier hospital: los corredores estaban despejados, había luces fluorescentes con paneles en el techo y todo olía a Lysol.

Había también varias cámaras de seguridad repartidas a intervalos regulares, como si el edificio fuese un monstruo con muchos ojos.

Mientras caminaban, Manny supo que no debía hacer ninguna pregunta. Bueno, eso y que tenía esparcida la membrana, estaba bastante jodido y seguramente la deambulación era lo único que estaba en la medida de sus capacidades en este momento.

Puertas. Pasaron muchas puertas. Todas fueron cerradas y, sin duda, bloqueadas.

Finalmente, Jane se detuvo frente a un par de puertas dobles. Ella estaba nerviosa, y no le hizo sentir como si tuviera una pistola en la cabeza: en el quirófano, en innumerables líos de traumas, ella siempre había mantenido la calma. Esa había sido su marca registrada.

Esto era algo personal, pensó. De alguna manera, lo que fuera que había al otro lado era importante para ella.

—Tengo buenas instalaciones aquí —dijo ella—, pero no todo. No hay resonancia magnética. Sólo TAC. Pero el quirófano debería ser adecuado y, no sólo puedo ayudar yo, tengo una excelente enfermera.

Manny respiró profundamente, hasta el fondo. Ya fuera por sus años de formación y experiencia o porque era un hombre, se deshizo de todo el bagaje y flujo persistente de ow-ow-ow en la cabeza y la extrañeza de este descenso al pais de 007.

¿Lo primero en la lista? Echar al cabreado del gallinero.

Miró por encima del hombro al de la perilla.

—Tienes que dar marcha atrás, mi hombre. Te quiero fuera de la sala.

La respuesta de él le dio una noticia de última hora… El hijo de puta dejó al descubierto un par de colmillos terriblemente largos y gruñó, como un perro.

—Muy bien —dijo Jane, metiéndose entre ellos—. Eso está genial. Vishous esperará aquí.

¿Vishous? ¿Había oído bien?

Lo que fuese. Tenía trabajo que hacer y, tal vez, el hijo de puta podría ir a masticar cuero duro o algo así.

Manny entró en la sala de examen…

Oh… Dios mío.

Oh… Señor del cielo.

La paciente que había en la mesa estaba tan quieta como el agua y… era probablemente la cosa más hermosa que había visto nunca. El pelo era negro azabache y lo llevaba entrelazado en una gruesa trenza que colgaba del lado libre de su cabeza. La piel era de un oro marrón, como si fuera de origen italiano o hubiera estado recientemente al sol. Sus ojos… sus ojos eran como diamantes, lo que venía a decir que eran un tanto incoloros y brillantes, con nada más que un borde oscuro alrededor del iris.

—¿Manny?

La voz de Jane estaba detrás de él pero, sin embargo, sentía como si ella estuviese a kilómetros de distancia. De hecho, todo el mundo estaba en otra parte, nada existía excepto la mirada de su paciente cuando ella lo miró desde la mesa.

Finalmente ha sucedido, pensó. Toda su vida se había estado preguntando por qué nunca se había enamorado y ahora sabía la respuesta. Había estado esperando este momento, esta mujer, esta vez.

Esta mujer es mía, pensó.

—¿Es usted el sanador? —dijo ella en una voz baja que le detuvo el corazón, sus palabras magníficamente pronunciadas y, también, un poco sorprendidas.

—Sí —se sacó la chaqueta y la tiró a un rincón, le importó una mierda dónde fue a parar—. Para eso estoy aquí.

Mientras Manny se acercaba, esos impresionante ojos de hielo se inundaron con lágrimas.

—Mis piernas… siento como que van a moverse, pero no lo hacen.

El dolor fantasma. No era una sorpresa si estaba paralizada.

Manny se detuvo a su lado y miró su cuerpo, que estaba cubierto con una sábana. Era alta. Debía de medir por lo menos un metro ochenta. Y estaba construida con un poder elegante.

Era un soldado, pensó él, mirando la fuerza de sus brazos. Era una luchadora.

Dios, la pérdida de movilidad en alguien como ella le quitaba el aliento. Por otra parte, incluso si eras un teleadicto, la vida en una silla de ruedas era una perra y media.

Se acercó y le tomó la mano, y en el instante en que hizo contacto, todo su cuerpo se sacudió, como si ella fuese la toma de enchufe a su interior.

—Voy a cuidar de ti —le dijo mientras la miraba fijamente a los ojos—. Quiero que confíes en mí.

Ella tragó saliva mientras una lágrima de cristal se deslizaba hacia abajo por su sien. Por instinto, él se adelantó con la mano libre y la tomó…

El gruñido que se filtró desde la puerta rompió el hechizo que lo tenía atado y lo convirtió en una especie de presa. Y cuando miró hacía el de la barba de chivo, sintió como que le devolvía los gruñidos al hijo de puta. Lo que, por supuesto, no tenía sentido.

Sin soltar la mano a su paciente, le ladró a Jane:

—Saca a ese bastardo miserable de mi sala de operaciones. Y quiero ver los condenados escáneres. Ahora.

Incluso si lo mataban, él iba a salvar a esa mujer.

Y, mientras los ojos del perilla brillaban con puro odio, pensó, bueno, mierda, que sólo podría venir a eso…

5 oct 2010

Primera Sinopsis de LOVER UNLEASHED


Payne, hermana gemela de Vishous, está cortada con las mismas oscuras y seductoras telas que su hermano. Encarcelada durante eones por su madre, la Virgen Escriba, por fin se ha liberado -sólo que para hacer frente a una lesión devastadora. El Doctor Manuel Manello es forzado por la Hermandad para salvarla, ya que sólo él puede hacerlo pero, cuando el cirujano humano y la guerrera vampiro se encuentran, sus dos mundos chocan en la cara de su pasión innegable. Con tanto en contra, ¿puede resultar el amor más fuerte que el derecho de nacimiento y la biología que los separa?

*Nota: Gracias a LLL

1 oct 2010

¡Extracto de LOVER UNLEASHED!


Gracias a Butter, que nos lo ha conseguido, puedo traeros y traduciros este maravilloso extracto de LOVER UNLEASHED. ¡Muchísimas gracias!

El extracto no está completo. En realidad, son ocho páginas, pero la chica que tiene el libro de CRAVE y que las ha copiado al PC ha seleccionado lo más importante. Es una especie de resumen con lo más importante. Cuando lo consiga entero -que supongo que será una vez que salga CRAVE oficialmente-, lo subiré todo.
****

Manny Manello no quería que nadie conduciera su Porsche. De hecho, salvo el mecánico, nadie lo había hecho.

Esta noche, sin embargo, Jane Whitcomb estaba detrás del volante porque: uno, ella era competente y podría cambiar de marcha sin moler su transmisión en un árbol; dos, Jane había mantenido que el único modo de llevarlo a donde iban era si ella estaba al mando; y tres, él aún estaba conmocionado por ver a alguien que había enterrado salir de los arbustos con un ey-cómo-estás.

Tenía muchas preguntas. Un gran cabreo, también. Y, seh, tenía la esperanza de conseguir un lugar de paz, luz y sol y toda esa mierda ñoña, pero no estaba conteniendo la respiración por eso. Lo que era un tanto irónico. ¿Cuántas veces había mirado el techo durante la noche, todo repantigado en la cama con algún Lagavulin, rezando para que su ex jefa de trauma volviera?

Pero nunca había sucedido. Además de todas las mentiras sobre su muerte, estaba el anillo de bronce gris en su mano izquierda.

—Te has casado —dijo él.

Ella no lo miró, simplemente siguió conduciendo.

—Sí, así es.

Él miró por la ventanilla del coche, los esponjosos pinos y los mullidos robles que se alzaban hacia la luna.

—Moriste aquí —dijo con gravedad—. O al menos fingiste hacerlo.

Jane se aclaró la garganta.

—Siento que todo lo que tengo es un “lo siento”. Y eso apesta.

—No es una fiesta para mí tampoco.

Silencio. Más silencio. Pero él no era el único culpable si lo único que recibía a cambio era lo siento. Además, no estaba completamente en la ignorancia. Sabía que ella tenía un paciente que quería que él tratase… bueno, eso era todo, ¿no?


Después de que ella aparcase el Porsche, una puerta de acero se abrió y…

Una mirada al enorme tipo que salió y la cabeza de Manny explotó, el dolor detrás de los ojos fue tan intenso que se quedó inmóvil en el asiento, con los brazos cayendo a los lados y la cara contrayéndose por el dolor.

El aire que le golpeó olía a seco y vagamente como a tierra… pero había algo más. Colonia. Un olor a especias que estaba entre costoso y agradable, pero también sintió un curioso deseo de alejarse.

En una ola de dolor, sus ojos se pusieron blancos y estuvo a punto de vomitar.

—Tienes que liberarle la memoria —oyó que decía Jane.

Hubo un largo silencio. Y luego, de repente, el dolor se levantó hacia atrás como si fuera un velo y los recuerdos inundaron su mente.

Manny abrió los ojos y los clavó en esa cruel cara.

—Te conozco.

—Sácalo del coche —fue la única respuesta del de la perilla—. No confío en mí mismo para tocarlo.

Mientras el cerebro de Manny luchaba por ponerse al día con todo, al menos sus pies y sus piernas parecían empezar a funcionar bien. Y después de que Jane lo ayudara a ponerse en vertical, la siguió a ella y al enemigo de la barba de chivo hasta una instalación que era tan anodina y limpia como cualquier hospital. Había también varias cámaras de seguridad repartidas a intervalos regulares, como si el edificio fuese un monstruo con muchos ojos.

Finalmente, Jane se detuvo frente a un par de puertas dobles. Ella estaba nerviosa, y no le hizo sentir como si tuviera una pistola en la cabeza. Esto era algo personal, pensó. De alguna manera, lo que fuera que había al otro lado era importante para ella.

Manny entró en la sala de examen…

Oh… Dios mío.

Oh… Señor del cielo.

La paciente que había en la mesa estaba tan quieta como el agua y… era probablemente la cosa más hermosa que había visto nunca.

Finalmente ha sucedido, pensó. Toda su vida se había estado preguntando por qué nunca se había enamorado y ahora sabía la respuesta. Había estado esperando este momento, esta mujer, esta vez.

Esta mujer es mía, pensó.

PRÓXIMAMENTE: LOVER UNVEILED (20 de abril 2021) 19º LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA

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