30 dic. 2011

Sinopsis de Lover Reborn


Gracias a Ale os traigo una sinopsis de Lover Reborn. Hay algunos detallitos que hasta ahora no se habían dicho.

En los rincones de la noche en Caldwell, Nueva York, ruge un conflicto como ningún otro. La ciudad es el hogar de un grupo de Hermanos nacidos para defender su raza: los guerreros vampiros de La Hermandad de la Daga Negra.

Ahora, de vuelta en la Hermandad e irreconocible como el lider de los vampiros que una vez fue, Tohrment está físicamente consumido y destrozado más allá de la desesperación. Cuando empieza a ver a su amada en sueños, atrapada en un frío y aislado mundo de tinieblas, Tohr se convierte en un esperanzado ángel caído interesado en salvar lo que ha perdido.

Cuando le dicen que debe aprender a amar a otra para liberar a su ex compañera, Tohr sabe que todos ellos están condenados... hasta que una mujer con una historia de sombras comienza a hacerlo entender.

Con la guerra contra los lessers de fondo y el nuevo clan de vampiros que compite por el trono del Rey Ciego, Tohr lucha entre el pasado enterrado y un ardiente futuro lleno de pasión... pero ¿puede su corazón dejarse llevar y liberarlos a todos ellos?

27 dic. 2011

Lover Unleashed en español para Marzo


Marzo de 2012 será un mes fantástico para los seguidores de la Hermandad: tendremos la publicación de Lover Reborn, la esperada historia de Tohr, y la publicación en español de Lover Unleashed, la historia de Payne y Manny.

Manderley tiene previsto sacar en marzo el noveno libro de la serie de La Hermandad de la Daga Negra, que llevará por título Amante Liberada.

20 dic. 2011

Premios Bloggeros Literarios



Los blogs Shadowy Kisses y El final de la historia han organizado los Premios Bloggeros Literarios para reconocer el trabajo de los mejores blogs de la blogosfera.

No sabéis lo feliz que me hace deciros que este blog está nominado en la modalidad de El mejor blog de seguimiento de saga. Mañana, día 20 de diciembre, empiezan las votaciones. Si queréis hacerme aún más feliz, y hacer de ésta una de mis mejores navidades, podéis entrar y votar por este blog.

Para votar pulsa AQUÍ.

19 dic. 2011

Cita nº5.



"—Phury. Phury me rescató. Así fue como perdió la pierna".

Zsadist a Mary en Padre Mío, capítulo 11
Dentro de la Guía Secreta de la Hermandad de la Daga Negra

17 dic. 2011

El espíritu navideño de Ward


Hoy, Ward ha estado horneando galletitas de Navidad con su madre. Dice que es una de sus tradiciones favoritas durante estas fechas.


¿Cuál es la vuestra?

12 dic. 2011

Amante Mío triunfa en los Premios Dama 2011


Amante Mío triunfa en la III Edición de los Premios Dama. Ward ha ganado tres premios de los cinco en los que estaba nominada. Queda claro que los lectores españoles valoran y estiman a esta fantástica autora.

MEJOR AUTORA INTERNACIONAL DEL AÑO
J.R. Ward por Amante Mío

MEJOR ESCENA SENSUAL DEL AÑO
Amante Mío de J.R Ward

MEJOR NOVELA ROMÁNTICA PARANORMAL
Amante Mío de J.R. Ward

Puedes ver los demás resultados aquí

Amante Renacido: capítulo 13 por Neï


¡HOLA DE NUEVO!

Bueno, estoy contenta, no tardé tanto es escribir este capi, ¿no? :D

Pues se viene movidito, hay noticias de Qhuinn tras el incidente con Layla así como, por fin, la resolución del conflicto Tohr-Layla-Qhuinn, al menos de manera superficial.

La segunda parte del capi, por así decirlo, es el primer paso a la derrota de los malosos ¡con cuya aparición abrirá el siguiente capítulo! Ya me dirán que les parece, yo misma creo que es una elección algo extraña, pero que va a encajar perfectamente en la trama del fic.

Como todas saben AMO a Lassiter, pero le he dado algo de caña en este capi. Muy probablemente una de las causas sea recordarle al mundo que el tipo es un ángel. Siempre lo pintan de tío cachondo o pesado, pero es poderoso, no es de este mundo y quería mostrar eso. Realmente hay poco más que decir en sobre este capítulo.

Como última cosita daros las gracias a tod@s por el apoyo que habéis mostrado ante mi nuevo proyecto con el incomparable Angelator Lass *beso*. El proyecto Heavenly Diamonds nació del deseo de escribir algo diferente, en compañía y de darles algo entre publicación y publicación de AR :D

Con eso me despido, ¡DISFRUTEN EL CAPI!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 13. Conflicto.

{No te pierdas a ti mismo en la furia, es como gasolina. Puedes usarla como combustible o para prender fuego a todo aquello que te importa y acabar sólo en un campo de batalla chamuscado}

{El dolor es vital para el nacimiento y la creación}



Hey, míralo por el lado bueno, ahora sabía exactamente cómo se sentía una hormiga los primeros segundos en que comenzabas a aplastarla con la suela de tu zapato. El conocimiento nos hace sabios, ¿no? Pues claramente, éste era un conocimiento con el que Qhuinn no quería tener nada que ver.

Sus párpados hicieron el amago de alzarse un milímetro… dolor. La luz no parecía estar por la labor de no freírle las córneas y de paso, o al menos así lo sentía él, el lóbulo frontal. De manera que sus persianas personales iban a quedarse bien cerraditas, sep.

—Apaga las luces, John, creo que le están haciendo daño.

Esa voz…. joder, la manera en que cada célula de su cuerpo respondía a ese tono y cadencia no le dejaba la más mínima duda de quién era el propietario. Blaylock… hizo un intento por despegar los labios y atraer su atención, pero le parecieron sellados con cemento y el poco aire que pasaba por su garganta quemaba como napalm.

Échale huevos, maricona —se dijo a sí mismo— Ya has estado en esta situación otras veces y sabes perfectamente que si no empiezas a moverte poco a poco te pasarás otras dos semanas… o lo que sea aquí tirado.

Con un esfuerzo que le pareció titánico reunió cada ápice de fuerza de voluntad que quedaba en su maltrecho cuerpo para obligarle a coger una graaaaan y deliciosa bocanada de aire. Que hizo que le pareciera como si le hubieran astillado el esternón y aún estuvieran recomponiéndosele. Su corazón bailó el cha-cha-cha en su caja torácica produciendo la adrenalina necesaria para mantenerlo consciente.

Algo metálico se estrelló contra el suelo y unos escasos segundos después una cálida y amplia palma se apoyaba en su pecho. El calor que la piel de Blay le transmitió fue como un bálsamo para su cuerpo herido.

—Shhhh, tómatelo con más calma, poco a poco.

Con susurros constantes fue guiándole por todo el proceso de desentumecimiento, ayudándole con masajes en los músculos que más se le resistían. Pero durante todo el tiempo mantuvo los ojos cerrados… sabía que ver a su amigo iba a dolerle tanto o más que por lo que acababa de pasar y estaba dilatando el momento.

—¿Qhuinn? Hemos apagado las luces, así que puedes abrir los ojos sin molestias —el pelirrojo se paró un momento, como si estuviera hablando con alguien—. Además, John dice que quiere cantarte las cuarenta por dejarte usar de… John, no pienso decirle eso —se escuchó un pie estampándose en el suelo y un suspiro—, por dejarte usar sorbete de vampiro.

En su mente, Qhuinn, podía ver con toda exactitud el giro de ojos épico que Blay tenía que estarse marcando ahora mismo dado el comentario. Involuntariamente, sus labios se estrecharon en una amplia sonrisa… que resultó que solo amplió su dolor.

Con un gruñido ronco aguantó mientras sentía como la piel reseca del labio inferior se le agrietaba y éste comenzaba a sangrar. Curioso que una mierda tan insignificante escociera tanto, coño.

Escuchó el jadeó de Blay y sus dos colegas se pusieron manos a la obra para socorrer a Mr. Nenaza-Qhuinn, Mariquita para los amigos, se mofó de sí mismo.

Al poco, un paño frío rozó sus labios hidratándolos… hasta que apretó demasiado en cierto punto. Tal y como estaba, Qhuinn hizo lo único que pudo para oponerse al daño, inspirar hondamente. El paño se retiró inmediatamente.

—Ok, Qhuinn, si no hablas ni abres los ojos no tengo la menos manera de saber si estoy haciendo las cosas bien, ¿vale? —se escuchó una palmada. Pausa—. Sí, ya le he dicho que hemos apagado las luces.

Mieeeeeeeerda, iba a tener que abrir los ojos. Iba a tener que echarle huevos y abrir los putos ojos. Iba a tener que pasar por el puto infierno y ver a Blay cuando abriera los ojos y cuando los abriera… seh, mejor dejaba de repetirse. Mentalmente, le dio al on y sus párpados se levantaron poco a poco. Yeah, la oscuridad estaba muuucho mejor, era buena, bonita y no quería destruirle el cerebro… o lo poco que le quedaba de él.

—Mucho mejor.

Va, había abierto los ojos, pero eso no significaba que tuviera que mirar a su amigo, ¿no? En vez de eso fijó sus globitos dispares en su colega John que le miraba con su típica mezcla de mala leche y preocupación desde que toda la mierda del círculo vicioso Blay-Layla-Autodestrucción había comenzado. No sin esfuerzo le hizo un leve gesto con la cabeza, una especie de “Eh colega, no la he palmado, ¿ves? No des por culo”.

John le captó a la primera y sus manos se alzaron describiendo los signos con lentitud suficiente para un niño de cinco años.

Eres gilipollas ¿Cómo estás? Ésta es la tercera vez que despiertas, pero nunca, recuerdas nada. Te trasladamos a tu habitación ayer… —pareció pararse a pensar y añadió—. Gilipollas.

John se acercó a la cama y se quedó allí parado, al lado de una figura que Qhuinn se negaba a enfocar, y le miró con sus profundos ojos azules transmitiéndole un mundo de palabras que sus manos no habían formado.

Intentó aclararse la garganta para hablar porque en su estado no iba a conseguir mantener las manos en alto lo suficiente como para hacer señas. Un vaso de agua descendió desde los cielos en su ayuda… Nah, esa persona a la que no quería mirar, acudió en su ayuda… otra vez.

En el momento en que tuvo que incorporarse y alzar la barbilla para beber el agua, su mirada se encontró con la de Blay. La preocupación y el dolor que vio reflejado en ella le convirtieron el estómago en un montón de hierro candente. Por otro lado, más allá de cuáles fueran sus sentimientos por su colega, tener a su lado a dos machos como aquellos, preocupándose por su culo, lo hacía sentirse de los seres más afortunados sobre la faz de la Tierra.

Y una mierda si alguien como él se merecía algo así.

No podía ser… no, oh no… ése picor en los ojos… ni de coña. Voilá, la sensación del líquido caliente bajándole por la mejilla. Se terminó el agua tan rápido que casi se ahogó y milagrosamente sacó fuerzas de algún sitio recóndito para limpiarse aquella aberración acuosa que le caía por la cara. Una vez eliminada la evidencia miró a los dos machos que no parecían seguros de si reírse, pegarle… o llorar también.

Se aclaró la garganta y en una voz tan rasposa que apenas era comprensible dijo:

—Las experiencias cercanas a la muerte le hacen esto hasta al mejor de los machos, ni una palabra, bastardos.

El esfuerzo lo dejó exhausto y volvió a dejarse caer sobre la cama, luchando por controlar las nauseas, se agarró el estómago con ambas manos, doblándose sobre sí mismo ahora que los dolores musculares iban pasando.

La mano de Blay se apoyó sobre su hombro y se retiró rápidamente, el macho tosió.

—Tienes hambre, has pasado casi tres días sin comer nada sólido, pero es que nunca estabas consciente el tiempo suficiente como para ello.

Por dejarte usar de sorbete de vampiro —apostilló John.

—Sí, gracias amigo, ya capté el mensaje. Pero ya sabes, ¿todo ese cuento del buen samaritano? Es mi mierda.

Ahora tanto Blay como John rodaron los ojos

Si ya ha empezado con sus comentarios de listillo petardo, no puede ser tan malo.

—No sé qué me preocupa más —bromeó Blay—, el hecho de que casi se lo cargaran o que ya esté volviendo a las andadas.

—Cómo siento el amor aquí, colegas —le dedicó su mejor sonrisa de capullo, pero labio volvió a partírsele—. Oh, tíiiio.

Al final todos acabaron riéndose y el pelirrojo le pasó el paño mojado para que arreglara el desastre que había hecho.

Voy a traerte algo de papeo.

—Ya iba a ir yo… —comenzó Blay.

—Eeeeeeeh —los paró a ambos Qhuinn—, como comprenderéis no será de mi gusto ver vuestros vampíricos culos enfundados en los típicos delantales bordados que usan las criadas, puedo apañármelas solo.

La mirada de tú-eres-gilipollas simultánea de sus colegas fue casi como una patada física en la trasera. Luego, Qhuinn frunció el ceño y volvió a desviar su mirada de la de Blay.

—No recuerdo haberme despertado nunca, ¿de qué estáis hablando?

La Doc Jane dijo que la pérdida de sangre masiva que habías sufrido había comprometido tus funciones cerebrales brevemente y que, como consecuencia, la amnesia a corto plazo podía presentarse como síntoma —señaló John.

Qhuinn asintió mientras repasaba en su cabeza sus últimos recuerdos: el rostro de Layla pálido y demacrado se materializó en su mente. Podía ver sus colmillos sobresaliendo cruelmente de sus encías una clara prueba de lo hambrienta que estaba. Su pelo rubio caía a su alrededor en ondas salvajes como la melena de un león dándole un aspecto terroríficamente fiero. Pero lo peor eran sus ojos. En ellos podías ver su lucha interior, el combate entre el raciocinio y el instinto. Reflejaban claramente el sufrimiento físico y mental al que estaba sometida. Él se había acercado a ella, había cerrado los ojos y un dolor atroz, como si lo succionara de dentro afuera lo había sumido en total oscuridad.

—¿Te encuentras mejor? —insistió Blay—. Las otras veces llegaste incluso a caminar, pero Jane cree que estabas en estado de shock porque no hablabas ni decías nada, sólo mirabas al vacío… o la llamabas.

—¿A Layla? —preguntó confundido. Blay asintió—. Supongo que tendré que hablar con ella y ofrecerle una disculpa.

—¿Una disculpa? ¡Casi te mata, Qhuinn! —medio chilló si amigo

Se dignó a levantar la mirada hasta el pelirrojo con mucha seriedad.

—Sigo aquí, ¿no? Imagina cómo debe sentirse ella, Blay, una Elegida metida en este embrollo porque fui demasiado cabezón como para dar un paso al costado cuando vi que la situación estaba descontrolándose —movió la cabeza en un gesto negativo—. Ambos nos descontrolamos, sí, pero ella tiene una excusa y yo fui quien “apretó el gatillo”, por así decirlo.

A ver si al final “la pérdida masiva de sangre” le ha arreglado el cerebro, dejó caer John para romper el hielo. Los tres volvieron a reír y Qhuinn se incorporó con mucho cuidado, sentándose y luego bajando los pies al suelo sin dejar de sostenerse el pecho con ambos brazos como si fuera a partírsele en dos.

—Dejaos de royos los dos y acompañadme al Comedor, me muero de hambre.

Blay se agachó en seguida y se pasó su brazo derecho por debajo de los hombros, Qhuinn siseó.

—Es como si me hubieran aparcado un camión encima.

—Bueno —explicó el pelirrojo—, Vishous tuvo que usar medidas algo… drásticas para traerte de vuelta.

Miró al macho con cara de “vas a tener que explicarme eso en mayor profundidad” y luego se volvió hacia John, que se había puesto a gesticular.

Le he dicho a Xhex que le avisaría en cuanto despertaras, id yendo vosotros os alcanzaremos en unos minutos.

—Claro, ahora le llaman “unos minutos”—bromeó Qhuinn intentando retener a su colega para que no le dejara a solas con Blay—. Si te vas no volverás hasta dentro de unas horas —enarcó una ceja como si estuviera despreocupado. Pero John se limitó a darse le vuelta y enseñarle el dedo corazón.

El silencio se impuso en la habitación en cuanto el tercero en discordia salió por la puerta. Blay fue el primero en romperlo, aclarándose la garganta incómodamente dijo sin mirarle:

—Bueno, los primeros pasos no van a ser agradables así que prepárate. Uno… dos y… tres.

A través del dolor que le produjo volver a encontrarse en posición vertical (gracias, gravedad), él era totalmente consciente de cada centímetro del cuerpo de su amigo en contacto con el suyo. Era consciente de la fuerza con que lo sostenía y de que nunca lo dejaría caer. Por unos instantes, se quedaron así sin más, los dos quietos y agarrados el uno el otro.

Qhuinn no pudo evitar recordar una época en la que una situación así no los habría hecho sentirse incómodos o demasiado conscientes de sí mismos. Más bien hubieran estado echándose pullas y Blay le estaría amenazando con cargárselo él mismo si alguna vez se le ocurría volver a darle un susto semejante, él soltaría una de sus gilipolleces y todo quedaría en el pasado.

Pero ya no eran pre-trans sin obligaciones, preocupaciones ni responsabilidades. Eran machos adultos metidos de lleno en una guerra.

Y claro, estaba el hecho de que había jodido, literalmente, lo que había entre ellos más veces de las que podía recordar. Sintió que el dolor de su pecho se intensificaba, haciéndose casi agónico y estuvo seguro de que no tenía nada que ver con huesos rotos.

En lo más profundo de su ser no estaba solamente triste, sino avergonzado de sus acciones y, sobre todo, arrepentido. Con un nudo en la garganta y las emociones desbordándole la voz, las palabras salieron de su boca casi involuntariamente.

—Lo siento.

Por la manera la rigidez que adoptó el cuerpo a su lado, estuvo seguro de que eso era lo último que Blay esperaba oír. Tras un rato tan largo que creyó que no le contestaría, el pelirrojo susurró a su vez:

—¿Por qué?

—Por todo —respondió Qhuinn sin vacilar—. No querrás que me ponga a enumerar, ¿no? En ese caso nos pasaríamos aquí el resto de nuestras vidas.

Ambos giraron la cabeza y sus miradas de encontraron de lleno. Contuvieron la respiración. Por un momento, a Qhuinn le pareció ver en los ojos de su amigo la expresión que tenían antaño, aquella que sugería que, si por él fuera, estaría dispuesto a pasar toda la eternidad a su lado.

Pero duró poco. En seguida, sus iris se volvieron de acero y los dirigió a hacia la puerta abierta.

—Eso no cambia nada —Blay se sacudió ligeramente y se recompuso—. Y ahora venga, ¿no tenías hambre?

Hambre de ti.

Ese fue el último pensamiento que Qhuinn dedicó a su “amigo”.

****


Felicidad.

Tohr apenas podía recordar la última vez en que se había sentido total y absolutamente feliz… o dicho de otra manera, como se sentía ahora. Rodeado de sus hermanos todos bajo un mismo techo como una familia, viendo la alegría en sus rostros. Y con alguien que le provocaba algo que había llegado a creer que jamás volvería a aflorar en su corazón. Podría decirse que el único manchón en el por otro lado blanco lienzo era el capullo de Lassiter, pero tenía que admitir que hasta el angelucho aportaba su “luz” al asunto. Se sonrió.

Anduvo hasta donde las shellans seguían teniendo secuestrada a su hembra y les hizo una graciosa reverencia.

—Damas, ¿me permitirían hablar con Layla unos segundos?

Pasó sus ojos por las vampiras, que lo miraban con obvia comprensión reflejada en sus miradas y por un momento estuvo a punto de ruborizarse.

La Elegida estaba sentada cómodamente en su sillón con Nalla dormida plácidamente en sus brazos, acunándola como si hubiera estado haciéndolo toda la vida. Se negó a dejar que su memoria empañara el momento y le echó candados al recuerdo.

Bella se levantó y tomó a la bebé con suavidad.

—Aún no me puedo creer que hayas conseguido hacer que se quedara dormida con todo este ruido —comentó la mahmen sorprendida.

—Sí —añadió Mary—, y la nana que le cantaste era bellísima. Era la Antigua Lengua ¿no? Me gustaría que me la enseñaras.

Layla acarició tiernamente la cabeza de Nalla una última vez y fue a colocarse cerca de Tohr. Aunque, todo sea dicho, no todo lo cerca que a él le hubiera gustado.

—Me la cantaban cuando era niña en el Otro Lado. Cuando llegué tenía… problemas para adaptarme, por así decirlo. Y es melodía me sirvió bastante.

—Por favor, prométeme que te pasaras algún día a la hora de la siesta —suplicó Bella riendo.

Todas las demás asintieron y corearon la petición.

—En general es un sol, pero la hora de la siesta… —comenzó Jane.

—Puedes escuchar sus gritos desde la Guarida —acabó Marissa.

—Entonces debe tener los pulmones de un Guerrero, como su padre —sentenció Cormia.

Por unos momentos, le pareció ver a Layla conmovida por la petición de las shellans. Incluso, por el rabillo del ojo, creyó notar que sus ojos se volvían más brillantes. En todo caso, su hembra inclinó ligeramente la cabeza y les dedicó a todas una sonrisa radiante.

—Estaré encantada. Y ahora, ¿había algo que querías hablar conmigo? —dirigió su deslumbrante sonrisa hacia él.

Tohr la llevó a un extremo del Salón algo apartado, donde las luces del techo no estaban encendidas y mirándola muy intensamente le apartó unos mechones sueltos del rostro.

—¿Estás bien? Sé que no estás acostumbrada a estar rodeada de tanta gente y…

Ella apoyó un dedo sobre sus labios y asintió lentamente.

—No tienes por qué preocuparte por eso, hacía tiempo que no me sentía tan bien.

Curioso, pensó él.

—Lo mismo me pasa a mí —alzó las cejas.

Estaba inclinándose para besarla cuando sintió como se ponía tensa. Confundido, abrió los ojos y soltó sus hombros. La hembra se dio la vuelta y su mirada se clavó en las escaleras.

—¿Qué…? —comenzó Tohr.

—Qhuinn —fue todo lo que Layla dijo.

Como a cámara lenta, Tohr vio al crío aparecer por las escaleras apoyándose pesadamente en Blaylock y por el careto que traía él tampoco había tenido ni puta idea la fiesta. Bueno, para ser sincero, también traía cara de haberse dado un paseíto por el Fade y haber vuelto. Colega, había visto yogures con más color que el chico. Y estaba el hecho de que no dejaba de agarrarse el pecho como si se le fuera a partir por la mitad…

Más rápido de lo que pudo reaccionar, Layla salió disparada hacia las escaleras en busca del tipo. No sólo no se lo esperaba sino que aún seguía asimilando el estado en que ella sola había dejado a un vampiro macho. Con retraso, se lanzó tras ella y consiguió interceptarla unos metros antes del pie de las escaleras. Cogiéndola por el brazo, aprovechó la inercia que llevaba para hacerla girar y atraerla hacia sí.

—¿Qué crees que estás haciendo? —gruñó en su oído.

Seh, probablemente estaba siendo un poco-mucho-demasiado paranoico-obsesivo-posesivo. Puede. Pero no le hacía la más mínima gracia ver a su hembra salir corriendo hacia los brazos de otro macho de esa manera, tuviera el motivo que tuviera. Y sí, tenía algo personal contra ese macho en concreto. Personal, como en “no pienso dejar que la añadas a tu lista de polvos sin sentido”.

Ella simplemente se dio la vuelta unos centímetros y le fulminó con una mirada que jamás le había visto.

—Ya hemos hablado de esto —fue todo lo que salió de sus labios.

Mientras tanto Qhuinn prácticamente se había desembarazado de su colega y también se apresuraba escaleras abajo, con Blay siguiéndole en un vano intento porque no se rompiera la crisma. Cuando llegó al final se paró allí y contempló a Tohr y Layla juntos, no le pasó desapercibido cómo los ojos dispares del chico volaban hacia la mano con que cogía con fuerza el brazo de la hembra. Avergonzado de que un crío estuviera silenciosamente recordándole cómo debía tratar a una dama, le hizo soltarle el brazo y pasar el suyo por la cintura femenina. En cuanto lo hizo, sintió como el cuerpo de la Elegida temblaba contra él.

—Lo siento —dijo ella con la voz partida.

El muchacho dio unos pasos su mirada se suavizó cuando la posó sobre ella. Abriendo los brazos le dedico una sonrisa de mierda que no consiguió disimular lo que le estaba doliendo el gesto.

—¿Por qué? Sigo aquí y de una pieza ¿no?

Tohr lo miró con la advertencia en los ojos mientras seguía avanzando. Medio-convaleciente o no, no lo quería cerca.

—No quería hacerte daño, yo… —siguió ella, pero un sollozo cortó lo que estaba diciendo.

—Shhh, no hace falta que digas nada, Layla. Yo tengo la culpa, no debería haberme acercado viendo… la situación —negó con la cabeza—. Yo lo siento por hacer que te sientas mal tras algo que no pudiste evitar.

—Pero…

—Pero nada. Tema zanjado. Finito. Caput. Espero que podamos seguir siendo amigos.

Bien, según los parámetros de Tohr, la palabra “amigo” perdía todo su significado cuando era dicha por alguien como Qhuinn. Pero, por unos segundos, se planteó darle una oportunidad, se lo planteó por ella. Y entonces el muy gilipollas tuvo que alargar la mano. Tuvo que pretender tocarla.

Sintió su esencia de vinculación estallar en su piel mientras gruñía y la alejaba de su alcance. En menos de lo que le llevó parpadear, Phury y Rhage estaban cada uno a un lado suyo. P le apoyaba una mano en el hombro, mientras que Hollywood había rodeado su bíceps derecho con una de sus enormes manos. Sumándose a la fiesta estaba Vishous que, Tohr aún no podía creérselo, se había colocado protectoramente delante del chico.

—Lo siento mi hermano —dijo meneando la cabeza—, pero las he pasado canutas intentando mantener el culo del chaval en este Lado, no pienso dejar que te lo cargues… por un sinsentido —especificó.

Tohr se limitó a gruñirle a la perra traidora. Mientras tanto, Qhuinn salió tranquilamente de detrás del Hermano con las manos levantadas.

—Mira, Tohr…

—Tohrment, para ti —gruñó de vuelta.

—Tohrment —siguió el chico—, no sé qué es exactamente lo que tienes en mi contra, pero creo que tu visión de la relación que mantengo con Layla está totalmente distorsionada.

—No hay ninguna relación que mantener, muchacho. Al menos no del tipo de relaciones que mantienes.

—Ella es mi amiga.

—No me hagas reír —bufó.

—Soy su amiga —dijo Layla entre sus brazos—. Ya te lo he explicado: bien o mal Qhuinn ha estado ahí cuando le he necesitado.

—Y ella ha estado ahí cuando yo la he necesitado también. Supongo que este comentario sólo me ganará otro bufido, pero apruebo vuestra relación. Me parece correcta y por nada en el mundo se me ocurriría siquiera intentar meterme en medio. Pero no me alejes de ella por miedos infundados —se le notaba en la cara que hablar tanto estaba costándole un esfuerzo—. Sé que no he hecho nada para que confíes en mí y que mi reptación me precede, pero, tú mejor que nadie, debes saber que ella es especial.

Tohr repasó al joven vampiro con la mirada, meditó sus palabras y las comparó con la explicación que su hembra le había dado. Mierda, por mucho que le jodiera, ahí había algo, una conexión de algún tipo entre ambos. Pero el macho vinculado en él se oponía a aceptarlo.

¿Qué más tenía que hacer el chico? Se había enfrentado a él, se había disculpado, prácticamente le estaba suplicando y acababa de admitir que era una puta del tres al cuarto delante de toda la Hermandad.

Él era un Guerrero y como tal la confianza no era su fuerte. Pero en este caso tenía que admitir que estaba siendo irracional. Confiaba en ella, confiaba en lo que tenían, entre otras cosas, porque se conocía a sí mismo. No debería comportarse como lo estaba haciendo.

—Nunca vas a caerme bien —puso como condición, levantando un dedo.

—Si no puedo cambiarlo, aprenderé a vivir con ello —dijo Qhuinn bajando ligeramente la cabeza.

—Aún así voy a confiar en mi nalla y creeré lo que estás diciendo —el crío levantó la mirada y casi sonrió—. Pero… si alguna vez se te ocurre faltar a tu palabra, aún estaré a tiempo de clavarte una daga en algún siti o—dijo aligerando su tono para que sonara casi en broma.

El joven asintió, ladeó la cabeza y, con inseguridad, adelantó una mano algo temblorosa. Tohr se lo pensó un momento, tomó todo en cuenta y echó un último vistazo a Layla antes de alargar la suya propia y estrechar la de chaval.


Aullidos de júbilo estallaron entre la mayoría de los Hermanos, incluso sonó algún que otro aplauso y ambos recibieron palmaditas en la espalda.

—Así que ya es oficial, ¿eh? —gritó con sorna Butch.

—Enhorabuena —le sonrió Phury.

—Dale a la música, Hollywood, hay que celebrar —decretó Wrath que iba agarrado del hombro de Beth.

Al rato la canción Shake that ass for me comenzó a sonar el estéreo y Rhage se subió a una mesa moviendo el culo como una bailarina de striptease epiléptica.

—¡Venga, Tohr, queremos ver un beso! —chilló sin dejar de “bailar”.

—¡Eh, Emplumator! —gritó Vishous dirigiéndose a Lassiter—. ¿No vas a subirte a hacerle compañía al “dirty dancer”? —preguntó haciendo un gesto con la cabeza hacia la mesa.

—¿Y que luego tengas material para cascártela toda una semana pensando en este culito? —se dio la vuelta y se dio una palmada—. No lo creo, Perillita.

El resto de los presentes tenían la mirada clavada o en Rhage o en Tohr y Layla de manera expectante. De fondo se oían comentarios como:

—Es fabuloso que haya vuelto a encontrar…

—La vida sigue su curso, es verdad…

Y otros, err, diferentes:

—Por Dios, sólo le falta una barra americana y se lo monta ahí mismo.

—Bella, tápale los ojos a Nalla, eso podría no ser seguro para su bienestar psicológico.

—¡Mary, haz algo!

—¡Hellren, bájate de ahí!

—Primero quiero un beso —dijo haciendo un puchero como un niño pequeño—. Vamos, bastardos, todos queréis ver el final feliz.

Tohr se pasó la mano por el rostro y puso los ojos en blanco ante el numerito que estaba montando si hermano. Ahora todos esperaban que le concediera el capricho y acabara con su agonía. Con un suspiro resignado, volvió la mirada hacia Layla a la que se le caían las lágrimas de la risa.

Nalla¸ siento mucho el comportamiento de mi hermano, supongo que en cosa de otro siglo o cosa así madurará de una vez por todas.

Nallum, nunca lo había pasado tan bien como ahora mismo —aseguró—. Y ahora, démosle lo que quiere antes de que la Hermandad se quede con un miembro menos… O en su defecto, alguien de la Hermandad quede con un miembro menos.

Él rió y la tomó por la barbilla con una mano, la otra la enredó en su cintura, atrayéndola dulcemente hacia sí. Ladeando su rostro lentamente apoyó sus labios sobre los suyos con suavidad.

Y claro, los aullidos y aplausos volvieron a estallar. Acababa de separarse de ella cuando captó un olor ácido, punzante en el ambiente. Confuso, alzó el rostro hasta la fuente del desagradable aroma.

John estaba parado en la mitad de la escalera. Hubiera parecido una estatua de piedra si no hubiera sido por el violento temblor de su cuerpo. A su lado su compañera, Xhex, había pasado su brazo derecho por el pecho del joven macho como si estuviera reteniéndolo.

Tohr se encontró de lleno con los ojos de ambos. Los de ella estaban confusos y había un dolor como ajeno en ellos, como si lo que sentía fuera un eco… de su hellren. Porque los ojos de John estaban peligrosamente húmedos, pero eso no era lo peor. Lo que hizo que la sangre del macho corriera fría era el vacío que veía en los ojos del chico que era como un hijo para él. Un vacío que no le era desconocido ya que, en sus profundidades, ya se había perdido una vez el amor que se tenían.

Los segundos pasaron interminables, con tanta lentitud que parecía que fueran a durar para siempre. Cuando ya estaba a punto de abrir la boca para romper el silencio, las manos del muchacho se alzaron y gesticularon tres claras palabras:

La has traicionado.

El mundo parecía muerto a su alrededor, todos fríos y silenciosos. Y realmente, él se sentía sin vida por dentro, su corazón bombeaba por inercia no por voluntad. Las palabras de John lo transportaron al momento en el que supo que Wellsie había muerto. El dolor y la situación podrían no ser las mismas, pero la sensación de pérdida no cambiaba. Sentía que acababan de arrebatarle otro pedazo de él, porque podía ver en su rostro que jamás le perdonaría.

Pero no solo eso, su acusación hizo tambalearse lo que había construido con Layla en el último mes. El convencimiento de que tenía derecho a rehacer su vida, de que lo que ellos tenían estaba bien. Todo estuvo a punto de derrumbarse y el edificio de su amor volvió a quedar en un mero armazón de metal retorcido. Sus palabras fueron un golpe para la esencia del macho que creía, que quería, ser y anularon todo lo bueno en él. Lo sumieron en la culpa de nuevo.

Soltó a Layla como si el mero tacto le quemara... para darse cuenta de que una de sus manos seguía en su cintura. Sus dos amores batallaban entre ellos. Y él, el bando neutro, se llevaría lo peor, como ya había ocurrido tras la muerte de su shellan.

—John… —lo ronco de su propia voz, la tristeza que la constreñía, le sorprendió.

El muchacho simplemente negó con la cabeza. Y debería haberse ido en ese momento, debería haberse marchado sin más. Pero giró la cabeza lo suficiente para mirar a la Elegida y el odio que pareció llamear en sus iris azules durante una fracción de segundo fue todo lo que Tohr necesitó para hacer una elección.

Con un rugido de furia se colocó delante de su hembra, protegiéndola y desafió al otro macho con la mirada. Por un momento, se preguntó de dónde estaba saliendo toda aquella rabia ¿del hecho de que prácticamente estaba vinculado con Layla? ¿Del hecho de que ella era una simple hembra, de que no tenía la culpa de nada y de que no se merecía que la miraran de aquella manera? Sí, todo eso tenía que ver, pero la mayor parte de la ira estaba siendo alimentada por la injusticia.

Sí, era injusto que por segunda vez su hijo le diera la espalda ¿Qué mierda sabía el crío de la vida? ¿Quién cojones era para juzgarle? No sabía nada de este mundo y hacía juicios superficiales y subjetivos sin tener en cuenta a quién hacía daño. Esta vez no iba a tenerle paciencia hasta que se le pasara y se diera cuenta de que él tenía derecho a salir del pozo de miseria en el que la muerte de su shellan lo había hundido. Tal y como John no debería haber mirado a Layla de ésa manera, muy probablemente él no debería haber dicho las siguientes palabras.

—¿Quieres que guarde luto por ella de por vida? ¿Qué me consuma en mi pena? Porque no veo que , lo hagas, hijo —escupió a sabiendas de las implicaciones del apelativo.

Sabía, y sentía, las miradas de todos clavadas en él. Sinceramente, el numerito de Rhage no había sido nada comparado con el que estaban montando ahora. No era típico de él entrar en conflicto de esta manera, solía ser más el apaciguador. Pues bueno, el apaciguador se había hartado un poco de que le tocaran las pelotas y le vacilaran con la excusa de que era “pacífico”. Atrajo a su hembra más cerca.

—No otra vez, John —dijo refiriéndose a algo que los dos conocían bien.

¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Los demás acaban de enterarse ahora y ésta no es la manera en que me hubiera gustado que te enteraras.

Se quedaron mirándose fijamente durante un buen rato más, pero el temblor en el cuerpo del muchacho no mejoraba y Tohr no estaba dispuesto a ceder terreno. Fue entonces cuando Xhex tiró suavemente del brazo de su hellren y le susurró algo con rapidez, pero él ni se movió, sólo se inclinó más cerca de la barandilla como si fuera a saltar y lanzarse a por Tohr.

A su alrededor el resto de los Hermanos se preparaban para evitar el conflicto cuerpo a cuerpo en el caso de que las cosas llegaran a las manos, Phury se había retirado con las hembras y…

¡BIP BIP BIP! ¡BIP BIP BIP!

Una molesta alarma saltó desde el reloj de Vishous que puso una cara de qué-coño que le duró una milésima de segundo antes de desaparecer.

—Bien, señoritas, dejaos de rollos —fue diciendo mientras comenzaba a trotar hacia la Guarida—. ¡Tenemos un intruso en los terrenos de la Hermandad!

****


Mientras el sonido de las botas de sus Hermanos atronaba en los corredores por los que pasaban a todo correr, Tohr aún intentaba asimilar todo lo que había pasado en los últimos cinco minutos: había “hecho las paces” con Qhuinn, casi se lía a palos con John y ahora V les venía con que alguien se había colado en los alrededores de la mansión, la cual, hasta donde él tenía entendido, había sido cableada por el propio Guerrero y era jodidamente inexpugnable.

Cuando por fin llegaron a la Guarida, la Hermandad al completo estaba allí a excepción de Phury, a quien habían dejado a cargo de las hembras junto con Blaylock, John Y Xhex. Su Layla también se había quedado con ellos y ahora él sentía una urgencia de correr hasta donde estaba y protegerla de una amenaza desconocida que le costaba dejar de lado.

Sacudiendo la cabeza, dirigió la mirada hasta lo que podía definirse como “la base de operaciones” de Vishous. El tipo estaba sentado delante de sus cuatro juguetes dándole a las teclas a diestro y siniestro.

—Vamos, cabrón, ¿dónde estás? —murmuraba Butch a su lado, con la mirada fija en las imágenes de las varias cámaras que rodeaban el recinto.

—Algo va mal ahí fuera —gruñó Vishous—. Una de dos: o estamos siendo jodidamente invadidos por un escuadrón o sea lo que sea está jodiendo con mis cámaras y sensores.

Wrath se acercó y plantó una mano en el respaldo de la silla del Hermano.

—¿Y los infrarrojos?

—Nada, es como si estuviera en tres o cuatro lugares a la vez, mi Rey.

Todos los machos quedaron en silencio sepulcral hasta que el leve tintineo de una daga siendo sacada de su funda los sorprendió. Se giraron para ver a Z, cuyos ojos negros relampagueaban como el filo de su arma.

—Pues será que hay un montón de hijos de puta ahí fuera de los que tendremos que ocuparnos.

—No pueden ser más de uno —sentenció Butch mirando las pantallas—. Los movimientos son demasiado eclécticos, si fuera un grupo estarían desplazándose de manera más coordinada, estarían orquestando un ataque.

—Esa cosa de ahí fuera, parece confundida —acabó Vishous dándose la vuelta e ignorando los inservibles ordenadores.

—Pues enciende los focos y vayamos a por él —intervino Rhage

Wrath estampó un puño en la mesa y rugió:

—¡No! Si hacemos eso se asustará y quiero a ese mamón con vida para que me diga cómo cojones se ha colado en mi casa —ladeó la cabeza ligeramente hacía V, como hubiera hecho si hubiera sido capaz de mirarlo y el Hermano le siseó.

—Nunca antes había estado en una situación similar, eso —señaló hacia el montón de interferencia visible en las pantallas detrás de él—, no es detectable por nada tecnológico —se defendió.

—En ese caso —explicó el Soberano—, habrá que hacer las cosas como en los viejos tiempos. Butch, no es un lesser así que te quedas aquí con Zsadist y conmigo. Vishous, Rhage y Tohr, os toca cazar al bastardo. Cuando lo tengáis, traedlo directamente por el garaje, os estaremos esperando allí. Phury seguirá con las hembras. Vamos, vamos, vamos —les urgió.

—¿Cómo que me quedo aquí? —gruñó Z acercándosele peligrosamente.

—No me cuestiones, tengo una corazonada de mierda. De modo que si eso es lo que creo que es tú plantas el culo en esta casa hasta que esté bajo control y punto ¿aún estáis aquí? ¡Salid de mi vista! —bramó y luego se rió de la ironía de su orden.

****


Tres minutos después los tres salían de la mansión sigilosamente.

—Y recordar: tiene que estar vivo, así que nada de apuñalarlo, estrangularlo, acribillarlo o volarlo en pedazos, ¿estamos claros? — repetía Tohr

—Sí, Sherlock, ya sabemos cómo no matarlo —rodó los ojos V.

Se removió incómodo. No creía que Wrath hubiera tomado la mejor de las decisiones al elegir al Hermano para salir a buscar al intruso. El tipo estaba claramente cabreado por algo que debía considerar su culpa y esa rabia podía actuar en su contra. Suspiró, iba a tener que tenerle un ojo encima.

Cuando llegaron al borde del aparcamiento, donde la zona más “salvaje” del jardín comenzaba les hizo un gesto para que se abrieran en abanico, de manera que cubrieran más terreno. No pasó mucho tiempo hasta que vieron huellas y otras pruebas del intruso. Se agachó para comprobar las pisadas y frunció el ceño.

—O es una hembra muy menuda o un niño —susurró a sus Hermanos—, y está confundida y perdida. Antes de seguir hacia la derecha dio un montón de vueltas por aquí, las pisadas se superponen varias veces.

—Creo que está indecisa, más bien —intervino Rhage—, la mansión puede verse claramente desde aquí, pero no parece decidirse a acercarse más. Eso, o se ha arrepentido de venir aquí y ya no sabe cómo salir.

—Vosotros —escupió V—, estáis dando por supuesto que lo que sea que está rodando nuestro hogar es un vampiro —amartilló su Glock.

Un leve susurro de hojas secas les alertó de movimiento unos veinte metros por delante de ellos, al borde de una zona despejada de árboles. Los tres se miraron y asintieron, Tohr hizo la cuenta atrás… y al segundo siguiente se habían desmaterializado en el punto exacto del sonido. Encerrando a una muy asustada criatura entre sus enormes cuerpos. Los Guerreros sisearon al ver de qué se trataba, pero para el momento en que quisieron bloquear sus mentes era muy tarde.

El joven Symphath atacó con toda la fuerza de su desesperación y aprovechando que los había cogido desprevenidos. En cuanto los vampiros se llevaron las manos a las sienes, esquivó al más cercano e intentó salir corriendo. Tal vez fuera que el muchacho se concentró menos en él porque su aspecto era menos amenazador o porque ya tenía algo de experiencia en ataques telepáticos, pero Tohr fue capaz de sobreponerse lo suficiente al asalto como para interceptarlo antes de que consiguiera huir.

—Haz… que pare—gruñó Rhage que se retorcía en el suelo.

Con un esfuerzo supremo lo atrajo hacia sí y descargó la culata de su pistola sobre su cabeza. El ataque cesó inmediatamente. Los tres quedaron hechos una mierda en el suelo, jadeando y pestañeando como locos en un intento por mejorar el dolor de cabeza. Miró hacia el costado al guiñapo que era el Symphath inconsciente en el suelo.

—Es solo un adolescente, un crío, no debe tener más de quince o dieciséis años —murmuró.

—Pues quién lo diría —gruñó Rhage masajeándose las sienes.

Vishous fue el primero en ponerse en pie. Se sacudió la hojarasca de la ropa y, sin esfuerzo aparente, cargó con el chico.

—No sé qué creéis vosotros, pero no va a estar inconsciente de por vida, de manera, que sugiera que movamos el culo hasta la mansión y encontremos una manera segura de retenerlo antes de que despierte.

Tohr y Hollywood asintieron con y se pusieron en marcha tras V. Para cuando llegaron a la zona acordada con Wrath, el Rey, Z y Butch los esperaban armados hasta las cejas, claramente esperando una “presa” diferente.

—¿Qué coño? —fue todo lo que dijo Butch cuando le echó un vistazo al crío.

—¿Qué es, idiotas? —ladró Wrath exasperado.

—Un Symphath, mi Señor —explicó Tohr—, pero es solo un niño, de unos quince o dieciséis años, calculo. Ya lleva varios minutos inconsciente, pero como ha dicho Vishous es necesario que hagamos seguro estar a su alrededor. Allí fuera… bueno, estaba muerto de miedo y nos atacó con todo lo que tenía. No ha huido por los pelos.

—Comprendo. Bien, Z, mi corazonada de mierda era acertada, por lo tanto te quiero lo más lejos posible de eso. Ve a buscar a Phury y tráelo al garaje, tú te quedas con las hembras y con tu familia —dijo añadiendo esto último para apaciguar al Hermano.

Todos pasaron a la habitación y colocaron al chico sobre una mesa de hormigón acoplada a la pared de la estancia, Tohr lo ató con unas cadenas que encontraron por ahí.

—Tendréis que estar preparados para bloquearle en cuanto se despierte ¿Por qué mandarían a un niño a enfrentarse a Guerreros experimentados? No tiene sentido, deberían haber sabido que intentaría huir, que no sería capaz de llevar la misión a cabo.

—No intentes entrar en sus cabezas, mi Hermano, están enfermos —Rhage la apoyó la mano en el hombro.

La puerta lateral del garaje se abrió y Phury entró envuelto en una leve aura dorada y con una cara de mala leche poco común en él. Aún alcanzaron a oír retazos de una conversación obviamente unilateral:

—… intercambiar consejos para el cuidado del cabello.

—Joder, no —gruñó Vishous y rodó los ojos.

Lassiter salió de detrás del Hermano y les dedicó una sonrisita suficiente a todos, luego se apoyó en el coche más cercano.

—Un pajarito me dijo que la fiesta se había trasladado aquí, pero que no me habíais invitado —chasqueó la lengua tres veces—, chicos malos. Ahora, ¿qué tenéis ahí?

Vishous, más corto de paciencia que de costumbre, prácticamente se abalanzó sobre el ángel y le clavó un dedo en el pecho.

—Mira, gilipollas —dijo alzando la voz—, esto es serio ¿vale? Da igual que sea un crío, lo que tenemos ahí es un jodido symphath.

Lassiter palideció visiblemente, su piel dorada tornándose gris ante la explicación del vampiro y casi pareció que el chico hubiera oído el nombre de su raza, porque en el momento en que la palabra dejó los labios del Hermano, él se despertó con un grito y sus ojos carmesí se clavaron directamente en el ángel que, para asombro de todos, retrocedió un paso.

—No… —murmuró.


El symphath lanzó un grito, cerró los ojos y empezó a luchar contra las cadenas que lo sujetaban a la mesa. Definitivamente, oír chillar a un niño no era agradable, pero el grito de Lassiter les heló la sangre en las venas a todos. Fue como si tres voces diferentes salieran de su garganta, superponiéndose las unas a las otras escalofriantemente.

Las rodillas se le doblaron y cayó al suelo agarrándose la cabeza tan fuerte que parecía que fuera a arrancarse el pelo de raíz. El resplandor a su alrededor se intensificó hasta el punto de que les resultaba doloroso mirarlo, las bombillas explotaron, parecía estar atrayendo toda la luz hacia sí mismo. Tohr miraba a su alrededor desesperado como si una solución a la situación fuera a salir de la nada y entonces…

—¡Xhex! ¡PHURY VE A BUSCAR A XHEX! —bramó por encima del ruido creciente.

Ni él mismo, ni ninguno de los otros Hermanos estaba siendo víctima del ataque, parecía que el crío se hubiera concentrado exclusivamente en Lassiter, o que algo le empujara hacia él. Ante sus ojos el resplandor del ángel murió, como si su propio cuerpo se lo hubiera tragado. Se soltó la cabeza y dejó de gritar, aún arrodillado en el suelo alzó la mirada hacia el cielo. De sus ojos salían dos haces de luz potentes como linternas que se iban intensificando poco a poco, los bordes de su cuerpo comenzaron a vibrar, desdibujándose como si su forma material no fuera más que un holograma.

Tohr retrocedió hasta la pared más cercana cuando Lassiter comenzó al alzarse del suelo como si levitara y dos enormes apéndices luminosos que no podían ser otra cosa que alas se alzaron a sus lados, Cada vez le era más difícil distinguir el cuerpo del ángel entre la luz y la vibración que ahora sacudía sus propios huesos cuando Xhex entró en la habitación, acompañada de Phury y John.

Nadie tuvo que explicarle nada, se dirigió directamente al chico, lo tomó por la barbilla y clavó sus ojos, ahora rojos, en los de él. Al siguiente segundo el garaje quedó en penumbra y lo único que rompió el silencio fue el golpe sordo del cuerpo del ángel contra el suelo.

11 dic. 2011

Cita nº5.



"Pero lo único que se le ocurría era decirle «te echo de menos, te extraño tanto que siento dolor, pero no sé cómo llegar hasta ti aunque estás justo frente a mí». Así que mejor no decir nada".

Qhuinn en Amante Mío, capítulo 64, p. 582

7 dic. 2011

Lover Unleashed mejor novela romántica de 2011


Lover Unleashed ha sido elegida por los lectores como mejor novela romántica en los 2011 Goodreads Choice Awards. Ha ganado con diferencia y ha quedado en primer lugar con 5009 votos. Puedes ver los demás resultados aquí.

28 nov. 2011

Fragmento de LOVER REBORN


Este fragmento sigue al anterior.

Con un gemido, él apoyó las manos en la brillante piscina plateada de su sangre, que tenía debajo, y se dejó caer otra vez como el pedazo de carne que era.

—Guau —suspiró ella.

—Lo sé, ¿verdad? Cuelga como la de un caballo.

—Si eres realmente amable, y sobrevives a esto, prometo no contárselo a V.

—Lo de mi tamaño.

Ella rió un poco.

—No, que has supuesto que te miraría de alguna otra manera distinta a la profesional.

Fragmento de LOVER REBORN


—Lassiter. Quiero verte por delante.

—Eso es lo que dicen todas las chicas.

—¿Esperas que te dé la vuelta? Porque lo haré.

—A tu macho no le va agustar eso.

—Como si te preocupara.

—Cierto. En realidad hace que valga la pena el esfuerzo.

Se trata de Lassiter y la doc Jane.

26 nov. 2011

Fragmento de LOVER REBORN


Los ojos de Wrath se volvieron rápidamente hacia él.

—V. Cierra tu jodida boca. O te vas al pasillo.

Vishous, hijo del Sanguinario, no era el tipo de macho que se dejase tratar así por alguien. Excepto, por Wrath, aparentemente. En este caso, el Hermano con tatuajes en la cara, la reputación de pervertido y la mano de la muerte hizo exactamente lo que él le dijo. Cerró la puta boca.

Cosa que decía mucho sobre Wrath, ¿no?

23 nov. 2011

Fragmento de LOVER REBORN


Ella se acercó lenta y renqueantemente y se sentó en el escritorio junto a él.

—Lo siento mucho —cuando él pareció un poco sorprendido, ella se encogió de hombros una vez más—. ¿Cómo no voy a darte el pésame ante la pérdida? En verdad, después de veros juntos, creo que nunca podré olvidar lo mucho que la amabas.

Después de un momento, él murmuró con voz ronca:

—Ya somos dos.

Fragmento de LOVER REBORN


Mientras se marchaban, cada una de las mujeres miró a Xcor, sus expresiones sugerían que él era como una enfermedad a la que pronto iban a estar expuestos. Se preguntó a quién le tocaría el palito corto cuando todos ellos volviesen a convocarlo... porque seguro como que el día es largo y las noches siempre demasiado cortas que él iba a tener uno de ellos.

Simplemente era un coste adicional en este tipo de situaciones.

Fragmento de LOVER REBORN


Mientras le sonreía, su expresión era la de un santo.

—Mi nombre es Lassiter y te diré todo lo que necesitas saber sobre mí. En primer lugar, soy un ángel y, en segundo, un pecador; y no estaré aquí mucho tiempo. No voy a hacerte daño nunca, pero estoy preparado para hacértelo pasar malditamente mal si me veo obligado a hacerlo para terminar mi trabajo. Me gustan las puestas de sol y las largas caminatas por la playa, pero mi mujer perfecta ya no existe. Ah, y mi pasatiempos favorito es fastidiar a la gente sacando su mierda afuera. Supongo que soy solo de esa clase que quiere conseguir un aumento de personas -probablemente por el asunto de la resurección.

Fragmento de LOVER REBORN


John y Qhuinn se detuvieron a ambos lados de él y el segundo lo estudió con la mirada.

—Dime que no es nuestro nuevo vecino.

—Xcor.

—¿Nació con esa jeta o alguien se lo hizo?

—Quién sabe.

—Bueno, si se supone que es por una cirugía de nariz, necesita un cirujano plástico nuevo.

Fragmento de LOVER REBORN


El lesser era un recluta nuevo: su pelo, sus ojos y su piel aún no eran pálido. Larguirucho e inquieto, parecía un drogadicto al que se le había fundido el cerebro, sin duda esa era la razón por la que había caído a formar parte de la Sociedad.

—¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar, coño!

Tohr palmeó el mango de una de sus dos dagas y desenfundó la hoja negra.

—Entonces, deja de parlotear y empieza a volar.

El asesino miró por encima de su hombro.

—¡Lo haré! ¡Juro que lo haré!

Una ráfaga arremetió contra ellos desde una dirección diferente, barriendo el largo abrigo de cuero de Tohr en la caída libre.

—No me importa. Te mataré aquí o allí abajo.

14 nov. 2011

Amante Renacido: capítulo 12 por Neï


¡¡¡CHICAS CUÁNTO TIEMPO!!!

Bueno, sobre todo quiero agradecerles a todos su enorme paciencia, ya sé que tardé mucho, incluso más de lo que yo misma había esperado.

También *enormes besotes* por desearme suerte en todos los exámenes, por preguntar cómo me iban las cosas y, en general, por seguir tan fieles al fic a pesar de los altibajos.

Creo que van a disfrutar especialmente este capi, los anteriores fueron muy crudos, por situaciones varias, pero este es una especie de tributo a la Hermandad. Hay un poquito de casi todos, en menor o mayor medida (sobre todo hay de los que más os gustan XD)

Empezamos con la resolución del conflicto entre Tohr y Layla con que terminó el capi anterior y luego… ¡LASSITER POR UN TUBO! Sí, la Belleza Emplumada (como yo le llamo) llevaba tiempo sin hacer una aparición, más que nada porque la parejita protagonista necesitaba su tiempo, pero va a hacer una reentrada a lo grande.

Quiero decirles que me permití una pequeña licencia en cuanto a la sexualidad de Lass. Ward nunca ha hecho gran alusión a ella, por lo que me he basado en mis gustos y espero no decepcionar a ninguna. Ya lo leerán.

Ya para acabar, tengo que dar crédito al personaje de rol de Facebook Angelator Lass *se le tira encima, estampándole un beso* ¡Gracias, eres el mejor! Un día, paseándome por Face vi que me habían añadido a un grupo llamado “Despacho de Tohr” y, como comprenderán, no me pude resistir a pasarme y dejar saludito. De algo tan simple como eso surgió toda una conversación en la que el Angelator y el Tohrmentor me mataron de risa por lo que decidí pedirles permiso para coger algunos pedazos de la conver e introducirlos en el fic.

Dicho todo esto, no me enrollo más y las dejo disfrutar de lo que llevan tanto tiempo esperando.

¡Besotes, preciosas!

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 12. Reunión.

{Pon una sonrisa en tu voz}
{Los amigos, son la familia que escogemos para nosotros mismos}



Tohr escrutó el rostro de Layla ante su pregunta. La hembra se mordía los labios y una de sus manos iba constantemente a un mechón que le colgaba cerca de la mejilla izquierda.

Nerviosismo.

Cambió el peso de un pie a otro y se aclaró la garganta, esperando una explicación. Cojones, él también estaba nervioso.

La burbuja de cuento de hadas se había reventado de repente y ahí estaban ellos dos: después de unas cinco horas de sexo era la hora de que su recién adquirida compañera le contará exactamente por qué había entrado en su habitación casi en estado de shock y cubierta de sangre de pies a cabeza.

1) Sabía que Qhuinn estaba envuelto en el tema, esperaba que, fuera lo que fuera, no le obligar a tener que matarle. O castrarle en la mejor de las circunstancias.

2) Coño, la pizza se iba a enfriar.

Se pasó la mano por el pelo y dio un par de pasos hacia Layla. Ella lo miró con sus brillantes ojos verdes casi totalmente oscurecidos por sus pupilas dilatadas. Le apoyó una mano en el hombro desnudo y la acarició lentamente intentando calmarla.

—Vamos, nalla, no puede ser tan malo.

—Casi… casi lo mato, Tohr —se llevó la mano a la garganta y cerró los ojos como si intentara huir del solo pensamiento—. Él quería ayudarme y yo casi le mato.

Tohr alzó las cejas ante la confesión, su mente se esforzaba por hacer algún tipo de conexión congruente que le llevara del momento en que el puñetazo de Rehv le dejó k.o al momento en que estaban ahora.

Y no pudo encontrar ni una.

—No pude controlarme, ¿sabes? Todos esos años en el Otro Lado, ¿para qué? En el fondo, somos animales, guiados por nuestros instintos. Si el Hermano Zsadist no me hubiera apartado de él, hubiera bebido cada gota de su sangre hasta saciar mi sed. Soy una asesina.

Tohr sacudió la cabeza, una, dos, tres veces ¿eso era todo? Joder, prácticamente se había imaginado alguna tipo de orgía con alimentación de por medio, ¿y eso era todo? Suspiró de alivio y ella le miró como si estuviera loco.

—No eres ninguna asesina, Layla, solo hiciste lo que tu cuerpo te ordenaba, no era 100% tú en ese momento —la tomó por la barbilla—. Y sí, en el fondo, somos animales y eso no es malo: el honor es animal, la lealtad lo es. La mayor parte de nuestras debilidades derivan del raciocinio.

—¿Cómo puedes decir eso? No creo que el Sire Qhuinn estuviera de acuerdo teniendo en cuenta que se pasará el resto de la semana en la Enfermería reponiéndose de una anemia severa y de una descarga de poder del Hermano Vishous.

Cojones. O sea, que el crío había estado clínicamente muerto y no habían conseguido traerlo a la vida por métodos normales. Ella realmente lo había matado.

No era como si fuera a decírselo, claro está.

—¿Soy yo un asesino, nalla?

—¡Claro que no! —le miró como si le hubiera salido otra cabeza.

—Mi trabajo, mi vida, a lo que me dedico es a eliminar restrictores.

—Ellos que son asesinos, hacen de sus presas civiles indefensos —gruñó la hembra.

—Sí, pero en su anterior vida muchos de ellos eran humanos comunes y corrientes que tuvieron la mala fortuna de cruzarse con uno de los esbirros del Omega y la mala fortuna de fiarse de él ¿acaso no todos cometemos errores? No creo que solo un error les condene —alzó la mano para que no le interrumpiera—. Esto ya no es como hace 200 años cuando la Sociedad estaba en pleno apogeo y los reclutas estaban entrenados específicamente para luchar contra nosotros. Muchos de los que matamos hoy día, los novatos… por la Virgen, he visto adolescentes entre ellos, críos, niños para nuestros estándares y los he matado.

—Es por un bien mayor.

—Yo creo que te alimentaste de Qhuinn por un bien mayor.

—Eso—le clavó un dedo en el pecho—, es egoísta. Ese macho se merece una disculpa de mi parte y nunca, en toda mi vida, seré capaz de pagar la deuda de casi haberle arrebatado la suya.

—Por las ganas con las que venía a alimentarte —gruñó Tohr—, no creo que hubiera estado muy triste de que le dieras “el beso mortal”. Puede que tú no te dieras cuenta, pero llevo mucho tiempo fijándome en ti y te he visto después de varios de tus encuentros con él ¿quieres negar la soledad y la frustración que veía en tu cara? No. Me. Lo. Creo.

—No sabes la primera cosa acerca de nosotros.

Tohr sintió como si un peso le presionara el pecho, sus colmillos se alargaban poco a poco.

—Ah, ¿con que ahora es nosotros?

Siempre ha sido nosotros, Tohrment —sus mejillas estaban encendidas, él nunca la había visto así—. Los motivos de Qhuinn pueden haber sido cualesquiera, pero cuando ninguno de vosotros veía en mí más allá de mi aspecto exterior y mi deber como Elegida, él me dio lo que necesitaba en ese momento. A pesar de todo tu “fijarte en mi”, no estabas ahí. De manera que no pienso permitir que calumnies a un macho que considero mi amigo por mucho que te ame.

—¿Pero qué.. —Tohr se paró en seco al escuchar las últimas palabras de Layla—, ¿Qué… qué has dicho?

Ella ladeó la cabeza, tenía el ceño profundamente fruncido:

—Pues que no pienso tolerar que calumnies a…

—No, no, eso no, lo del final.

Se lo pensó un segundo y luego sus ojos se abrieron con una ligera sorpresa y el color volvió a subir a sus mejillas. Se revolvió en su sitio y bajó la vista al suelo.

Tohr podía sentir como la rabia que había habido en su interior hace unos segundos daba, poco a poco, paso al deseo: sus colmillos se alargaban completamente, su sexo se endurecía y un ligero aroma a especias oscuras emanaba de su piel.

—Dilo, nalla, dilo y volveré a hacerte mía en esa cama. Dilo y te daré tanto placer que olvidarás tu propio nombre.

—Te amo —susurró en la más leve, pero firme, de las voces. Su mirada subió hasta encontrarse con la de él y estaba formada por dos fuegos esmeralda.

Lo siguiente que Tohr supo fue que tenía a Layla aprisionada en la cama bajo él, le había abierto las piernas con sus rodillas y su mano derecha bajaba lentamente por su cuerpo hasta su feminidad, tanteando cuán húmeda estaba para él.

Cuando la tocó, ambos gimieron en alto y ella arqueó la espalda ofreciéndose más abiertamente, echando el cuello hacia atrás.

Separándose lo mínimo indispensable, dio un tirón de sus pantalones liberando su miembro y lo dirigió con un fuerte y decidido impulso a donde debía estar. El interior de su hembra. Todas sus terminaciones nerviosas estallaron de puro placer al enterrarse profundamente en ella y mientras la veía deslizarse arriba y abajo en la cama al son de sus embestidas.

Pero esta vez no podía ser gentil, no podía ser suave. Necesitaba mostrarle toda su masculinidad, necesitaba marcarla.

—No me importa —comenzó a decirle entre respiración y respiración—, que ese crío sea ti amigo mientras le quede muy claro quién es tu macho, ¿te parece, nalla?

Ella solo sacudió la cabeza de manera ininteligible y Tohr disminuyó el ritmo, manteniendo solo la punta de su polla dentro de ella, haciéndola desear más de él. Naturalmente, Layla, alzó la cabeza y le gruñó, tomándolo por la nuca y moviéndose para instarlo a seguir.

Tohr se deslizó un poco más adentro con mucha lentitud y volvió a sacarla casi entera.

—He dicho: ¿Te…parece…, nalla? —preguntó puntualizando cada palabra con un fuerte empujón dentro de ella. La hembra puso los ojos en blanco y gimoteó.

—Sí…

—Entonces… —reanudó el ritmo de antes llevándola al borde de la locura—, ¿Quién es tu macho?

Layla echó la cabeza hacia atrás nuevamente mientras su primer orgasmo estremecía su cuerpo y el nombre de Tohr salía desgarradoramente de sus labios. Él no pudo evitar clavar los ojos como flechas en toda la pálida piel expuesta. Dejó que sus instintos tomaran en control.

Con un rápido movimiento y un siseo los clavó en su yugular y tomó un gran trago de sangre. El fuego de las venas de Layla corrió como lava por sus venas, incendiándolo desde dentro, dándole a su cuerpo el poder explosivo de un volcán.

El ritmo pasó de frenético a desbocadamente salvaje, la cama se movía por completo y media mansión parecía estarles escuchando. Tohr sentía su esencia de vinculación a punto de estallar, pero no conseguía liberarse del todo.

El orgasmo que siguió borró todo de su mente, le cortó la respiración, tensó todos sus músculos. Y le hizo el macho más feliz del mundo.

Cuando por fin acabaron, selló con dulzura las heridas del cuello de su hembra. Eran profundas, pero no había desgarrado la carne más de lo necesario, había tenido cuidado con eso. El resultado: dos preciosas incisiones que demostraban a ojos vista el su amor por ella.

Solo hubiera deseado que llevara su marcaje encima también.

A su lado, Layla se revolvió y le abrazó cuando su lengua comenzó a hacerle cosquillas en la herida. Tohr la miró más de cerca y vio las pequeñas manchas de sangre aquí y allá: sus pechos, sus muslos… las pequeñas gotitas de sudor y la masa de nudos que eran sus dorados mechones y rió.

Nalla, creo que ese baño que estabas preparando sería una buena idea para ambos.

Ella solo levantó un dedo en gesto de espera y suspiró.

—Sabes, si siempre va a ser así, tendré que buscarme más amigos para que los calumnies.

Ambos comenzaron a reír y volvieron a abrazarse.

—Lo siento, soy muy imparcial en lo que a Qhuinn, se refiere, lo admito —dijo acariciándole el cabello.

—Lo sé, nallum, pero ese macho ha estado ahí para mí cuando le he necesitado y mira cómo le he pagado. Da igual lo que digas —le cortó—, yo siento que estoy en deuda con él y le debo una disculpa.

—¿Podré estar presente en esa charla?

Layla enarcó una ceja ante la posesividad y la desconfianza y Tohr bufó.

—Oh, no es por ti, es por él. El crío tiene fama de tirar… de acostarse con todo lo que se le pone por delante.

Yo no soy “todo lo que se le pone por delante”, Tohrment. Y te advierto que te estás precipitando en tu juicio de un macho de valía. Y no, no pongas esa cara… ¡no te rías!

—Es que hace mucho que nadie me regaña —desde Wellsie, pensó.

—Prométeme que vas a darle una oportunidad.

—Layla…

—Prométemelo, nallum.

—Está bien —Tohr rodó los ojos—. Ahora, ¿baño?

Ella le miró muy seria y luego… no estaba en la cama sino lanzándose de ella.

—¡Él último en llegar trae la cena!

—¡Eh, eso es trampa!

****


Lassiter observó el culo -ya no tan caído- de Tohr mientras el macho prácticamente se llevaba en volandas un carrito plateado lleno a rebosar de pizza al piso superior de la mansión y fue incapaz de evitar que una sonrisa ñoña le curvara los labios.

Percatándose de la mueca, jugueteó nerviosamente con el piercing de su lengua y luego se frotó las manos y yendo hasta la nevera se pilló una Coca-Cola. La destapó, tomó un sorbo y suspiró. De puuuuta madre. Siempre podía pensar mucho mejor una vez tenía su delicioso chute de cafeína carbonatada con él.

Y le hacía falta pensar de verdad, porque lo que estaba a punto de hacer no era ninguna tontería. Podría tener la edad que quisiera, pero, colega, organizar fiestas no era cosa de ángeles. Al menos no del tipo de ángel toca-pelotas que era él.

Sorbo. Sorbo más largo. Mierda, no iba a conseguirlo sólo, eso era obvio. Al menos el mayordomo ese le ayudaría, pero iba a necesitar a uno de los chupasangres de su lado si pretendía que tipos duros como Vishous o Wrath se unieran al guateque.

Con un sobresalto vio el servilletero levitando frente a sus ojos y soltó una maldición viciosa mientras cerraba los ojos y se concentraba en “apagarse” a sí mismo. Siempre le pasaba lo mismo cuando se ponía nervioso: brillaba más de lo normal, las cosas a su alrededor flotaban… a veces incluso explotaban.

Al carajo, se bebió de un trago lo que le quedaba y plantó sus shitkickers en el suelo. Si no pasaba a la acción ya mismo, todo el plan iba a quedar en nada.

Se paseó por el salón, pero ninguno de los Hermanos estaba allí, y lo mismo pasó con la sala de billares. Los bastardos debían estar en el campo de batalla o con sus compañeras. De todas maneras, él solo necesitaba a uno de ellos.

Frunciendo el ceño se dirigió a la sala de cine particular de la Hermandad, si el tipo no estaba allí ya podía haberse desvanecido de la faz del planeta.

El ruido proveniente de la habitación le dio esperanzas y apretó el paso, abriendo más fuerte de lo que hubiera querido las puertas. Debería haber prestado más atención a los sonidos, coño. Si hubiera sido capaz de ruborizarse, lo hubiera hecho, pero era demasiado machote… bueno y eso de sangrar… ehem, pasemos a otro tema.

Eso mismo, Lass maldijo entre dientes mientras sus ojos sin pupilas captaban todos y cada uno de los detalles de la pantalla gigante. Cada poro de la inmensa cantidad de piel expuesta se fijó en su retina a fuego y se removió inquieto.

—Eres un puto palillero —dijo queriendo poner final a la incómoda situación.

La cabeza rubia que sobresalía un palmo del asiento se dio la vuelta con rapidez, algunos mechones volando con el movimiento. El apuesto rostro del Hermano lucía una expresión de sorprendido enfado, con sus perfectas cejas bajadas sobre sus ojos… blancos.

Tragó, no había visto al tipo así muchas veces, y las pocas que lo había hecho había estado muy, muy cabreado ¿Qué coño le había hecho una escena semi-porno de una peli que, a ojos vista, era Vanilla Sky?

—¿Qué cojones haces tú aquí? —gruñó Rhage. Sus ojos refulgieron mientras echaba la mano hacia atrás tanteando en busca del mando. Cuando lo encontró pulsó pausa.

La boca de Nicole Kidman quedó a escasos centímetros del bueno… de eso de Tom Cruise. Joder, eso era lo último que necesitaban ver en ese momento.

—¿Qué haces tú viendo eso? —Lassiter intentó que su tono sonara lo más desenfadado posible. Ya estaba lo suficientemente nervioso por la fiesta de Tohr como para que una puta peli le recordara lo mucho que llevaba sin echar un bueno polvo mortal.

Rhage se puso en pie, se estiró y luego intentó acomodar su total-absolutamente-irremediablemente-obvia erección en sus pantalones de yoga. El tipo lo hizo sin inmutarse, no es como si hubiera alguna hembra cuya sensibilidad pudiera herir. Aunque, Lass intentó que no se le notara que miraba, dudaba que hubiera algún ser vivo al cual pudiera herir la vista de cualquier parte del cuerpo del Hermano, el hijoputa era perfecto.

—A mi Mary le gusta especialmente esta peli, quería descubrir por qué y luego… pensé que podría darme un par de ideas.

—No iras a proponerle que se disfrace de Nicole Kidman y te haga eso, ¿no? —dijo señalando hacia la pantalla—. Porque en el momento en que te toque hacer de Cruise… mi amigo, me temo que el tipo no da la talla.

—Soy un Cruise re-tonificado —rió Rhage. Sus ojos iban volviendo a la normalidad poco a poco conforme se calmaba, pero notó que el ángel lo miraba con curiosidad—. No tengo que tener ganas de cargarme a alguien para que esto pase, solo tengo que tener ganas.

Lass se aclaró la garganta y desvió los ojos del musculoso cuerpo de Rhage. Su mirada fue a parar a la pantalla con la caliente escena teniendo lugar, con una maldición muda, apagó la cosa mentalmente y agradeció la oscuridad que les envolvió, solo rota por su propio resplandor, algo más brillante de lo que a él le gustaría.

—¿Qué cojones? Quería seguir viendo esa peli —se quejó Rhage.

La esencia a oscuras especias del vampiro saturaba la habitación. Joder, necesitaba estar con alguien ya. Los eventos de las últimas semanas lo habían dejado al borde: los ataques, la convalecencia de Tohr, la necesidad de Beth que, inesperadamente, también le había afectado aunque mínimamente.

Su esencia angélica estaba alterada, luchando contra las barreras de carne mortal que las constreñían, por eso cada vez le costaba más controlar su resplandor. Una buena dosis de sexo le ayudaría a liberar tensiones. Ya fuera con una hembra… o con un macho.

No era como si fuera a hacer públicas en algo como nunca sus preferencias. Para los Hermanos era un tipo tan duro como todos ellos y no necesitaban más. No conocía lo suficientemente bien a la mitad de esos cabezas de chorlito como para saber la manera en que reaccionarían si lo supieran.

De manera que, los lugares en los que le diera por meter su inmortal polla solo le incumbían a él. Punto.

Pero tener 200 kilos de macho caliente delante de él, teniendo en cuenta el estado en el que estaba. Era una ca-ga-da. No era como si fuera a írsele la pinza y a saltar encima del tipo o algo así. Joder, respetaba a Rhage y a su shellan, sin mencionar que después del algo así tendría que matar al vampiro, básicamente para evitar que él le matara primero.

Pero ir por toda la casa con Hollywood y su propio sexo duro como compañía no era lo que más le apetecía en el mundo.

—Llevo un rato buscándote, bastardo. Necesito tu ayuda, sígueme —le dio la espalda y echó a andar hacia el salón con tal de quitarle los ojos de encima. Esta noche iba a tener una pequeña conversación pene-mano, decidió.

Con un bufido exasperado, el tipo le siguió hasta el salón donde se dejó caer en el primer sofá libre que pilló.

—¿No me digas que vas cambiarte de sexo? —saltó—. Ya era hora, tío… digo, tía. Yo te apoyo.

Lassiter rodó los ojos y plantó el culo en el sofá más cercano. Se pasó la mano por el pelo, despejando los mechones negros y dorados de su rostro, las pulseras de oro en sus muñecas tintinearon con la acción.

Había algo que necesitaba saber antes de sacar el tema de la fiesta, necesitaba estar seguro de que sería un momento de celebración para toda la Hermandad, nadie podía quedarse fuera.

—¿Cómo está Z? —inquirió

—Mucho mejor —el rostro de Rhage se ensombreció—, por lo que Bella ha hablado con Mary, ha estado teniendo unas pesadillas asquerosamente vívidas hasta hace poco, pero hará cosa de dos días que han parado y ya consigue dormir de un tirón —se paró como si no estuviera seguro de si debía seguir, pero debió de ver algo en su cara que no le frenó—. Aparentemente, ha tenido una conversación en plan “reveladora” con Phury. Los bastardos son como uña y carne ahora, tanto la actitud como el ánimo de Zsadist han mejorado bastante.

Asintió lentamente mientras sopesaba las palabras del Hermano. Estaba decidido entonces, todos en la casa estarían más que felices de celebrar las recuperaciones de los distintos miembros de la Hermandad que habían resultado heridos. Además, podía sentir la necesidad de Beth retirándose, a lo sumo en un día más estaría fuera de ella y podría unirse a ellos con su hellren.

—Ahora promete que no vas a reírte, cabronazo, porque este rollo de buen samaritano que voy a tirarme no es en absoluto habitual en mí.

—Seh, todos sabemos que eres un tipo duro —se mofó Rhage desenvolviendo un tootsie-pop y metiéndoselo en la boca—. ¿Sientes las piernas? —rió citando la peli Rambo.

Definitivamente siento una de ellas, bastardo, le entraron ganas de meterle el puto chupa-chups por la garganta a la fuerza.

—Cierra el buzón y escucha, listillo. Las últimas semanas han sido una mierda para todos, varios han resultado heridos, unos más que otros. El ambiente en la mansión ha estado cargado y la necesidad de la Reina solo ha empeorado las cosas —suspiró antes de soltar la bomba—. Se me ocurrió que, los que no hemos estado metidos en el drama, organicemos algo para levantarle los ánimos al resto de la peña.

Rhage los miró un ratito como si le hubieran salido dos cabezas más, todo el tiempo su lengua iba y vena sobre la superficie rosada del tootsie-pop poniéndole nervioso. De repente, dio un mordisco, aplastando el caramelo y le dio un fuerte puñetazo en el hombro.

—Joder, tío, esa es una idea de puta madre —el enorme rubio parecía estar verdaderamente emocionado ante la perspectiva de liarla parda por la felicidad de sus hermanos—. Tenemos que hablar con Butch, es la caña para las fiestas y con Fritz y… oh, joder, seguro que Marissa sabe un montón de estas mierdas, sí…

—Eh, eh, para el carro, colega. Tenemos que dividirnos muy, muy bien las tareas. Veras, Hollywood, yo no soy santo de la devoción de tus Hermanos, así que tú te ocupas de lidiar con ellos. Yo me organizaré con aquellos menos propensos a ceder a su deseo de castrarme, ¿te parece?

El vampiro ya estaba de pie, dando vueltas de un lado a otro, claramente con miles de cosas en la cabeza, murmurando para sí mismo cosas ininteligibles.

—Eh tú, se supone que para algunos será una sorpresa, así que cierra esa bocaza que tienes.

—¿Y para quiénes va a ser sorpresa? —ladeó la cabeza.

—Wrath, Tohr, Z, Beth, Qhuinn, Layla…

—¿Qhuinn? ¿Layla? —Rhage se paró en seco con el ceño fruncido. Lo cual le proporcionó al ángel toda información que necesitaba: Rhage no estaba al tanto de nada. Y no iba a ser él el que destapara la olla de secretos.

—Sí, han tenido… sus problemillas, se merecen un descanso.

—¿Está la Elegida bien? Es mi donante, pero que se también lo es de otros de mis hermanos.

—Créeme —dijo enigmáticamente Lass—, ahora mismo no podría estar mejor. Bien, por lo que siento de la necesidad de Beth tenemos unos dos días como máximo para poder preparar todo. Estamos a viernes y el clima ahí fuera es una mierda, la primera nevada es inminente, con un poco de suerte todos podríais quedar fuera de rotación el Domingo, ¿no te parece?

—De puta madre, Angelator.

Lassiter puso cara de qué-cojones-acabas-de-llamarme y Rhage respondió con su mejor sonrisa de cabrón satisfecho.

—Es algo que Tohr te llama.

—¿Y por qué mierda acabo de enterarme de que os dirigís hacia mi magnífica persona con un apelativo tan ridículo?

—Porque ese nombre es una cosa buena —dijo el Hermano mientras se daba la vuelta marchándose en dirección a la Guarida—, y hasta ahora mismo no estaba seguro de si te lo merecías al 100%... Angelator —soltó una risotada y echó a correr, sus pasos retumbando como una jodida manada de elefantes.

Lass se quedó ahí sentado como un gilipollas, una curiosa sensación como de calor empezando a formarse en el centro de su pecho y a extenderse por el resto de su cuerpo.

¿Angelator? Menuda mierda, rió, pero el hecho de que Tohr se refiriera a él de alguna manera cariñosa, por así decirlo, le hacía sentirse mejor… realizado.

Joder, vale, era inmortal, pero no por eso le molaba perder el tiempo y había habido momentos con ese macho en que realmente había sentido que lo estaba haciendo. En un determinado era como si hubieran llegado a un callejón sin salida… y las puñeteras paredes del callejón amenazaban con derrumbarse y aplastarlos a los dos.

El tipo era su misión, tenía que asegurarse de que salía del pozo de mierda en el que se había sumido… entre otras cosas. Y no había sido hasta la intervención de Layla en su vida que había visto que podía haber una luz al final del túnel, una posibilidad de un final medianamente feliz.

Esa hembra había cambiado las tornas de repente, volviendo a darle a Tohr una verdadera razón para vivir, haciéndole pasar del auto-convencimiento de que debía seguir adelante, a insuflarle las ganas de seguir viviendo.

No estaba muy seguro de quién era su verdadero Salvador, si ella o él.

Pero por muy maravilloso que fuera todo ahora, los problemas de esos dos no habían hecho más que empezar. Tohr era un macho que había estado emparejado, un Guerrero experimentado que, a lo largo de su vida, había pasado por más de lo que una persona debería.

Por su lado, Layla había vivido toda su vida arropada en el seno de las Elegidas en el Otro Lado, si bien no por elección propia. Aún así, Lass estaba seguro de que no había que ser vidente para darse cuenta de que estas diferencias sustanciales les traerían sus problemas.

Eso sin contar que, el algún momento, iban a tener que hacer pública su “relación” y ese sería un paso muy duro para ambos. La mayoría de los miembros de la Hermandad habían vivido muchísimos años junto a Wellsie y no les sería un cambio fácil, aventuraba. Joder, pensaba sobre todo en la manera en que reaccionaría John, presentía que el crío iba a traer problemas una vez más. Aún así, alguien tenía que poner las cosas en movimiento y, como siempre, la pringaba él.

Pero ahora tenía que centrarse en otras cosas, tenía una fiesta que preparar (su primera fiesta en realidad) y no tenía la más mínima idea de cómo empezar. Repasó su lista mental de personas no-dispuestas-a-castrarle con las que quería hablar. Marissa, la shellan de Butch, era la primera, pero no estaba muy seguro de dónde podría encontrarla, de manera que tendría que recurrir a Fritz para contactar con ella.

****


Tohr observó a Layla dormitando a su lado y no pudo evitar pasar las yemas de sus dedos por las marcas de colmillos en su pálido y esbelto cuello. Él mismo la había dejado allí hace pocos minutos y si le daba la vuelta vería las marcas rosadas de alimentaciones anteriores.

Y se sentía como un puto crío envuelto en felicidad por ello.

Sagrada Virgen, aún no podía creerse que esto estuviera pasándole a él… aunque llevaba tres días prácticamente encerrado en la habitación con su hembra. El primer día, cuando se encontró con Lassiter, había sido el único que se había aventurado fuera de la habitación, el resto de las veces había pedido a Fritz que trajeran la comida. No quería separarse de ella ni un solo instante, no fuera que se esfumara en cuanto se diera la vuelta.

Ya había tenido suficiente de hembras desapareciendo de su vida. Suficiente.

Dejó que su mirada vagara por el techo y suspiró. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Wrath estaba ocupado sirviendo a Beth, y él mismo era su segundo al mando, es decir: debería haberse hecho cargo de los asuntos de la Hermandad ahora que el Rey faltaba. Además, joder… Estaba siendo totalmente irresponsable. Las pocas veces que se había aventurado fuera de la habitación meramente para pedir algo a Fritz cuando este no le había cogido el teléfono había visto que los demás estaban muy raros. No le extrañaba, esa montaña de carne violenta vampira había estado probablemente encerrada aquí durante tres días y no debía de hacerles mucha gracia.

Realmente debería bajar y hacerse cargo de ellos.

—¿Qué ocurre, nallum? —Layla se revolvió a su lado y apoyó su cara en su bíceps, hociqueando graciosamente.

—Creo que es hora de que volvamos al mundo real, nalla, Wrath no está disponible en estos momento y mis Hermanos deben estar alimentando a fuego lento sus ganas de matarnos a ambos por haberlos dejado sin nada que hace durante los últimos tres días. Además, ya es hora de que me reincorpore al campo de batalla. Gracias a ti —apoyó su amplia palma en su cálida mejilla—, estoy curado, en todos los aspectos.

Ella le sonrió y, como de costumbre, Tohr sintió que su propio Sol particular brillaba para él, infundiéndole fuerzas. Ella giró el rostro para besar su mano y asintió con gravedad.

—Comprendo, tienes tareas que llevar acabo y yo no quiero ser un lastre para tu trabajo con los Hermanos, supongo que… —frunció los labios—, volveré al rancho del Primale por el momento.

Tohr se reincorporó tan rápido en la cama que el reposacabezas pareció creerse que su cráneo venía directo a darle un beso francés y lo aceptó gustosamente. El ruidoso ¡PUM! Retumbó en la habitación, pero apenas le prestó atención aparte de frotarse lo que en pocos minutos sería un chichón gigantesco.

—No, vas a quedarte conmigo, no es necesario que vuelvas con tus las demás Elegidas —gruñó.

Los ojos de la hembra brillaron ante la mera perspectiva de quedarse a su lado y el vampiro se reafirmó en su afirmación de mantenerla a su lado.

—Mandaré a alguien para que traiga tus cosas y te instalarás aquí mismo, no es necesario que te preocupes por nada —la besó—. Y ahora, es casi la hora de la Primera Comida, porque no bajamos a ver que se cuece.

Cuando ambos se hubieron cambiado salieron de la habitación en dirección al Comedor. Entonces un ruido agudo, parecido a un silbido, rompió el silencio. Layla y el se taparon los oídos y apretaron los dientes.

—¡Qué ha sido eso? —preguntó la hembra molesta.

—No tengo la menor idea —Tohr se encogió de hombros—, pero no me extrañaría que los locos estos se hubieran puesto salvajes en nuestra ausencia. Vamos, nalla, voy a tener que poner orden ahí abajo.

Pero, conforme bajaban las enormes escaleras que daban al hall de entrada, ni uno ni otro veían nada inusual. Él sentía que había algo raro en el ambiente, aunque no era capaz de especificar qué era y Layla parecía estar igual de intranquila.

No tenían ni idea lo que había hecho aquel ruido y no se veía a ninguno de los Hermanos, los chicos o incluso a los doggens por ninguna parte.

Pasaron el hall y entraron en el Comedor, ni la más mínima señal de que alguien estuviera preparando la Primera Comida allí. Tohr abrazó a Layla más cerca de sí e, inconscientemente, comenzó a repasar mentalmente las salidas más cercanas. Sus ojos acerados repasaban cada centímetro de espacio mientras pasaban hasta el Salón. No dejaban de reprenderse por no tener siquiera una daga encima, joder, nunca creyó que fuera necesario en su propia casa.

Justo cuando estaban a punto de pasar el umbral de las dobles puertas que conducían al Salón, Layla le apretó el brazo con más fuerza.

—Tohr —jadeó en el mismo momento en que él veía a qué debía estarse refiriendo.

Ahí justo frente a ellos, el aire ondulaba de manera extraña… parecía más denso, como si pudiera doblarse. La mente del Guerrero trabajaba a toda máquina en un intento de identificar la amenaza. Ya iba a decirle a su hembra que pasara al Otro Lado lo más rápido que pudiera cuando algo hizo click en su cerebro.

—Eso…eso es un mhis —murmuró, y él solo conocía a un vampiro capaz de crear un mhis como ése—. ¿Vishous?

Su visión del Salón tembló y se desdibujó revelando la realidad tras la ilusión mental. Apenas si les dio tiempo a cubrirse antes de que un montón de sprays de espuma les atacaran y guirnaldas les llovieran en la cabeza. Algo parecido a un grito de guerra resonó en la habitación mientras la Hermandad prácticamente al completo se lanzaba sobre ellos.

Las shellans apartaron a Layla de la melé rápidamente para evitar que se hiciera daño accidentalmente y comenzaron a rodearle el cuerpo con cintas de colores sin dejar de reír.

Mientras los muy bastardos de sus hermanos se lo pasaron pipa metiéndole espuma en sitios donde un macho definitivamente no debería tenerla.

—Oh, mirad, será nuestra nueva mascota ¡Aquí, chico! —resonó una voz burlona que no podía ser otra que la de Rhage.

—Le llamaremos: Copito de Nieve —risas atronadoras corearon el comentario.

Esa voz… ahora le cuadraba todo.

—¡Lassiter! ¡Voy a arrancarte ese par de apéndices plumosos que debes tener escondidos en alguna parte y luego te mataré! —bramó. Lo cual solo le valió más espuma en la boca.

—Eh, miradlo por el lado bueno —dijo V—, ya tenemos un pavo relleno para el día de Acción de Gracias.

—Mi hermano, todos sabemos sobre tus “gustos peculiares”, pero yo no le hincaría el colmillo a Tohr por muy pavo que fuera, qué quieres que te diga —bromeó Butch.

—No te pases, poli.

—De todos maneras, V —interrumpió Rhage—, yo creí que las ovejas eran más tu estilo, ya sabes por lo de la lana… tejer… y tal.

Todos, incluido Tohr, se ahogaron en risas ante el ingenioso comentario del rubio. Cuando sintió que dos pares de manos le dejaban supuso que Vishous debía estar persiguiendo a Hollywood por todos el Salón, probablemente para afeitarle una ceja otra vez.

—Me pregunto quién es el masoquista aquí, cuando tengo tanta espuma para reproducir tu moda facial mono-céjica una vez más, mi hermano —rugió V.

—¡Mary, haz algo, el vampiro malote quiere practicar sus perversiones conmigo! —lloriqueó falsamente escondiéndose (todo lo posible, claro) detrás de su shellan. Luego siguió—: ¡Jane, rápido, saca su mordaza rosa favorita, distráelo!

Tohr cayó al suelo empujado por un peso que le pareció Butch por su tono de voz y otro que debía ser Phury por el pelo medianamente largo. Ahora que no era el centro de atención comenzó a sacarse espuma de los ojos.

—Sabes qué —comentó V comenzando a quitarse el guante de la mano derecha—, creo que no voy a necesitar una maquinilla al final.

—A mí me huele a chamusquina —soltó Phury.

—Ten cuidado, Phury, Perillita podría hacerte la permanente rizándote mechones con los dedos —se carcajeó Lassiter.

—Mejor no te digo dónde voy a hacerte la permanente a ti, angelucho.

—Nop, lo siento, estoy todo depiladito, colega —sentenció el tipo con una sonrisa cabrona.

Los Hermanos soltaron todos un ¡UGH! al unísono.

—Podría haber pasado sin conocer esa información —aseguró la voz de barítono de Wrath.

—Creo que voy a potar —apostilló cansinamente Zsadist que estaba en una esquina.

—Eh, venga —se quejó Lass—, no es como si alguno de vosotros fuera a tener la espalda peluda de aquí a, digamos, un siglo, ¿no?

—Es el sueño metrosexual —dramatizó Wrath—. Tohr, ¿cómo no le has matado aún?

—Eso me pregunto a veces. Nadie sabe lo que es el tormento hasta que descubre que su culo lleva adosado una extensión de plumas, dorado mal gusto y perforaciones corporales

—¡JÁ! Y eso lo dices tú, Tohrmentor —dijo Lass masticando cada palabra—. Y eso que no habéis visto los piercings —se jactó

—Oh, Sagrada Virgen, voy a potar —masculló Zsadist

—Venga, alguno que otro no está mal —le defendió Rhage encogiéndose de hombros.

Tohr bufó:

—Créeme, mi hermano, es distinto cuando los porta tu sombra dorada. Imagínate una bombilla repleta de imperdibles y con un humor de mierda. Lo único que deseas es tirar de todos y cada uno hasta que salten por los aires.

—Amén —gruñó Wrath, quien ahora tenía a Beth, pacientemente, quitándole trocitos secos de espuma del pelo.

—Estáis enfermos —dejó caer V mientras tiraba por ahí su bote de espuma y sacaba un cigarro liado mano

Rhage se acercó furtivamente a Butch y simuló susurrarle en el oído aunque todos podían oírlo perfectamente:

—¿Aún está en la fase de negación de su enfermedad?

Butch asintió con gravedad, siguiéndole el royo.

—Marissa y yo nos pasamos todo el día recogiendo pequeños pedacitos de lana de la Guarida, ¿verdad, amor?

La hembra asintió muy seria mientras seguía, junto con las demás, enredándole cintas de colores en el pelo a Layla.

—Creí que la Asociación funcionaría, tsk —el rubio meneó la cabeza.

—Dejaos de mierda, bastardos —gruñó V.

—Ahí va otro claro síntoma de negación, violencia ante la mención del tema. Qué triste —Butch hizo como que se limpiaba una lágrima.

—Poli, vas a arrepentirte de…

—Eh, eh, eh… —Tohr los cortó en seco, harto de seguir la pelea desde el suelo como si fuera un maldito partido de ping pong—. Os recuerdo que sigo aquí, imbéciles, y lleno de esta… porquería —se quitó espuma del oído derecho—, por vuestra jodida culpa.

—Ahora te aguantas —puntualizó Wrath estirando su propia camisa llena de espuma—. Y eso es un decreto Real.

—Solo está de mal humor porque yo estaba confabulada con ellos —puntuó Beth.

—Eso fue muy cruel, leelan —admitió con una sonrisa salvaje—, querían llamarme Nevadito, los mamones —gruñó hacia el resto de machos.

—No digas que no iría bien con tu personalidad —ironizó Lassiter.

—¿Por qué…

—No cierra el puto buzón…

—Jodida vez, en serio.

—¿Quién ha invitado a Mr. Bombilla a la fiesta?

Todos los Hermanos atacaron al ángel a la vez, él solo les devolvió una gélida mirada que luego desvió a Rhage. El vampiro se aclaró la garganta.

—Bueh… en realidad, Angelator fue el que la organizó. La idea fue suya.

—Claro —corearon las hembras.

—¿No lo sabíais? —Jane enarcó una ceja.

—¿Qué? No me dijiste que él estaba detrás de todo cuando me rogaste que participara —escupió V.

Butch ladró una carcajada y le dio un codazo en las costillas.

—Mi hombre, todos sabemos que te morías por inflar los globos.

—Cinco palabras, poli.

—Rhage esta como un queso —intervino el susodicho sin que nadie lo llamara—. Ah, no, no, aún mejor: Rhage te adoraré para siempre.

—La venganza es una puta —se lo pensó un rato y añadió—, bastardos.

—Eso haces seis —apostiló Z.

—No jodas, Einstein —gruñó V a lo que el otro Hermano respondió aún con más gruñidos.

—Eh, eh, muchachos —intervino Phury para calmar los ánimos—, creo que sería un buen momento para que te ocuparas de la música, ¿no, Vishous?

El vampiro se marchó a regañadientes y al poco rato los bajos de una canción de Ludacris llenaron el Salón y el ambiente se tranquilizó poco a poco. Cada uno poniéndose un poco a lo suyo.

Tohr los observaba a todos mientras Phury se apiadaba de él y le ayudaba con una toalla húmeda a solucionar, en lo posible, el exceso de espuma en su persona. Por Darius que la sentía hasta ahí. Butch y V se dirigieron, como de costumbre a los billares. Hollywood estaba a punto de seguirles, pero se dio la vuelta en el último momento para llamar a Z que estaba sentado pacientemente en el alféizar de una de los grandes ventanales. El hermano declinó la invitación silenciosamente. Sintiendo que Phury observaba a su gemelo algo ansioso, Tohr le aseguró que podía apañarse sólo con lo que faltaba y el macho se marchó con juna sonrisa de agradecimiento.

Lassiter no se hizo esperar demasiado, tras unos minutos, el ángel se le acercó como quién no quería la cosa, colocándose a su lado, pero si mirarle. Él siempre se había sentido cómodo en la presencia del tipo, incluso en los momentos en que estaba totalmente insoportable o cuando había estado arrastrando su culo por toda la mansión para ayudarle a salir adelante.

No era algo que le pasara con muchas personas, Darius y Wellsie se contaban entre los pocos y ahora que iba a conociéndola en profundidad creía que podría añadir a Layla a la lista. Eran ese tipo de personalidades con las que sentía una extraña especie de “conexión cósmica” o alguna mierda por el estilo. Cuando se rodeaba de ellos, el rugido en su interior se calmaba, dejando paso a un silencio armónico.

—Ten cuidado con la espuma en las pelotas —la voz del ángel interrumpió sus pensamientos—, si se te seca ahí… uf, puede ser dolorosa de quitar.

Aunque a veces el silencio fuera roto por la gilipollez más extrema.

—Si eso pasa, me aseguraré de que la venganza que tengo en mente sea mucho más cruel, palomino.

—¿Palomino? —inquirió incrédulo.

—Sí, ya sabes, paloma, canario, periquito, cualquier cosa emplumada. Preferentemente amarillo chillón —comentó en clara alusión a su pelo.

—No es amarillo canario, tipo con el-sentido-de-la-moda-en-el-culo, es amarillo león.

—¿Ahora eres una puta esfinge? ¿Mitad pájaro mitad león?

—Soy Antiguo —Lass se sonrió con suficiencia.

—Prefiero llamarte viejo, te pega más teniendo en cuenta tus gustos televisivos. Y, colega, si vuelvo a verte enganchado a Friends… lo nuestro se ha acabado.

—No podría superarlo, ¿dónde encontraría a alguien con un sentido del humor tan árido, una personalidad más mierdosa, el culo más caído —puntuó el comentario con una mirada—, y a quien fuera más fácil darle una paliza?

—Angelator, no seas pelota, que las plumas no rebotan bien, ¿o no jugabais al baloncesto en el instituto para varones santificados?

—¿Al balón-qué? Mira, en cosas terrícolas, no me saques de el ámbito de la caja boba—admitió el ángel.

Tohr rodó los ojos y ambos volvieron a quedar en silencio una vez más. Aún así, sentía que le faltaba algo…

—¿Dónde están John y los chicos?

La mirada completamente blanca se posó en él y le estudió, claramente midiendo sus palabras.

—Qhuinn ha salido hoy de la Enfermería. Se ha hecho el tipo duro, tal como dicta el protocolo, etc, etc, pero ni John ni Blay se fían de que se sienta realmente bien y se han quedado con él en la habitación asegurándose de que no haga ninguna gilipollez. Han dicho que cuando se quede sopa, a lo mejor bajan.

El hermano asintió mientras su mente vagaba hacia John. Una pequeña parte de él casi se alegraba de que el muchacho no hubiera bajado. El resto de la Hermandad, aquí presente, a excepción de Xhex, estaba, en menor o mayor medida, al tanto de cómo se habían desarrollado las cosas con respecto a él y Layla. John… a menos que Qhuinn hubiera abierto el pico, y estaba seguro de que no sería para hablar en su favor, no tenía la más remota idea. Y un gusanito interior le decía que no iba a hacerle la menor gracia.

Desvió la mirada hacia Layla: estaba sentada con el resto de las shellans. Éstas se habían dedicado a hacerle delicadas trencitas en el pelo con unas serpentinas que se habían traído y ahora todas bebían Don Perignon en unas graciosas copas mientras charlaban animadamente. Tohr nunca antes había visto a Layla con otras hembras, siempre había sido la Elegida que venía sola a alimentarle, la solitaria y deseada hembra aparecía en sus sueños, la amante que era solo para él.

Ahora, por primera vez, la veía interactuar con otros… y no podía sino admirar su vivacidad y su buena disposición. Cualidades que, a él como Guerrero, se le escapaban en su mayoría. Parecía genuinamente a gusto con las demás hembras, como si las conociera de toda la vida y eso le provocaba una agradable sensación de calor en el pecho. Quería pasar lo que le quedaba de vida con esta hembra, de verdad, pero ella tendría que vivir en las Mansión y el ver que encontraría en Beth, Mary, Bella, Marissa, Jane y Cormia -a quien conocía más- las amigas que, sin duda, necesitaba, lo tranquilizaba profundamente.

La observó un poco más, recorriendo con la mirada las sanas y hermosas de su cuerpo y absorbiendo su envidiable vitalidad a la distancia hasta que ella se dio la vuelta, como si sintiera sus ojos sobre su piel. Los iris verde claro chispearon al encontrarse con los suyos y se le encogió el alma ante la intensidad del sentimiento que transmitieron. Un escalofrió lo recorrió de pies a cabeza y miró hacia sus propias manos, temblorosas.

Las vio fuertes, capaces. Siguió por sus brazos y los notó poderosos, protectores. El corazón en su pecho latía rápido y seguro. Y su mente estaba enfocada… y enamorada. Superando las barreras que su masculinidad le imponía, colocó la mano derecha sobre el hombro de Lassiter, que observaba el intercambio de miradas silenciosamente, y lo apretó cariñosamente.

—Gracias —dijo tan bajito, que solo ellos dos podían saber que la palabra había salido alguna vez de su boca. El ángel solo asintió y miró a otro lado, pero al vampiro no se escapó el inicio de una sonrisa en sus labios.

Gracias. Uno sola, simple palabra. Siete letras. Dos sílabas. Y tantísimo significado. Sabía que no hacía falta que le dijera que si no fuera por él ni siquiera estaría vivo, no tendría el amor de una familia, lo suyo con Layla nunca habría llegado a ser. No hacía falta, porque en esa simple palabra iban implícitos todos esos sentimientos. Y porque, joder, el tipo era un jodido ángel.

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