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Es importante dar las gracias a las personas que, de una forma desinteresada y para beneficio de todos, hacen posible esto.
Nota: responderé a los mensajes el fin de semana.
[Parte ilegible, pero se sobreentiende que Tohr está muy cabreado y casi se carga a Xcor]
Phury asintió.
—V tiene razón. Si lo matas ahora, perdemos el interrogatorio. Sé logico en esto, Tohr.
Vishous miró alrededor. Los cuatro habían vuelto al campus con la idea de apuñalar a tantos como pudieran de vuelta con el Omega y hacer limpieza, pero este pequeño descubrimiento había cambiado el objetivo inmediatamente.
—Butch, condúcelo de vuelta al Hummer. Ahora —V sacudió la cabeza hacia Tohr —. Y no, no vas a ir con él como apoyo.
—Me has malinterpretado —dijo Tohr seriamente.
—¿Lo he hecho? ¿Eres consciente de que tienes una daga en tu mano? ¿No? —cuando su hermano miró hacia abajo con cierta sorpresa, V sacudió la cabeza—. No pienses que estoy equivocado. Quédate con nosotros, Tohr. El poli lo tiene controlado.
—Voy a llamar a Qhuinn y Blay —dijo Butch mientras cogía su teléfono—. Los quiero conmigo.
—Y por eso te amo —murmuró V mientras mantenía sus ojos en Tohr.
El hermano todavía no había guardado la daga. Y eso estaba bien. Tan pronto como Xcor se fuera, V iba a asegurarse de que Tohr le diese buen uso a ese impulso asesino.
Un momento después, Blay y Qhuinn se materializaron y ambos maldijeron cuando vieron la cara fea y llena de cicatrices que los miraba sin ver desde el cuerpo inconsciente.
Butch hizo un trabajo rápido esposando a Xcor y luego él y Qhuinn lo cargaron como un saco de patatas hacia al Hummer.
Craeg estaba en la puerta cuando Axe habló.
—Pensé que eras un gilipollas.
Craeg frunció el ceño y miró por encima del hombro.
—¿Basándote en qué?
—Eres el equivalente vampiro de un paleto. Pensé que no había nada excepcional en ti, excepto tu tamaño... y, francamente, eso es lo que hace a los camiones Mack ser lo que son
—¿Y ahora?
—Aún pienso que eres un gilipollas —el gótico sonrió un poco—. Pero no me molestan los gilipollas como pensaba.
Blood Kiss, p. 312
V golpeó las palmas.
—Me siento como una puta mierda sobre esto. Si quieres un rythe, házmelo saber.
—Nah —Butch sacudió su cabeza—. Pero puede que tengas que recoger mi ropa de la lavandería durante un mes.
—¿Eso no lo hace Fritz ya?
—Es una broma humana.
—Ah, esa es la razón por la que no ha sido graciosa.
Blood Kiss, p. 277
—Hazme un favor —dijo Craeg—. ¿Ves esa roca de ahí?
Paradise miró hacia la izquierda.
—¿Esa? ¿La que tiene el tamaño de una nevera portátil?
—Seh. ¿Podrías cogerla y lanzármela a la cabeza? Sería genial. Gracias.
Blood Kiss, p. 102
Mary estaba de puntillas, apoyada sobre la parte superior de la cómoda, intentando ponerse el broche de la perla en el lóbulo de la oreja y buscando el agujero. Con la cabeza ladeada hacia un lado, su profundo pelo castaño caía sobre su hombro y, tío, él solo quería acariciar la cosa. ¿Y sabes qué? Eso no era lo único que quería tener entre las manos. El corte limpio de su mandíbula atrapaba y retenía la luz de la lámpara de cristal de la pared y la camisa de seda color crema sobre sus pechos y los pantalones ceñían su cuerpo. No había maquillaje en ella. Ni perfume.
Pero eso sería como retocar la Mona Lisa o rociar un rosal con algún ambientador.
Había cien mil maneras de detallar los atributos físicos de su pareja pero ni una única frase, o ni siquiera un libro entero, que pudiera acercarse a describir su presencia.
Ella era el reloj en su muñeca, la carne asada cuando estaba hambriento y la jarra de limonada cuando estaba sediento. Ella era su capilla y su coro, la cadena montañosa para su espírituo viajero, la biblioteca para su curiosidad y cada amanecer y atardecer que había tenido y tendría. Con una mirada o la mera sílaba de una palabra, ella tenía el poder de transformar su estado de ánimo, elevándolo incluso cuando sus pies permanecían en el suelo. Con un solo toque, ella podía encadenar a su dragón interior o hacerlo aparecer incluso antes que él. Ella era todo el poder del universo fusionado en algo que vivía y respiraba, el milagro que se le había concedido a pesar de que durante mucho tiempo no había sido merecedor.
En pocas palabras, Mary era su vida.
Seh... incluso después de todo este tiempo, todavía seguía sintiendo lo mismo por ella.
Manuscrito The Beast, p. 8
Me encanta escribir La Hermandad de la Daga Negra. Y mientras sigan hablándome, si Dios quiere, seguiré escribiendo sobre ellos. Tengo seis libros previstos en este momento.
Mientras Butch estaba de pie en el gran vestíbulo de la mansión, frunció el ceño y miró su teléfono. Había comprobado la hora en su reloj Audmars Piguet unos tres minutos antes y pensó que su Samsung lo-que-sea le podía dar una respuesta con la que vivir mejor.
Negativo.
Y su sépima llamada a su compañera Marissa quedó sin respuesta. Como las otras seis.
En la distancia, los sonidos de la Última Comida siendo consumida burbujeaban fuera del comedor.
Sin razón aparente, pensó en la primera noche que había escuchado sonidos como esos. Había habido más gente que ahora en la casa. En ese momento, él había sido un detective de homicidios, fuera de control y buscando una fuente de total inmolación para terminar con su vida.
Y entonces se había descubierto todo.
Beth había bajado primero, su herencia medio humana medio vampiro envolviéndola. El plato principal había sido algo completamente distinto...
"Si van a desangrar al humano, ¿podrían hacerlo en el patio trasero?", había pedido Fritz a los Hermanos
—¿Has contactado con ella?
Butch cerró los ojos cuando escuchó el sonido de esa familiar voz masculina. Aunque ni siquiera era parcialmente cierto, a veces sentía como si el áspero murmullo de Vishous hubiese estado en su cabeza toda su vida.
—No —dijo Butch—. Sigue sin contestar... algo va mal.
Manuscrito Blood Kiss, pp. 25-26