15 jul. 2011

Amante Renacido: capítulo 6 por Neï


Hey chicas :)

Aquí les dejo el 6º capítulo (aún no me puedo creer haber llegado hasta aquí y que les guste).

Espero que lo disfruten mucho, especialmente la reveladora conversación entre Tohr y Layla.

Prometo que en próximo capi, habrá más de Wrath y Beth, pro ahora mismo Tohr me estaba pidiendo que le prestara más atención y no podía restarle protagonismo.

NOS LEEMOS!

Besos desde UK ;)

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 6. Me tienes a mí.


Layla se estremeció y giró el cuello, aligerando la presión de sus músculos mientras recorría los corredores de la mansión que la llevarían a la cocina.

Alimentar al Hermano Vishous siempre era una experiencia algo… perturbadora.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando recordó los glaciales ojos del macho. Afortunadamente siempre los tenía clavados en su shellan, la doctora Jane. A ella apenas si la miraba, aunque era absolutamente adecuado en su tratamiento.

Aún así no podía evitar temblar ligeramente cada vez que lo veía. Suponía que sería por las horribles palabras tatuadas en el Idioma Antiguo que le cubrían la sien, y según tenía entendido, otras partes del cuerpo. Monstruo, aberración, peligro, engendro

Realmente no entendía quién podría haber sido tan cruel como para marcarlo de esa manera. Pero no era como si ella fuera a mostrar pena por él, algo le decía que no le gustaría. Ni un pelo.

Seguía sumida en estos pensamientos cuando una puerta se abrió de golpe detrás de ella. Sólo vio un borrón pelirrojo antes de que esta se estrellara de vuelta contra su marco.

Estupefacta, todavía estaba de piedra en el sitio cuando el sire Qhuinn salió de la misma habitación y gritó:

—¡BLAY! ¡Espera!

Por toda respuesta, Blaylock le levantó el dedo corazón y se marchó casi corriendo. Qhuinn se pasó la mano por el rostro, suspiró y luego le dio un puñetazo tan fuerte a la puerta, que sus nudillos quedaron marcados en la madera y empezaron a sangrar profusamente, algunas astillas sobresaliendo entre la carne desgarrada.

Ante su estallido de violencia, Layla se había encogido sobre sí misma, pegándose a la pared. Solo entonces él pareció notar su presencia. Con las mejillas ardiendo de vergüenza por haberse comportado de esa manera delante de ella, bajó la cabeza y se disculpó.

—Lo siento mucho, Elegida, no era mi intención que contemplaras algo tan desagradable.

Ella sacudió la cabeza, restándole importancia, tragó saliva.

—No pasa nada, sire, pero estáis herido.

Él la miro como si no comprendiera, con ojos ausentes en los que le pareció detectar algo de… ¿dolor? Señaló hacia sus nudillos.

—Vuestra mano, está sangrando. Permitidme que os cure, sino cicatrizará con las astillas dentro y sacarlas será mucho más doloroso.

Qhuinn simplemente asintió con la cabeza como si apenas la estuviera escuchando, su mirada seguía fija en el final de pasillo, por donde el Guerrero Blaylock había desaparecido.

Con gestos suaves, Layla lo guió al interior de su habitación y lo sentó en el borde de la cama. Luego fue al baño en busca del botiquín, unas pinzas y un pequeño cuenco con agua.

—Sire, voy a sacaros las astillas y luego limpiaré la herida para vendarla, pero es muy importante que no os mováis, sino podría empujar alguno de los trozos de madera más adentro accidentalmente.

De nuevo asintió como un autómata. Layla decidió que intentaría hablarle para sacarlo de su estupor y eso hizo durante todo el rato que duró la cura, dándole conversación sobre temas triviales, siempre manteniendo un tono suave y tranquilizador.

Cuando hubo acabado, recogió y limpió, se puso en cuclillas delante del macho y le miró a los ojos directamente.

—Sire, creo que necesita algo de comer, llamaré a alguno de los doggen para que se ocupe de traeros algo, ¿sí?

De repente, Qhuinn sacudió la cabeza y la miró como si la viera por primera vez en todo el rato que llevaba allí. Su mirada trazó con rapidez sus facciones, casi obviándolas y para luego recorrer con lentitud las formas de su cuerpo.

Allí estaba, podía ver el brillo en su mirada, como cada vez que la deseaba.

Layla se revolvió inquieta y comenzó a levantarse. Realmente no entendía a este macho, hace sólo unos segundos parecía destrozado ¿y ahora estaba excitado?

La mano del joven salió disparada y la cogió por la barbilla, luego comenzó a acariciarle el labio inferior con el pulgar, pero en ningún momento la miró a la cara, sus ojos dispares seguían vagando por sus femeninas curvas.

—¿Por qué tienes tanta prisa?—su voz era un susurro erótico que la hizo tragar saliva.

Realmente debería irse, esto no podía ser bueno, para ninguno de los dos. Tenía la sensación de que el sire Qhuinn usaría lo que estaba por pasar entre ellos como una manera de alejar algo…o a alguien de su mente.

Su cuerpo se rebeló a ser utilizada de tal manera. Al menos hasta que él la besó.

Sus labios eran tan expertos sobre los de ella que la cabeza empezó a darle vueltas lo que él aprovechó para inclinarse, tomarla por la cintura y subirla a la cama. La tumbó de espaldas suavemente y colocó su cuerpo sobre el suyo.

Sus manos recorrían su piel en una ligera caricia, apretando de vez en cuando en los puntos correctos, mientras su boca no le daba tregua, ahogando su raciocinio a fuerza de besos.

Layla se dejó hacer, como la mayoría de las veces que estaba con él. Esta era una de las cosas que más le gustaba antes: la manera en que Qhuinn se dedicaba casi exclusivamente a ella. Había sido genial en un principio porque la había hecho descubrir toda la gama de sensaciones que un macho podía despertar en su cuerpo.

Pero llegó un momento en que eso no había sido suficiente, una relación unilateral acababa por no ser satisfactoria.

No era que él se hubiera negado a que ella lo tocara, pero Layla era perfectamente consciente de que intentaba limitar el contacto físico al mínimo. Si le dejaba tocarle para darle placer, a los pocos minutos la apartaba con suavidad con la excusa de “devolverle el favor”, lo mismo ocurría con cualquier otro tipo de caricia, beso etc.

Eso sin contar que nunca le había visto tener un orgasmo, ¿ella? Había tenido incontables liberaciones bajo las atenciones de sus expertas manos. Pero él jamás se había permitido ese lujo.

O nunca había sentido el placer suficiente como para ello, le dijo una voz en su cabeza.

Como la idiota que era, en un principio había pensado que lo hacía para que no se sintiera incómoda, quizás él pensara que la deshonraría de algún modo si se entregaba a la pasión de es manera.

Por eso mismo le había explicado sobre su formación como ehros en el Otro Lado. Todo sea dicho, la reacción del sire Qhuinn no había sido la que ella se esperaba. En vez de alegrarse como le había dicho la Directrix Amalya que él haría, se había quedado blanco como el papel y se había excusado al baño durante un buen rato.

Layla gruñó hastiada sobre la boca de Qhuinn, que lo malinterpretó y profundizó el beso a la vez que hacía sus caricias más audaces.

Se daba asco a ella misma. Aquí estaba, entregándose a un macho que no sentía nada por ella, ni siquiera deseo real, porque no era capaz de soportar estar sola, sentirse obsoleta, inservible.

Era una cobarde. Y una adicta a las sensaciones que él provocaba en su cuerpo.

Oh, querida, pero esto mismo podría provocártelo cualquier otro macho. Uno al que realmente le excitara mirarte.

Sus pensamientos dieron un giro de 360º pasando del auto-desprecio a unas nítidas imágenes del encuentro que había tenido con el Hermano Tohrment la semana pasada.

Recordó la deliciosa manera en que se había ruborizado al verla desnuda, la intensidad en su mirada cuando la había sentado en el sofá con él, la punzada de sus colmillos en su muñeca, pero sobre todo, la enorme erección que había tenido cuando se levantó del sofá.

Claro, el sire Qhuinn también se ponía duro cuando estaba con ella, pero estaba casi segura de que por más que frotaran, uno o el otro, el macho no sentía gran cosa.

¿Tohrment? El mero roce de la tela de sus pantalones contra su sexo hinchado parecía haberle resultado insoportable.

Y todo por ella. A diferencia de Qhuinn. Era un sentimiento que no podía emplazar concretamente, pero siempre le había parecido que él “estaba, pero no estaba” con ella. Como si hubiera algo…o alguien, que no podía sacarse de la cabeza.

Arqueó la espalda cuando la mano del macho se coló entre sus piernas, tocando justo donde debía.

¿Cómo se sentirían las manos del Hermano Tohrment allí? Serían suaves y expertas, como las que la tocaban ahora, o ásperas y demandantes, como eran en sus sueños.

Esperaba que fuera esto último, le gustaba mucho más.

Se revolvió bajo las caricias mientras las imágenes de su anterior encuentro con Tohr se mezclaban con sus apariciones como su amante de ensueño, hasta el punto donde no podía diferenciar qué cosas habían pasado realmente y cuáles estaban en su cabeza solamente.

Desearía que todas hubieran sido reales.

¿De dónde demonios había venido ese pensamiento?

Oh, Sagrada Virgen. El orgasmo la golpeó con la fuerza de un todoterreno. A 120 km/h. Durante todo el tiempo el rostro del Hermano había estado marcado a fuego en su cerebro, acrecentando el placer.

Tembló y la mano de Qhuinn la acompañó hasta que los espamos cesaron. Tumbada en aquella cama, aún vestida, con los dedos de un macho que ni siquiera estaba excitado físicamente en su interior, le dieron ganas de gritar.

—¿Layla?

¿Ahora se le ocurre? Si me pregunta cómo estoy, soy capaz de estamparle en la cabeza lo primero que tenga a mano.

Se sorprendió a sí misma por la violencia de sus pensamientos, pero se sentía realmente, ¿Cómo lo llamaban en Este Lado? Ah, sí: cabreada.

Volvió la cabeza hacia un costado y cerró los ojos para no tener que enfrentar la mirada bicolor de Qhuinn. No debería estar enfadada con él, no era su culpa en verdad. No era como si la estuviera forzando, ella tenía la opción de decir que no cuando quisiera.

Pero eres una cobarde.

Siseó y el macho la miró desconcertado. Se incorporó en la cama y se reajustó la túnica. No podía pasar ni un minuto más en este sitio.

—Lo siento, sire, no me encuentro muy bien. Creo que me retiraré para descansar un rato.

En cuanto él le hubo hecho el mínimo de espacio necesario para que cupiera, salió de la habitación lo más rápido posible, sin mirar atrás. Recorrió algunos corredores al azar, sin saber dónde iba hasta que se obligo a pararse.

Apoyando la espalda contra la pared, se dejó resbalar hasta el suelo e intentó calmar su agitada respiración antes de que le diera un ataque de ansiedad. Iba a tener que esperar un buen rato hasta poder desmaterializarse al rancho del Primale.

La humedad aun tibia entre sus piernas la hacía sentirse avergonzada. Realmente iba a tener que poner un final a su “relación”, a falta de una palabra mejor, con el sire Qhuinn.

Todo había estado muy bien mientras se había sentido falsamente deseada, creyendo que el adoraba su cuerpo y disfrutaba darle placer.

Ahora se sentía un pedazo de carne.

Era como si fuera un bonito jarrón de porcelana, con todas sus curvas y sus hermosos diseños, en el que se echaba aquello que importunaba. Porque se podía estar seguro de que nadie repararía en algo que no fuera la belleza superficial de la pieza como para acercarse y ver toda la porquería que había dentro.

Subió las rodillas hasta el pecho, rodeándolas con los brazos y enterrando en rostro en ellas dejo que las lagrimas corrieran con libertad, desahogándose tal y como sabía que no podría hacerlo en el rancho donde residía con sus hermanas.

No sabía cuánto tiempo había pasado en esa posición, pero unos pasos sonaron en un pasillo cercano y alzó la cabeza con rapidez.

Solo para encontrarse con la última persona a la que necesitaba ver en ese preciso momento girando la esquina y asomándose con el ceño fruncido.

El Hermano Tohrment.

O eso creía.

El macho que tenía ante ella era como una versión mejorada de la que conocía. La ropa ya no le colgaba en algunos sitios, sino que se ajustaba como una segunda piel a su cuerpo, revelando cada centímetro de firme musculo. Su oscurísimo pelo parecía mucho más denso y las luces le arrancaban destellos azulados. Pero su rostro, Sagrada Virgen, las mejillas hundidas que le habían caracterizado ya no estaban allí. Ahora su cara estaba dominada por unos soberbios pómulos y la mandíbula más masculina que hubiera visto alguna vez.

Rodó los ojos y volvió a dejar caer la cabeza para no tener que seguir mirándole. No sólo se sentía avergonzada pensando que él había sido en quien había estado pensando cuando Qhuinn la tocaba hace un rato, ahora observarle era aún más duro debido al espectacular cambio que había experimentado su cuerpo. Además su último encuentro no había terminado muy bien.

Y estaba totalmente harta de estar rodeada de machos que se disculpaban con ella, tratándola como si fuera el frágil jarrón en el que había pensado antes, pero no viendo más allá de su aspecto.

Suponía que, al igual que al Hermano Vishous, tampoco le gustaba que la compadecieran.

—Layla, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien?

Se estremeció ante su suave, pero poderosa voz. Lo cual sólo hizo que su enfado creciera. Levantando la cabeza de entre sus rodillas, se limpió las mejillas con una de las mangas de la túnica y enarcó una de sus perfectas cejas rubias hacia el vampiro.

—¿Por qué cuando ven a alguien llorando, todo el mundo pregunta si está bien cuando es obvio que no?

El macho pareció bastante sorprendido por su actitud y Layla se sonrió mentalmente:

¿Veis?, no soy aquello que pensáis.

Seguro que Tohrment se daría la vuelta y se iría, como siempre hacia el sire Qhuinn cuando ella no se encontraba bien. Se marcharía con palabras suaves, excusándose y la dejaría sola con su lío mental.

Escurriría el bulto.

En cambio el tipo anduvo hasta ella y se sentó a su lado, adoptando la misma posición en la que estaba. Era algo ridículo ver 2 metros y pico de vampiro sentado de esa manera…o al menos lo hubiera sido si la postura no lo hubiera hecho parecer totalmente comprensivo y dispuesto a escucharla.

Sintió como los ojos se le llenaban nuevamente de lágrimas ante la inesperada acción y se le quedó mirando fijamente. Tohr le devolvió la mirada.

—¿Por qué hace esto, sire?—le preguntó ella con voz temblorosa.

—¿Hacer qué?

—Ser amable conmigo, amable de verdad, sinceramente.

El macho ladeó la cabeza ligeramente como si le resultara incomprensible que le estuviera haciendo una pregunta cuya respuesta era tan sencilla.

—Porque me preocupo por ti.

—¿Por qué?—repitió ella, sin estar aún satisfecha con la explicación.

Ante esta pregunta, él pareció pensárselo un poco más. Sus oscuras cejas se juntaron un poco mientras reflexionaba, frunció los labios y abrió la boca un par de veces como si no se decidiera a decir lo que tenía en mente.

Finalmente lo soltó con un suspiro.

—Porque…me recuerdas a mí mismo, supongo.

Vale, ahora sí que estaba sorprendida de verdad ¿qué demonios podían tener en común él, una macho de valía, y ella, una Elegida inservible?

Una risa sarcástica salió de sus labios.

—Le agradezco que quiera hacerme sentir mejor, sire, pero mentirme no es la mejor manera de hacerlo.

—Tutéame.

—¿Cómo?—arqueó una ceja ante la extraña petición.

—Tutéame.—repitió—Yo te llamo por tu nombre, ¿por qué no haces lo mismo tú conmigo?

Ella asintió algo desconcertada. Se sentiría algo extraño llamar a uno de los Hermanos por su nombre, ellos eran la fuerza de la raza, debía ser respetuosa con ellos.

—Hazlo, vamos, quiero oírtelo decir.—la instó.

—De acuerdo,…Tohrment.—dijo de manera experimental y se sorprendió con la facilidad con que el nombre abandonó sus labios, como una caricia.

Él le sonrió y ella se quedó literalmente sin palabras. Era la primera vez que lo veía hacerlo y era totalmente hermoso, más aún ahora que sus mejillas no parecían vacías, sino que unos graciosos hoyuelos se le marcaban a ambos lados.

Inconscientemente, le inclinó ligeramente hacia él mientras sus ojos recorrían con avidez su rostro hasta llegar a los del macho. Las profundidades azul marino la recibieron con un grado de comprensión que no esperaba encontrar allí.

Ella desvió la mirada hacia sus manos y él le dio un momento para reorganizar sus pensamientos. Durante un rato se sintió insegura sobre cuánto podía contarle del asunto.

—¿Alguna vez os…—se corrigió—te has sentido inservible, como si no tuvieras una función clara en este mundo?—preguntó sin mirarle.

Lo sintió acomodarse a su lado y asentir luego.

—Realmente, sólo hace unos meses que no me siento de esa manera.

La respuesta provocó que alzara la vista hacia él, sorprendida.

—Pero…tú tienes la Hermandad, un trabajo, luchas por la raza.

—Y tú tienes tu trabajo también, como Elegida. Nos provees de nuestro sustento vital, sin ti, ni yo ni mis hermanos Rhage, Vishous, ni los chicos, Blay y Qhuinn podrían luchar por la raza.

—Pero eso no es…—se paró, incapaz de seguir, avergonzada de lo que pensaba de su papel en esta guerra.

—¿Suficiente?—completó Tohr—A mí en cambio mi “trabajo” a veces me parece demasiado. Son tantas, tantas vidas las que dependen de nosotros. Hay días en los que pienso que llegará un momento en que no seré capaz de soportar el peso sobre mi espalda.

Layla la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared y observando el techo.

—Tienes que tener confianza en ti mismo, no tengo la menor duda que podrás aguantar hasta que esta endemoniada guerra se termine.

—Ah, pero eso también me asusta.

—¿Cómo?—le miró sin comprender.

—Bueno—, él se paso la mano por el pelo—soy un Guerrero, Layla, no he sido otra cosa en toda mi vida. Cuando ya no queden más restrictores que amenacen la raza vampira, cuando el Omega sea derrotado definitivamente, ¿qué será de mí? ¿Qué será de mis hermanos? ¿Cuál será el papel de la Hermandad en un mundo sin nadie a quién proteger?

—Siempre hay alguien a quien proteger.—respondió ella con firmeza—Por eso existen unas personas más fuertes y otras más débiles.

—Perdona que te diga, pero no me veo a mí mismo, ni a ninguno de mis hermanos bajando gatitos extraviados de árboles.—sonrió de medio lado, pero el gesto estaba cargado de inseguridad.

—Ya, además el gato se pondría nervioso y los arañaría. No creo que el minino sobreviviera a eso.

Tohr soltó una carcajada y Layla sintió que la boca se le estiraba casi dolorosamente. Había conseguido hacerlo reír. Y sí, haciéndolo estaba incluso más hermoso.

—La verdad es que nunca he visto a Zsadist acariciando a Boo.—reflexionó cómicamente.

—A lo mejor le da alergia.—ella se encogió de hombros.

—Te aconsejo que Z no te escuche decir eso.

Ambos pasaron un rato más riéndose ante las imágenes mentales de gatos atacando a varios de los Hermanos y la manera en que estos se vengarían de los felinos. Cuando estaban abrazándose las costillas del dolor, tuvieron que parar.

—Lo que quiero decir—, siguió Tohr poniéndose serio de nuevo—es que no se puede vivir temiendo el futuro, o entristeciéndose por el pasado, porque se nos escapa el presente.

—A veces no es tan fácil no proyectarse en días venideros, preguntarte qué será de tu vida, dónde acabarás, con quién.

Él sonrió como si estuviera recordando un chiste que ella no conocía.

—Sólo recuerda que a veces se nos pasa la vida pensando cómo vivirla, Layla. Ahora que tienes ese conocimiento, puedes actuar en consecuencia.

Ella se le quedó mirando como mucha intensidad y, aunque solo una pequeña parte de sí, envidió la fascinante mezcla de sabiduría y belleza del macho.

—¿Cómo te has vuelto tan sabio?

—No me he vuelto sabio, sólo he aprendido a pensar.—le dio un pequeño golpe en la punta de la nariz con el dedo índice—Además, tengo muchos más años que tú y la vida me ha dado más de un golpe. Afortunadamente aquellos que me quieren siempre están ahí parta sacarme del pozo.

Layla apartó la mano de Tohr de su nariz con una risita y luego aprovechó para no soltarla, maravillándose ante el tacto de sus largos y fuertes dedos.

Recordando cómo antes había deseado que fueran los suyos, y nos los de Qhuinn, los que estuvieran en su interior.

Le vio mover la nariz sutilmente y supuso que su perfume debería haberse intensificado debido al derrotero que habían tomado sus pensamientos. Sin poder evitarlo, le acarició la palma de la mano con el pulgar.

—Debe ser hermoso estar rodeado de gente que te quiere.—suspiró.

—No hables como si estuvieras sola.

—Mis hermanas no son la gran compañía, a decir verdad.—miró a Tohr a los ojos.

—No me refería a eso. Me tienes a mí.—explicó con voz ronca.

Quiero tenerte, pensó.

Se mojó los labios, pues los sentía secos de repente. Su mirada vagó hasta los llenos y oscuros labios del Hermano y le pareció entrever unos blancos colmillos algo más largos de lo normal.

Cuando alzó la mirada hacia sus ojos de nuevo, vio que él también observaba su boca con avidez. Luego alzó la vista hacia ella por debajo de sus oscuras pestañas e inclinó la cabeza ligeramente hacia adelante.

Layla volvió a pasarse la lengua por los labios y le vio seguir el movimiento con los ojos. Esta vez pudo apreciar con toda claridad que sus colmillos se habían alargado y un pequeño ronroneo comenzó a formarse en su pecho.

Aprovechando su mano entre las suyas, dio un pequeño tirón y lo atrajo hacia sí hasta que sus narices quedaron a meros milímetros. Su aliento en sus labios era una ardiente caricia que la hacía estremecerse ante la sola posibilidad de poder sentirlo dentro de su boca.

Permanecieron un buen rato así, con los labios apenas rozándose y los ojos cerrados porque estaban tan cerca que no conseguían enfocar la vista.

—Layla…—susurró él y al hablar sus labios se movieron contra los suyos, convirtiendo el mero toque en casi un beso.

Que fue todo lo que ella necesitó para decidirse a cubrir la distancia que separaba sus bocas.

La boca de Tohrment era pura paradoja sobre la suya: sus labios era suaves, sirviendo de acolchado para los suyos y a la vez exigentes moviéndose con dureza. Sus colmillos en su lengua eran una placentera tortura cada vez que la rozaban accidentalmente. Su aliento la calentaba de adentro hacia afuera, de manera que su sangre parecía lava en sus venas y haciendo que se congelara como un iceberg cada vez que se apartaba para tomar aire.

Soltándole la mano, enroscó las suyas alrededor de su cuello, pegándolo más a ella, haciendo el beso más profundo, más erótico.

Lo oyó gruñir sobre sus labios y al siguiente segundo estaba sobre su espalda con él moviéndose sinuosamente encima de ella.

Sus estrechas caderas cabían a la perfección en el hueco de sus piernas y la barra rígida que era su sexo la rozaba en todos los lugares perfectos.

—Tohrment.—jadeó.

Y luego deseó no haberlo hecho.

Él rompió el beso y la miró. Sus ojos azul marino echaban chispas de pasión, tenía el pelo algo revuelto y su pecho subía y bajaba trabajosamente.

—Sagrada Virgen.—masculló con voz algo aguda. Empezó a levantarse, llevándola a ella consigo. Con manos nerviosas le arregló la túnica y luego intentó arreglarse él mismo.

—Tohrment, espera, oye…

Subió los ojos, salvajes, hacia los de ella que pudo ver los caninos estirados al máximo.

—Es-esto no debería haber pasado, ¿sí? Somos solo amigos…solo.—se dio la vuelta y echó a correr.

Layla se quedó de piedra en el sitio, la túnica desarreglada y el sexo húmedo por segunda vez en la noche. Aparentemente, Tohrment no tenía sólo eso en común con Qhuinn.

Al final también había salido corriendo.

Pero la palabra solo había impactado como una bola de cañón en su corazón.

****


Tohr dejó que sus shtikickers lo llevaran todo lo lejos que les diera la gana, tenía que poner la mayor distancia posible entre él y la hembra.

Dirás entre tu polla y la hembra, ¿no colega?

¿Amigos? Claro y una mierda ¿a quién quería engañar? Los amigos no se besan con esa desesperación ni se la menean pensando en el otro.

Cuando sus botas decidieron dejarlo tirado en el sitio, se encontró con que estaba cerca del gimnasio, pero muy seguramente alguno de sus hermanos estaría allí y lo último que quería era compañía.

Es verdad, podrían oler que estás excitado como el demonio o, más fácilmente, ver ese mástil de barco el cual no tienes el menor éxito ocultando.

Gruño y apoyó la frente contra la dura pared con más dureza de la necesaria.
¿Lobotomía, por favor?

Cuando la esencia a canela de Layla le había llegado mezclada con un olor a tristeza, no había podido evitar salir de su habitación y buscarla.

Cuando la había encontrado, ella había parecido estar tan sola, tan aislada a pesar de estar rodeada de gente. Al igual que él hace no mucho.

Se había sentido total y absolutamente protector con ella, cada célula de su cuerpo le había gritado que la cuidara y la hiciera sentir mejor. Cuando había olido a Qhuinn en ella la mano de la daga le había temblado peligrosamente, como si tuviera ganas de desenvainar y correr ella solita hacia la habitación del muchacho para hacerle una “pequeña visita”.

La conversación que había tenido con ella, solamente le había servido para estar más seguro de que la hembra no era lo que algunos creían: una sumisa cara bonita, resignada con su papel como transfusión andante de los Hermanos.

Layla tenía sus ambiciones, sus miedos, sus deseos, como cualquier otra persona. Si no más intensamente, teniendo en cuenta que se había pasado la mayor parte de su vida privada de cualquier tipo de propiedad, placer o pensamiento propio.

Por extraño que pareciera, había sentido como si alguna parte de ellos encajara. Ambos se sentían agobiados, de alguna manera, por sus respectivos “trabajos”. A ambos les faltaba algo en la vida. a ella un macho que verdaderamente la complementara y la ayudara a sacar lo mejor de sí. A él…cada día que pasaba estaba más seguro de que no era solamente el vacío de Wellsie como shellan, como persona que lo amaba, el que tenía que ser llenado.

Necesitaba un cambio radical. Y, naturalmente, no estaba en posición de tener ninguno.

Luego, había tenido que cagarla besándola y tirándosele encima. Idiota, había querido demostrarle que no estaba sola, que realmente lo tenía a él.

Bueno sí, pero para eso podrías haber seguido con la conversación filosófica, amigo. Y, ella te besó a ti.

Y un carajo. No había ninguna posibilidad de que las cosas hubieran ocurrido de esa manera. Por Dios, la hembra era virgen, seguro que la había asustado como la mierda.

Esas laaaargas y bien torneadas piernas aferrándote por las caderas eran un signo de terror absoluto, sep.

¿A lo mejor estaba sufriendo un trastorno bipolar? Bufó. Lo único de lo que estaba seguro eran dos cosas:

1) El “incidente” de hoy sólo haría que tuviera aún más sueños eróticos con ella.

2) Tenía que apartarla de su cabeza por el bien de Layla. Él estaba hecho mierda y dudaba que pudiera darle lo que ella necesitaba.

¿No?

Con un cabreo monumental chequeó la hora en su reloj, soltó una maldición que hubiera hecho enrojecer a un presidiario y entró en el gimnasio para chequear que no hubiera nadie allí.

Con todo el asunto se le había pasado más tiempo del que disponía. Esta noche salían de patrulla con la esperanza de cazar Symphaths y todos debían reunirse en el despacho de Wrath en algo así como: cinco putos minutos.

El gimnasio estaba vacío así que le metió caña hasta el lugar de reunión y entró el último ante la mirada sorprendida de sus hermanos. Él era el chico puntualidad, así que todos y cada uno de ellos se estarían preguntando qué había estado haciendo para casi llegar tarde.

—No me miréis así, marujas, no pienso abrir el pico.—les ladró.

—Y yo que esperaba una excusa original.—se quejó Rhage e hizo crujir el tootsiepop entre sus muelas.

—Efectos secundarios de mirar tele-basura con el chico-bombilla.—se lamentó Vishous.

—No sabéis apreciar la calidad.—afirmó Lassiter mientras chocaba nudillos con Rhage.

—¿Podemos darle una paliza?—pidieron V y Butch al unísono esperanzados.

—Cerrad el buzón, señoritas.—ordenó Wrath y estampó un enorme puño contra la mesa para imponer silencio—Rehvenge.

Tohr se giró hacia el macho que desde su posición los taladró con sus ojos color amatista antes de agacharse y coger un bolso del suelo, lo abrió y sacó un dispositivo metálico cuadrado que parecía tener dos agujas en ambas esquinas superiores, unidas por un hilo metálico.

—Esto es un taser, Wrath me ha dicho que nunca habéis utilizado estas armas en la guerra.

—Sí que las probamos—, comentó Phury al ver el arma más de cerca.—cuando comenzaron a fabricarlos.

—Pero son virtualmente inservibles contra los restrictores.—explicó V dándole una larga a su cigarro—Su composición sanguínea es diferente a la nuestra, ni siquiera creo que eso pueda definirse como sangre, es mucho más ligera. Y, teniendo en cuenta que no están realmente vivos, sus células no transportan energía, por tanto por su cuerpo no circula corriente alguna que la del taser pueda interrumpir.

—Es verdad—, recordó Zsadist—por más que les disparáramos a los cabrones o subiéramos el voltaje de las armas ni se inmutaban, como clavar un alfiler en un jodido cojín.

—En los humanos—, explicó Tohr tras observar el intercambio de información—como el arma imita las señales nerviosas, actúa confundiendo a los músculos motores, inmovilizándolos temporalmente. Pero supongo que esto también varía con los Symphaths.

Rehv asintió y volvió a dejar el taser en la bolsa.

—La sangre de los Symphaths sí transmite la corriente, es más, es el mejor conductor que yo conozco. Debido a que su poder telepático funciona básicamente con ondas electromagnéticas el porcentaje de electricidad en forma de energía almacenado en sus células es el doble del de un vampiro y el quíntuple del de un humano. Además, cuanto más fuerte es el Symphath en cuestión, más le afecta la descarga, puesto que el número de conexiones neuronales y la cantidad de electricidad en forma de impulsos sinápticos circulando por ellas son mayores.

—Es decir, no se limita a inmovilizarlos, básicamente los dejas fritos.—resumió Tohr.

—Sí y no. Dejaría frito a mi tío, o a mí.— gruñó Rehv—A un Symphath de a pie lo dejaría, como mínimo, lo suficientemente grogui como para despacharlo sin peligro. A un miembro de la nobleza lo dejaría k.o.

—De puuuuta madre.—silbó el poli.

Después de agradecer a Rehv la colaboración, Wrath le hizo un gesto a Tohr para que se acercara.

Colocándose al lado del Rey, se aclaró la garganta y miró a sus hermanos uno por uno: solo los miembros de la Hermandad, más Rehvenge, habían sido convocados a esta reunión debido al potencial peligro de la misión y tenía noticias que a más de uno no le gustarían un pelo.

—Lo primero será estar seguros de que todos sabéis utilizar los taser, antes de partir haremos una ronda de aclimatación a las armas en el gimnasio.—todos asintieron.

Hermanos, ante mí tengo a los Guerreros más grandes de la raza—, algunos sonrieron—pero todos tenemos nuestros puntos débiles y no podemos dejar que el enemigo se aproveche de ellos. Al igual que hasta esta misión yo no he participado en ninguna en la que pudiera ser una distracción para vosotros, no todos iremos esta noche de patrulla.

El despacho se sumió en un silencio que prácticamente se podía cortar con cuchillo. Los Hermanos lo observaban con el ceño fruncido, esperando a que continuara.

Con un suspiró dirigió la mirada hacia V y Rhage.

—Mis hermanos, tras discutirlo largamente con el Rey hemos decidido dejaros fuerza de rotación, al menos esta noche.

—¡¿Qué mierda...?!—explotó Rhage

—¿Por qué?—el tono glacial de Vishous fue mucho más impactante y Tohr enfrentó la mirada del Hermano de lleno.

—Los tasers son una ventaja con la que no contábamos antes, es verdad, pero los vampiros seguimos estando naturalmente indefensos contra las habilidades mentales de los comedores de pecados.

—¡Indefenso mis huevos, Tohr, pero—!—siguió Rhage.

—¡Dejadle acabar!—bramó Wrath, callándolo.

—Estamos indefensos, no guste o no.—prosiguió Tohr— Si no somos capaces de entablar combate cuerpo a cuerpo, esos cabrones tienen la ventaja y punto.—sentenció Tohr—Y más si son fuertes, puedes estar comiéndote una ronda de balas antes de que te des cuenta, ya sabéis que su MO es obligar a sus víctimas a suicidarse. O a atacar a otros.—dejó que sus palabras hicieran efecto—Es por esto que hemos decidido dejaros fuera mis hermanos. Rhage ¿y si hacen que la bestia nos ataque a todos? Sabes mejor que nadie que no hay manera de pararla.—se volvió hacia V—¿Y si te fuerzan a convertirnos a todos en cenizas con tu mano? También tú conoces mejor que nadie el poder de destrucción de la cosa, Vishous.

Ante su lógica. Ambos Hermanos bajaron la mirada y apretaron la mandíbula, sabiendo que, por poco que les gustara, Tohr tenía razón.

Él anduvo hasta ellos y apoyándole una mano en un hombro a cada uno, luego los miró a los ojos.

—Una vez estemos seguros del número y de las capacidades del enemigo, juzgaremos si es seguro que os unáis, pero hasta entonces no queremos poneros en peligro a vosotros ni a nosotros mismos.

Porque todos sabemos que no soportaríais hacernos daño.

V y Rhage asintieron, pero queda muy claro su descontento con la decisión. Tohr suspiró, con el tiempo acabarían aceptándolo y mientras les darían otras cosas de las que ocuparse.

Se volvió hacia Phury que, por la expresión de su cara parecía haberse esperado lo que venía.

—Mi hermano, también tú estás fuera de rotación. Ahora mismo, tu función como Primale es demasiado importante, si te pasara algo, ¿qué harían todas las Elegidas que tienes a cargo?

De temperamento mucho más calmo que los otros dos Guerreros, Phury asintió, resignándose.

—Sólo espero que no hagáis salir a Z si no puedo estar ahí.

—No necesito una jodida niñera.—gruñó Zsadist—Además, he salido a patrullar sin ti muchas veces desde que te convertiste en Primale.

—Esto es diferente, Z, se trata de Symphaths.—se volvió hacia Tohr, rogándole con la mirada.

Él sabía exactamente qué era lo que estaba intentando decirle Phury: Zsadist no era precisamente el Hermano con mayor estabilidad psíquica, lo cual era una enorme desventaja delante de un Symphath capaz de leer tu mapa emocional y utilizarlo contra ti.

—Lo siento Phury, ya hemos quitado a demasiados de vosotros de rotación y sabes que no podemos contar con los chicos para esto, Z es imprescindible.

El labio superior deformado del vampiro se elevó con sorna, como si pensase que le habían llamado muchas cosas, pero imprescindible no era, desde luego, una de ellas. Luego, su rostro volvió a convertirse en la máscara impasible que siempre era, pero apoyó la mano derecha suavemente sobre el hombro de su gemelo, apretó y la dejó allí.

—Butch—, dijo Tohr volviéndose hacia el poli—vendrás con nosotros, más que nada por si la cosa se complica con restrictores de por medio y no podemos evitar el conflicto.

—¿Llevaremos el Escalade?—preguntó con su marcado acento de Boston.

—¿Y por qué no mejor el Hummer de Qhuinn? Así los comedores de pecado sabrán que vais a montar una fiesta.—ironizó V sin mirar a su compañero de cuarto que lo taladró con la mirada. Sep, el Hermano estaba de muy mala leche.

—Llevaremos…mi Land Rover.—les cortó. Realmente no hacía falta especificar que el todoterreno había sido de Wellsie, ¿no?—Naturalmente, el Rey no formará parte de la patrulla, por motivos obvios.
Butch, Z, Rehvenge y yo mismo, saldremos esta noche.

—iAm y Trez rondarán la zona, en caso de que necesitemos refuerzos.—completó Rhev.

—Entonces, vamos a probar esos tasers.

Ya estoy deseando freírles el cerebro a esos cabrones, añadió para sí mismo.

15 comentarios:

kimera_kimera2 dijo...

madre mia, me ha encantado, me alegra mucho que tohr este mejor, echaba de menos su sabiduria y preocupacion por todos, espero que realmente obtenga algo de paz.
Nei, eres una artista felicidades, espero ansiosa el siguiente capitulo.

pekis dijo...

guaaaaaaaaaaaaao me dejo sin palabras nena me marco la relacion y el acercamiento de Layla y Thor fue realmente hermoso y excitante me encanto el capitulo y sobre todo nena la parte en la que se van a enfretan al enemigo super ingenioso( ya me preguntaba como lo iban a derrotar) sabes nena sigue asi..
me muero deganas por el proximo

cuidate y un besote

Laura dijo...

Hola Nei q bien te esta quedando la historia escribes muy bien te felicito, y el capi de hoy quedo buenisimo pobre Layla con todo lo q le pasa espero q pronto las cosas vayan mejorando poco a poco, cuidate mucho y saludos de C.R...soy una seguidora mas de la hermandad!!!

Patricia dijo...

Preciosa!!!!!.... Como estas? Espero que Oxford te este tratando bien. Por cuestiones de tiempo recien hoy he podido leer el cap 5 y 6 de corrido. ESPECTACULARES!!!!!!! te felicito cada dia escribes mejor. Estoy anhelando el proximo cap. Que pasen rapido los 15 dias.....jajajajaj

Anónimo dijo...

...ya????!!!!!!, ah!!!!!!!! me quede asi de :O. No puedo esperar al siguiente capitulo, la neta...t luciste. =D

Rebk dijo...

Hola cielo definitibamente se nota como vas perfeccionando tu escritura, la historia esta quedando genial, me agrada que estes dando una lenta evolucion a los personajes eso da mas fuerza al contenido y permite abarcar todos los detalles de la historia y no dejar cabos sueltos que te dejan pensando "¿como rayos llegamos a esto?"

Estas haciendo un gran trabajo, me tienes esperando el otro capi con ansias.

JANE dijo...

Bueno estoy sin palabras, llevo visitando tu blog ya tanto tiempo que esta en mis favoritos, los hermanos y sus shellans son un mundo totalmente fantastico y tu tienes el mejor lugar para ellos, te felicito y agradezco todo lo que haces por ellos pero sobre todo lo que haces por nosotros, con tu libro solo puedo decir guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu es fantastico, parece que realmente estuvieras en el mundo de thor desde la perspectiva de ward espero que continues asi, para mi todo cuanto haces es perfecto para el, que se merece solo lo mejor del mundo, felicidades y gracias

VaneCaos dijo...

¡¡Ooooooooooooh, me ha encantado guapa!!! Voy intentando ponerme al día de tu fic y esa conversación Tohr-Layla ha sido de lo mejor. No sé con qué me he reído más, si con los pensamientos de ella o con las conversaciones entre Tohr y su conciencia. ¿Sabes que me estás convirtiendo al equipo tohr-Layla? ¡Encajan! No sé cómo lo va a hacer la Ward con No'One porque parece que se ha encabezonado en que Layla tiene que tener algo con Qhuinn, ¡¡pero me gusta cómo la pones tú!!! ¡¡Sigue guapaaaaa!!! Un besote!!!

Noelle Belikov dijo...

Me encanto el capitulo!!!
El acercamiento con Layla estubo muy hot!!
Aunque no me imagino a Tohr entrando en panico y echandose a correr!!
Esa imagen mental fue muy graciosas. Ahora a comerme las uñas hast el primero de agosto y saber que pasara!!
Besos y muchas inspiracion Nei!!

Anónimo dijo...

Hey chicas :) Como siempre, me alegro de que les esté gustando cómo se va desarrollando la historia. Gracias por darme ánimos, porque ahora mismo entre una cosa y otra se me está resistiendo un pelin, jajajja.
Vane(L)tú a tu tiempo que sé que tu fic tiene lo suyo!!! ´Como estoy desconectada del mundo prácticamente *suspira* ni siquiera sé si subiste un nuevo capi :( Te mandaré un privi.

Ah, ya por último: Jane, el blog no es mío, es de DAGGHER :D La chica es una diosa y me hace el favor de dejarme compratir mi fic con uds en su blog, así que agradecimientos a ella XDD

NEÏ

Anónimo dijo...

no encuentro los capitulos anteriores... quisiera leerlos porfa, como los consigo?.. gracias

Daggher dijo...

En este enlace los tienes ordenados. Sólo tienes que pulsar.

http://ladaganegra-ward.blogspot.com/2011/05/amante-renacido-por-nei.html

Anónimo dijo...

begoslava78:
Sigo dieciendo que sabes reflejar muy bien los sentiemtos de todos, la verdad que layla cada vez me da más lástima, lo caliente que esta y nada... Quizá por éso el rumor de que en el libro de thorment se lie con uno de los renegados, pues ya que éstos HP (los hermanos) no le hacen ningún caso a lo que ella necesita. Me encata tu fic y lo seguiré diciendo, ESPECTACULAR. Besos

Alexa Cullen dijo...

Este es un fanfic????????

Nury Misu dijo...

Es genial la forma en que empiezan Thor y Laila, no podía ser de otro modo, Thor saliendo al rescate, perfecto!!
Ohhhhh!!!! Pero como me gusta que ya tengan un arma q les de ventaja!!!
La estrategia de Thor me parece fantástica. La lógica le da la razón. Me ha encantado toda la parte final de la reunió.

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