1 jun. 2011

Amante Renacido: capítulo 3 por Neï


Aquí vamos con otro nuevo capi, espero que les guste tanto como los otros y MUCHÍSIMAS GRACIAS por todo el apoyo que me estáis dando :D

Bien la introducción a este va a ser muy corta, no solo porque hay demasiadas cosas que decir, sino también porque estoy en época de exámenes y hasta arriba de temario :( Sin tiempo para nada, vamos. La universidad es lo que tiene.

En este capi hay un poco de todo, les hablo un poco más sobre la situación de Wrath y Beth, hay un flashback que creo que encontrarán especialmente interesante y, sobre todo, la introducción de los malos–malosos.

Ya me dirán si se lo esperaban. ¡Las dejo leer en paz!

BESOTES

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 3. Intacta.

{Me han dado las palabras para escribir la historia de mi vida, pero permanezco sin ser leída.}
J. R. Ward.

{¿Uno va llevando la vida, o la vida se lo lleva a uno por delante?}


Layla se revolvió en sueños. Hacía calor, demasiado calor. Las sábanas parecían demasiado ásperas contra su piel hipersensible. Las apartó de su cuerpo de una patada.

Notaba su respiración agitada, su pecho subiendo y bajando a al compás de sus pequeños jadeos. Las suaves yemas de sus dedos se dirigieron hasta la vena en el costado de su cuello, palpando el torrente sanguíneo que fluía a toda velocidad bajo las finas capas de piel. Sus colmillos se alargaron, clavándose en su lengua.

Semi–consciente se dio la vuelta, quedando boca arriba. El aire fresco de la habitación endureció sus pezones instantáneamente. La suave brisa le hizo cosquilla en las piernas y entre los muslos. Siempre había dormido desnuda, era más cómodo.

Con lentitud abrió las piernas, estirándolas, volviendo a flexionar solo la derecha. Muy despacio, la mano que estaba en su cuello comenzó a descender por su cuerpo: pasando por su clavícula, haciendo un perezoso círculo alrededor del pecho izquierdo y dando un juguetón pellizco al pezón, acariciando su plano vientre, notando el hueso de su cadera izquierda y…

Ah.

Su espalda se arqueó en el colchón cuando su mano encontró su centro, sus dedos aventurándose entre sus pliegues con delicadeza, encontrando el punto que estaban buscando y aplicando una suave presión en forma de experto masaje. Cuando se notó lo suficientemente húmeda se dispuso a…

En su imaginación vio surgir una figura masiva, masculina, elevándose sobre ella. Comenzando por sus piernas, observó los duros y afilados planos de su cuerpo, como sus tonificados y bien formados músculos se redondeaban o aplanaban exactamente donde debían.

Como siempre su sexo la hipnotizaba. Erguido orgullosamente, la desafiaba a estar preparada para él, apuntando hacia ella con su rosada cabeza.

Subiendo un poco más, se deleitó en su escultural torso, al menos ella lo encontraba así. Estaba un poco delgado, sus costillas marcándose dolorosamente, pero a pesar de aquello la potencia de su cuerpo era obvia. Sus brazos le parecían hechos para abrazarla, alzarla, tomarla y darle todo cuanto una hembra pudiera desear.

Con ojos ávidos alzó la mirada hacia su rostro.

Oh, no, ese sueño de nuevo no.

El rostro de su amante onírico era imposible de distinguir en la penumbra de la habitación, es más parecía como si él mismo quisiera esconderlo de ella. Con un jadeo de frustración, comenzó a retirar la mano de entre sus piernas.

—No —se paró en seco, como siempre hacía, e intentó descifrar su voz.

La cadencia y tono le eran muy familiares, y aún así no conseguía situarlo. El matiz rasposo siempre la excitaba aún más.

Decidiendo seguir con el sueño con la esperanza de que esta vez su identidad le fuera desvelada, abrió las piernas más ampliamente, dándole una clara visión de su deseo por él.

Su amante se acercó a ella con los fluidos y elegantes movimientos de un depredador, un suave gruñido formándose en el centro de su pecho. Con sus enormes, pero delicadas manos apoyadas en sus rodillas, le separó las rodillas al máximo y la miró fijamente. Aunque ella no podía ver su rostro, sentía la caliente mirada clavada en su feminidad y no pudo más que estremecerse en anticipación.

Con tortuosa lentitud, el se agazapó entre sus muslos, enterrando su rostro en uno de ellos e inhalando su perfume. Su mejilla, ligeramente rasposa, le hacía cosquillas. Él pareció notarlo y se dedicó a arrancarle pequeñas risitas durante un rato.

Hasta que de repente algo blando y muy, muy caliente se presionó contra el sexo de Layla.

Oh, Sagrada Virgen, era su lengua, la hubiera reconocido en cualquier parte. Esa húmeda y abrasadora longitud.

Con suma lentitud comenzó lamerla, alternando suaves besos que poco a poco se tornaron más urgentes hasta que se empezó a devorarla. Ella se agarraba a su pelo, sus caderas, que parecían tener vida propia, se alzaban al encuentro de sus labios, presionándose contra ellos, pidiéndoles más. Por los ruidos que hacía, Layla podía decir que le encantaba que se moviera contra él. Aún así, el asalto no duró mucho, con un breve, pero intenso espasmo, su cuerpo se liberó, el placer disparándose por sus venas como fuegos artificiales… una y otra vez, hasta que le pidió que parara.

Con unos últimos suaves lametones, él se incorporó y se levantó de la cama.

La duda constriñó el pecho de la Elegida y estiró una mano hacia él, en una muda petición.

Pero como siempre, sólo repitió su nombre:

—Layla.

—Espera, ¿quién…?

Y sin más se disolvió en el aire, como si nunca hubiera estado allí, dejando tras de sí una exquisita esencia a especias oscuras.

Y a ella sola.

Se incorporó en la cama con brusquedad y notando su propia mano entre la humedad de sus muslos, la apartó de un tirón con hastío. Levantándose, fue hasta el baño y, tras encender la luz, abrió el grifo para echarse algo de agua fría en la cara.

Su reflejo en el espejo le devolvió la imagen de una hembra bien satisfecha tras haber gozado de un buen rato con su macho. Solo que en este caso dicho macho era un maldito producto de su imaginación.

Se mojó el rostro varias veces.

—Mierda —masculló y luego se llevó la mano a los labios y resopló. Se le estaban pegando algunas expresiones malhabladas de estar tanto tiempo alrededor de los Hermanos. Pero bueno, ya no era una Elegida totalmente pura y virginal.

Eh, un momento, quita lo de virginal. Seeeep. Eso seguía siéndolo.

—Por lo que parece ni tu macho imaginario quiere tomarte en sueños, ¿eh? —escupió.

Cerrando el grifo volvió a la cama, dejándose caer en el colchón con dejadez. En cuanto sintió el escozor de las primeras lágrimas formándose en sus ojos, se puso un brazo sobre ellos para evitar que salieran.

Estaba harta del limbo en el que vivía: siendo de ayuda, pero sin poder echar una mano en cosas realmente importantes. Siendo tocada, pero no tomada. Amando su función como Elegida, pero sintiendo que había algo que le faltaba.

Sin mencionar toda su formación como ehros malgastada.

Seamos sinceras, se dijo a sí misma, es el hecho de que sigas siendo virgen lo que más te molesta.

El sire Qhuinn era muy atento y siempre que ella acudía a la mansión para darle su vena, él la recompensaba con una calurosa sesión una vez habían terminado. Le hacía todo y más de lo que amante de ensueño le hacía, sin añadir que le había enseñado muchas otras cosas. Pero nunca, jamás, la había tomado y la única vez que Layla se lo había siquiera sugerido, el macho se había puesto tan pálido que ella temió que se desmayara allí mismo.

Pero el sire era un macho de valor, de alta cuna y, al menos al parecer de Layla, sus ojos no le hacían defectuoso.

El defecto tenía que estar en ella. Sólo tenía que recordar al sire John Matthew…

Genial, como sus pensamientos siguieran este rumbo iba a hundirse aún más en su miseria y eso era lo último que le hacía falta.

Dejó vagar su mente hacia otros asuntos ¿Quién sería el macho de sus sueños? La preocupaba no saber su identidad, cada vez que la visitaba su rostro permanecía escondido y no conseguía obtener suficientes pistas de su cuerpo o su voz como para identificarlo.

Aunque había algo que le parecía muy, muy familiar: esa delgadez…

Estaba segura de que no era el sire Qhuinn. Lo cual la ponía nerviosa. Él era el único con el que había estado, al menos a su manera ¿por qué entonces estaba soñando con otro?

Como decían los Hermanos: no tenía la más puta idea.

Gruñó.

Sagrada Virgen, otra costumbre más. ¡Ella! Había gruñido, literalmente.

Pensó en sí misma. Las cosas, estaban cambiando.

****


Wrath se frotó el puente de la nariz antes de volver a bajarse las gafas de sol. Acababa de recibir una llamada de V y Butch. El Dúo Dinámico había estado de patrulla y ¿a que no sabes qué? Volvían con noticias miertásticas: dos civiles, hechos sushi en un callejón. Nada nuevo, ¿no? Entonces por qué cojones tenía esa sensación de ahogo en el pecho y, sobre todo, por qué le habían pedido que convocara una reunión urgente para cuando llegaran.

Con una maldición, pulsó asterisco cuatro y esperó a que Fritz cogiera el teléfono. Lo cual le llevo una milésima de segundo. Perdón, convierte eso en una millonésima.

—Su Majestad.

—Fritz, haz el favor de convocar a todos los Hermanos en mi despacho en 10 minutos, incluye a los chicos, ¿ok?

—Desde luego, Majestad.

Colgó.

¿Qué demonios habría pasado? Macho, la voz de V había sonado… preocupada. Como si el Hermano no estuviera seguro de cómo iba a explicar las cosas.

Con un gruñido de impotencia estampó un puño en la mesa. Joder, ¿acaso no podían dejar de pasar cosas malas?

A su lado escuchó un suave lloriqueo. Bajando la mano derecha, acarició las suaves orejas de George. Se había olvidado de que el perro estaba con él y probablemente lo había asustado.

—Lo siento, colega, pero es que todo esto es una mierda, una mierda enorme.

El perro le lamió la mano con suavidad por toda respuesta y a los pocos segundos se escuchó un golpe en la puerta.

—Pase.

Wrath sintió en su pecho las fuerzas vitales de Rhage y Tohr entrar en el despacho, distinguió los pasos de un tercero. Quien no podía ser otro que Lassiter.

—No recuerdo haberle pedido a Fritz que trajera bombillas de repuesto para el despacho —gruñó en dirección al ángel.

—Eh, tío, se siente. Como ya sabes, aquí culo–flojo y yo somos un dos por uno.

—Cierra el puto pico, bocazas —masculló Tohr, dándole un puñetazo en el hombro.

La respuesta llena de vete-a-la-mierda que Wrath se estaba preparando para escupirle al tipo, fue cortada por la entrada de Los Tres Mosqueteros: la silenciosa presencia de John y sus dos mejores amigos, y guardaespaldas, Qhuinn y Blay. Que por cierto ni siquiera se dirigían la mirada. Geniaaaaaaaaaaal. Otro asunto más para tratar, iba a tener que hablar seriamente con John y decirle que les pidiera a sus coleguitas que se dejaran de rollos, no los quería en el campo de batalla con esa actitud.

Zsadist fue el siguiente, dio un golpecito a John a modo de saludo y fue directamente hacia el escritorio de Wrath, marcando el número de su gemelo, Phury, de modo que estuviera en contacto con ellos.

—¿Qué ha pasado?—sonó la voz del Hermano desde el otro lado de la línea.

—Empezaremos en cuanto V y Butch estén aquí.—dijo Wrath por toda respuesta.

Y afortunadamente, los cabrones no los hicieron esperar demasiado. El poli, que tenía el rostro desencajado, entró seguido de V que no venía mucho mejor. Instantáneamente, el rey inspiró la esencia de Butch, pero el tipo estaba limpio. Aparentemente no había tenido que desarrollar su papel de aspiradora humana esta noche. Pero, ¿y el careto de V?

Una vez todos los Hermanos hubieron ocupado sus respectivos asientos, Wrath se dirigió a este último:

—¿Por qué cojones tienes cara de haber visto un maratón de Saw dos veces seguidas?

El macho miró a Butch de reojo, se quitó la gorra de los Red Sox y se pasó su mano enguantada por el brillante pelo negro. Tomó aire preparándose para hablar.

—Venga, tío, que no te estás preparando para soltar un soliloquio o alguna mierda así —interrumpió Lassiter.

Mala idea. Jodida mala idea.

V se giró sobre sus talones y se lanzó por el tipo tan rápido que Butch y Rhage apenas tuvieron tiempo de bloquearlo.

—¡NO ME JODAS, GILIPOLLAS DE MIERDA!—bramó el Hermano, que muy pocas veces perdía la compostura—¡SI VUELVES A ABRIR LA PUTA BOCA PARA SOLTAR CUALQUIER ESTUPIDEZ DE NUEVO, TE JURO QUE TE MATO!

Rhage y Butch estaban teniendo serios problemas contener a V, lo cual teniendo en cuenta la fuerza y tamaño del Hermano rubio ya era decir algo. Wrath estampó el puño con resolución sobre su escritorio por segunda vez esa noche. Ups, hubiera jurado que la cosa había crujido.

—¡BASTA YA! —taladró con la mirada a cada uno de los presentes a pesar de no poder verlos—Vishous, planta tu culo en ese sofá y explícame qué coño ha pasado. Y tú —señaló a Lassiter—, cállate la puta boca o V no podrá matarte, básicamente porque lo haré yo primero, ¿queda claro?

Cuando el silencio volvió a hacerse en la habitación, le hizo una seña con la cabeza a V que se aclaró la garganta.

—El poli y yo estábamos patrullando la zona oeste de Caldwell. Todo estaba tranqui, una mierda la verdad, ni un restrictor a la vista. Pasamos cuatro horas dando vueltas y nada de nada. Entonces decidimos hacer un segundo rastreo antes de volvernos a la Guarida muertos de asco. Ya acabando, pasamos por una zona residencial donde nos consta que viven algunos civiles. Suele ser una zona tranquila, allí apenas hemos tenido encuentros con restrictores, a lo sumo dos o tres veces. Como última esperanza, volvimos a peinar los callejones de la zona y entonces los encontramos —V jugueteó nerviosamente con la gorra—. Joder, Wrath, era una puta carnicería.

Butch retomó el relato.

—Eran dos civiles. Un macho y una hembra, de unos 30 y pocos años. Estaban… despedazados. Hecho trizas literalmente. La sangre estaba por todas partes. V limpió la escena, ni siquiera pensamos en intentar traer los cuerpos, más que nada porque apenas quedaba algo que cualquier familiar suyo pudiera reconocer. Lo que sí pudimos recuperar fue una mano de cada uno de ellos.

Hubo un gruñido colectivo de los Hermanos.

—Hijos de puta...

—Pedazos de mierda...

—... mataré uno a uno.

Wrath frunció el ceño, ladeando ligeramente la cabeza, mientras repensaba el relato de los guerreros.

—¿Despedazados? Ese no es el modus operandi de los restrictores. Los cabrones prefieren abducir a los civiles y llevárselos a sus centros de entrenamiento para practicar su sadismo con ellos.

—Además —comentó Rhage —, ¿por qué se molestarían en hacerlos puré? Es decir, su objetivo es diezmar la población de vampiros, no hacer pinchitos morunos con ellos.

—Exacto — acotó Phury por el teléfono—. Tienen cosas mejores que hacer.

—No creo que a papi Omega le haga mucha gracia saber que están jugando a los médicos con sus presas —gruñó Z.

—¿Estáis totalmente seguros de que han sido los restrictores? —interrumpió la sereba voz de Tohrment.

Wrath se giró hacia Tohr, junto con todos los demás Hermanos, mirándolo como si tuviera un alien verde saliéndole de la cabeza.

—¿Cómo no iban a ser los...? —comenzó.

Solo para ser interrumpido por V, que había sacado un cigarro liado a mano y se lo fumaba como si le fuera la vida en ello.

—Ese es el punto, mi Señor —calada—. No sólo no es el procedimiento estándar de los hijoputas, sino que… los cuerpos, bien, las heridas parecían auto–infligidas.

El silencio que se hizo en el despacho pareció pesar una tonelada den el pecho de Wrath.

—Explícate —exigió.

—Había dos armas en la escena, dos cuchillos bastos, uno de ellos incluso parecía material de cocina, por la Virgen. Vistos de cerca, era obvio que las laceraciones habían sido hechas por las propias víctimas, al menos en un principio, el ángulo de algunos cortes era el propio de la auto–mutilación.

—¿Estáis cien por cien seguros de lo que decís? —él aún no acaba de creérselo. O no quería, en su defecto.

—Cuando intentas cortarte la garganta a ti mismo, haces un desastre. Especialmente si eres una hembra con brazos más cortos y débiles. Ella tenía un corte irregular de lado a lado del cuello, nadie que no fuera ella misma habría hecho un trabajo tan penoso —explicó Butch.

—Sin contar que lo único que pudimos recuperar fueron sus manos derechas, les faltaban todos los dedos de la mano izquierda. Simplemente ya no era capaces de mutilarse la otra —completó V.

El estómago le dio un vuelco de repulsión y comprendió exactamente el por qué de los rostros cenicientos de sus hermanos al llegar. Se aclaró la garganta antes de ser capaz de continuar.

—¿Entonces qué piensas que podría haber sido?

—Nadie se trincha a sí mismo, así como así.

—No —corrigió Tohr—. Nadie es capaz de mutilarse de esa manera por sí sólo.

—Ya te lo han dicho; luego se atacaron el uno al otro también —le dijo Rhage.

—Pero Tohr tiene razón —V movió la cabeza de lado a lado—. No podían estar en sus cabales para hacerse eso a ellos mismos, sus mentes no podían… estar bien — explicó Vishous.

El corazón de Wrath se paró en seco en su pecho, y un escalofrío recorrió su espalda. Se odió por la debilidad, pero si V decía lo que él creía que iba a decir… Estaban bien, bien jodidos.

—¿Qué insinúas, mi hermano?—le sorprendió el rasposo susurro de su propia voz.

El tono de voz de V era helado como un pozo sin fondo, al macho parecía estarle pesando tanto como a él siquiera tener que barajar esta hipótesis.

—Insinúo, que creo que tenemos que llamar a Rehvenge.

Mierda. Santa.

Lo sabía.

****


Mientras bajaba por el pasillo en dirección a su habitación, Wrath sentía como si su cabeza se estuviera partiendo por la mitad… gracias a los golpes de un ariete de titanio.

¿Era la puta Ley de Murphy en plena acción o es que la mierda tenía venir toda junta?

Hola, Wrath, hemos venido tooooodos a darte por culo a ti solito”.

De. Puta. Madre.

Cruzó los muchos corredores que llevaban hasta la habitación que compartía con Beth y entró intentando hacer el menor ruido posible. George iba delante de él con sigilo, como si también supiera que tenía que ser cuidadoso.

Su shellan no había estado sintiéndose muy bien últimamente y necesitaba reposar. Según Havers era algo normal en las semanas anteriores la primera necesidad de una hembra. Pero a él le daba un miedo del carajo.

Sagrada Virgen, sólo pensar que algo malo pudiera pasarle a su Beth...

La habitación le pareció vacía en un primer momento, hasta que oyó el suave murmullo del agua de la ducha corriendo en el baño. Decidiendo no molestarla, dejó que el perro se acomodara donde quisiera y se quitó las gafas de sol y la chaqueta de cuero, para luego dejarse caer con fuerza en la enorme cama. Se masajeó las sienes con movimientos circulares y gruñó.

Realmente había pensado que tras su episodio permanente de no-veo-una-mierda, las dichosas migrañas iban a dejarlo en paz, pero aparentemente era propenso a estas mierdas y cualquier cosa que lo alterara traía consigo un combate a muerte entre sus meninges.

Viva. Él.

Lo peor era que el dolor no remitía hasta pasadas unas buenas horas, así que mejor intentaba distraerse o la mala leche que llevaba en el cuerpo iba a jugarle una mala pasada. Como siempre, explotaría cuando no debía, y sobre todo, con quien no debía.

Oyó la puerta del baño abrirse y el perfume del la limpia piel de su compañera flotó hasta sus fosas nasales, llenando su canal olfativo de pura ambrosía. Y joder, si eso no disminuyó su cabreo y dolor.

—Hola, leelan —ronroneó.

Desde que sabía en qué estado estaba ella, Wrath había estado tratándola con sumo cuidado, como si fuera una muñeca de cristal a punto de romperse. Estaba pendiente de ella 24/7, pero su shellan no parecía estar muy feliz con su conducta de perma–esclavo.

—Hola, Wrath — el cansancio en su voz de terciopelo era obvio y él volvió a preocuparse.

Realmente ella tenía tanta o más energía que antes, lo que parecía ser justamente el problema. Ese derroche de fuerza la agotaba. Según el puto médico se debía a que esa energía debería ser gastada por él (con él) en vez de fundirse y quedar rebotando dentro del cuerpo de la hembra. El macho debía servirla de manera que ella fuera capaz de sacar su “fuego interior”.

Virgen, casi le parecía oír la vocecita del hijoputa: “Es perfectamente seguro, Su Majestad, la necesidad no más que otro ciclo biológico de nuestra especie”.

Seguro sus pelotas. La necesidad era una asesina, la única manera en que no era peligrosa era si la hembra no se quedaba embarazada. Cosa que NO iba a pasar con su Beth. Ni pensarlo. Jamás. No estaba preparado siquiera para imaginarse que le sobreviniera algún daño, mucho menos ser partícipe él mismo de aquello que pudiera provocárselo.

Ni. De. Coña.

—¿Cómo te sientes hoy?—palmeó las sábanas a su lado, de modo que ella se sentara junto a él. Cuando el colchón recibió su suave peso, le pasó un brazo por los hombros, notando que llevaba puesto un ligero albornoz.

Vaya, la cabeza estaba dejando de dolerle… probablemente porque la sangre estaba viajando con rapidez hacia otro sitio.

—Bastante bien, tenía algo de calor, por eso decidí ducharme.

Le acarició la mejilla con el dorso de la mano, y sonrió amargamente ante su actitud algo tensa. Deslizando la mano hasta su nuca la atrajo hacia sí para besarla suavemente. Los labios de ella le respondieron con eficacia. Y punto.

Decidió intentarlo un poco más. Sacando la lengua, deslizó la punta a lo largo de su labio inferior, su mano comenzando a bajar de su cuello a su clavícula, más, a su pecho.

Hasta que Beth se retiró bruscamente, cerrándose con fuerza el albornoz.

—Ahora no, acabo de ducharme y me apetece leer algo, además le he prometido a Bella que cuidaría de Nalla. Tiene que ir a la clínica para un chequeo y Zsadist está de rotación.

Wrath gruñó en frustración ¿es que la hembra de su hermano no tenía mejor momento para pedirle a Beth que cuidara de la pequeña? Puta Ley de Murphy. De todas maneras no le hacía la más mínima gracia. Nalla era un amor, pero cuidar de una cría requería esfuerzo y ahora mismo su shellan no estaba para eso.

Incorporándose en el colchón, objetó:

—¿No puede ir nadie más? No quiero que hagas nada que te fatigue.

Ella se dio la vuelta, enfrentándolo, podía sentir su mirada clavada en su rostro.

—Sólo porque pienses que puedo caerme muerta en cualquier momento o lugar, no significa que vaya a hacerlo y, desde luego, no pienso dejar de hacer cosas por estar cerca de mi necesidad.

—Ya has hablado con Havers, necesitas reposo. Sólo faltan unas dos semanas o así para que las hormonas se liberen.

Se frotó las sienes, la puta migraña estaba volviendo. Y, definitivamente, el sarcástico bufido de Beth no hizo nada por mejorarlo.

—Sabes perfectamente que no es reposo lo que necesito —se levantó de la cama—. Pero tú no pareces dispuesto a dármelo.

El macho vinculado en su interior rugió de ira ante la mera insinuación de no satisfacer correctamente a su hembra.

—Eso no es verdad —gruñó desde la cama, pero no oyó respuesta de Beth. Seguía sin oírla.

Aún no.

Parecía estar revolviendo los cajones y el armario, como si estuviera intentando decidir qué ponerse.

Con un poderoso movimiento se precipitó hacia ella, acorralándola entre el mueble y su enorme y duro cuerpo. Abrió la puerta mentalmente y silbó, de manera que George salió suavemente de la habitación. Con el mismo procedimiento, los encerró a ambos bajo pestillo.

—Nunca vuelvas a decir eso. Nunca ¿me oyes? —susurró eróticamente en su oído, mientras los punzaba delicadamente con un colmillo. Sus grandes palmas la tenían sujeta por el culo, pegándola a su erección que acariciaba su vientre en círculos.

Beth jadeó, echando la cabeza hacia atrás hasta que chocó contra la puerta de madera del armario, quedando ligeramente laxa entre sus brazos.

Bajando una mano por su cuerpo, atrapó la tira del albornoz y lo abrió, quitándoselo. Recorrió el cuerpo desnudo de su hembra, repasando las formas que ya sabía de memoria. Su polla dio un pequeño salto dentro de sus pantalones de cuero cuando sus dedos se hundieron entre sus muslos, recogiendo la dulce humedad que se había formado allí.

Con movimientos lentos, subió esa mano hasta su rostro y recorrió uno a uno los dedos con la lengua, asegurándose de que ella viera exactamente como su propia humedad desaparecía en su boca. El ritmo loco al que se lanzaron los latidos de su corazón fue una respuesta más que satisfactoria.

Colocando la palma de su mano izquierda sobre su esternón, la mantuvo apoyada contra el mueble mientras se agachaba. Levantó su pierna derecha, de manera que la planta del pie de Beth quedaba sobre su hombro.

Para darle más efecto a lo que iba a hacer, alzó la mirada hacía donde sabía que estaba su rostro y se lamió los labios.

—Pero sólo para estar seguros de que no se te olvida no repetir esas cosas, leelan, voy a tener que darte una pequeña lección.

Hundió la cabeza entre sus piernas, devorando su sexo con hambrientos lametones, y ruidosos besos, entregándose al placer de tener el sabor de su shellan profundamente en su garganta. Sobre él, la sentía removerse contra el armario, su cabeza golpeando contra la madera de vez en cuando, los jadeos dando paso a intensos gemidos que se abrían paso con crudeza por su garganta.

Decidió ponerse aún más duro a ello, borrar todas sus dudas de que no quisiera complacerla.

Y Sagrada Virgen si lo logró.

Para el momento en que el orgasmo de Beth la golpeó Wrath estaba prácticamente sujetándola de pie y tras los primeros espasmos, le pasó un brazo por debajo de las rodillas y otro por debajo de los hombros, recogiéndola para llevarla a la cama.

Él estaba duro como el granito detrás de sus pantalones y realmente dudaba que fuera a conseguir mantener ambos testículos en su sitio después de esta sesión sin liberación ninguna, pero ella era lo primero. Siempre.

Con delicadeza la depositó en la cama, y le acarició el pelo mientras su hembra recuperaba el aliento. Cuando por fin la sintió abrir los ojos, sonrió y la arrebujó en una manta, luego se puso en pie.

La tensión en el cuerpo de Beth fue instantánea.

—¿Dónde vas?

A hacerme cargo del mástil de barco que tengo en los pantalones.

—A darme una ducha, me duele un poco la cabeza —dijo sin darse la vuelta—. Ya sabes, esas malditas migrañas… Tú descansa, nalla.

—¿Dónde coño vas?

Esta vez la pregunta si le hizo darse la vuelta y no por la palabra extra, sino por el tono de cabreo monumental en la voz de su shellan.

—Ya te lo he dicho, ¿qué...?

—¡¿Te crees que soy gilipollas, Wrath?! ¿Realmente crees que no me doy cuenta de lo que estás haciendo? —ella se llevó las manos a la cara—. Joder, no me puedo creer que estés haciendo esto, de verdad.

—¿Hacer qué, Beth.? Yo…

—¿Qué pasa? ¿Piensas mantenerte célibe hasta que pase mi necesidad? No es por nada, pero vas a acabar con las pelotas del tamaño del Big Ben, además, ¿te crees que me siento bien mientras me dejas aquí sola y tu vas a ocuparte de tus asuntos?

Wrath colocó ambas mano sobre la tienda de campaña que, obviamente, estaba montada en sus pantalones.

—Lo haré si es necesario, con el tiempo te darás cuenta de que es mejor así.

—Ni se te ocurra pensar por mí, que ni se te pase por la cabeza.

—No has visto suficientes hembras morir durante el parto como para darte cuenta de la seriedad del asunto —negó con la cabeza—. El tema no está en discusión, Beth. Esto —palmeó su sexo que dio un respingo—, no va a estar cerca de ti en ningún momento hasta que hayas pasado tu necesidad completamente.

—Estás siendo total y absolutamente egoísta —le gruñó ella—. ¿Acaso yo no tengo palabra en el asunto? Es mi cuerpo del que estamos hablando, mi cuerpo, mi vida.

—Y la mía. Sin ti no soy nada, no estoy dispuesto a ponerte en el más mínimo peligro.

Estaba temblando de pura indignación, ¿es que acaso era tan difícil de comprender que no quisiera perderla?

Se dio la vuelta un vez más dispuesto a ponerle el punto final a la ridícula conversación.

—Si entras en ese baño, vamos a tener un problema —le amenazó Beth.

Y fue la gota que colmó el vaso.

Como si estuviera fuera de su cuerpo, sintió su puño estamparse con fuerza brutal en la puerta del servicio, que crujió y se astilló.

—Te he dicho que el tema no está en discusión —le dijo en un tono mucho más violento del que le hubiera gustado.

—No soy uno de tus súbditos, no me dices de lo que puedo hablar o no.

Wrath rugió de indignación y la señaló con el dedo acusadoramente.

—Lo último que necesito, Elizabeth, es que tú también eches más mierda al montón que estoy soportando sobre la espalda. Así que deja de llamarme egoísta cuando me dejo la piel por cada uno de vosotros cada día.

El silencio en el que pareció haberse sumido su shellan no hizo más que acrecentar su ira. Hubiera sido mucho mejor que siguiera peleando con él porque, en el humor en el que se encontraba en esos momentos, su depredador interior interpretó la falta de palabras como una debilidad por su parte.

—No mires la paja en el ojo ajeno, se dice ¿no? ¿Se te ha pasado siquiera por la cabeza preguntarme cómo ha ido el día hoy? Porque, la Virgen lo sabe, me sentía como la mierda cuando llegué aquí y ¿sabes por qué? —cuando ella no contestó, volvió a pegarle a la puerta—¡¿Pregúntalo?!

—¿Po–por qué?—la voz de Beth sonaba cercana a lágrimas, pero aún así siguió.

—Hoy han encontrado a dos civiles despedazados en un puto callejón. Completamente desmembrados ¿pero sabes lo peor? No tenemos la más puta idea de qué fue lo que les pasó y la única hipótesis es tan acojonante que se me ponen los huevos de corbata de sólo pensar en ella. ¿Para eso quieres hijos? ¿Para que algún hijo de puta tenga la oportunidad de matarlos? Estamos en guerra, por si no lo sabías, y estás emparejada con el jodido Rey, imagínate la clase de objetivo en el que se convertiría nuestra descendencia. Me da exactamente igual lo que opines en este asunto. Nada que digas o hagas me hará cambiar de opinión, ¿me oyes? Así que deja esa mierda. YA.

Con un portazo se encerró en el baño y abrió la ducha a tope. No quería que oírla llorar.
Ni que ella lo oyera a él, claro.

****


Para cuando salió del despacho de Wrath, Tohr apenas se sentía capaz de mantener en el estómago la merienda que había tomado con John.

Virgen, lo que había dicho V… que necesitarían a Rehvenge.

Un escalofrío lo recorrió y se vio transportado unos trescientos años atrás.

El helado viento del Antiguo País azotaba su rostro mientras espoleaban sus cabalgaduras a su máxima velocidad, dirigiéndose a la humilde casa de Darius. Las congeladas ráfagas se le clavaban como dagas en la piel, pero él no podía más que agradecer el dolor, conseguía mantener su mente alejada de asuntos más sombríos.

Sagrada virgen, esa hembra…con su daga…

Con un ligero movimiento de cabeza, despejó sus pensamientos y decidió aplicar aquello que su mentor le había aconsejado: ya no había nada que pudiera hacerse, había que mirar hacia el futuro, salir adelante. La raza los necesitaba.

Espoleó con más ahínco a su semental, que se lanzó a un galope enloquecido, los ollares totalmente expandidos expidiendo vaho en la noche, dándole un aspecto diabólico. Tohr rió amargamente ante la comparación. Él sabía perfectamente quién era el diablo y estaba ahí fuera: vistiendo níveas túnicas bajo un cuerpo asexual, mirando en lo más profundo del los pecados de los hombres con ojos color sangre.

Los Symphaths eran el demonio. Que se pudrieran junto al Omega en el Dhund.

Como si supiera la trayectoria que habían tomado sus pensamientos, la montura de Darius, se puso a su altura, los ojos azules del vampiro se clavaron en los suyos con gravedad, y una comprensión que iba más allá de cualquier gesto.

Tohr hizo un breve gesto de asentimiento con la cabeza para calmar a su compañero y volvió a fijar los ojos en el camino que ya se abría paso hasta las inmediaciones de la casa que tenían por destino.

Aflojando el paso de los caballos, tomaron un camino secundario, internándose un poco en el oscuro bosque hasta que vislumbraron la construcción de madera. Desmontaron y colocaron a los equinos cómodamente en los establos, al amparo del inclemente clima y luego se apresuraron a guarecerse ellos mismos.

Una vez dentro, Tohr se ocupó de encender la lumbre, mientras Darius preparaba algunas viandas. Habían sido unas semanas largas, llenas de estrés, miedo, decepciones y golpes. Ahora que su misión había concluido debían recuperarse antes de reunirse con la Hermandad y dar parte de lo ocurrido.

Bueno, D se ocuparía de eso. El no era miembro de la Hermandad, y ahora que su padre, Hharm, había renegado de él, probablemente no lo sería nunca. Su ánimo se hundió aún más profundamente y las delicadas facciones del bebé que el Hermano había llamado Xhexania se dibujaron con toda claridad en su mente. Aparentemente estaría segura en esa casa, con una familia que la querría y le daría una buena vida, manteniéndola sana y salva. Mucho más de lo que alguien como él, un repudiado sin trabajo ni techo propio, podría haberle dado. Pero aún así no podía quitarse ese sentimiento de responsabilidad de encima y…

—Deja ya de darle vueltas, hijo —la voz suave de Darius lo sacó de su ensimismamiento—. Lo que ha ocurrido es la peor de las situaciones posibles, pero como sabes es bastante común que los Symphaths hagan incursiones y secuestren hembras vampiro.

Tohr desnudó los colmillos y gruñó:

—Todos y cada uno de ellos deberían ser exterminados de la manera más horrible posible.

En su fuero interno, el joven no pudo más que sorprenderse ante la agresividad de sus propias palabras, pero bueno por algo era hijo de su padre. Además, consideraba a la subespecie vampira poco más que bestias inmundas.

—No es tan fácil. Los comedores de pecados tienen armas muy poderosas a las cuales no somos inmunes. He estado en suficientes altercados como para aprender a temerles a pesar de su aspecto enclenque.

—Pero —comenzó Tohr frunciendo el ceño—, aquel que había secuestrado a joven hembra no nos atacó.

—Era joven y estaba asustado. Sintiéndose acorralado no consiguió usar su más letal poder contra nosotros. Pero fue cuestión de suerte, pudiera ser que no nuestra victoria no hubiera acaecido de habernos enfrentado a uno con más experiencia, edad y poder.

Tohr se encogió, el apenas llamaría victoria a lo que habían conseguido: la hembra estaba muerta, la familia destrozada y había un bebé mestizo en adopción.

A él más bien le parecía un trabajo de remiendo muy mal hecho, pero Darius parecía estar satisfecho con el resultado, lo cual aplacaba un poco sus remordimientos.

—El Rey Wrath debería hacer algo por contener esa plaga —gruñó.

Vio a Darius asentir ligeramente.

—Estoy de acuerdo. Es muy probable que los Symphaths no salgan impunes de este suceso, después de todo la familia damnificada no ha sido otra que la del leadhyre, Sampsone. De todas maneras —sus serenos ojos se posaron en Tohr—, no deberías guardar todo ese rencor y remordimiento dentro de ti, hijo. Al igual que la ira desmedida son compañeros desagradecidos que no harán más que carcomerte por dentro.


Tohr recordaba perfectamente la tibieza que sentía en el pecho cada vez que D le llama hijo y cómo, observando las profundidades de su mirada azul, había deseado alguna vez llegar a ser tan sabio como su whard.

Masajeándose las sienes, se dirigió a su habitación a ocuparse del papeleo. Wrath le había encargado hacerse cargo de organizar la reunión con Rehvenge y de comenzar a recolectar información sobre los movimientos de la colonia de Symphaths durante los últimos años. No iba a ser tarea fácil. Técnicamente, el rey de la colonia siguiendo vasallo de Wrath y le era exigido pasar un informe anual sobre el mantenimiento del lugar: facturas, nuevos decretos, censos, etc…

Pero estos documentos habían ido disminuyendo no solo en cantidad sino en calidad con el paso de los años, sobre todo dado que Wrath había prácticamente abandonado la corona y el comedor de pecados pedazo de mierda a cargo se sintió libre de dejar de remitirles la información solicitada.

Con un poco de suerte, Rehvenge tendría acceso a datos guardados en el castillo que les ayudarían a trazar el desarrollo de la colonia de un tiempo a esta parte.

Qué coño, con un poco de suerte los putos Symphaths no tendrían nada que ver con esto y se hallarían ante un caso aislado de un restrictor al que se la había ido la pinza y había decidido hacer picadillo de vampiro.

El hecho de que el perpetrador fuera un humano no entraba en consideración, el macho vampiro simplemente le hubiera despachado. Incluso la hembra podría haberlo hecho sin mucha complicación.

Hablando de complicaciones. Más complicaciones. Más y más complicaciones. Y el jodido dolor de cabeza que venía atormentándolo durante más de dos días.Y sabía la manera exacta de librarse de él: alimentarse.

El problema era que eso le daba más miedo que todo el dichoso asunto de los asesinatos. No espera, le daba más miedo que los asesinatos, un terremoto, un tsunami, el Armagedón y el Apocalipsis juntos.

Por lo menos en todos los casos anteriores la solución estaba clara: la palmaba.

¿Cuándo se alimentaba? Se sentía muerto por dentro a pesar de estar ingiriendo aquello que le proporcionaba la vida, con cada trago de la vena de la Elegida, se sentía un enorme traidor. Y todo ello sería mucho más fácil si sus papilas gustativas no disfrutaran tantísimo del proceso. Era como si hubiera una disociación en él: por un lado su mente, martirizándose y por otro su cuerpo disfrutando.

No sabía si algún día se repondría de toda la mierda y sería capaz de alimentarse si darse asco a sí mismo. Pero estaba seguro de que ese momento no estaba en un futuro cercano. Ni de coña.

Lo cual era una gran cagada.

Armándose de valor, se decidió a ir a la habitación donde Layla lo alimentaba asiduamente. Usarían el teléfono de allí para llamar a Phury y pedirle que la convocara lo antes posible. Si tenía que enfrentarse a todo el papeleo que estaba esperándolo en su mesa, necesitaba a su cerebro cooperando al cien por cien en vez de intentando asesinarlo.

Abrió la puerta frunciendo el ceño ante una repentina punzada se frotó el puente de la nariz, cerrando los ojos al entrar en la habitación. Lo cual fue la causa de que el jadeo femenino lo pillara por sorpresa. Con un pequeño respingo, abrió los ojos para encontrarse con la Elegida Layla semidesnuda frente al gran espejo oval de la habitación.

—Oh, sire, me habéis asustado —dijo con suavidad mientras se reajustaba su blanca túnica semitransparente, sus mejillas estaban de un vivo color rosado.

Y por la sensación de calor en su propio rostro él no debía presentar un aspecto muy diferente. Como gesto de cortesía le dio la espalda, concediéndole privacidad para que acabara de adecentarse, perdiéndose la expresión dolida en el rostro de la hembra.

—Yo... eh... lo siento. No sabía que estabas aquí Elegida. Me retiraré de inmediato para dejarte espacio sí, yo… —salió con celeridad de la habitación y apoyó la espalda contra la puerta de madera, resollando como un toro.

¿Por qué tenían que pasarle estas cosas a él? Pensó mientras flashes de la desnudez de Layla se paseaban por su mente.

Sintió un ligero movimiento en su cuerpo, uno que hacía mucho que no sentía. Incrédulo, miró hacia abajo: entre sus piernas su sexo se había hinchado parcialmente, abultando un poco sus pantalones.

—Oh, mierda... —¿lo habría notado ella?

¡TRAIDOR! Le gritó de inmediato su cerebro, y su erección parcial se desinfló con rapidez.

¡ESTÚPIDO! Chilló su cuerpo, que aún se revolvía ante la vista que había logrado.

—Callaos —gruñó. Bueno al menos ahora podía volver a entrar en la habitación y exponerle sus necesidades a la hembra, pensó considerando su masculinidad laxa.

Se aclaró la garganta y tocó suavemente con los nudillos.

—¿Elegida? Soy yo otra vez, el Hermano Tohrment ¿serías tan amable de aceptarme en tu presencia?

—Desde luego, sire —vino la suave respuesta desde dentro.

Volvió a pasar a la habitación bajando la mirada para no incomodarla aún más. Si la hembra solía estar tensa a su alrededor ya de por sí, este el desafortunado comienzo no iba a ponerle las cosas mucho más fáciles.

Dejó la puerta entornada, para que ella no se sintiera acorralada y se colocó a una distancia prudencial para no agobiarla. Lo cual no sirvió de mucho, de todas maneras: la habitación era más bien pequeña y a pesar de que aun no estaba en su peso y su masa muscular ideales aún, Tohr seguía siendo un macho de gran envergadura y el reducido espacio parecía abarrotado por su imponente cuerpo.

—Quiero presentarte mis más sentidas disculpas por lo que acaba de pasar, Elegida, no tenía constancia de que estabas aquí. Espero no haberte ofendido en demasía al violar tu privacidad, juro sobre mi honor de Guerrero que un incidente así no volverá a producirse

Sorprendido, notó como la esencia natural a canela de Layla se hacía menos palpable en el ambiente, siendo sustituida por un deje a lluvia fresca, como si las emociones de la hembra acabaran de fluctuar hacia derroteros más amargos.

Sagrada Virgen, ¿realmente la había ofendido tanto?

—Por favor, llamadme Layla, sire —pidió con su voz suave como el terciopelo.

Tohr no pudo evitar estremecerse ante la tristeza que se enmascaraba bajo su tono. Alzando la mirada, se encontró con que sus ojos azul pálido estaban escrutándolo con detenimiento y una vez más fue incapaz de dilucidar qué pasaba por la mente su mente.

—Desde luego, Layla —su nombre le supo dulce en la lengua al pronunciarlo con experimental lentitud.

Se hizo un largo silencio y cuando ella carraspeó, Tohr se dio cuenta de que se había quedado mirándola fijamente. Avergonzado, desvió la mirada, y aclarándose la garganta se propuso a exponerle el motivo de su “visita”:

—Ele... Layla, me había dirigido precisamente aquí para ponerme en contacto con el Primale. Iba a pedirle que te consultara si serías capaz de acudir esta tarde.

—Había estado esperando a que me convocarais, sire.

Tohr volvió a sonrojarse y se pasó una mano por el corto pelo. Por lo general Layla y él apenas hablaban cuando ella venía a alimentarle, la hembra era totalmente profesional desempeñando su función, pero más de una vez parecía haber reunido el valor necesario para regañarle por esperar demasiado tiempo entre toma y toma de sangre, de manera que su salud se deterioraba momentáneamente.

—Lo sé, me he descuidado… otra vez —hizo el intento de sonreírle.

Y cuál fue su sorpresa al verla sonreírle de vuelta, aunque tímidamente. Se quedaron observando sus respectivos rostros por unos segundos, antes de que Layla se dirigiera al cómodo sillón donde normalmente le alimentaba.

Rodeando el mueble, se colocó detrás del respaldo y le esperó. El corazón de Tohr dio un pequeño vuelco mientras la observaba, hoy estaba especialmente taciturna, como si algo le hubiera pasado… no era como si ella fuera a contarle a él sus problemas, ¿no?

Sacudiendo la cabeza para despejar los estúpidos pensamientos se sentó en su sitio. Enseguida la pálida muñeca de la Elegida apareció desde atrás frente a su rostro. Siempre lo alimentaba de esta manera, de forma que a él se le hiciera más fácil el proceso. Era como si al no tener que verla consiguiera algo de paz consigo mismo.

El pensamiento vino de ninguna parte: pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo se siente ella con esta situación?

Tohr se mantuvo vacilante con la muñeca de la hembra a escasos centímetros de su rostro. El progresivo deterioro de la esencia de Layla le hizo gruñir y ella tembló.

—Layla —dijo con la voz algo ronca—, siéntate a mi lado esta vez.

—¿Sire…?

—Ven.

Una vez hubo rodeado el mueble, su ligera forma tomo asiento a su lado.

Realmente se preguntaba qué coño estaba haciendo, para qué complicaba las cosas aún más. Pero había sido educado en la vieja escuela y presentía que ella no se encontraba bien esta noche y…se sentía algo protector.

—¿Te encuentras bien esta noche, Layla?

—Desde luego, Sire ¿por qué no habría de…?

—No me gusta que me mientan.

Tohr utilizó su mirada especial, esa que hacía que nadie fuera capaz de decir más que la verdad si la ponía en práctica. Sabía que era un truco duro, pero algo en él le decía que era la única forma en que conseguiría sacarle algo. Esperó a que la fuerza de sus ojos hiciera efecto, aunque, para su sorpresa Layla no apartó la mirada.

—Bueno… yo, he venido a alimentarme del sire Qhuinn. Él es el que me provee de mi sustento, ya que cómo sabéis debo alimentarme al no frecuentar el Otro Lado.

Curioso, la idea de que fuera ese crío el que alimentaba a una mujer como ésta no le hacía mucha gracia. Qué…

Desechando la idea, decidió ponerse algo más inquisitivo, si se había alimentado, no podía sentirse mal.

—Layla, ¿va algo mal con el sire Qhuinn? ¿Te trata de manera indebida? No quisiera parecer que me inmiscuyo en exceso, pero la última vez que le vi junto a ti, no parecías estar muy a gusto.

Voilá. Eso la hizo revolverse en su asiento, así que había dado en el clavo. Una sensación de quemazón empezó a extenderse lentamente por su pecho, si ese muchacho no la había respetado como era debido, iba a vérselas con él.

—No, no sire. El sire Qhuinn me trata estupendamente —Tohr estrechó sus ojos en un claro déjate–de–rollos y ella se aclaró la garganta—. Ehm, no sé si estaréis al tanto de la formación que recibí al Otro Lado, sire.

Tohr ladeó la cabeza ligeramente hacia un lado, ¿formación? ¿De qué demonios hablaba esta hembra? Más le valía no estar intentando desviar su atención del tema, porque había decidido llegar al fondo del asunto y…

—Fui entrenada como ehros, sire, pero me temo que aquí mi formación no está sirviendo de mucho.

Oh, puta mierda. Gran puta mierda. Esta era desde luego mucha más información de la que él precisaba ¿en qué se había metido?

—Comprendo que algunos de los Hermanos a los que sirvo, como los sires Rhage y Vishous, tienen shellans y no desean compartir el placer de sus cuerpos con ninguna otra hembra. Pero otros como los sires Blaylock, Qhuinn o vos mismo, no estáis en esa situación, y aún así no hacéis uso de mí, ¿es que me encontráis desagradable en algún modo?

Tohr se quedó estupefacto, boquiabierto, sin palabras. Su cerebro se había tomado unas buenas vacaciones con sus conexiones neuronales como acompañantes.

Y no parecía que fueran a volver pronto. Joder.

Sus ojos hicieron un repaso involuntario del cuerpo de la Elegida: empezaron por su espesa melena de ondas rubio pálido, recogida en un moño algo despeinado, por lo que algunos mechones caían como hilos de oro sobre la perlada piel de sus clavículas que –no sigas por ahí – sostenían las esbeltas longitudes de sus níveos brazos, acabados en manos de largos y delicados dedos, los cuales estaban posados en –oh, no– sus bien torneados muslos, perfectamente visibles a través de la túnica, que también dejaba ver parte de sus llenos y redondeados –ni de coña, sube la mirada– llenos y redondeados como sus voluptuosos labios de un atractivo rosa natural que te incitaba irremediablemente a querer probarlos. Pero todo eso era hasta que mirabas por encima de sus altos y bien definidos pómulos, encontrándote de lleno con sus luminosos ojos verde claro, que transmitían toda una impresionante gama de inteligencia e intensidad.

Una intensidad parecida a la que había cobrado ahora su perfume natural al canela que florecía en la habitación

—¿Sire?

Tohr se sorprendió a sí mismo gruñendo bajo desde lo profundo de su garganta e hizo un esfuerzo por recuperar la compostura. La mirada de Layla brillaba como si estuviera anticipando algo y de vez en cuando se posaba en los labios de Tohr, que se dio cuenta de que sus colmillos estaban extendidos casi al completo.

Con una punzada de remordimiento, se dio cuenta de que la esencia de Layla se había intensificado debido a su excitación, a su errónea creencia de que podía esperar algo de él.

¿Errónea? Le dijo una vocecita en su interior, y luego escuchó más ecos:

Hay que seguir adelante, tío, pero no por ellos, por nosotros. Además, aunque te vaya a sonar a cliché, ellos lo querrían así. Ese era RIP.

Antes o después tendrás que pensar en estar de ese modo con un hembra. Por ejemplo esa tal…¿Layla? De la que te alimentas…Las cosas cambian, Tohr. El puto Lassiter.

Traidor.

Ese solo susurro en su mente echó por tierra todos los demás argumentos.

Bajando la mirada a sus manos, se aclaró la voz.

Sería imposible encontrarte desagradable, oh hermosísima, Elegida —le dijo en la Antigua Lengua.

El perfume de Layla menguó hasta casi desaparecer, cuando la miro de nuevo, sus ojos habían perdido su luminosidad, cambiada por el duro reflejo del acero forjado en las profundidades del alma para recubrirse contra el dolor.

—Es curioso, sire, todos me decís lo mismo, pero yo sigo igual, intacta.

—¿In–intacta? ¿Acaso Qhuinn y tú no…? —comenzó el, confundido.

Layla se levantó del sofá y enarcó una ceja, mirándolo con algo parecido al desprecio desde su posición superior.

—El sire Qhuinn se ha permitido ciertas indulgencias conmigo, pero, aparentemente, él también me ve demasiado “hermosa” como para tomarme —su voz era glacial—. Ahora, si me permitís, os proveeré de lo único que necesitáis y deseáis de mí.

Intacta. Ella seguía siendo virgen. Volvió a sentir ese ligero estremecimiento entre las piernas y esta vez no tuvo que mirar hacia abajo para saber qué se estaba cociendo por aquellos lares.

Era un puto hombre de las cavernas, vampiro en este caso, pero no podía evitar estremecerse al saber que ningún macho la había tomado, que nadie había tenido el privilegio de aprovechar su formación como ehros.

Todo esto ahogó sus voces interiores.

Bien, el ligero estremecimiento de su sexo se había convertido ahora en algo un poco doloroso, sobre todo porque la cabeza de su polla estaba luchando contra la opresión de los botones de sus pantalones militares y, teniendo en cuenta que nunca llevaba ropa interior, era una cuestión de piel contra metal.

Layla, que no parecía haberse percatado del estado en el que él se encontraba, comenzó a darse la vuelta para rodear el sofá y adoptar su puesto inicial.

Como por voluntad propia, la mano de Tohr salió disparada y asiéndola por la muñeca la sentó de un tirón en el sofá a su lado.

—Las cosas… no son tan fáciles como tú las pintas, Layla —le dijo entre dientes porque no confiaba en que su voz saliera en algo más que un ronroneo erótico. Cuando cerró la boca, sus colmillos plenamente extendidos se clavaron en su lengua, pero eso estaba bien, el dolor le ayudaría a centrarse.

O eso quería creer.

—No veo cuál es el problema, sire, yo estoy totalmente dispuesta.

Y la fuerza de su perfume lo verificaba. Muy a su pesar, Tohr inhaló, llenándose del olor de la excitación de la hembra, sumándolo al suyo y haciendo que las ganas de llevar a cabo una gilipollez que después ambos lamentarían se hicieran casi inaguantables.

No parece que ella fuera a lamentarlo... ¡cierra la boca!

—¿Vais a tomarme o no?—con un suave gesto descubrió su garganta, lo que no hizo que la ambigüedad de la pregunta quedara menos patente.

Ante la pregunta la mirada de Tohr se clavó en su blanco cuello, su vista depredadora era prácticamente capaz de ver la sangre fluyendo rauda por sus venas. Y naturalmente captó muy claramente las frescas marcas gemelas de colmillos. Un rugido se elevó en su garganta y los suprimió a duras penas. Ni de coña iba a tomarla por donde otro macho lo había hecho.

Rápido como una serpiente agarró su mano derecha y la subió hacia su boca. Prácticamente rompiendo la manga de la túnica en el proceso de desnudar su muñeca, con un fiero siseo clavó los colmillos directamente en sus venas, tomando un primer y ávido trago.

Mantuvo los ojos fijos en las heridas del cuello de Layla y ella se llevó los dedos a la piel dañada, como si supiera que era eso lo que miraba.

Si antes no se sentía cómoda a tu alrededor, ¿cómo va a sentirse ahora? Sonó una pequeña voz racional en el cerebro de Tohr.

Rápidamente ahogada por el rugido de la sangre de la hembra en sus venas.

****


Sagrada Virgen.

Layla echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo del sofá, un largo y satisfecho suspiro abandonó su garganta.

Así que así se sentía que un macho tomara tu vena realmente deseándote.

La excitación del sire Tohrment había sido evidente cuando la había tomado por la muñeca, sentándola a su lado nuevamente. No había podido ocultarla bajo sus pantalones. Aún así no había manera de confundir el brillo de la lujuria en sus ojos azul marino.

De todos los machos que había en la casa, jamás se le había ocurrido que sería él quien la tomaría de esta manera. No podía evitar estar algo nerviosa a su alrededor, la delgadez en su cuerpo de guerrero le recordaba a…

Dio un respingo cuando comenzó a beber de ella con renovado vigor. Bajando la mirada observó su apuesto rostro: tenía la vista clavada en las marcas que el sire Qhuinn le había dejado cuando se habían alimentado el uno del otro. Esta mañana cuando la había despedido de su habitación, pura e intacta. Una vez más.

Sonrió muy a su pesar, mirando el rostro del Hermano ante ella; sería la última vez.

Algo tímidamente, alzó una mano y la apoyó sobre su cabeza, cuando él no se apartó comenzó a moverla en una rítmica caricia, pasando los dedos por su pelo de corte militar, observando los reflejos azulados que le confería la luz de la lámpara.

Él ronroneó, alentándola, y ella bajó su mano un poco más, para trazar sus duras facciones: las mejillas estaban aún un poco hundidas dándole un aspecto más severo del que realmente tenía y que estaba acentuada por su fuerte mandíbula. Su piel tostada era extremadamente suave bajo su palma, por lo que intuyó que debía haber hecho eso que llamaban “afeitarse” hace poco. Si no, hubiera tenido algo parecido a lo del Hermano Vishous, frunció la nariz, le gustaba más así.

Cuando el ritmo de él sobre su vena no aminoró tras un buen rato comenzó a sentir la cabeza más ligera de lo normal, un no del todo desagradable mareo se posó sobre ella y se agarró a su macizo hombro, clavándole ligeramente la uñas, a fin de mantenerse en su lugar.

Pareció percatarse de que estaba tomando demasiado, o por fin sació su voraz hambre de ella. Retrayendo los colmillos, comenzó a cerrar las heridas de su muñeca, pasando la suave, húmeda y cálida longitud de su lengua por ellas.

Esto se parecía tanto a… su sueño. Sí, hubiera reconocido esa sensación en cualquier parte. Su sexo se humedeció ante el solo recuerdo de tenerlo oníricamente entre sus piernas.

Sagrada Virgen Escriba, ¿era él, verdad? El misterioso macho de sus sueños era él, pero ¿por qué?

Con la vista algo nublada, le observó acabar de sellar las laceraciones. Sentía cada centímetro de su piel en llamas, y el perfume de él era denso en su nariz, prueba palpable de que seguía tan encendido como ella.

Con gestos algo torpes por la pérdida de sangre, llevó sus manos a las solapas de su túnica, comenzando a separarlas para exponer su cuerpo.

Solo que él no se lo permitió. Confundida, clavó la vista sus ojos y vio el férreo autocontrol con el que estaban revestidos. Supo en ese momento que, esta vez, tampoco iba obtener lo que quería, lo que necesitaba.

Que tampoco era lo suficientemente buena para este macho, en sueños o en la realidad.

No dejó de mirarle todo el tiempo mientras se levantaba, arreglaba como podía la enorme erección detrás de sus pantalones y se pasaba las manos por la cara y el pelo, como si fuera presa de algún tipo de desesperación.

Sus ojos estaban llenos de remordimientos y dolor cuando los volvió hacia ella.

—Lo siento mucho, Layla, de verdad. No debería… le diré a Fritz que venga a ayudarte, yo... Adiós.

Y con eso salió como una tromba de la habitación. Dejándola con su dolor. Podía ignorar las palpitaciones en su muñeca y su sexo, pero no la desgarradora decepción en su interior.

Se levantó de golpe del sofá, comenzando a pasearse como una fiera enjaulada por toda la habitación, dando vueltas y más vueltas, sintiendo como una inconmensurable presión iba tomando forma en su pecho.

Con un gruñido de furia dio una patada a la silla más cercana y se paró en seco al percatarse de su acción.

¿En qué me estoy convirtiendo?

A la Layla de hace unos meses ni siquiera se le habría pasado por la cabeza perder los estribos de esta manera. La perfecta Elegida se habría resignado en silencio a su destino. Pero algo dentro de ella se revelaba cada vez con mayor intensidad ante la pasividad que predominaba en su vida y que iba acentuándose progresivamente.

Volvió a mirarse en el espejo donde Tohrment la había sorprendido: tras haber estado con el sire Qhuinn no se había sentido con ganas de ir de nuevo al rancho del Primale y tener que enfrentarse al resto de las habitantes.

Así qué se una vez el sire se hubo ido, ella se quedó con la excusa de que necesitaba solo unos momentos de descanso. Cosas de hembras, le había dicho. Pero la verdad es que, una vez a solas, había dado rienda suelta la frustración haber permanecido intacta tras otro encuentro más con el guerrero.

De pie ante este mismo espejo se había contemplado largo rato, buscando faltas físicas a las que echar la culpa, desnudando su cuerpo ante su propia escrutadora mirada. Como siempre, no había encontrado ninguna por más que lo intentara.

Y era así como debía ser: las Elegidas era seleccionadas por medio de un riguroso programa de reproducción selectiva, al igual que los Hermanos, de manera que fueran los mejores especímenes de la raza.

Total, para lo que le estaba sirviendo.

18 comentarios:

LadySella dijo...

Como siempre, lo has bordado Nei, gracias por ponerme los pelillos de punta.. aunque de verdad habría jurado que Layla no era virgen porque sino me falla la memoria, Cormia la interrogó sobre que se sentía cuando un macho te poseía para abordar el encuentro con el Primale... Aun así un 11 en una escala del 1 al 10 jeje.. Buena suerte con tus exámenes.

Rebk dijo...

Hola linda realmente me gusto se nota una clara evolucion en la narrativa, estas mejorando...

Hay dos cosas que me encantaron, una la eleccion de los enemigos queria ver mas de los symphaths, y la otra es el caracter de Wrath desde Amante oscuro no hemos visto mucho o nada de su caracter toxico, como lo descrive Tohr, aunque despues tenga que andar pidiendo disculpas, bien son cambios agradables de encontrar.

Una cosa cuida de los detalles a la hora de escribir porque te puedes contradecir despues, en un momente dices que los ojos de Layla son azules y en otro verdes por ejemplo, son pequeñeces pero solo es por concejo para que mejores.

Felicidades porel capi se notan los progresos, ahora solo a esperar el siguiente.

Ludi dijo...

Realmente bueno, ya sabes que soy anti Layla, pero me encanta el fic, y he de reconocer que esa alimentacion de Thor y la charla anterior me gustó mucho.
No me esperaba para nada lo de los enemigos, a pesar de que se da ha entender que podrian ser shympath yo al principio pense en cierto grupo que aparece en A.Desatada, aunque no tendria sentido que mataran a civiles... en fin, sigue asi Nei, que es un placer leerte.
Mucha suerte con los examenes, se lo que es, yo tambien estoy con la selectividad a la vuelta de la esquina y cada dia con menos ganas de estudiar...XD.
Besos guapa, hasta el 15

melina dijo...

Por un segundo dije:QUE MIERCLES ME PERDI!!!!CUANDO ES QUE SALIO EL LIBRO DE THOR???O ES QUE wARD ESTA CARITATIVA Y NOS ALCANZA PEDACITOS DE A HISTORIA??WTF?
Ahora ya ye...eras vos Nei!!!la verdad...me saco el sombrero, nena.
Escribis muy bien!!!!Mando saludos para todas!!!!!

Mary Madonna Luce dijo...

Hola Nei!!!
Como te dije la vez anterior continuas superandote a ti misma.
(No le habas robado algun manuscrito a Ward???) JAJAJA.

Bueno...por donde empezar...

Me gusta que las cosas vallan lentamente entre Thor y Layla. Ya estamos conociendo otra personalidad de esta hembra y el personaje va evolucionando y mostrando otro color.
Ademas, Tohr,poco a poco vuelve a la vida. Despues de todo, sigue siendo un Hermano y no pude estar apartado del mundo. Tambien es un Macho y no podra con semejantes exigencias biologicas.

Me gusta ver reflejada su forma de ser en tus escritos. El siempre fue tan atento al igual que correcto y la escencia que ya conocemos de el, se lee a la perfeccion.

Con respecto a la reunion de los hermanos, hiciste un buen trabajo con los dialogos y el planteo del problema. Wrath termino hecho una furia, lo que dio paso a la gran pelea con Beth.

Siempre me preguntado cual sera la reaccion del Rey ante la Necesidad de su Leelan.
Que te digo Nei, hiciste una labor estupenda y senti, sufri y casi lloro con Beth, con las reacciones explosivas de este Macho.

Cuando la llamo por su nombre completo fue...woww!!! Ahora si que esta enfurecido!!!

Aunque por mas argumentos que manifieste, yo tambien lo veo egoista, tal como dice la Reina. ¿¿Como la a dejar a la pobre con semejande incendio y no la ayuda??

Veremos como reacciona en dos semanas cuando entre en el periodo completamente. No creo que se resista a dejarla solita y sufriendo....

Me agrada mucho como toman rumbos las cosas y Amaria leer un mix de todos los machos en pleno momento de Necesidad. Ya sabemos que absolutamente todos se vuelven FOGOSOS!!!.

¿Como reaccionara Tohr???

Besos y ya espero ansiosa el proximo!!!

MUCHA INSPIRACION....

Patricia dijo...

Me encanta!!!!!!!.......Es estupendo!!!!!!!.....Gracias por regalarnos cada vez un poquito mas de Thor. Lo de Warth y Beth impagable. De todas maneras no los veo mucho tiempo mas enojados. Felicidades y ya deseo el proximo cap. Suerte en los examenes. Besitos

alexia21 dijo...

Muy bueno el cap... aunque creo q algo q haria q l siguiente fuera mejor s q revelaras xq no c hablan Blay y Quinn
Tambien creo q esa discusion de Beth con Warth estuvo stupenda y que un buen final para ello es que él no pueda resistirse a abirse por completo tanto fisica como sentimetalmente

Luz dijo...

Neï: ¡¡¡APLAUSOS PARA TI!!! Cada vez mejoras más, al punto que siento que estoy leyendo a la Ward en vez de tu fic.
Y describes con mucho sentimiento las reacciones de Thor, ya que es lógico que tenga deseos físicos y contradicciones en su corazón respecto a estar con otra hembra. Lo único que lamento de haber terminado de leer el capítulo, es que tendré que esperar otros largos 15 días para el siguiente. Pero cada espera es ampliamente recompensada por tus escritos.
De todo corazón, que en tus exámenes tengas tanto éxito como lo has tenido en este fic.
Luz

Anónimo dijo...

Oh!!!! Nei, leí el siguiente capítulo y me quedé con ganas de más... Sí, en efecto me enganché hace poco con la trama. Y es simplemente maravilloso, a mí también eme encantaría que la Ward empareje a Tohr con Layla; no sé me gustaría, y no con No´One pero solo ella sabrá con quién lo unirá.

Me gusta la evolución que tuvo Layla ella al inicio aceptando todo por ser elegida, pero ahora sabemos más que le aflige y sobre sus pensamientos.

Algo de orgullo propio por no desempeñarse como Erhos, jejejeje!!!! Eso si es de muerte, pero también entiendo que en la historia su Hellren tiene que ir poco a poco ojalá
ella pueda comprenderlo así.

Me gustaría ver como actuará Tohr cuando Beth entre en la necesidad, querrá salir corriendo a encontrar a Layla jejeje. Pobre Qhuinn también.

Muchos éxitos en la Universidad, te mando un cálido abrazo aunque no me conozcas jejeje!!! soy Diana (encantada de ser tu admiradora jejeje).

Por fa, desearía saber con que frecuencia se publica la historia que maravillosamente narras.

Daggher dijo...

Las publicaciones del fic de Neï son el día 1 y el día 15 de cada mes.

Un beso!

kimera_kimera2 dijo...

me encanta, la verdad no lo habia pensado, pero ellos dos hacen muy buena pareja, estoy ansiosa por saber como sigue. Nei eres una gran escritora.

ophir dijo...

Te pasas amiga! felicidades, en serio, osea... GUAU!!

Anónimo dijo...

CHICAS MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO SU APOYO Y SUS DESEOS DE SUERTE CON LOS EXÁMENES!!! Realmente no me va a dar tiempo a contestar a todos los comentarios, pero prometo redimirme en el próximo capi jajaja

Neï

pekis dijo...

hola nei

me gusta tu fic... solo tnego que decirte bueno que en el libro anterior quedo claro que Qhuinn esta super enamorado de su amigo y lo unico que quiere de Layla es su amistad.
me gusto mucho la situacion de Beth y Wrath ya que personificas sus personajes a la perfeccion.
y captastes muy bn la personalidad de Thor...
los enemigos estan de muerte me encanta esa parte ya sabes ya es hora que le den una buena pelea a los Hermanos ya que ellos son guerreros de natuaraleza
estoy de acuerdo contigo con respecto a Layla esta chica es genial y sirve de corazon a los hermanos... bn por tu eleccion

pekis dijo...

hola nei

de verdad me encanta tu fic.
pero en el libro anterior nos quedo claro que Qhuin no queria nada con Layla( un aponte para ti)
que solo le ofrecio su amistad
me gusto mucho la situacion de Whrant y Beth estuvo de muerte toda su trama
identificaste la personalidad de Thor todo su tormento y deseos estuvo genial
los villanos fabulosos y me encata que le den pelea a los hermanos para que surgan tambn por lo que son buenos amantes pero sobre todo muy buenos guerreros
sigue asi nena te felicito ahhh y estoy ansiosa por el proximo capi
exito en los examenes

dailenes dijo...

Oh Neï preciosa. ¡Por fin!

Finalmente hoy me hice un poco la loca con tanto trabajo de la U. Los dejé a un ladito por unos minutos y me dedique a degustar un capitulo que no sé si se deba a las ansias tan grandes que tenía de leerlo pero se me hizo cortito. (Aunque sustancioso, eso si).

Una vez más lo hiciste genial. Eres algo así como la hija perdida de la Ward, porque sin duda alguna debes tener un vínculo con ella para poder escribir de esta forma tan fiel a la estructura de sus personajes.
Debo confesarte que tengo un libro de “FRASES”, es algo que hice para anotar las frases memorables de los libros que leo, frases que me encanten y no quiera olvidar.
Bueno de este capi, te digo que incluí esta: — ¿Vais a tomarme o no?—con un suave gesto descubrió su garganta, lo que no hizo que la ambigüedad de la pregunta quedara menos patente.

La verdad me impacto y no sé a ciencia cierta explicar el por qué, solo sé que estaba leyendo esa situación tan bien planteada que creaste y de repente esta frase me pareció sublime, creo que te igualas con un montón de buenas escritoras que he leído, y superas con creces a muchas otras. Porque nena, escribir creo que cualquiera que se lo proponga puede hacerlo, pero tomar las palabras y darle forma artística como vos hiciste aquí, pocos lo logran.

Está de más decirte que me encantó el capi, que te ovaciono por la idea de los shympath y que espero ansiosa el siguiente.

Bay.

eliza91.1 dijo...

hey, que tal? soy nueva en esto del blogg pero lei tu fic y dejame decirte que me encantoooo esta muy muy bueno..... al comienzo pense que d verdad era los capitulos del libro pero luego me di cuenta que todo es tuyo..... tienes bastante talento te felicito... has pensado en escribir tu propia historia? seria muy buena idea no crees? ya que tienes el talento....


me encanto que haya mas humor en los hermanos y entre sus shellans y y todos los nuevos conflictos entre Wrath y Beth de verdad esta super.... y el nuevo comienzo de Thor tmbien ya era hora y x como se describe a Layla te qedo incre la pareja..... no estaria mal que hables un poco de Quinn y Blay esa relacion qedo ahi o sigue?


te felicito nuevamente, espero el siguienteee.... cuidate
att. Eliza

Nury Misu dijo...

Flipando me hallo!! ¿Desmembramientos de civiles auto infligidos? ¿Simpats? ¿Ward hablándole despóticamente a Beth? ¿Thorment empalmandose con Laila?...
Mae mía la q se va a liar aquí!!!! Jajajajajaja. Muero por leer más.

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